Overton, la rana hervida y cómo legalizar lo impensable – Fabricio Melchiori

Fabricio Melchiori

14 de julio de 2018

Fuente: Un faro entre mares

La “Ventana de Overton” es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo. Sean considerados incluso como “derechos”.

En principio ningún tabú escaparía a la eficacia de esta técnica. Por consiguiente, se podría intentar cambiar de modo radical la valoración que la sociedad tiene actualmente de la eutanasia, el incesto, el bestialismo, la pederastia o el canibalismo, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Para ello no se aplicaría un lavado de cerebro directo, sino una serie de técnicas avanzadas, cuyo desarrollo pasaría inadvertido para la sociedad.

Así lo presenta el autor y algunos lo han aplicado, por ejemplo, al canibalismo. Carlos Álvarez Cozzi, en Forum Libertas, ha hecho el ejercicio de aplicarlo al aborto, que ha pasado de crimen a supuesto “derecho” para gran parte de la sociedad posmoderna, realidad hoy debatida ampliamente en Argentina. Estas son las conclusiones de acuerdo a cada una de las etapas del método:

Primera etapa: de lo impensable a lo radical.

Tratar de justificar la muerte de un inocente e indefenso en el vientre de su madre no es una tarea fácil. Para modificar esta apreciación —y amparándose en la libertad de expresión—, se trasladaría esta cuestión a la esfera científica, sugiriendo que para los científicos no deberían existir temas tabú, según los partidarios de esta teoría.

Y así expresar que en realidad el embrión no es una persona, evitando llamarle ser humano, que indudablemente lo es porque no pertenece a ningún otro género más que al humano.

Segunda etapa: de lo radical a lo aceptable.

En esta segunda etapa ya se persigue abiertamente la aprobación del aborto. Para que éste pueda ser aceptado hay que seguir divulgando las conclusiones de los «científicos», e insistir en lo oportuno que es no tener prejuicios sobre el tema, calificando de intransigentes y fundamentalistas a quienes se nieguen a adquirir conocimientos sobre el mismo.

Los que se resisten deben empezar a ser vistos como fanáticos que se oponen a la ciencia y a la ilustración. Mientras se condena públicamente a los intolerantes, es necesario crear un eufemismo, con la intención de que se pierda el significado directo del término original y sus connotaciones negativas, sustituyendo así la expresión original aborto por “interrupción voluntaria del embarazo”, como si la vida se pudiera interrumpir y luego continuarla, sin matarla. Cuando la misma implica un proceso evolutivo.

El uso combinado de medios de comunicación y grupos de presión convertiría en aceptable, más pronto que tarde, al aborto como una práctica ya no mal vista.

Tercera etapa: de lo aceptable a lo sensato.

Para convertir en sensato lo que en un principio era totalmente inaceptable, lo siguiente sería proponer como medida urgente la despenalización del aborto, como lo hacen en varios países los colectivos feministas radicales de género.

Al mismo tiempo, seguiría siendo absolutamente necesario arrinconar a quienes piensan diferente, es decir, a cuantos todavía impugnan la consolidación de este pretendido “derecho”. Así, se acusaría a estas personas de radicales que están contra la libertad humana, del derecho a decidir y que la madre es dueña de su cuerpo, como lamentablemente vemos que lo hacen permanentemente, olvidando que el embrión es otro ser humano con código genético propio, diferente al de sus padres. Además de exagerar con el número de muertes de mujeres por practicarse abortos en forma clandestina por ser delito, a fin de lograr su legalización. Técnica calcada en la mayoría de los países.

A su vez, pretendidos expertos y personajes conocidos del mundo de la comunicación, insistirían en que a lo largo de la historia humana la mujer que no quiere tener un hijo es imposible de obligarla a tenerlo y por tanto de una forma o de otra siempre terminará abortando a su hijo, para lo cual es mejor que sea legal tal práctica.

Como hemos advertido, el objetivo de esta tercera etapa es que el aborto sea considerado una costumbre razonable.

Cuarta etapa: de lo sensato a lo popular.

A continuación se debe poner toda la maquinaria del poder al servicio del ideal supremo. En este instante, los organismos internacionales, los gobiernos, los medios de comunicación, secundados por gente famosa, hablan abiertamente del aborto como “derecho” humano de la mujer. Se argumentará que aunque existan leyes que lo prohíben o penalicen siempre la práctica del aborto se ha hecho a lo largo de la historia y que ya es “políticamente incorrecta”, antidemocrática, su prohibición.

El fenómeno pronto se vuelve imparable y multitudinario. Además, para reforzar su imagen positiva, las mujeres que abortan clandestinamente son presentadas ante la opinión pública como víctimas de una sociedad represora, que les impide satisfacer sus derechos sobre su cuerpo. Se calificará de machista, y de patriarcal toda legislación que dificulte el aborto ya considerado como un “derecho”, incluso pidiendo, como sucedió en Uruguay, que los plazos y requisitos establecidos por la ley de 2012, para que el aborto no sea penalizado, sean directamente eliminados, pasando a un aborto libre descarado. Se argumenta que los requisitos no son fáciles de cumplir y que limitan “derechos”.

Quinta etapa: de los popular a lo político.

Es la culminación del proceso. Se ha consolidado todo lo anterior y el Estado permisivo legisla a piacere de los grupos radicales feministas, autorizando un aborto libre, sin requisito alguno más que la sola voluntad de la mujer, sin tener que alegar causal alguna. Es la etapa en la que se encuentran ya lamentablemente, muchos ordenamientos jurídicos del mundo.

Y, ¿por qué decimos lamentablemente? Porque parece que nadie se ha percatado que el embrión y el feto son de la raza humana, son seres humanos que además están indefensos en un lugar supuestamente seguro como es el vientre de su madre y además son eliminados con premeditación y muchas veces con alevosía. El argumento de que el feto no siente la cureta o la inyección letal es falso y además aunque fuera cierto, que no lo es, con ese falso argumento se podría matar a cualquier ser humano bastando que se le diera antes una anestesia. La cuestión no pasa por sentir o no sentir. El tema es la dignidad intrínseca de todo ser humano a que sean respetados sus derechos como tales, a vivir y a nacer, según las Convenciones universales de Derechos Humanos y lo dispuesto por la gran mayoría de las Constituciones del mundo: el Estado debe proteger la vida naciente.

Olivier Clerc escritor y filósofo francés escribió con un lenguaje sencillo y comprensible la fábula o cuento corto para reflexionar de “La rana que no sabía que estaba hervida” en la que muestra enseñanzas muy valiosas que pueden ser utilizadas en diversos contextos.

Esta fábula de la rana hervida está basada en una ley física real: si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 º/minuto la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción. Mientras que a mayor velocidad la rana salta y escapa.

Lo que viene a concluir que si echamos una rana en una olla con agua fría y lentamente vamos calentando el agua puede llegar a hervir y morir sin darse apenas cuenta de ello. En cambio si echamos la rana al agua ya caliente, ésta pegará un salto evitando el peligro.

Como vimos, el movimiento de las ventanas es una estrategia perfectamente definida. Hemos contemplado el arco completo, pasando del rechazo absoluto al aborto, a su legalización y aprobación popular y política.

Decíamos al principio que la Ventana de Overton es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo. Y hemos descrito cómo es posible. Poco a poco, como la rana hervida. De hecho, el movimiento de las ventanas —que, como resulta evidente, es extrapolable a cualquier fenómeno—, no sólo se ha ensayado con éxito en el pasado, sino que se sigue aplicando con éxito en el presente… Baste pensar en la ideología de género.

Téngase en cuenta, al menos, que entre las gravísimas consecuencias que arrastra consigo esta diabólica estrategia de manipulación avanzada de masas, está la de provocar una fractura social prácticamente irrecuperable. Siendo su corolario más dañino, sin embargo, la degradación de la sociedad mediante el encumbramiento de aberraciones de todo tipo, que acaban, como hemos visto, por ser asumidas y aun tenerse por naturales.

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