Una reseña de un libro del Cardenal Newman – Pablo López Herrera

Libro: “Cardenal Newman, un santo para el mundo de hoy” por el P. Juan R. Vélez [i]

Por Pablo López Herrera[ii]

27 de julio de 2019

Instituto Acton Argentina

 

El 12 de febrero de este año, el papa Francisco aprobó un segundo milagro por intercesión del beato John Henry Newman, quien será proclamado santo autorizando a la promulgación de los decretos sobre dos milagros, un martirio y cinco virtudes heroicas. Newman fue un presbítero anglicano que se convirtió al catolicismo en 1845, y luego fue designado cardenal por León XIII y beatificado por el Papa Benedicto XVI durante su visita a Inglaterra. En el año de su canonización, el mundo hispano parlante podrá acceder a este nuevo libro escrito por el P. Juan R. Vélez[iii], que desde hace años se ocupa de estudiar el pensamiento de Newman, y se ocupa de difundir su vida y obras en sus libros, conferencias, artículos y una web especialmente dedicada. Se trata de una adaptación con cuatro capítulos nuevos y traducción de su libro Holiness in a Secular Age, the Witness of Cardinal Newman (2017).

 

Como dice en su prólogo al libro el profesor Víctor García Ruiz  Juan Vélez conoce a Newman muy bien, lo ha leído con atención, con dedicación, durante años. Ha investigado, ha publicado en revistas especializadas y ha debatido con otros especialistas. Newman pasa a ser un amigo y un cómplice cuando nos acercamos, de la mano de Vélez, a su manera de vivir la vida cristiana, la oración, el trabajo, la amistad; y la devoción a la Madre de Dios.

El P. Vélez comienza haciendo una reseña de la vida de John Henry Newman, muy adecuada para enmarcar su vida y escritos. Incluye luego la lista de las obras citadas,  y  trata a continuación uno por uno los principales aportes del Cardenal a la comprensión y enseñanza de la fe cristiana.

Las citas de los textos han sido cuidadosamente elegidas por el autor, de modo que la obra a la que hace alusión esta reseña, va a constituir con seguridad no solo una introducción, sino también una referencia para el público hispano parlante, que tendrá la posibilidad de acceder a enunciaciones y textos esenciales que lo harán traspasar la barrera del “ícono” que tiene Newman y penetrar en los meandros de su humanidad y espiritualidad.

Newman es relevante para nuestro siglo XXI entre otras razones por dos motivos expresados en su lema y en su epitafio. De su lema “El corazón habla al corazón” [iv] destacó el Papa Benedicto XVI que con el mostraba “el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios”. Un deseo que fue expresado hace más de 1500 años por San Agustín en sus Confesiones, «Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que reposa en ti»[v],  y que está en la base de un camino de santidad que a través del conocimiento sensible contribuye a la salvación de la humanidad desde la Encarnación.

Su epitafio es también un resumen de su vida y la expresión sintética de un trayecto espiritual al que invita a recorrer a todo aquel que atraviese también “tiempos de oscuridad”: “De las sombras y los fantasmas a la verdad”. (“Ex umbris et imaginibus in veritatem”). ¿Hay alguien que no lo haya hecho?

La misión de cada uno y el camino de santidad, también pasan por la valorización del trabajo. Señala el P. Vélez las enseñanzas que “sobre el trabajo humano se encuentran en la homilía “Doing Glory to God in Pursuits of the World” (Dando gloria a Dios en las ocupaciones del mundo) , en la que Newman descarta “que las personas, al buscar la perfección cristiana, pueden pensar equivocadamente que deben separarse de los quehaceres y del trabajo ordinario” … se debe “considerar que las ocupaciones de este mundo, aun no siendo celestes, son al fin de cuentas el camino al cielo, y sin ser el fruto son la semilla de la inmortalidad, y tienen valor aunque no en sí mismas, por aquello a lo que conducen”. Esta idea, que esta resaltada ya por San Pablo, luego de Newman será retomada por San Josemaría Escrivá[vi] y san Juan Pablo II en el siglo XX. Así, “Newman, Escrivá y Juan Pablo II nos presentan así un sentido más profundo y cristiano del trabajo humano y nos invitan a buscar por medio de este el bien de cada persona y el bien común”

Como señala el P. Vélez, “Newman lo hace antes y con claridad: [El cristiano en el mundo] mientras está en él debe glorificar a Dios —no fuera sino dentro y por medio de él—, siguiendo la instrucción del apóstol: “En la solicitud, no seáis perezosos; en el espíritu sed fervientes; para el Señor sed servidores”. Se sirve mejor al Señor y con un espíritu ferviente cuando los hombres no son perezosos en sus negocios, antes cumplen sus deberes en el estado en que ha complacido a Dios llamarlos.”.

Las ideas y el trabajo universitario de Newman se centran especialmente en la teología y en la educación y ponen en valor la tan fundamental tarea de la Iglesia en la labor educativa, con sus decisivos efectos y consecuencias en la evolución general de la cultura y la vida de la sociedad. En este libro, el P Vélez se ocupa de los principales aportes a la comprensión y enseñanza de la fe cristiana del Cardenal, y logra presentar con gran claridad y poder de síntesis los temas que se detalla a continuación.

  1. Aspectos clave en la vida de Newman
  2. El camino de la conciencia, de la fe y de la santidad
  3. Ciencia, fe y desarrollo del dogma cristiano
  4. Educación universitaria y búsqueda de la verdad
  5. Evolución de la sociedad humana y “nueva primavera” en Inglaterra y el mundo
  6. Un estilo de liderazgo
  7. Labor evangelizadora. Pensamiento docencia y ejemplo en la familia

 

  1. Aspectos clave en la vida de Newman

Un camino de conversión

Newman recorrió un camino espiritual que lo llevó a la Iglesia católica en 1845. La historia de este camino o conversión presenta un bello ejemplo que puede servir a cada lector, católico de nacimiento o no, cristiano o no cristiano, a saber, la pasión por descubrir la verdad religiosa y recorrer el mismo camino que Dios le pidió a Newman, que vivió con pasión y audacia la búsqueda de las verdades religiosas sin parar, hasta llegar a una firme convicción interior. Fue un sinnúmero de razones y circunstancias las que lo llevaron al asentimiento de la fe en la Iglesia católica. Él asintió a lo que Dios le pedía: el acto libre de su amor a Dios.

La decisión final de Newman fue un imperativo de su conciencia que le pedía dar el paso. Era más que una conclusión lógica. Era un sinnúmero de razones y circunstancias que lo llevaron a ese paso definitivo del asentimiento de la fe en la Iglesia católica. Él asintió libremente a lo que Dios le pedía. Solo el hombre libre puede amar, y el acto más libre es el amor a Dios. Las llamadas de Dios siempre piden una libre adhesión. No se pueden forzar. En esto también Newman nos da el ejemplo: con el delicado respeto a la libertad de sus amigos o de quienes lo consultaban, los animaba a rezar y a ver las cosas con calma y libertad a lo hora de plantearse el paso del anglicanismo al catolicismo.

La vida de oración.

Dios busca a cada hombre y espera de cada uno una respuesta. La oración es ese diálogo amoroso o conversación con Dios. Desde joven Newman tomó en serio la piedad, otro nombre para el trato con Dios propio del que se sabe una criatura y un hijo.Newman nos puede dar algunas lecciones con el uso que hizo de los salmos, la meditación de los relatos bíblicos, su piedad y su vida sacramental. Newman redactó bellas oraciones, reflexiones cortas, sobre diversos temas como la vocación cristiana, la oración, el sufrimiento, la cercanía de Dios, la pasión de Jesús, la acción del Espíritu Santo.

Devoción a la Madre de Dios  

La comprensión del papel de la Virgen María en la historia de la salvación va, por así decirlo, como en paralelo con la historia de la conversión de Newman. A medida que Newman entiende y profundiza en ello, más se acerca a la Iglesia católica. Escribió varios sermones y muchas reflexiones sobre la Virgen María y fue creciendo su amor hacia ella.

Comprensión del “gentleman cristiano” [vii]

La universidad, según Newman, está para producir hombres, pero en los tiempos de Newman, al menos en Oxford y Cambridge, estaba en gran medida orientada a producir gentlemen, o caballeros.

Se encuentra la definición de un gentleman cristiano en la homilía que Newman pronunció en el funeral de su buen amigo, James Robert Hope-Scott, jurista y converso al catolicismo:”Y en lo que concierne a la universidad, esta puede aspirar a educar el intelecto, pero no es capaz de formar la mente religiosa ni el carácter del hombre. Esta es la labor de la Iglesia y uno de los aportes importantes que puede hacer a las universidades. Ella puede formar a un verdadero gentleman cristiano.”

Con esta visión de la moral cristiana, Newman corrigió la noción de gentleman, que es una creación de la civilización. Newman precisó aún más, que el hombre estaba necesitado de la redención. Es un ser pecador que necesita superar el pecado y las tentaciones, especialmente las del orgullo y el egoísmo. El mundo confunde la humildad con la modestia por lo cual se puede ser muy orgulloso sin presumir. El orgullo, según Newman, era el pan de cada día de la religión y la moral de su tiempo, e hizo una descripción válida tanto para su época como para la nuestra, en la cual el orgullo y la vanidad van unidas. Se busca que todo se vea decente y bello en lo exterior: el vestido, el porte exterior, las calles. Como se puede ver, esta no es la verdadera definición de un caballero. Es más bien la caricatura de un gentleman, de manera que Newman usó el calificador de casi. Dijo: “Por tanto es casi una definición de caballero decir que es uno que no causa dolor a otros”35. Con esto pasamos a la noción de tolerancia, un aspecto del que Newman siguió llamando retóricamente el verdadero gentleman.

Para el cristiano, la tolerancia es una virtud y por tanto forma parte del carácter del gentleman, pero no asume deberes de justicia como son el discriminar entre lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo. Newman explica que “el mundo está contento con poner en orden la superficie de las cosas; la Iglesia apunta a regenerar las mismas profundidades del corazón”

Importancia de los amigos y de la amistad

Como nos dicen las Escrituras, quien tiene un amigo tiene un tesoro.  Newman tuvo muchos amigos porque supo valorar y cultivar la amistad con las personas, y vivió una larga vida.  El afecto, la lealtad, la correspondencia frecuente y otras virtudes como la sinceridad, contribuían mucho a la capacidad de Newman para hacer y cultivar amistades. Pero el secreto de la amistad para Newman estaba en la caridad cristiana, en darse a los demás por amor a Dios.

 

  1. El camino de la conciencia, la fe y la santidad

La conciencia moral

A través de la conciencia moral, Dios habla al hombre y este puede  conocerlo y superar el subjetivismo. La voz de la conciencia moral habla a cada uno, y le dicta con una voz interior y desde la niñez lo que debe hacer y lo que debe evitar. Así se ejerce la voluntad según una conciencia bien formada según lo que Dios espera de nosotros.

El acto de fe del creyente,

Hay factores que dan firmeza al acto de fe del creyente. Si bien se puede conocer a Dios y sus preceptos por medio de la ley natural y la conciencia moral, se accede a la revelación de Jesucristo en las Escrituras y por los sacramentos. Se profundiza el conocimiento de Dios mediante la oración, la lectura diaria, la meditación y el estudio de su Palabra. Y apoyado en la autoridad de la  Iglesia y en la tradición de los Padres de la Iglesia en la que se apoya muchas veces, allí donde la comprensión no sea evidente.

La vida cristiana y el trabajo desde la perspectiva de la santidad.

Los santos nos mueven a ser discípulos de Cristo y cada uno nos ofrece lecciones particulares para esa misión evangelizadora. La vida cristiana, para Newman, era la respuesta que el hombre daba a la llamada de Dios. La llamada a la santidad  se entiende como un camino de amor y de lucha. Los medios para recorrer el camino son la oración, la práctica de las virtudes en la vida ordinaria y el trabajo y una vida sacramental. Se sirve mejor a Nuestro Señor Jesucristo y con mayor fervor cuando los hombres no son perezosos en su trabajo y, en cambio, cumplen su deber en el estado de vida en el que Dios se ha complacido llamarlos. Dios nos llama a todos a la santidad, es decir, a participar de quien es solo santo, de Dios mismo. Esta es la clave de la vida del cristiano. No se trata de ver la religión católica como una cuestión de cumplir leyes y preceptos. Es ante todo la vida de hijos que por la gracia son divinizados. Una buena parte de las homilías de Newman están enfocadas por un lado en reprobar los pecados y vicios, empezando por el orgullo, la insinceridad y la falta de fe, y por el otro en animar a sus oyentes en el ejercicio de las virtudes, como son la humildad, la caridad, la fe, la piedad, la sinceridad y el celo por las cosas de Dios.

 

  1. Ciencia, fe y desarrollo del dogma cristiano

La armonía entre las ciencias básicas y la fe

La certidumbre es un convencimiento interno por el cual se confía plenamente en una verdad, más profundo que un razonamiento certero. A cada persona le toca hacer en su existencia y en su actuar en el mundo un acto de fe personal en Dios, y frente a la persona de Jesucristo, debe reconocer que es verdaderamente Dios, el Hijo unigénito del Padre. El conocimiento de Dios debe ser un conocimiento de Dios mismo, y no de ideas sobre Dios. La armonía entre las ciencias y la fe se basa en que Dios es uno y no puede haber contradicción  en lo que se puede conocer de él y de su creación.

Continuidad y desarrollo del dogma cristiano en su evolución histórica.

La religión cristiana se rige por verdades bien definidas y constantes llamadas dogmas. La religión se basa en un conocimiento de verdades acerca de Dios, el mundo y el hombre que se encuentran en la Sagrada Escritura. Con el correr de los siglos la Iglesia católica formuló con más detalle ciertos dogmas además de los contenidos en los credos sobre la Santísima Trinidad, Dios creador, la encarnación, la redención, el juicio final con el premio o castigo, y también formuló nuevos derivados de los anteriores. La clave está en que hay desarrollo verdadero cuando la doctrina crece en continuidad con el pasado, es decir sin contradicción y como un crecimiento orgánico.

Quizá la noción más valiosa para entender el desarrollo doctrinal es la comparación con la fuente de un arroyo que forma un riachuelo y se convierte en un río, a veces grande y profundo, sobre todo cuando recibe otros tributarios. El tema del desarrollo doctrinal es de suma importancia para nuestros tiempos. Para muchas personas en el mundo occidental la religión consiste en cuestión de opiniones y gustos, no de verdades objetivas y constantes, y se considera que cada uno puede dejar y elegir lo que uno quiere, con tal de que se busque amar a Dios según lo que la conciencia le dice. Según este modo de actuar, la religión se convierte en algo principalmente personal y sentimental. Para hacer frente a esta forma errónea de ver la religión y las verdades doctrinales, la vida de Newman y su obra son una valiosa ayuda

  1. Educación universitaria y búsqueda de la verdad

La importancia y el sentido de la universidad y de los estudios universitarios

Los estudios universitarios son para la formación del intelecto, el  desarrollo de la capacidad de pensar, organizar y analizar las ideas, comparándolas y sacando conclusiones. Este proceso exige la lectura cuidadosa de textos bien elegidos y el trabajo de relacionar las partes con el todo y forma los hábitos filosóficos o intelectuales. El sentido de la universidad y los estudios universitarios consiste en formar en los estudiantes un hábito filosófico. Y parte de los estudios básicos universitarios deberían incluir elementos de literatura, filosofía y teología. Las ciencias forman un conjunto, un todo, y por eso constituyen la universidad.

La búsqueda de la verdad en materia de religión

La formación de hombres en la universidad incluye el desarrollo de conjunto del intelecto, la voluntad, el carácter, el conocimiento de Dios y la piedad. El fin es ambicioso, pero alcanzable en diferentes medidas según las personas. Esa fue la formación que se dio en la incipiente Universidad Católica de Irlanda y hoy día en unas cuantas universidades en el mundo.

  1. Evolución de la sociedad humana y “nueva primavera”

Newman tiene una visión teológica de la historia

La historia es historia de la salvación. En su ensayo sobre los turcos escribe Newman que “estamos obligados a juzgar sobre personas y eventos de la historia, no por sus apariencias sino por su significado interno”. Su filosofía de la historia trata de la historia de la salvación, con la perspectiva de la acción de Dios en el mundo y la actuación de los hombres.

Los límites del progreso humano

Newman tiene una comprensión realista y con apertura a lo espiritual ante la idea del progreso humano. Reconoce que existe el progreso en las culturas y civilizaciones pero llega un punto en que acaba cuando surge en ellas el comportamiento de los bárbaros, destruyéndose en la medida en que dominan los intereses egoístas y los instintos primitivos, y otras desde afuera las avasallan a su vez.

¿Comienzo de una segunda primavera de la Iglesia en Gran Bretaña?

Newman vio el comienzo de una segunda primavera de la Iglesia en Gran Bretaña que, a pesar de su corta duración, fue significativa dando grandes hombres como Hilare Belloc, C.S. Lewis, J. R. Tolkien y Christopher Dawson. En 1850, al cabo de varios siglos, nuevos obispos católicos fueron consagrados para Inglaterra. Al restablecer así la jerarquía luego de varios siglos, Newman veía a los santos como heraldos del Evangelio que Dios suscitaba para renovar a su Iglesia, a través de la palabra, el ejemplo y la amistad. Decía: “No soñéis con convertir la opinión pública de Londres; no lo podéis lograr ni tenéis necesidad de ello. Mirad vuestra casa; allí está vuestra labor; lo que debéis hacer y lo que podéis hacer es una y la misma cosa.” Y la evangelización de la sociedad pasa por el sufrimiento y la cruz. “Sí, queridos sacerdotes y hermanos y, si es la bendita voluntad de Dios, no solo santos, no solo Doctores, no solo predicadores, serán nuestros, sino también mártires, quienes consagrarán de nuevo la tierra a Dios. No sabemos lo que está delante de nosotros antes de que ganemos lo que nos toca; estamos inmersos en una grande y gozosa empresa, pero la furia del enemigo está en proporción a la gracia de Dios. (…) Establecer de nuevo la Iglesia en Inglaterra es una obra demasiado grande para realizarla en un rincón. Tenemos motivos para esperar que semejante bendición no se nos dé sin la cruz”. Con esta visión sobrenatural, Newman vio el comienzo de una segunda primavera de la Iglesia en Gran Bretaña que, a pesar de su corta duración, fue significativa dando grandes hombres como Hilare Belloc, C.S. Lewis, J. R. Tolkien y Christopher Dawson.

Nuestro mundo contemporáneo

La sociedad actual se enfrenta a una lucha semejante a la de Newman, contra el relativismo moral y el materialismo pagano. Newman nos muestra que cada persona está llamada por Dios para jugar un papel en sus planes, toca a cada uno descubrir cuál es esa invitación específica y responder con fe y confianza. “Dios me ha creado para hacerle un servicio determinado; me ha asignado una tarea para realizar que no ha confiado a otro. Yo tengo mi misión —tal vez no la conozca en esta vida, pero me será contada en la próxima—. De algún modo soy necesario para sus fines, tan necesario en mi lugar como un arcángel en el suyo. Si, de hecho, fallo, él puede levantar a otro así como pudo convertir las piedras en hijos de Abraham. Sin embargo, yo tengo mi parte en esta gran empresa; soy un eslabón en la cadena, un enlace de conexión entre personas. Él no me ha creado en vano”. Si los cristianos respondemos a las llamadas de Dios, también habrá nuevas primaveras en otros países que tiempo atrás recibieron la fe y un despertar a la fe en Cristo en aquellos que aún no han sido evangelizados.

 

  1. Un estilo de liderazgo

Habiendo sido profesor universitario y fundador de una universidad y de un colegio, Newman sigue hablando hoy de modo especial a los estudiantes y profesores universitarios. Los invita a conocer mejor la fe y a conservar la unidad del saber universitario por medio del estudio de la teología. Sus escritos teológicos dan fundamentos y nuevas luces a teólogos, clérigos y estudiantes de teología. Muchos de los nuevos líderes de la Iglesia se formarán en las universidades. Por tanto, la Iglesia necesita pensar cómo se enseña y transmite la fe a nuevas generaciones tanto en las universidades seculares como en las católicas.

Por su trato con profesionales líderes en la sociedad, Newman subrayaba la importancia que tiene ayudar a los que influyen en las leyes de la educación y en las relaciones entre el Estado y la Iglesia, como parte de la misión de fieles en el mundo. Su experiencia como fundador de un colegio para jóvenes también ofrece lecciones acerca de la educación de la juventud cristiana, concretamente, acerca de la importancia de educar a los jóvenes en el ejercicio de su responsabilidad y libertad, y en el trabajo de conjunto entre los padres de familia y maestros de colegios. La renovación espiritual y moral de la Iglesia pasa por la labor educativa de los colegios católicos.

  1. Labor evangelizadora. Pensamiento docencia y ejemplo en la familia

Se pueden resaltar tres aspectos de su ímpetu evangelizador.  La evangelización exige un trato personal con las personas, el servicio y el ejemplo de vida, y Newman cumplió con esas premisas. Newman fue un pensador y escritor excepcional. Nos muestra la necesidad de aprender a usar bien las palabras para dar a conocer a Cristo. Pero las palabras sin el ejemplo no convencen, no tienen peso – Los que viven de un modo coherente y atractivo acercan a los demás a su ideal. Y eso es lo que Newman procuró hacer y enseñar a otros. Afirmaba: “No soñéis con convertir la opinión pública de Londres; no lo podéis lograr ni tenéis necesidad de ello. Mirad vuestra casa; allí está vuestra labor; lo que debéis hacer y lo que podéis hacer es una y la misma cosa.”

[i] El autor: El P. Juan R. Vélez, sacerdote católico de la Prelatura del Opus Dei, Nació en Venezuela y se crió en Colombia, Inglaterra y Estados Unidos. Es doctor en teología dogmática y médico por la Universidad de Navarra. Publica periódicamente breves reflexiones sobre los escritos del cardenal Newman en: www.cardinaljohnhenrynewman.com, y en una newsletter a la que es posible suscribirse en: Rev Juan R Velez <frjuanvelez@cardinaljohnhenrynewman.com> El P. Vélez es también autor de Take Five: Meditations with John Henry Newman – co autor: Mike Aquilina -2010, Passion for Truth: The Life of John Henry Newman , A University Education for the 21st Century: The Opening of the American Mind – 2015 y Holiness in a Secular Age, the Witness of Cardinal Newman – 2017.

[ii] Nota: Esta reseña intenta reflejar con la mayor fidelidad posible el libro del P. Juan Vélez sobre la vida y obras del Cardenal Newman, tratando de incluir la menor cantidad de agregados posibles. En consecuencia, la mayoría de los textos surgen del propio libro, dado que se trata simplemente de presentar el escrito, invitando a proseguir con la lectura del mismo, donde se encuentra el desarrollo completo de lo aquí expresado.

[iii] Cardenal Newman: un santo para el mundo de hoy / Juan R. Vélez.- 1a ed . – Rosario – Argentina – Ediciones Logos Ar, 2019

Este libro usa mucho material de otro libro del P. Vélez, Holiness in a Secular Age, the Witness of Cardinal Newman, publicado por Scepter Publishers en 2017. En este se resumen algunos temas, se omiten otros del libro anterior y se presentan algunos capítulos nuevos.

 

[iv] Al ser nombrado cardenal, Newman tomó como su lema episcopal las palabras Cor ad cor loquitur (el corazón habla al corazón), tomadas de una carta del obispo san Francisco de Sales. En efecto, para Newman la amistad era una continua conversación de corazón a corazón que tenía por paradigma a Cristo.

[v]Quia fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te”.

[vi] Para san Josemaría en doctrina que sería expuesta luego por el Concilio Vaticano II: “es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres” Josemaría Escrivá, “Amar al mundo apasionadamente” en Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid: Rialp, 1968, n. 113

[vii] Definición de un caballero según el Beato Cardenal Newman, en «La Idea de una Universidad», serie de disertaciones ofrecidas en Irlanda en 1852. «Podría decirse que prácticamente la definición de un caballero es la de aquel que nunca inflige dolor. Esta es una descripción tan exacta como refinada. Un caballero se ocupa principalmente en remover aquellos elementos que obstaculizan la libre acción de quienes que lo rodean. Procura colaborar más que encabezar iniciativas por sí mismo. Si bien la naturaleza nos provee de los medios naturales para el reposo y nos ofrece el calor animal, los beneficios de un caballero pueden equipararse a la comodidad que nos brinda una silla confortable o un buen hogar encendido; ambos mitigan nuestro frío y fatiga. Un verdadero caballero evita cuidadosamente ocasionar un sobresalto en las mentes de aquellos con quienes trata, evita todo enfrentamiento de opiniones, coalición de sentimientos, restricciones, sospechas, tristezas o resentimientos. Su principal preocupación radica en que cada uno se sienta cómodo como en su casa. Sus ojos están puestos en todas sus compañías, es considerado con los tímidos, gentil con los distantes y misericordioso hacia los absurdos. Recuerda a todas las personas con quienes estuvo conversando. Se cuida de hacer acotaciones impetuosas o mencionar temas irritantes. Rara vez destaca como centro en las conversaciones y, sin embargo, jamás resulta tedioso. No le pesan los favores mientras los realiza y parece recibir precisamente aquello que está confiriendo. Nunca habla de sí mismo excepto cuando está obligado y jamás se defiende mediante una simple réplica. No tiene oídos para los chismes ni las calumnias. Es escrupuloso para comprender los motivos de aquellos que interfieren y trata de interpretar todo de la mejor manera posible. Jamás es desconsiderado o mezquino en sus disputas ni tampoco se aprovecha de ventajas injustas. No confunde las personalidades ni tampoco deja de ver la diferencia entre lo que es una observación tajante y un verdadero argumento. Tampoco hace insinuaciones sobre hechos nefastos sobre los que no pueda a hablar francamente. Ejerciendo una prudencia de largo alcance observa la máxima de aquella antigua saga que dice que debemos conducirnos con nuestros enemigos como si un día fueran a ser nuestros amigos. Tiene demasiado sentido común como para sentirse afectado por los insultos, está suficientemente ocupado como para recordar injurias pasadas y es lo suficientemente indolente como para soportar las malicias. Es paciente, contenido y resignado a los principios filosóficos. Soporta el dolor porque sabe que es inevitable, las aflicciones porque son irreparables y a la muerte porque es su destino. Si entra en algún tipo de controversia su intelecto disciplinado lo preserva de cometer una desatinada descortesía propia de las mentes menos educadas. Estas últimas, cual armas romas, cortan y desgarran en vez de realizar cortes limpios, confunden el motivo principal del argumento, gastan sus fuerzas en trivialidades, juzgan mal al adversario y dejan al problema peor de lo que lo encontraron.  El caballero puede estar en lo correcto o estar equivocado en su opinión pero tiene demasiada claridad mental como para ser injusto. Así como es de simple es de fuerte, así como es breve es también decisivo. En ningún otro lugar encontraremos mayor candor, consideración e indulgencia. En sus argumentos con sus oponentes no olvida sus propios errores. Él conoce la debilidad de la razón humana así como su fortaleza, su competencia y sus límites. Si el caballero no fuera un creyente aun así tendría una mente lo suficientemente amplia y profunda como para no ridiculizar la religión o actuar en su contra. Es demasiado sabio como para ser dogmático o fanático. Respeta la piedad y la devoción y apoya el bien de aquellas instituciones con las cuales no está de acuerdo considerándolas como elementos venerables, hermosos o útiles. Honra a los ministros de la religión y declina aceptar sus misterios sin por ello agredirlos o denunciarlos. Es amigo de la tolerancia religiosa y esto no es tan solo por su filosofía, que le exige ser respetuoso con todas las formas de fe, sino por su caballerosidad y delicadeza de sentimientos las cuales constituyen el séquito de toda provechosa civilización”.

 

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