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Iglesia y política – Agustín Espina

Por Pbro. Agustín Espina
22/10/2018

Soy argentino, soy sacerdote, adhiero profundamente al sistema de gobierno democrático y no soy peronista.

Sí, no soy peronista, tampoco macrista, no me identifico con ninguno de los partidos políticos, si bien podría hacerlo a título personal, pero no como ministro de la Iglesia. Como sacerdote, soy pastor de todo el pueblo de Dios, y en ese pueblo hay personas de muy diversas ideologías partidarias, en principio, todas ellas legítimas.

Frente a expresiones de algunos pastores de mi Iglesia, siento necesidad de aclarar:

– que la Iglesia no adhiere a ningún partido político. Que si bien hace política, esta entendida en sentido amplio, tanto cuanto, colabora en la construcción del bien común, no hace y no debe hacer política partidaria.

– Que dentro de la Iglesia católica, el ejercicio de la política partidaria es competencia de los cristianos, actuando a título personal, ejerciendo su responsabilidad como ciudadanos.

– que la Iglesia católica, desde el concilio vaticano II, sostiene con claridad, aunque no siempre lo practique, la separación entre la Iglesia y el Estado, recordando el principio de la autonomía de lo temporal.

– Que ningún partido político puede atribuirse la representación del pensamiento social de la Iglesia.

– Que los aspectos técnicos de la economía y la política no son competencia de la Iglesia, sino en lo que ella pueda aportar en cuanto a la dimensión moral de los mismos.

Me gustaría recordar, por último, la distinción de nuestro querido Papa Francisco, «Pecadores sí, corruptos no».

Sería importante que los pastores de la Iglesia a la hora de hablar, recibir y compartir Eucaristías, con actores de la política, de la economía, de la justicia, tuviéramos presente esta distinción.
Padre Agustin Espina
Diócesis de San Isidro

La opción preferencial por el poder – Gustavo Irrazábal

Por Pbro. Gustavo Irrazábal
22/10/2018

Varios obispos están actuando como si fueran opositores. Y muchos otros guardan silencio como si estuvieran de acuerdo. Pero si es realmente así o no, carece de importancia. Nuestras conductas no se definen sólo por nuestras intenciones recónditas, sino sobre todo por lo que efectivamente hacemos. En el plano de las intenciones, unos y otros pueden pensar sinceramente que están ejerciendo la opción preferencial por los pobres. Pero en el plano de la práctica, lo que están haciendo es una opción preferencial por el poder, es decir, por un determinado proyecto político cuyo fin es conquistar y mantener el poder. Por supuesto que si desean influir en el poder es con el fin de favorecer a los pobres, no hay por qué dudarlo. Pero el poder no es una herramienta que se toma y se deja. Una Iglesia del poder (presente o ambicionado) aun con las mejores intenciones es muy distinta a la Iglesia del Evangelio, como enseñó Jesús en el episodio de las tentaciones del desierto.
En buena medida el problema puede reconducirse a las confusiones que se generan en torno al principio de la opción preferencial por los pobres. Este principio tiene sentido en el plano de las motivaciones y los fines: consiste en participar de la caridad de Jesús hacia los pobres, lo cual en el Evangelio no significa la opción por una determinada clase social, sino la caridad hacia todos sin exclusiones. Pero este principio no tiene ningún contenido material, es decir, no indica qué es lo que hay que hacer para efectivizar dicha opción, y por lo tanto, no se identifica con ninguna opción político-partidaria. Los obispos, que en estos tiempos alegan de modo incansable su propia inocencia, no deberían tener dificultad en presumir a su vez la buena voluntad de los restantes sectores de la sociedad y de la política cuando expresan su preocupación por los pobres, aunque los caminos que postulan sean diversos. Y como ministros de la unidad no deben pretender “ungir” una propuesta sobre las restantes.
Los obispos pueden intentar convencer a la sociedad que no es esto lo que están haciendo, y que las apariencias engañan. Puede ser. Pero las apariencias no pueden engañar todo el tiempo, y no se puede desafiar por siempre el sentido común de la mayoría, que terminará aceptando la explicación más simple, sea cierta o no: que la Iglesia está teniendo un comportamiento opaco e intrigante, al estilo del que tira la piedra y esconde la mano.
De nuevo: no se trata de juzgar intenciones, sino de evaluar la objetividad de las conductas. Y lo que la Iglesia argentina está haciendo es prestarse a un juego que está muy por debajo de ella misma, que compromete su autoridad y su integridad moral, a cambio de una dudosa relevancia. Y a pesar de su buena voluntad, en vez de contribuir a la reconciliación de una sociedad lacerada como la nuestra, profundiza la grieta y la internaliza, abriendo nuevas heridas en el tejido social y eclesial que costará mucho tiempo restañar.

Gustavo Irrazábal
23-10-18

Reaviva la gracia de Dios – Andrés Di Ció

Por Pbro. Andrés Di Ció
22/10/2018
Fuente: Blog personal Migajas Teológicas

Reaviva la gracia de Dios (2 Tim 1,6)

Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria». Jesús les dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé y recibir el bautismo que Yo recibiré?»

Mc 10,37-38 (Domingo 21.X.2018)

Me veo impelido a quebrar mi letargo bloguero. Pues no pocos argentinos, católicos o no, se preguntan azorados por qué la Iglesia está asumiendo tanto protagonismo en la vida política del país. Intentaré ser breve.

Evitaré adrede usar nombres propios. Y adelanto que tampoco yo entiendo del todo lo que pasa.

Empezaría por recordar la enseñanza de Jesús: “Den al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios” (Lc 20,25). El ámbito religioso debe respetar el espacio político en la misma medida en que desea que a él se lo respete. Una tentación constante es la de valerse de la lógica del mundo, que se mueve en términos de poder. Y ya se sabe que el poder no es sólo fuerza física, aunque también. Jesús, en cambio, tiene el estilo del cordero, que se ofrece sin exigir nada en cambio, sin segundas intenciones.

La Iglesia –quizás mejor, algunos obispos, que por definición la representan– no puede ignorar que con sus acciones da un mensaje. ¿Qué mensaje da cuando recibe de manera oficial, emitiendo incluso un comunicado, a un ciudadano no sólo acorralado por la justicia sino que se expresa abiertamente con modos patoteriles, cuando no mafiosos? Todos sabemos que Jesús comía con pecadores públicos, lo cual le valió mucha incomprensión. Pero, ¿es éste el caso? ¿Están los prelados involucrados buscando la conversión de estos cristianos? ¿Los reciben para anunciarles el Evangelio? ¿O para fortalecer su reclamo político-social-sindical? En el mejor de los casos, con suma indulgencia, podríamos hablar de una gran ingenuidad. La Iglesia o ha cedido o se ha dejado usar. Y en el medio la Misa y el Santuario Nacional de Luján. ¿Fueron a rezar o a hacer una demostración de fuerza?

El concilio Vaticano II enseñó muy claramente sobre la legítima autonomía de las realidades temporales (GS 36). Las instituciones tienen sus reglas, sus dinámicas, y es preciso no avasallarlas. Qué pena que los acontecimientos de la semana pasada, sumados a otros en los últimos tiempos, refuercen el paradigma de una Iglesia que se entiende a sí misma sentada a la mesa de las decisiones temporales. La Iglesia existe para el anuncio y el servicio. Su modo de influir es mediante la transformación de los corazones y las mentes. Por supuesto que el Evangelio debe traducirse en obras, en diálogos, en políticas… pero no le corresponde a la Iglesia influir indebidamente identificándose de una manera tan burda con un sector particular. Del mismo modo que la Iglesia no se identifica con ninguna filosofía en particular, tampoco se identifica con ninguna política, economía, partido o sindicato.

Por supuesto que habrá quienes busquen una justificación en el mandato evangélico de recibir a todos con misericordia. Estamos todos de acuerdo. Pero cuando el hecho se enrostra deja de ser un asunto religioso para ser un asunto de política crasa. Las alusiones al Papa Francisco no dan lugar a dudas sobre las intenciones de los protagonistas. Tuve ayer la oportunidad de escuchar por la radio a uno de los pocos sacerdotes que concelebró sobre el altar y su posicionamiento era netamente político, apenas barnizado por alguna idea evangélica. Pero resulta que a los pastores no les corresponde, amén de no estar preparados, opinar sobre temas tan complejos y discutibles sobre tal o cuál hoja de ruta económica. Sencillamente no les compete y además, repito, en la mayoría de los casos no cuentan con la pericia requerida para sentarse a hablar en serio. Y si se insiste en que no hubo intención de dar un respaldo sectorial, lo creo y lo acepto. Pero cuando la sociedad y muchos de los fieles entienden eso, habría que preguntarse con humildad si no hubo un error de cálculo.

Jesús vino para todos. La Iglesia sirve a todos. Por eso es bueno que extreme la prudencia para que todos se sientan incluidos en sus oraciones y en su solicitud pastoral.

La respuesta a una objeción católica a Ludwig Von Mises – Carmelo López-Arias

Por Carmelo López-Arias

3 de agosto de 2018

Fuente: Religión en Libertad 

En La acción humana (1949), Ludwig von Mises (1881-1973) analizó magistralmente la estructura de los precios en su libre formación y las consecuencias deletéreas de cualquier intervención en ella ajena a la voluntad de las partes. En particular, la del Estado. Toda la poderosa lógica con la que a partir de ahí desgranó su pensamiento, hasta alcanzar una amplísima variedad de fenómenos económicos, reposa en última instancia sobre la naturaleza atribuida al intercambio y su valoración subjetiva.

El edificio así alzado resulta admirable y armonioso. Sin embargo, algo chirría y decepciona cuando se examina de cerca su fundamentación filosófica, pues Mises quiso vincular específicamente su teoría sobre los intercambios a una teoría sobre el obrar del hombre, es decir, hacer de la economía el corolario de una antropología. Al hacerlo, formuló unas críticas a la metafísica trascendental, a la moral finalista ontológica y a la ley natural como expresión de la ley de Dios que no son solo erróneas e inaceptables desde la doctrina católica, sino que traslucen una lamentable confusión conceptual y una sorprendente incapacidad para entender bien la posición que rebate.

El asunto no es baladí. Cuando se plantea, como hace Mises, una construcción intelectual completa de forma deductiva, la solidez de los basamentos se convierte en el punto clave. No porque sea necesariamente falso todo lo que se deduzca de un principio falso, sino porque la verdad de las conclusiones deducidas a partir de un principio falso ya no reposa sobre la lógica interna del razonamiento y exige una prueba externa que no siempre se aporta ni puede aportarse. El error de base no tumba, pues, todas las inmensas aportaciones de La acción humana, pero perdería la obra buena parte de su relevancia histórica y, por qué no decirlo, de su encanto.

La solución

Un reciente libro arroja algo de luz. Se trata de Libertad económica, capitalismo y ética cristiana, recopilación de diversos trabajos de Martin Rhonheimer, de 68 años, suizo, doctor en Filosofía y sacerdote del Opus Dei. Editado por Mario Šilar para el Centro Diego de Covarrubias y Unión Editorial, el texto cumple lo que promete su subtítulo: Ensayos para un encuentro entre economía de mercado y pensamiento cristiano.

Como es sabido, toda una corriente entre los teóricos de la Escuela Austriaca de Economía atribuye su paternidad a la Escuela de Salamanca, cuyos teólogos y filósofos, religiosos en su mayoría, habrían establecido ya en el siglo XVI los fundamentos de la economía de mercado en la ley natural impresa por Dios en el hombre. Ni entro ni salgo en la cuestión erudita sobre esa paternidad, aunque sí conviene discernir que, una vez definido qué se entiende por economía de mercado, no hay un debate sino dos: un debate es afirmar o negar la existencia de una vinculación intelectual entre ambas escuelas, y un debate distinto es afirmar o negar que la economía de mercado se fundamente en la ley natural.

Rhonheimer, desde luego, lo afirma. Y en el ensayo La ética de la economía de mercado: una evaluación crítica a la interpretación utilitarista de Ludwig von Mises, incluido en el volumen, señala los “serios errores” en los que incurre el sabio economista al rechazar la ley natural como fundamento de la economía de mercado.

“El argumento central de Mises de que la economía de mercado es el orden natural de la cooperación social beneficiosa para cada persona individual es mucho más compatible con la idea clásica del derecho natural y la antropología judeo-cristiana, que concibe a los seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios, que con el utilitarismo”, apunta.

El problema es que Mises entendía mal tanto el utilitarismo en el que creía basarse como el derecho natural que creía combatir, y que confundía con el contractualismo propio del iusnaturalismo racionalista, totalmente distinto al iusnaturalismo clásico acorde con la doctrina católica. (Eminentes juristas católicos como Juan Vallet de Goytisolo o Michel Villey han estudiado en profundidad sus diferencias.)

“Incluso los grandes pensadores a veces malentienden la verdadera naturaleza de los fundamentos filosóficos de su pensamiento”, lamenta Rhonheimer. El sabio ucraniano (de Lemberg, entonces Imperio Austro-Húngaro) ve el pensamiento cristiano como una especie de fideísmo donde la razón autónoma no existe y “la ley y la legalidad, las normas morales y las instituciones sociales” son “veneradas como insondables decretos del cielo”. Como si no hubiese leído a Santo Tomás de Aquino.

Al mismo tiempo, Mises considera “utilitarista” una concepción del interés y del bienestar que no tiene nada de específicamente utilitarista e incluso “puede ser perfectamente compatibilizada con la clásica idea de derecho natural”, dice Rhonheimer. Que la ética de Mises sea “subjetivista” y, en ese sentido, incompatible con la filosofía cristiana, no significa que sea “utilitarista” ni que su concepción del mercado como un orden natural beneficioso sea ni una cosa ni otra. La acción humana no defiende el mercado por su mera utilidad, sino que defiende su utilidad en cuanto que es expresión de un orden natural de las cosas.

Rohnheimer consigue así resolver convincentemente la paradoja Mises, considerando que los fundamentos filosóficos de La acción humana no son los que creía su autor, aquejado tal vez de prejuicios y una deficiente formación filosófica, pero sí los que se infieren de sus propios planteamientos, aunque él mismo no supiese ver la inferencia. Sus páginas conservan así la credibilidad lógica que exige un edificio construido deductivamente.

En éste y en los otros nueve capítulos que forman Libertad económica, capitalismo y ética cristiana, Rohnheimer defiende con solvencia los principios del libre mercado de las críticas más habituales de índole moral que suelen formulársele desde un planteamiento cristiano. Es una lectura sumamente enriquecedora, se compartan o no todos o parte de sus argumentos, que en cualquier caso resultan sanamente desintoxicadores de socialismo.

Con Pablo Victoria y Juan Marcos de la Fuente

Si se me permite una digresión personal, ha sido un alivio encontrar estas páginas de Rohnheimer. Guardo con gran cariño mi ejemplar de La acción humana. Fue un obsequio generoso de su editor, Juan Marcos de la Fuente, fallecido el año pasado. Acudí a conocerle a su casa, hace quince años, junto con Pablo Victoria, el activo ex senador colombiano a quien los españoles debemos haber rescatado del olvido la figura de Blas de Lezo con el bestseller El día que España derrotó a Inglaterra, que publicaría poco después.

Juan, vocacional editor en España desde 1973 de todos los autores de la Escuela Austriaca a través de Unión Editorial, nos recibió con cordialidad y hospitalidad nada comunes. Victoria había escrito un libro sorprendente, La sociedad postliberal y sus amigos. El genocidio del intelecto, audaz y rigurosa simbiosis de liberalismo económico y tradicionalismo católico, y ese asunto figuró también aquella tarde entre las profundas cuestiones abordadas en la agradable y elevada conversación de la que fui testigo.

Regresando a Madrid, Pablo me cantó las excelencias de La acción humanacon una pasión que, añadida al agradecimiento por el regalo recibido, me lanzaron sin dilación a la lectura. Así llegaron el deslumbramiento, por un lado, y por otro la decepción, que ahora considero satisfactoriamente resuelta. Vaya esta recensión, pues, en homenaje de gratitud a ambos.

 

La izquierda como religión – Carlos Barrio

20 de agosto de 2018

Por Carlos Barrio

Fuente: Disidentia 

Se da una extraña paradoja con la izquierda y la religión. Esta ideología nació anticlerical en los salones parisinos, repletos de ilustrados dispuestos a erradicar el oscurantismo, el fanatismo y el error de nuestras vidas. El anticlericalismo inicial de esa izquierda revolucionaria estaba ligado al ideal secularizador y racionalista de las luces. Este afán por erradicar la superstición y el atraso, que los ilustrados como Voltaire ligaban a la religión, impregnó las revoluciones de izquierdas. La Revolución francesa inició un violento proceso de secularización del clero y de sus propiedades, que continuó durante las revoluciones socialistas donde la religión se convirtió en el enemigo a batir. Para el marxismo era esencial erradicar cualquier forma de pensamiento religioso, que se consideraba alienante.

Por poner sólo dos ejemplos. Durante la guerra civil española más de ocho mil religiosos y sacerdotes católicos fueron cruelmente asesinados por anarquistas, comunistas satélites del estalinismo y por autoridades republicanas. Bajo el comunismo polaco de inspiración estalinista, dirigido con mano férrea por Bolesław Bierut, la persecución religiosa fue especialmente intensa. Publicaciones católicas secuestradas, sacerdotes encarcelados y torturados, que incluyeron incluso al primado de la Iglesia Católica en ese país, Stefan Wyszynski. No es de extrañar, una ideología totalitaria como es el comunismo aspira a controlar todas las esferas del individuo, incluidas sus creencias más íntimas. El comunismo es una verdadera religión política, como muy bien apuntara Eric Voegelin. No admite otra fe que no sea la de la salvación del proletariado a través de la acción monolítica del partido y sus dirigentes, los cuales son infalibles.

Por otro lado, se da la curiosa circunstancia de que la izquierda ha querido ver en la tradición escatológica de matriz judeocristiana una fuente inagotable de enseñanzas con las que poder interpretar su propia historia de fracasos continuados. El comunismo jamás ha admitido que la razón última de su continuado fracaso pueda residir en lo erróneo de sus planteamientos teóricos. Fuerzas subversivas, coyunturas históricas poco propicias o la precipitación de algunos de sus dirigentes forman parte del catálogo de excusas que el comunismo siempre ofrece para defender su vigencia.

El comunismo nunca se ha podido realizar en la tierra. Autores del denominado marxismo occidental como Ernest Bloch o Walter Benjamin han querido utilizar categorías propias de la escatología judeocristiana para intentar infundir un principio de esperanza en la posibilidad de la realización del ideal comunista en este mundo. La nueva izquierdasurgida de los escombros del sesentayochismo ha seguido esta estela apelando al mesianismo y a la experiencia del primer cristianismo de inspiración Paulina para intentar apelar a la conciencia de sus seguidores. La revolución es ante todo una especie de acontecimiento salvífico, frente al que uno no puede permanecer indiferente. Ha de posicionarse, con una actitud de necesaria espera, incluso aun cuando esta inicialmente no discurra por los cauces inicialmente previstos.

A mi juicio dos son los factores que han propiciado esta lectura religiosa del marxismo. Por un lado, la llamada secularización de conceptos teológicos que pasan a cobrar una dimensión política. Al igual que el milagro supone una excepción a la vigencia de las leyes naturales, el acontecimiento revolucionario adquiere una dimensión escatológica al introducir una discontinuidad en la realidad. Nada es igual una vez se produce esa ruptura en la historia que supone el evento revolucionario, que permite una comprensión diferente, no solo de lo que está por llegar, sino que también sirve para valorar lo sucedido hasta ese momento desde una perspectiva completamente nueva.

Un ejemplo muy paradigmático lo podemos encontrar en la interpretación que la nueva izquierda hace de acontecimientos recientes, como pueden ser el del movimiento de los llamados indignados del 15M o de la famosa huelga general feminista del 8 de marzo. A partir de estos sucesos la izquierda busca movilizar a sus bases apelando a la esperanza en la realización de la utopía, al mismo tiempo que presenta una visión retrospectiva sesgada y manipulada de la situación previa. “Hay un antes y un después en la sociedad” nos han repetido hasta la saciedad las feministas en relación al 8 de marzo, presentándonos un país dominado por un machismo estructural que no se compadece en absoluto con la realidad de un país que ya consagraba en su texto normativo fundamental la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. Algo parecido puede decirse del 15 M y la instrumentalización de su narrativa, que sirvió a Podemos para erigirse en el partido de los desencantados.

Otro factor que ha servido para acercar religión y pensamiento de izquierdas ha venido de la mano de la llamada teología de la liberación,que ha realizado una lectura del Evangelio en clave de lucha de clases de inspiración marxista y que ha gozado de gran predicamento en Latinoamérica. El pecado, concepto fundamental de la escatología cristiana, deja de tener una consideración ética y existencial para cobrar una dimensión política y social. Esto permite justificar la existencia de un concepto muy utilizado por la nueva izquierda como es de la llamada violencia estructural, que estaría presente en las sociedades capitalistas y que se ejercería contra los más desfavorecidos. La llamada teología de la liberación ha constituido un verdadero vaso comunicante desde el que se ha producido una transferencia de conceptos teológicos al ámbito político de la nueva izquierda.

Se ha querido presentar una analogía entre la situación vivida por las incipientes comunidades cristianas, sometidas a una cruel persecución en los tiempos del Imperio Romano, y la vivida por las ideas de la izquierda radical tras el colapso del llamado socialismo real en el llamado bloque del Este.

Al igual que el cristianismo se impuso en medio de un ambiente hostil y en decadencia, como era el de la crisis espiritual y material del bajo Imperio Romano, la nueva izquierda debe imponerse en medio de una decadente y terminal cosmovision neoliberal, que habría hecho del cinismo y la desconfianza hacia cualquier utopía su razón de ser.

No es de extrañar por lo tanto que autores de la llamada nueva izquierda, como el filósofo esloveno Slavoj Zizek, hayan encontrado un verdadero filón en una relectura de los textos de San Pablo en clave política. Él parte de una lectura política del idealismo alemán y del psicoanálisis Lacaniano, según la cual el ser humano se encuentra sometido a un vacío interior que intenta llenar a través del orden simbólico del capitalismo, que promete al sujeto un eterno goce a través de la fantasía del consumismo. Zizek llega a postular una ruptura violenta con ese orden simbólico, que personifica el capitalismo, y no duda en  postular una alternativa dictatorial para lograr este objetivo. Para justificarlo acude a concepciones verticales de la organización eclesiástica tomadas de la eclesiología.

Una buena parte de las dictaduras populistas lationoamericanas han utilizado también analogías y metáforas de corte religioso para logar afianzar su poder. Hay que tener presente que en estas sociedades no se ha producido todavía un proceso secularizador tan agresivo como el experimentado en las sociedades europeas. La mayoría de las alocuciones de muchos líderes populistas están trufadas de interpelaciones a permanecer fieles al mensaje revolucionario, a no caer en la tentación “consumista” neoliberal, y a iniciar procesos “evangelizadores” del nuevo socialismo. Era frecuente escuchar al dictador Hugo Chávez mezclar alusiones a Marx, Jesucristo o a Lenin en muchos de sus discursos, lo cual no suponía ninguna novedad pues ya José Carlos Mariátegui, padre del indigienismo latinoamericano de corte marxista, llevó a cabo un extraño sincretismo de elementos religiosos cristianos y precolombinos con ideas tomadas del marxismo.

También el feminismo se ha dotado de un puritanismo moral, en materia sexual, que poco o nada tiene que envidiar al rigorismo de costumbres morales que propugnaba Calvino en su teocrática Ginebra en pleno siglo XVI.

 

La visión de Alexander Solzhenitsyn acerca de la Rusia proyectándose hacia el siglo XXI – Pablo López Herrera

 

Por Pablo López Herrera

12 de agosto de 2018

Disertación ofrecida por el autor en el Club del Progreso de Buenos Aires (8 de agosto de 2018)

 

1 ¿Quién fue Solzhenitsyn? – Vida

2 La nación rusa como un imperio

3 La revolución forma parte de un movimiento internacional que comenzó cien años antes

4 La visión del mundo de Aleksandr Solzhenitsyn

4.1. ¿Cómo ve Solzhenitsyn históricamente el desarrollo y la inserción del comunismo en la historia rusa?

4.2. El comunismo ruso continúa la revolución francesa, un jalón esencial de la cadena revolucionaria, y aumenta la dimensión de la revolución, que pasa de europea a mundial

4.3. ¿Para Solzhenitsyn cuál fue y cuál es el problema de la visión occidental de Rusia?

4.4. ¿Cuál es el análisis y la propuesta de Solzhenitsyn para su propio país?

  • Principios
  • Régimen político
  • Religión y estado
  • Política exterior
  • Consideraciones sobre el gobierno de Rusia
  • Sistema parlamentario
  • Sistema político
  • Poder central fuerte
  • Descentralización gobernativa y restauración del zemtsvo
  • Economía
  • La conducta moral de los diputados debería servir de ejemplo
  • Representatividad
  • Fronteras de Rusia

5 El Siglo XXI

  • Últimas reflexiones públicas de Solzhenitsyn
  • Natalia Solzhenitsyn nos brinda otro aporte
  • La revolución cósmica trasciende a la revolución comunista
  1. Conclusión

* * *

1 ¿Quién fue Solzhenitsyn? – Vida

Alexandre Solzhenitsyn es el gran escritor clásico con quien hemos convivido durante el siglo XX sin prestarle toda la atención que se merece. Quizás la caída de la cortina de hierro en Europa le quitó interés. Quizás a causa de las malas primeras traducciones al español del Archipiélago de Gulag. Quizás por un deseo subconsciente de evitar las imágenes del sufrimiento de los campos de concentración soviéticos y del sistema opresor. Quizás porque pensábamos que sus relatos eran versiones similares de las historias de los campos nazis que ya conocíamos. O quizás por la pereza intelectual de abordar la multiplicidad de enfoques y de planos superpuestos que son características de la forma de escribir del gran autor ruso contemporáneo.

Sin embargo, su relevancia es equivalente a la de los grandes clásicos de todos los tiempos, y su alcance supera en mucho a las clásicas descripciones de la vida en los campos de concentración. Fue una especie de Dante del siglo XX, muy diferente sin duda, pero con un nivel equivalente en el análisis y en la profundidad de los conceptos. Y con una aguja magnética como la de la brújula, en este caso buscando siempre señalar la verdad, el bien y la belleza.

Solzhenitsyn contempla al hombre contemporáneo en su integridad y a la “telaraña” totalitaria que lo oprime, como algo más profundo que un mero cerco con alambres de púa o los barrotes de una cárcel.

Es interesante e importante la lectura, el análisis y el estudio de su obra, porque Solzhenitsyn parece haber querido cargar sobre sus hombros una tarea de imposible cumplimiento hasta para un numeroso, calificado, aguerrido y completo equipo de intelectuales sobresalientes, la de abarcar en su totalidad y con la mayor profundidad posible, los grandes temas del siglo XX, y de plantear soluciones…

Si damos crédito a quienes lo han calificado como digno sucesor de Dostoievski y Tolstoi, y nos adentramos en su vida y obra, nos encontraremos con una serie de guías y reflexiones que nos ayudarán e inspirarán a transitar con mayor seguridad nuestro ya ajetreado siglo XXI. Quienes hemos comenzado a penetrar el mundo del autor ruso, hemos ido encontrando un universo bastante completo en el que vamos sintiendo como propios los lugares, los temas y los hechos, de los que el mundo entero sigue siendo y será protagonista.

El carácter ruso descripto por Andrei Siniavski (AS La civilización soviética, p. 326):

Andrei Siniavski, que entiendo no era amigo de Solzhenitsyn nos ayuda a entender el carácter de los rusos y ¿porque no? del escritor.

Señala cuatro aspectos que les serían propios a los rusos. El patriotismo con la fuerza de un sentimiento religioso, una forma de ser de contornos imprecisos, un espíritu de compasión por el mundo, y una elevada autoestima.

  1. Espíritu patriótico acendrado: “La patria es a veces para los rusos un principio supra individual y supra nacional que se convierte en algo como un sentimiento religioso”
  2. De límites y contornos imprecisos: el “carácter nacional ruso me parece un poco “amorfo”, inacabado en su forma”, quizás debido a la cantidad de influencia de extranjeros (Varegues — griegos, tártaros, polacos, alemanes”)
  3. Animados por una especie de “compasión universal”, y caracterizados por “la aspiración a la universalidad, a la integralidad”
  4. La elevada autosatisfacción con el “ser ruso” lo transforma a este en bueno, y cierta desconfianza respecto de otros pueblos, los lleva al confinamiento.

Vida

Toda la vida de AS es una “reflexión ascendente”. Arranca en las realidades del mundo y de la historia, y llega a su culminación cuando llega a encontrar el sentido más profundo de la existencia.

Fue un hombre de múltiples facetas: un pensador, un luchador, un estratega, un trabajador infatigable un hombre de gran coraje, y un líder ejemplar que triunfó en el medio de las mayores adversidades y con muy escasos medios.

Si uno considerara al personaje pensando en su formación que fue también militar, se podría ver su vida como una sucesión de seis campañas bien diferenciadas: 1) la de su infancia y juventud, 2) la experiencia de la guerra, 3) su periplo por los campos de concentración y el exilio interior, 4) su primera “campaña” en Rusia que se superpone con su explosivo crecimiento profesional como escritor, 5) su “segunda campaña” que coincide con su residencia en los Estados Unidos, y 6) su “campaña final” otra vez en Rusia luego de su rehabilitación.

– Infancia y juventud y estudios – 22 años (0-22)

Desde su nacimiento en 1918 (Solzhenitsyn nació el 11 de diciembre de 1918 en Kislovodsk (Cáucaso) hasta 1941 en que se incorpora al ejército transcurre su infancia y primera juventud. Es criado en la zona del Don, en Rostov, donde recibe la herencia espiritual de su familia y termina sus estudios de Matemáticas y Física en la Universidad de esa ciudad, donde se recibe en 1941, cuando Alemania ataca a la Unión Soviética. Va a la guerra como un marxista convencido.

– La experiencia de la guerra – 4 años (22-26)

Desde 1941 hasta 1945 adquiere su experiencia práctica militar, pone en práctica su patriotismo práctico y desarrolla su espíritu estratégico. Al fin de la guerra es un oficial condecorado que es arrestado abruptamente.

– Gulag – 8 años (26-34)

Desde 1945 hasta 1953 en que muere Stalin su vida transcurre en el Archipiélago Gulag. Allí asume como propio y pone en marcha su compromiso con las víctimas de la revolución

– Carrera exitosa como escritor – 21 años (34-55)

Desde 1953 hasta 1974 se produce su reinserción social, desarrolla su “artillería intelectual” y literaria, realiza su despliegue táctico en Novy Mir y la “Sociedad de Escritores”, se convierte en escritor de fama nacional e internacional y simultáneamente lanza sus campañas contra el régimen comunista que lo convierten en uno de sus principales enemigos. Esta etapa culmina con el premio Nobel y termina en su expulsión de la Unión Soviética.

– La lucha de un desterrado – 20 años (55-75)

Desde 1974 hasta 1994, luego de una breve estadía en Europa Occidental, fija su residencia en los Estados Unidos, su destierro forzoso. Allí culmina su obra literaria, desarrolla y hace públicas sus ideas en discursos y entrevistas, llevando a cabo su “campaña en terreno occidental”.

Campaña final en Rusia – 14 años (75- 89)

De vuelta en Rusia se dedica a evaluar los daños producidos por el comunismo, culmina su trabajo de influencia al interior de su país como si fuera un “think tank unipersonal”, y transmite el legado de su visión sobre el presente y futuro de Rusia y del mundo. Esta etapa transcurre desde 1994 hasta 2008, año de su muerte.

2 La nación rusa como un imperio

Una característica de los imperios es su manejo diferente del espacio y del tiempo respecto de las “pequeñas naciones”. En parte esto se debe al carácter cuasi vitalicio de los gobernantes, que en los países democráticos está sujeto al calendario electoral, en el que puede cambiarse con relativa facilidad de gobiernos “de izquierda o de derecha”, con un claro posicionamiento contradictorio en el espacio mundial. En este aspecto, son más “imperiales” la Rusia y China que los Estados Unidos.

En una entrevista reciente, el medio National Interest habló con Konstantin Zatulin, primer vicepresidente del comité de la Duma para las relaciones con la CEI (La Comunidad de Estados Independientes) y los ciudadanos rusos en el extranjero, durante casi una hora el 23 de julio en su oficina de Moscú.

Zatulin explicó que Rusia aspira a tener un mayor dominio sobre los asuntos mundiales. “Si con la restauración del imperio ruso, uno significa restaurar el gran papel que jugaron el Imperio Ruso o la Unión Soviética en la vida internacional, entonces por supuesto que estaríamos felices de tener ese papel hoy”, afirmó.

El legislador ruso afirmó que tal deseo no es de ninguna manera inusual o infame, afirmando que “si somos honestos, todos los otros actores clave en el proceso internacional están luchando por lo mismo”. Por lo tanto, ve a las acusaciones de que Rusia se comporta como un estado pícaro como infundadas.

Si el principal desafío o el problema político central de un gobierno es mantener el sentido y la orientación de su poder y su capacidad de acción para desarrollarse en la dirección elegida, me parece que durante el siglo XIX el zarismo fue perdiendo el sentido y la capacidad de acción, mientras que los movimientos revolucionarios fueron definiendo cada vez más su orientación y fueron también capaces de aumentar su capacidad de acción con los medios que iban adquiriendo. Quizás el mejor ejemplo de esto fue el acceso al poder de Lenin y el cambio de régimen logrado por la revolución rusa.

Pero vista la historia en un marco geográfico más amplio, puede observarse que esa vocación imperial rusa de la que hablaba el mes pasado Zatulin, abarca todo el período zarista, sigue vigente durante el período comunista y se mantiene luego en el post-comunismo. Por lo tanto, creo que debe tenerse en cuenta que el alcance de la influencia y del poder ruso, mientras el país tenga la vocación y los medios, fue, es y seguirá siendo mundial. Esto no le impedirá tampoco seguir con el tiempo el camino de tantos imperios de este mundo.

3 La revolución forma parte de un movimiento internacional que comenzó cien años antes

Durante mucho tiempo se dijo que los días de la revolución cambiaron el mundo. En realidad, el mundo y Rusia fueron cambiando durante los cien años anteriores, que van desde Napoleón emperador en 1805, hasta la revolución de 1905 cuando detona la revolución. Esta se hará irreversible a partir de tres acontecimientos: la guerra ruso japonesa, la primera guerra mundial y la rebelión bolchevique en procura del poder total y del cambio radical del sistema en 1917. La revolución produjo la ruptura del antiguo régimen, y generó las consecuencias que harían imposible la vuelta atrás.

El proceso internacional de los cien años anteriores comprendió el desarrollo del socialismo, del marxismo y del marxismo leninismo, la internacionalización de la praxis revolucionaria, las sociedades secretas, la utilización del terror como arma de disuasión en una guerra asimétrica que se manifestó en actos de terrorismo, y magnicidios, la demonización de la represión mediante el uso de la propaganda mediante la cual la defensa del statu quo de mi adversario equivale a represión. (Mi lucha es la liberación de un yugo insoportable y legitima el proceso revolucionario), el movimiento decembrista, la participación de protagonistas como Herzen, Bakunin, Kropotkin y Chernyshevsky…

Este largo y complejo proceso desemboca en la cristalización, en Rusia, del comunismo como ideología “aplicable” en toda su extensión. Lenin y la facción bolchevique aprovecharon el “equilibrio inestable” del poder zarista para “ir por todo” y cambiar radicalmente el rumbo por setenta años, transcurridos los cuales se produjo la transición que terminó con la consolidación de Putin en el poder.

La orientación del poder en el gobierno actual es clara y su capacidad de acción es clara, y cada vez tiene una dirección más definida, que se aprecia en su sistema de alianzas. Pero lo que nos interesa destacar aquí es que se puede apreciar desde el principio de la revolución la continuidad de esta en la forma de encarar la política exterior y el mantenimiento de la vocación imperial.

André Siniavski en su libro “La civilización soviética”, describe con detalle el rol “civilizador” de la revolución rusa. Esta se presenta como una “estructura fuerte, sólida y durable que se amplió al espacio del mundo”. Siniavski entiende que “el término civilización supone, entre otras cosas, la perennidad y la estabilidad de formas constituidas a lo largo de un largo tiempo y afinadas con el tiempo”.

Esa “civilización” se construyó durante todo el siglo XX y se extendió por todo el mundo, aún en momentos críticos como el de los mismos principios de la revolución con el derrumbe económico que conllevó o luego de la segunda guerra, con todos sus efectos en la población y en la infraestructura. En ambos momentos, lo “racional” hubiera sido la focalización de Rusia en su propio desarrollo interno.

Sin embargo, no fue así. Desde los comienzos, la revolución asumió una visión imperial y se organizó para la conquista. En efecto, a los pocos años del fin de la primera guerra y aún en condiciones económicas muy precarias que obligaron a implantar la NEP, como Nueva Política Económica con incentivos a la actividad “privada”, el proyecto comunista ya era mundial.

Gustave Gautherot describió en su libro Le monde communiste (Spes, Paris, 1925) este proyecto integral, y describe la proyección geográfica del plan en marcha: “… el bolchevismo pretende ganar todo el universo y conduce contra la civilización moderna una lucha a muerte. … la URSS… avanza en el corazón del continente amarillo, anexa la Mongolia exterior; dirige la revolución china; trabaja para arrancar de los imperialismos occidentales Indochina y las Indias; sacude las barreras que la separan del Golfo de Omán, del Mar Rojo y del Mediterráneo”.

Gautherot describe en su obra los detalles de la acción revolucionaria en las distintas regiones del globo terráqueo, partiendo desde la misma Rusia para continuar con Asia (Mongolia, China, Japón, Asia Meridional), África del Norte, América, Europa (Gran Bretaña, España, Italia, Suiza, Bélgica, Holanda, Alemania, Austria, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Croacia, Bulgaria, y con el mayor detalle, Francia).

Cita a Zinoviev, Presidente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, quien afirmaba en esos días: “…el tiempo está cerca en el que se escuchará la convocatoria revolucionaria de Shanghái a Calcuta, de Hankow a Madrás, de Tsing-Tao al Cairo, de Pekín a Alejandría. Y al mismo tiempo, la llamada sonará más fuerte en Londres, New York, Paris…”

Luego de la segunda guerra mundial, y con un país todavía no recuperado económicamente, en una estrategia votada en el congreso de Moscú de partidos comunistas de noviembre de 1960, impulsaba Kruschev la convivencia pacífica con las grandes potencias. Y de esta convivencia pacífica “fueron expresamente excluidos Asia, África y América Latina, con respecto a los cuales quedó establecida la política de fomentar las llamadas “guerras de liberación” así como “apoyar la sagrada causa de los pueblos oprimidos en sus justas guerras antiimperialistas de liberación”. En un discurso del 6 de enero de 1961 en Moscú, Nikita Kruschev precisa la estrategia y reafirma el apoyo a las guerras de “liberación nacional” en África, Asia y América Latina, la formación de frentes con los sindicatos obreros y con todos los partidos de la liberación nacional, aunque estos no estuvieran dirigidos por comunistas, y al uso de estrategias electorales para alcanzar el poder sin necesidad de revoluciones violentas, con la inclusión del “levantamiento armado, si resiste el poder gobernante”.

Acercándonos a nuestros días, el desmembramiento de la Unión Soviética y la disolución del Pacto de Varsovia no fueron óbice para que se considere casi como una agresión la búsqueda de protección de los países sometidos por el régimen bajo el paraguas militar de la OTAN y USA. Es clara y explícita la vocación por mantener y consolidar –como mínimo- la antigua “zona de influencia”. En este sentido, la “alianza” con China no deja de hacer recordar en el pacto Molotov-von Ribentrop y muestra hasta qué punto llega la flexibilidad del régimen “post-comunista” para mantener las espaldas cubiertas. Dicho sea de paso, es elocuente que el monto del presupuesto militar americano se aproxime a los de Rusia y China sumados.

 

4 La visión del mundo de Aleksandr Solzhenitsyn

Para Solzhenitsyn, la revolución rusa es la continuidad de la revolución francesa, que fue un jalón esencial de la cadena. La Rusia tradicional con todos sus logros es literalmente arrasada por el comunismo.

4.1. ¿Cómo ve Solzhenitsyn históricamente el desarrollo y la inserción del comunismo en la historia rusa?

La Rusia de los tiempos de la revolución, es ya un país inmenso, integrado con múltiples nacionalidades, con un progreso económico importante que ha generado en su interior nuevas clases sin representatividad política. En particular la nueva burguesía, y la nueva población industrial y proletaria, desenraizada del terruño.

Solzhenitsyn destaca que en vísperas de la primera guerra, “Rusia conocía una producción floreciente, un crecimiento rápido, una economía flexible y descentralizada donde no había límites para elegir a que dedicarse, con un esbozo de legislación laboral, y con una situación de los paisanos próspera como no fue nunca bajo el sistema soviético. No había censura previa para los periódicos, y había libertad cultural. Los intelectuales no tenían trabas en sus actividades, y se podía manifestar todas las opiniones, confesar todas las religiones, y existía la autonomía inviolable de los establecimientos de estudios superiores.”

Resulta interesante una descripción proveniente de Rusia sobre su desarrollo en tiempos del gobierno de Nicolas II, que nos recuerda las descripciones nostálgicas de la Argentina finisecular:

“A principios del siglo XX, los periodistas occidentales que rivalizaban entre sí escribían sobre el milagro económico ruso. El Imperio ruso estaba en la cima del mundo en términos de crecimiento económico. Gracias al sabio gobierno del emperador Nicolás II, se había logrado el éxito en todas las áreas de la vida del país: economía, ciencia, educación, esferas social y militar. ¿Qué se hizo en su gobierno?: El 90% de la tierra se le dio a los campesinos, se construían por día 5.5 km de ferrocarriles; se logra la mayor exportación de productos agrícolas en el mundo; el rublo era la tercera moneda en el mundo y era convertible en oro; la tasa de natalidad aumentaba en 2,5 millones por año; y para el año 1916, el 85% de los jóvenes rusos sabían leer y escribir.”

“En el nivel de la producción industrial, Rusia ocupaba el 4 ° lugar en Europa y el 5 ° en el mundo, cediendo a los indicadores más importantes solo a EE. UU., Alemania, Gran Bretaña y Francia. En términos del crecimiento del ingreso nacional y la productividad del trabajo, Rusia ocupaba el primer lugar en el mundo. El plan de electrificación del país fue aprobado en 1909, el comienzo de su implementación estaba planificado para 1915, pero debido a la guerra fue trasladado a 1920. Después de la revolución, el plan GOELRO fue apropiado por los bolcheviques. Anualmente se construyeron 2000 km de vías férreas. El Gran Ferrocarril Transiberiano, que entró en el Libro Guinness de los Récords como el camino más largo del mundo y que conectó el Lejano Oriente con la parte europea de Rusia, es descendiente de Nicolás II. De 1895 a 1906, la flota fluvial aumentó dos veces. Él era la más grande del mundo. En términos de producción de los principales tipos de productos agrícolas, Rusia estaba en primer lugar. Representaba el 2/5 de todas las exportaciones mundiales de productos agrícolas. Gracias a la reforma progresiva de Stolypin, que fue aprobada y promovida en todas las formas posibles por el soberano, en 1916 el 90% de la tierra pertenecía a los campesinos. Según el Censo de toda Rusia de 1917, los campesinos llevaron a cabo el 89,3% de los cultivos y poseían el 94% de los animales de granja. ¿Qué es, entonces, lo que proclamaba el Decreto de Lenin sobre la Tierra? En el reinado de Nicolás II, el rublo se convertía en oro y no dependía de las monedas de otros estados. El rublo real superaba al marco, el franco y otras monedas extranjeras, solo detrás de la libra esterlina y el dólar. “Rusia está obligada por un recurso de oro metálico exclusivamente al emperador Nicolás II “, escribió el ministro del gobierno zarista, S. Yu Witte. ¡Rusia no era un apéndice de materia prima! El emperador prohibió categóricamente la exportación de Rusia de bosques redondos (no tratados) y la exportación de petróleo crudo. Los productos petrolíferos que Rusia suministraba en el extranjero y el aceite de motor ruso eran los mejores del mundo. ¡La población de Rusia durante 23 años del reinado de Nicolás II creció en más de 60 millones de personas! Después de 1917, la población solo disminuyó (en 65 millones después de la represión, las hambrunas y la Gran Guerra Patria). Hubo enormes logros en los campos de la invención, la ciencia, la educación, la medicina, la cultura y la esfera social. El gasto en educación y cultura creció 8 veces durante los años del gobierno de Nicolás II y más del doble de los gastos de Francia y 1,5 veces el de Inglaterra. La medicina era gratuita, por la cantidad de médicos que Rusia era la segunda en Europa y la tercera en el mundo. En 1908, se introdujo la educación primaria gratuita. Para 1916 sabía leer y escribir en el Imperio: más del 50%, entre los jóvenes, el 85%. En el último emperador, Rusia se convirtió en el pináculo de la civilización rusa, poseyendo poder político, económico, militar, la más alta cultura y ciencia avanzada. ¿Podría suceder esto bajo un gobierno débil?”

En el contexto expuesto, las reflexiones y propuestas de Aleksandr Solzhenitsyn, en sus diferentes escritos serían de gran utilidad. Lo que el mostraba, era la necesidad para Rusia de buscar propuestas creativas para reducir riesgo de mayores enfrentamientos con Occidente, y acompañar la acción con la procura de una actualización de un mejor régimen político interno

4.2. El comunismo ruso continúa la revolución francesa, un jalón esencial de la cadena revolucionaria, y aumenta la dimensión de la revolución, que pasa de europea a mundial

El 25 de septiembre de 1993, en unas palabras pronunciadas en ocasión de la inauguración de un monumento construido en conmemoración a los héroes de la resistencia de la Vendée, que fueran víctimas del levantamiento, Alexandre Solzhenitsyn relacionaba a la revolución de 1917 con la de 1789. Decía que “la Revolución Francesa se llevó a cabo en nombre de un lema intrínsecamente contradictorio e irrealizable: libertad, igualdad, fraternidad. Pero en la vida social, sucede que la libertad y la igualdad tienden a ser mutuamente excluyentes. ¡Son antagónicas entre sí! La libertad destruye a la igualdad social -es incluso una de sus funciones- y la igualdad restringe la libertad, porque si no fuera así, no podríamos alcanzarla. En cuanto a la fraternidad, no es de la misma familia. Es solo un agregado aventurado a un eslogan y no es por disposiciones sociales que se puede construir la verdadera fraternidad, que es de orden espiritual. …. Si la revolución del siglo XVIII no causó la ruina de Francia, esto sólo ocurrió porque sucedió Termidor. (El 9 de termidor del año II (27 de julio de 1794) cae Robespierre y la República Francesa pasa del dominio de los jacobinos, al de los republicanos conservadores, a quienes se llamará “termidorianos” (N de T).) La revolución rusa no experimentó un Termidor que haya sido capaz de detenerla. Ella llevó a nuestro pueblo hasta el final, hasta el abismo, hasta el abismo de la perdición.”

4.3. ¿Para Solzhenitsyn Cuál fue y cuál es el problema de la visión occidental de Rusia?

Para Solzhenitsyn el mundo occidental cometió errores de apreciación al interpretar a Rusia (Carta a los dirigentes comentada en 1980). En dos artículos publicados en Foreign Affairs de abril de 1980 (“El peligro que hace correr a Occidente su ignorancia de Rusia”) y en la revista Time de febrero de 1980, señala que lo que denomina “El error de Occidente”, consiste en no distinguir entre el comunismo en el poder y “la verdadera nación sometida”

En efecto, transcurridos seis años del destierro, Solzhenitsyn se lamenta en un artículo para la revista Time, que para Occidente el comunismo sea solo la forma contemporánea de un espíritu totalitario, dictatorial y expansionista que debe ser atribuido a la esencia del pueblo ruso. La asociación de Occidente con Stalin para derrocar a Hitler, habría mostrado más el interés en defender la propia libertad, que “la libertad” de todos y como principio. Esto habría quedado demostrado con la entrega de prisioneros rusos para la venganza del dictador, la capitulación de Yalta y el abandono “al comunismo de una veintena de países” luego de la segunda guerra mundial.

Para Solzhenitsyn, en Rusia es necesario distinguir entre el comunismo en el poder y “la verdadera nación sometida”. Para él, “la conciencia nacional rusa”, “el alma del pueble ruso, no puede estar más alejada del nacionalismo militante, y el imperio le repugna”. Así, frente a un comunismo “que no cambiará de naturaleza y que nunca dejará de confrontar a la humanidad a una amenaza mortal”, juzga que la distensión que Occidente acepta equivale a la abdicación. El comunismo solo será detenido cuando este choque contra un muro, “aunque este fuese solamente el de una voluntad inquebrantable”. Y es en este contexto que Occidente debería ´pensar en una alianza “con el pueblo ruso, con todos los pueblos de la URSS, con el pueblo chino y el pueblo de Cuba”

En el número de abril de 1980 de Foreign Affairs, Solzhenitsyn se manifiesta preocupado porque entiende que Occidente está en peligro mortal por su “rechazo obstinado en considerar la verdadera naturaleza del comunismo durante sesenta años”. El comunismo, es irreductible por su propia naturaleza. Y Occidente comete varios errores: primero desconoce que el comunismo es hostil a todo lo humano, que es incurable, que no hay versiones mejoradas, que solo puede subsistir por el terror, por lo que no se puede convivir con él, sino solo luchar para extirparlo. En segundo término, confunde al comunismo con Rusia, convirtiendo a esta nación en su enemigo, en lugar de guardar esta denominación solo para el comunismo. Reclama la utilización de la palabra “Rusia” solo para designar el pueblo dominado, con su cultura, su religión y su conciencia nacional reprimidas, o para el país futuro, “el día en que sea liberado del comunismo”. Y en tercer lugar, Occidente confunde a Moscú con la Unión Soviética, cuando “la verdadera vida común a toda la Unión Soviética se encuentra en la provincia, en el campo, o en el ejército” y no en su ciudad capital.

El escritor atribuye la posición estadounidense en particular a la influencia de los informadores, y a las versiones imperfectas o sesgadas de los sovietólogos especializados. Cree que los especialistas occidentales en Rusia no comprenden el país profundo y desconocen la historia de un país milenario, que subyace bajo las botas del comunismo, al que ven como la continuidad del régimen zarista, semisalvaje, sin esperanzas y solo gobernable por la fuerza bruta por personajes como Iván el Terrible o Pedro el Grande. Según su opinión, la imagen transmitida a la dirigencia occidental por los especialistas, minimiza la importancia del comunismo de Lenin, Trotsky, Dzerjinski, y de Stalin. Así, al no distinguir entre el comunismo en el poder y “la verdadera nación sometida”, Occidente concentró su mirada en Hitler y tomó por aliado al comunismo, a quién le cede Europa del Este y le entrega los fugitivos, los desertores, y los rusos que prefirieron luchar como parte del ejército alemán antes que en el ruso, pensando que la victoria sobre Rusia hubiera significado el final del comunismo allí.

Para Solzhenitsyn el error de Occidente fue enorme. En 1980 afirma que “treinta y cinco años después…, los países occidentales solo se mantienen gracias al enfrentamiento entre Rusia y China”. Predice que sería fatal hoy (1980) “para el mundo entero que América creyera ver en los dirigentes chinos sus aliados, y un enemigo en el pueblo ruso, confundido con el comunismo”.

Vista con la mejor voluntad la posición de Solzhenitsyn, yo veo difícil que Occidente hubiera podido seguir sus consejos “a la letra”, teniendo en cuenta que aunque fuera solo por los usos y costumbres de las relaciones internacionales, los nombres de los países no se cambian según sean estos democráticos o totalitarios. La Alemania de Hitler no dejó de ser Alemania. Cuando el escritor desarrolla estos conceptos, faltan diez años todavía para que caiga el comunismo en Rusia, y catorce para su regreso definitivo. A su vuelta, pondrá a prueba sus ideas sobre la “reserva moral del pueblo ruso”, y volvería a hablar sobre el particular.

Hoy, en 2018, han pasado 38 años de estas manifestaciones, y nos encontramos con un pacto ruso-chino, sin ser ya Rusia un país comunista. Aunque esto no parece haber sido previsto por el escritor, sin embargo, consideraba la posibilidad y se preguntaba premonitoriamente: “¿Y si súbitamente los dos comunismos se reconcilian y se ponen los dos en contra de Occidente? “.

Quizás el problema para entender a Solzhenitsyn radica en que el eje de su pensamiento está dirigido tanto a Occidente como a Rusia, y tiene que ver con una “correa de transmisión” entre persona y sociedad: “yo no veo por mi parte ninguna salvación para la humanidad fuera de la auto restricción de cada individuo y de cada pueblo”. Esta idea está desarrollada en su escrito sobre “El arrepentimiento y la moderación como categorías de la vida de las naciones” (Des voix sous les decombres, Seuil, 1974), donde afirma que “no se puede construir una buena sociedad sobre malas relaciones entre la gente; no se puede construir una buena humanidad sobre las malas relaciones, sobre relaciones malhumoradas entre las naciones. … Se trata de introducir en las relaciones entre los estados, las reglas de la moral individual: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Estas apreciaciones, se entienden solamente en el marco de una transformación de la sociedad entera, necesariamente solo posible en el largo plazo.

 

 

4.4. ¿Cuál es el análisis y la propuesta de Solzhenitsyn para su propio país?

A principios de los 70’ s, Solzhenitsyn escribe una Carta a los dirigentes (5.09.1973). Allí expresa el dilema al que ve claramente enfrentada la URSS: u “optar por la expansión militar, siguiendo el ejemplo del nazismo, o avanzar por el camino de la paz, de la curación, del amor a la patria, de la solicitud hacia los demás pueblos”, iniciando este camino a partir del rechazo de la ideología comunista.

Tenía clara conciencia del estado de su país: “Tal abismo de miseria material durante cincuenta años, lleva derecho a la degeneración biológica de la nación, a la decadencia material y espiritual, acentuada por una propaganda política embrutecedora, por la erradicación de la religión, el aplastamiento de todos los brotes de la cultura, la libertad solo acordada a la embriaguez, el trabajo doblemente agotador de las mujeres, iguales a los hombres en los empleos pero sin aparatos eléctricos en sus casas, el empobrecimiento deliberado de la inteligencia de los niños. La decadencia de las costumbres que se convierte en un desastre, no a causa de la perversidad del pueblo, sino porque los comunistas lo privaron de alimento físico y espiritual.” … “Los acontecimientos pasados y presentes han aplastado y humillado la conciencia nacional rusa”

En ese momento, Solzhenitsyn cree que serían necesarios entre 150 a 200 años de vida nacional pacífica para curar al pueblo ruso. Una “Rusia en vías de curación haría retroceder la locura comunista”. Vista la situación desde el punto de vista de un patriota, o de un “nacionalista ruso”, “el renacimiento y la liberación nacional rusos provocarían primero la muerte del comunismo ruso, y luego también la del comunismo mundial”.

Principios

En su carta a los dirigentes de la Unión Soviética, formula algunos “principios de base de una política razonable”, y los escribe “para que estos -o sus sucesores-” los tengan en consideración. Los exhorta a rechazar a la ideología pero sin renunciar ellos mismos al poder, para – luego de 60 años de comunismo, con decenas de millones de víctimas- poder ir alcanzando paulatinamente la propia curación física y espiritual. La propuesta abarca muchos aspectos de la vida social. Se trata nada menos que de “salir del abismo moral, … salvar a los niños del adoctrinamiento, a los hombres de la ebriedad, a la naturaleza de la polución, restablecer la educación familiar completamente arruinada, mejorar la escuela, y salvar el idioma ruso…”

Régimen político

El sistema político en que piensa debiera ser “un régimen autoritario, fundado en el amor a los hombres”, con “leyes fuertes que reflejen la voluntad del pueblo”, “un régimen estable y apacible que excluya la arbitrariedad y la tiranía, que renuncie a los procesos a puertas cerradas, a las internaciones psiquiátricas, a las crueles mazmorras…. a los campos de concentración, y que admita la libertad de todas las religiones”, “la libertad de edición, de la literatura y del arte.”

Queda por descubrir cuáles serían las formas de “un régimen de autoridad”. Solzhenitsyn no se reconoce a sí mismo ni como un político, ni como un especialista en los engranajes del poder”. Pero señala la conveniencia de buscar la solución en los mil años de historia del pueblo ruso, en los que se fueron forjando lo que llama “conceptos sociales” propios como “la verdad” (pravda) como a la justicia proveniente de Dios, no necesariamente surgida de un escrutinio, sino a través de la construcción del consenso general alcanzado en “Estados Generales” con delegados de las regiones, que sin ser jurídicamente imperativo, constituía una obligación moral para el zar.

Religión y estado

Otro concepto forjado con el tiempo que entiende necesario recuperar es el ideal social de vivir según la justicia, en un nivel superior al exigido por la ley, y aunque no teme poner en juego también los principios religiosos, Solzhenitsyn se defiende de la acusación de ser partidario de un “estado teocrático” o administrado por autoridades religiosas. En 1980 afirmará expresamente que “las tareas prácticas de la gestión del estado no pertenecen al dominio de la religión”

Política exterior

En materia de política exterior, estima que su país “no debería querer meterse en el destino de todos los continentes”, y “renunciar al dominio mundial, inútil e irrealizable, al Mediterráneo, no ayudar a las revoluciones de América del Sud, dejar en paz a África, retirar las tropas de Europa Oriental (dicho de otra forma, dejar a los regímenes de marionetas frente a sus pueblos, sin el apoyo de las divisiones soviéticas), no mantener ninguna de las naciones limítrofes en el interior de nuestras fronteras y liberar a la juventud de la obligación del servicio militar obligatorio universal”

Años más tarde, Solzhenitsyn opinará que en 1991 se hubiera podido disolver el Soviet Supremo y sacarse de encima al partido comunista y a la nomenklatura. Pero lo que toco, fue una salida del comunismo dolorosa, quizás destinada a durar varias décadas. Porque Gorbatchev, simplemente reorganizó la nomenklatura y “colocó como en un juego de ajedrez a la parte más dócil en los mejores lugares” Discurso Universidad de Rostov (20.9.1994)

Finalmente, en un discurso a la Duma (28.10.1994) y en otro en la Universidad de Sarátov (13.9.1995) Solzhenitsyn expone otras consideraciones sobre el gobierno de Rusia.

Respecto del sistema parlamentario, afirma que la historia de la Duma sirve de advertencia para el futuro. Luego un estudio sobre la historia de la Duma, AS estimaba que la 1era y la 2da Dumas fueron incapaces de funcionar integradamente por su agresividad respecto de las autoridades. La 3era, durante tres años frenó la reforma agraria de Stolypine, que hubiera podido ser “salvadora”. La 4ta estaba apta para su funcionamiento, pero se dedicó a derribar el poder en plena guerra. Y cuando cae el poder zarista, se terminó la necesidad de un parlamento. Discurso a la Duma (28.10.1994)

En lo que respecta al sistema político vigente, opinaba que “salimos del comunismo de la manera más tortuosa, dolorosa y absurda” , “los órganos centrales del poder ejecutivo y legislativo no tienen lazos con las desgracias del país, y la situación en la que se encuentra el pueblo no está integrada a la elipsoide cerrada del poder” ” Los miembros de la nomenklatura se convirtieron en demócratas, “y a esa herencia la tenemos por diez, veinte, treinta años” (eso sería desde 1991 a 2021). La nomenklatura se ha depositado estrato por estrato en el aparato burocrático del estado. Discurso a la Duma (28.10.1994)

Lo que es necesario es un poder central fuerte. Este país, por su y tamaño y diversidad de la población necesita de un poder central fuerte, vertical, complementado con una amplia actividad política “de abajo hacia arriba”. La constitución misma define que “la administración local depende de la misma población”. Hay que dejar que la población elija y ejerza el poder local. Discurso a la Duma (28.10.1994)

Descentralización gobernativa y restauración del zemtsvo

Un sistema que ha servido por siglos en Rusia es el zemtsvo, una forma de organización que la población se da a sí misma, sobre la base que la vida de un pueblo es un 80 % local. Hay competencias que no necesitan directivas del poder central: caminos, puentes, correo, bomberos, puesta en valor de la tierra (suelos), reservas de comida, stocks (silos), ayuda a los indigentes, pobres y enfermos, servicios de salud, escuelas, bibliotecas, etc. Para que el sistema funcione, debe haber un marco legal, el reconocimiento de los derechos en los planos jurídico y financiero, y el derecho de propiedad. El poder central debe disminuir a medida que se acerca al zemtsvo, y el de este a medida que se acerca al poder central.

“La instauración del zemtsvo corresponde a la idea universal, única justa, según la cual el poder del estado no puede ser en ningún caso la fuente de la vida de un pueblo. Todo lo que puede hacer es ayudar o perjudicar” Discurso a la Duma (28.10.1994) La institución del zemtsvo, fue fundada a partir de criterios cualitativos. Eran órganos representativos de carácter cualitativo en los que todos los grupos sociales están representados, y que toman decisiones a partir de la persuasión mutua, no necesariamente conformes a las leyes de la aritmética. El zemtsvo no tiene tareas políticas ni se participa en el en nombre de un partido. Discurso Universidad de Saratov (13.9.1995)

Actualmente, observa Solzhenitsyn, “No están claramente definidas las relaciones entre el centro y las regiones: quince regiones sobre ochenta y nueve no reciben subvenciones y aportan más de lo que reciben, manteniendo a las 74 restantes. ¿Cómo desarrollarse si no hay incentivos porque es el centro el que redistribuye? Discurso a la Duma (28.10.1994)

Economía

Para acercarnos a las opiniones de Solzhenitsyn sobre la economía, conviene conocer su opinión acerca de Stolypine ( Primer ministro y ministro del Interior del zar Nicolás II de Rusia desde 1906 hasta 1911. Se oponía a las reformas políticas contra a la autocracia zarista, pero trabajaba incansablemente por la modernización de Rusia): Afirmaba de él que fue: “uno de los más grandes hombres de estado, y sin dudas el más grande del siglo XX, y al mismo tiempo el más vilipendiado. Era un auténtico liberal, que quería lograr todo de manera progresiva. …. Stolypine “condujo la reforma más importante a favor de los paisanos, mientras la Duma estatal, tan iluminada, pasó tres años en frenar su reforma, ahogarla y en impedir su aprobación. Todos lo odiaban, a la derecha y a la izquierda hasta que un terrorista lo mató”.

Sin embargo, tuvo éxito en sacar a Rusia del caos completo para ponerla en camino del mayor desarrollo que haya experimentado, “puesto que los años que van de 1906/7 hasta 1914 representan una cima en el desarrollo de Rusia, cualquiera sea el período que se considere, con éxitos en agricultura, industria, en el plano social, o en lo que se quiera”.

Durante mucho tiempo hubo un debate en torno a las ideas de Speranski y Stolypine: el punto era si había que lograr primero la constitución o primero lograr ciudadanos económicamente independientes. Discurso Universidad de Saratov (13.9.1995) Solzhenitsyn pensaba que “paralelamente, las medidas económicas deben asegurar a cada ciudadano su autonomía material. La propiedad, y sobre todo la tierra, debe volver a la gente que tiene sentido de trabajo y la habilidad de producir. Mientas que las masas no desfruten de autonomía económica, nunca tendremos democracia” Discurso a la Duma (28.10.1994)

La conducta moral de los diputados debería servir de ejemplo

“Da pena ver los escándalos, los boicots, las “puestas en escena” de gestos, las chicanas que se hacen sobre los procedimientos parlamentarios, con un trabajo legislativo que avanza débilmente con leyes superficiales” “las Dumas de antes de la revolución, tenían salarios más modestos, no tenían atribuidos departamentos, ni medios de transporte a su disposición, ni misiones al exterior “suntuosamente pagas”, ni vacaciones a cargo de estado” “Los diputados no son desgraciadamente con su ejemplo personal un modelo de autolimitación para las demás categorías del poder central” “El poder no es un botín para los partidos que compiten. No es una recompensa. No existe para alimentar las ambiciones personales. Es una pesada carga, una responsabilidad, una obligación, y un trabajo. ¡Y un trabajo! Mientras esto no penetre en la conciencia de todos los que tienen el poder, Rusia no va a conocer la prosperidad” Discurso a la Duma (28.10.1994)

Representatividad

En su discurso habla de la representatividad de los paisanos: “En la 3era Duma había 50 paisanos verdaderos. Hoy hay uno o dos verdaderos paisanos, ¿o son solo representantes de los kolkhozes o sovkhozes?” Discurso a la Duma (28.10.1994)

El problema de la representatividad de las clases en el poder no es solo de los paisanos. La sociedad va evolucionando y los grupos humanos significativos también, así como sus propias responsabilidades: Hacia finales del zarismo también la nobleza había desaparecido del poder de alguna manera En el período 1875/1900, sobre varias docenas de ministros, solo hubo siete nobles. Cuando una clase abdica de su responsabilidad dirigente o es desplazada, en su lugar no queda el vacío y es rápidamente reemplazada.

Fronteras de Rusia

Finalmente, Solzhenitsyn realiza una advertencia sobre el mundo musulmán, que “… está creciendo, y ese va a ser un fenómeno que va a dejar su marca en el siglo XXI. Nosotros no tenemos nada que hacer ahí”. Discurso a la Duma (28.10.1994)

El Siglo XXI

En su discurso a la Universidad de Rostov (20.9.1994), Solzenitsyn estima que

“Rusia sigue teniendo un gran potencial, a pesar de que durante el siglo XX fue decapitada de manera organizada y durante decenios, de su población más inteligente, más dotada, más emprendedora, y de los que de algún modo protestaron, los que pidieron justicia, los que manifestaron su inteligencia”

“No hay que dejarse llevar por la desesperanza o el abatimiento, que son por otra parte grandes pecados: “no hay ninguna perspectiva de porvenir; todo, absolutamente todo, está perdido; no habremos logrado existir como nación….”

“La experiencia histórica muestra lo contrario; dese el siglo XVII, durante “le temps des troubles” (1605/1613) (Sarátov 253) se creó un movimiento que salvaría a Rusia constituyendo un verdadero estado, bien sólido. Y los primeros zares, Mickhail Fiodorovitch (1613/1645) y Alexei Mikhailovitch (1645/1676) tenían en cuenta el “zemtsvo sabor”, que ejercía una influencia decisiva en la política del estado.” Luego vino el período “petersburgues” , en el que se dilapidó la “energía del pueblo ruso en empresas sin la menor utilidad. Este período abarca desde 1703, año de la fundación de San Petersburgo hasta 1921.” Para AS “durante siglos Rusia participó en los “juegos europeos” sin necesidad y a fines del siglo XVIII el país estaba “cansado” luego de Pedro el Grande (1674/1725), Anna Iannovna (1730/1740), Elisabeth Petrovna (1741/1762) y Catalina II (1762/1796). Finalmente transcurrieron los setenta “años de pesadilla” del período soviético.”

Solzhenitsyn opinaba que en 1991 se hubiera podido disolver el Soviet Supremo y sacarse de encima al partido comunista y a la nomenklatura. Pero lo que toco, fue una salida del comunismo dolorosa, quizás destinada a durar varias décadas. Gorbatchev, simplemente habría reorganizado la nomenklatura y “colocó como en un juego de ajedrez a la parte más dócil en los mejores lugares” (Discurso Universidad de Rostov (20.9.1994))

5 El Siglo XXI

Solzhenitsyn se pregunta ¿a quién pertenecerá el Siglo XXI? Y se responde: “El siglo XXI podrá no ser mejor que el Siglo XX. En Occidente hay un progreso material, pero las almas se convierten en desiertos. El Siglo XXI será el teatro de un conflicto entre el 3er mundo y la “raza blanca”. Si no elevamos el espíritu y no somos más fuertes interiormente, estaremos condenados a perecer. Aquí en Rusia, si no curamos nuestras heridas no encontraremos la salud económica, y seremos como lobos que se devoran entre sí.” (Discurso Universidad de Sarátov (13.9.1995))

Últimas reflexiones públicas de Solzhenitsyn

Quizás una de las últimas reflexiones públicas de Solzhenitsyn, a los 87 años, están contenidas en la entrevista del Figaro de 1 de diciembre de 2006.

En ella, el escritor se pregunta: “¿Dios quiso que todo esto suceda? La respuesta es que “La revolución bolchevique de octubre de 1917, fue una consecuencia directa y absolutamente inevitable de la revolución de febrero. ¿Dios quiso que las cosas pasaran así? Dios nunca nos quitó la libertad de elección que nos fue dada desde antaño. Nosotros mismos creamos nuestra propia historia, nosotros mismos nos empujamos hacia el hoyo. Y lo necesario o absurdo de los sufrimientos depende de la capacidad de la gente y de los pueblos que extraen de los hechos las lecciones que surgen. Para hablar de la historia del mundo en general, considero que, si la revolución rusa no se hubiera producido, otra revolución semejante habría estremecido inevitablemente el mundo, como prolongamiento de la Revolución Francesa del siglo XVIII. Porque los hombres no pueden evitar de tener que pagar por la pérdida del sentido de auto restricción, del dominio de los propios deseos y exigencias; por la codicia sin mengua de los poderosos y de los ricos (no solamente la de los hombres sino también la de los estados); por el agotamiento de los sentimientos de bondad humana.”

Con referencia al porvenir se le efectúa la pregunta siguiente: “¿cuál es el futuro de Rusia? ¿la democracia o un Estado autoritario construido sobre el modelo chino? ¿Rusia tiene algo que enseñar a otros países? ¿Y a la inversa, hay algo para enseñar a Rusia? ¿Rusia debe acercarse a Occidente, o bien encontrar su propio camino, su propio modelo político?”

Y Solzhenitsyn responde: “El futuro de Rusia me inquieta mucho. No me propondré pronosticarlo. Sus preguntas se remiten principalmente a la estructura social. Y aunque este aspecto sea muy importante, la estructura moral es más importante que todo. En cuanto a la democracia que deseo para Rusia, propuse un modelo en 1990 en “Cómo reordenar nuestra Rusia”. La edificación de una estructura democrática que arranque desde las administraciones locales autónomas hasta las medidas que se tomen en el nivel nacional. La excelente organización y la actividad de la administración local en numerosos países occidentales son un ejemplo, que llamo siempre a seguir a mis compatriotas. Mi modelo se distingue del parlamentarismo de los partidos que predomina en Occidente. Considero la existencia de partidos políticos, únicamente ocupados en obtener el poder, no como uno beneficio sino como una calamidad. Por el momento, el plan que propuse fue letra muerta. Pero me gustaría ver la futura democracia rusa precisamente de este modo y no como un calco de Occidente.”

Natalia Solzhenitsyn nos brinda otro aporte

En Putin y el alma rusa, una entrevista publicada el 9 de mayo de 2018 se le pregunta a su viuda Natalia Solzhenitsyn: Cuando murió en 2008, ¿estaba preocupado por el curso de los acontecimientos en Rusia?

Respesta: “Estaba muy preocupado. Había entendido que la Guerra Fría iba a volver y que Rusia había cometido muchos errores, al igual que Occidente al rodearla de bases militares. Recuerde las primeras líneas de “Reconstruyendo a Rusia”: “El tiempo finalmente se ha agotado para el comunismo. Pero su edificio de hormigón aún no se ha derrumbado. Y debemos tener cuidado de no ser aplastados bajo sus escombros en lugar de concentrarnos en ganar la libertad”. Eso es exactamente lo que está sucediendo, y especialmente en las mentes de las personas. El amor por Stalin y la nostalgia por el final de la URSS tienen un aspecto de protesta. Las promesas de la década de 1990 no pudieron mantenerse. La introducción de la economía de mercado sin preparación se convirtió en un atraco. Eso es trágico. Rusia atraviesa un período que ningún otro país ha pasado. Necesita ayuda, pero no ayuda dictatorial y condescendiente, como lo ha estado haciendo Estados Unidos con el FMI. El gran error de los Estados Unidos fue pensar que había ganado la Guerra Fría y que Rusia ya no sería un jugador. ¡Un enfoque catastrófico! Porque cuando Rusia se siente presionada resurge como una primavera. Y se sentía humillada y rodeada. Gran parte del apoyo a Putin se puede explicar por este sentimiento de humillación. “La viuda de Solzhenitsyn opinó también que.” el radicalismo es parte del carácter nacional de Rusia”

La revolución cósmica trasciende a la revolución comunista

Para terminar, nos referiremos a la visión del mundo en su sentido más amplio para Solzhenitsyn.

Todos los seres humanos habitamos en tres realidades superpuestas: 1) la de nuestra historia personal, 2) la de la época y lugares en que nos toca vivir, y 3) las del mundo sobrenatural, del que solo es consciente quien tenga fe.

Alexander Solz­he­nitsyn fue capaz de ir entendiendo y asimilando a lo largo de la vida la existencia de estas tres dimensiones en su propia obra. Elabora y pule sus conocimientos a lo largo de su vida, y lo va volcando en sus libros, que son autobiográficos, que analizan la historia del siglo y que tienen también una perspectiva espiritual.

Su pensamiento es ascendente y se mueve en tres círculos concéntricos: el del mundo de la realidad, el del pensamiento, y en el mundo sobrenatural. Se podría decir que toda su obra tiene a la “realidad”, a toda la “realidad”, como “fuente” y como referencia principal. Si la realidad es “irrebatible” y “la única verdad es la realidad”, el acercarse a la realidad para conocerla en todos sus aspectos es el mejor método para acercarse a la “verdad”. Y en la realidad está comprendido el mundo sobrenatural. Y para entender a la revolución como la entendía Solzhenitsyn, hay que ascender en el conocimiento.

En su discurso de Harvard, afirma Solzhenitsyn que ya ha comenzado un combate físico y espiritual por nuestro planeta, en el cual las fuerzas del mal han comenzado su ofensiva decisiva, y que este combate es de naturaleza cósmica

Para el mundo cristiano, la historia del mundo que nos concierne particularmente, comienza tal como fuera relatada en el Génesis, y ya desde entonces tiene naturaleza cósmica, esto es universal

Resulta significativo que -ya en 1872- Dostoyevski toma como inspiración para su novela Los demonios, un crimen “que se produjo en Moscú a finales de 1869 en el queSerguéi Necháyev, revolucionario y terrorista, anarquista y nihilista, asesinó por diferencias ideológicas, a Iván Ivanov, estudiante y compañero en la célula revolucionaria a la que ambos pertenecían.”

Parece querer señalar Dostoyevski que las ideas liberales que predicaba la intelligentsia rusa en la década de los 40 habrían sido las semillas “de los brotes de nihilismo en la generación posterior”, de los que germinaron personajes como los protagonistas de su novela, posiblemente inspirados en los círculos de anarquistas que Dostoyevski conocía bien.

Estos personajes, no son simples protagonistas de una aventura meramente “humana”. Explica Fiódor Dostoyevski: “Un hombre que se aleja de su gente y sus raíces nacionales también pierde la fe en sus ancestros y su Dios, bien, si quieres saberlo, este es en esencia el tema de mi novela. Se llama Los demonios y describe cómo estos demonios entraron en la piara de cerdos.” Fiódor Dostoyevski, 1870. (Leatherbarrow, 2000, p. 30)

La vigencia de los temas y de los personajes llamó la atención de Camus, a quien se le atribuyera la famosa afirmación, sin poderse afirmar cuando la habría pronunciado: “El siglo XXI será espiritual, o no será”: “Los endemoniados es una de las cuatro o cinco obras que yo pongo por encima de todas las demás. En más de un aspecto, puedo decir que me alimenté de ella y que con ella me he formado… Las criaturas de Dostoievski, lo sabemos bien ahora, no son ni extrañas ni absurdas. Se parecen a nosotros, tenemos el mismo corazón.” ( Albert CamusBrody, 1975, p. 291)

Si queremos entender a la realidad y a la revolución al modo de Solzhenitsyn, debemos ascender en el conocimiento. Al recibir el premio Templeton afirma el escritor: (“Los hombres han olvidado a Dios” El discurso de Templeton – 10.5.1983) – “Godlessness: the First Step to the Gulag”. Templeton Prize Lecture, 10 May 1983 (London).

“Hace más de medio siglo, cuando todavía era un niño, recuerdo haber escuchado a varias personas mayores ofrecer la siguiente explicación de los grandes desastres que habían sucedido a Rusia: Los hombres se han olvidado de Dios; Por eso ha ocurrido todo esto. Desde entonces he pasado casi cincuenta años trabajando en la historia de nuestra Revolución; En el proceso he leído cientos de libros, he recopilado cientos de testimonios personales, y ya he contribuido con ocho volúmenes de mis propios esfuerzos para despejar los escombros dejados por ese trastorno. Pero si se me pidieran hoy que formulase lo más concisamente posible la causa principal de la revolución ruinosa que tragó unos sesenta millones de nuestros pueblos, no podría decirlo con más precisión que repetir: Los hombres se han olvidado de Dios; Por eso ha ocurrido todo esto.

Es más, los acontecimientos de la Revolución Rusa sólo pueden comprenderse ahora, a finales del siglo, en el contexto de lo que ha ocurrido desde entonces en el resto del mundo. Lo que surge aquí es un proceso de significación universal. Y si se me pidiera que identificara brevemente el rasgo principal de todo el siglo XX, aquí también no podría encontrar algo más preciso y conciso que repetir una vez más: Los hombres se han olvidado de Dios.

Las fallas de la conciencia humana, privadas de su dimensión divina, han sido un factor determinante en todos los crímenes más importantes de este siglo. La primera de éstas fue la Primera Guerra Mundial, y gran parte de nuestra situación actual puede remontarse a ella. Era una guerra (cuyo recuerdo parece desvanecerse) cuando Europa, repleta de salud y abundancia, cayó en una furia de auto-mutilación que no pudo menos que socavar su fuerza durante un siglo o más, y tal vez para siempre. La única explicación posible para esta guerra es un eclipse mental entre los líderes de Europa debido a su pérdida de conciencia de un Poder Supremo sobre ellos. Sólo un amargo impío podría haber movido estados ostensiblemente cristianos para emplear gas venenoso, un arma tan obviamente más allá de los límites de la humanidad.

El mismo tipo de defecto, el defecto de una conciencia carente de toda dimensión divina, se manifestó después de la Segunda Guerra Mundial cuando Occidente cedió a la tentación satánica del “paraguas nuclear”. Era equivalente a decir: “Hagamos caso omiso de las preocupaciones, liberemos a la generación más joven de sus deberes y obligaciones, no hagamos ningún esfuerzo por defendernos, por no hablar de defender a los demás, detengamos nuestros oídos ante los gemidos que emanan del Oriente y Vivamos en cambio en la búsqueda de la felicidad. Si el peligro nos amenaza, estaremos protegidos por la bomba nuclear; Si no, entonces deja que el mundo se queme en el infierno con todo lo que nos importa. El lamentable estado de indefensión al que se ha hundido el Occidente contemporáneo se debe en gran medida a este error fatal: la creencia de que la defensa de la paz no depende de los corazones fuertes y de los hombres firmes, sino únicamente de la bomba nuclear…

El mundo de hoy ha alcanzado una etapa que, si hubiera sido descrita a siglos anteriores, habría provocado el grito: “¡Este es el Apocalipsis!” Sin embargo, nos hemos acostumbrado a este tipo de mundo; Incluso nos sentimos como en casa.

Dostoievski advirtió que “los grandes acontecimientos podían venir sobre nosotros y captarnos intelectualmente desprevenidos”. Esto es precisamente lo que ha sucedido. Y predijo que “el mundo será salvo sólo después de haber sido poseído por el demonio del mal”. Si realmente se salvará, tendremos que esperar y ver: esto dependerá de nuestra conciencia, de nuestra lucidez espiritual, de nuestros esfuerzos individuales y combinados frente a las circunstancias catastróficas. Pero ya ha sucedido que el demonio del mal, como un torbellino, triunfa alrededor de los cinco continentes de la tierra…

En su pasado, Rusia conocía una época en que el ideal social no era la fama, ni las riquezas, ni el éxito material, sino un modo de vida piadoso. Rusia fue entonces empapada en un cristianismo ortodoxo que permaneció fiel a la Iglesia de los primeros siglos. La ortodoxia de ese tiempo sabía cómo proteger a su pueblo bajo el yugo de una ocupación extranjera que duró más de dos siglos, mientras que al mismo tiempo defendía los golpes inicuos de las espadas de los cruzados occidentales. Durante estos siglos la fe ortodoxa en nuestro país pasó a formar parte del patrón mismo del pensamiento y la personalidad de nuestro pueblo, las formas de vida cotidiana, el calendario de trabajo, las prioridades en cada empresa, la organización de la semana y del año. La fe era la fuerza formadora y unificadora de la nación.

Pero en el siglo XVII la ortodoxia rusa fue gravemente debilitada por un cisma interno. En el siglo XVIII, el país fue sacudido por las transformaciones impuestas por Pedro, que favorecieron la economía, el Estado y los militares a expensas del espíritu religioso y de la vida nacional. Y junto con esta iluminación petrina desfasada, Rusia sintió el primer olor del secularismo; Sus sutiles venenos impregnaron a las clases cultas en el curso del siglo XIX y abrieron el camino al marxismo. Para la época de la Revolución, la fe prácticamente había desaparecido en los círculos cultos rusos; Y entre los ignorantes, su salud estaba amenazada.

Fue Dostoievski, una vez más, quien sacó de la Revolución Francesa y su aparente odio a la Iglesia la lección de que “la revolución debe comenzar necesariamente con el ateísmo”. Eso es absolutamente cierto. Pero el mundo nunca antes había conocido una impiedad como organizada, militarizada y tenazmente malévola como la practicada por el marxismo. Dentro del sistema filosófico de Marx y Lenin, y en el centro de su psicología, el odio a Dios es la principal fuerza impulsora, más fundamental que todas sus pretensiones políticas y económicas. El ateísmo militante no es meramente incidental o marginal a la política comunista; No es un efecto secundario, sino el pivote central.”

  1. Conclusión

Para terminar, vemos un mensaje del escritor contenido en toda su obra, que quizás se pueda resumir en una sola pregunta: “Hombre ¿qué haces con tu libertad?”. Leyendo a Solzhenitsyn juntamos elementos como para comenzar a responderla desde una perspectiva personal, y con un enfoque diferente. Porque para Aleksandr Solzhenitsyn, “la línea que separa el bien del mal no pasa entre Estados, ni entre clases, ni entre partidos políticos, sino que atraviesa cada corazón humano”. Allí está el problema, y allí parece residir la solución.

 

 

La Filosofía Económica de Leonardo Polo: Enfocarse en La Oferta No en La Desigualdad – Alejandro Chafuen

Alejandro A. Chafuen

Traducido por Joshua Gregor

Fuente:  Revista Forbes

En Filosofía y economía, el filósofo español Leonardo Polo (1926-2013) ofrece pensamientos profundos que pueden servir como base para cambiar el debate sobre la desigualdad. Durante su carrera académica, sobre todo en la universidad de Navarra pero también en otras universidades, Polo inspiró a miles de estudiantes. Sus obras suman casi 20 volúmenes. Institutos y centros de investigación han sido establecidos en al menos siete países para estudiar sus obras y su impacto. Polo dirigió más de 40 tesis doctorales.

Aunque mucho más conocido como filósofo, Polo abordó también la economía. Polo incorpora algunas de las ideas de las figuras más influyentes en este campo, como John Maynard Keynes y Milton Friedman. Así como en filosofía, también aquí Polo va más allá de los argumentos y métodos tradicionales. Trata, por ejemplo, de la “económica espacial” o la influencia de la geografía en el desarrollo económico. Consideraba Bruselas, estratégicamente situada en los corredores productivos de Europa, como destinada a aumentar su poder político y económico. Sin embargo, no le gustaba el modelo belga, que según él se fundaba “sobre la gran empresa cuyos garantes son, a la vez, sus parásitos.”

El autor que más influyó en las opiniones de Polo sobre la riqueza es George Gilder. Siempre hay peligro con etiquetas ideológicas, pero es justo describir a Polo como un filósofo de la economía de la oferta (supply side economics). Promovía el abandono de la mayor parte del Keynesianismo; prefería el enfoque de Jean-Baptiste Say (1767-1832). Éste enfatizaba la importancia de la oferta más bien que la demanda, la receta mágica de Keynesianos de todo tipo.

Polo mantiene que la esencia del verdadero capitalismo es el dar, ofrecer. Este tipo de dar requiere tomar riesgos sin saber si se podrá recuperar la inversión. El verdadero empresario y el capitalismo sano se corrompen en la visión Keynesiana. Mientras el verdadero empresario ve una oportunidad de crear y tiene el talento y coraje para atraer recursos e invertirlos antes de ver el resultado, el empresario Keynesiano es, según Polo, alguien que busca sumarse a la ola de tasas más altas de crecimiento sin arriesgar mucho.

Las políticas Keynesianas conducen a “suscitar lo que podríamos llamar empresarios por conveniencia, no por vocación. Ese tipo de gentes, en los que el afán de riesgo es muy limitado, han sido los verdaderos promotores de la sociedad de consumo.” Por “sociedad del consumidor” Polo quiere decir una sociedad en que la mayoría se concentra en el aspecto material de la economía. Este tipo de empresario se interesa más en ser “espías de los signos de demanda (prácticas de marketing” sin asumir el riesgo de crear y descubrir.

Polo tiene puntos de vista particulares sobre la justicia distributiva, que a diferencia de las interpretaciones redistributivas típicas son coherentes con una sociedad libre. Para él, “la justicia distributiva garantiza lo que se suele llamar el bien común, esto es, que el juego de los esfuerzos humanos en la sociedad sea un bien para todos.” (p. 343) Los dos actores principales que promueven este tipo de justicia son la familia, con su desigualdad funcional, y el empresario que toma riesgos. Estos dos actores se basan más en dar que tomar; y dado que el trabajo del empresario beneficia a personas ajenas de su familia, parece que el emprendimiento implica más generosidad que la de un miembro de familia.

Polo subraya que la redistribución y los subsidios tienden a empeorar más bien que resolver el problema de la pobreza. Señala que, a pesar de su ineficacia, a los keynesianos y burócratas les encanta este enfoque. Polo escribe, “Como tampoco el riesgo atrae a la burocracia socialista, tanto el empresario keynesiano como el político socialdemócrata son incapaces de promover la dignidad humana: están aquejados de inautenticidad, su actividad está íntimamente desasistida, olvida la justicia distributiva.” (p. 345)

El dar que es esencial para una sociedad libre y justa no es sólo material, sino también espiritual; y lo que damos debe ser nuestro y no de lo común. Añade Polo: “En rigor, la justicia distributiva impulsa a atreverse: en el caso del empresario, a no esperar a tener comprador garantizado para producir, a confiar en la oferta.” (p. 346) Las visiones de Polo difieren de la perspectiva clásica aristotélica y tomística de la justicia distributiva—la que trata de las reglas necesarias para mantener y distribuir lo que se posee en común (edificios públicos, ingresos tributarios, nombramientos de gobierno, etc.)—pero no la contradicen. Polo es consciente de que la justicia conmutativa, a pesar de su importancia, no garantiza una sociedad libre y justa. También los contratos se deben complementar por la justicia distributiva. Las reglas que determinan la justicia distributiva son aún más difíciles de discernir que las de justicia conmutativa.

Las perspectivas de Polo sobre la justicia distributiva se alinean más con conceptos descuidados de la justicia social, que ven la redistribución como un problema pero consideran como una virtud el trabajar por el bien común. El empresario que tome el riesgo de ofrecer sin tener la demanda asegurada puede ser visto favorablemente como filántropo, y aún más que eso. Este tipo de justicia social y distributiva es esencial, pero va más allá de la justicia de los tribunales. Nadie puede ser llevado a juicio por no querer tomar riesgos.

Las teorías de Polo se beneficiarían de un mayor énfasis en el papel de los precios libres para guiar a empresarios para que “los esfuerzos sociales sean para el bien de todos” (p. 343) o al menos para la mayoría. Eso era una visión clave en las enseñanzas del premio Nobel F. A. Hayek, y también las de Ludwig von Mises. Polo no cita a von Mises pero llega a conclusiones semejantes al escribir que “accumulating capital is an activity of a spiritual nature.” (p. 45) En La acción humana, su tratado más importante, von Mises escribe: “Las ‘fuerzas productivas’ no son materiales. La producción es un fenómeno espiritual, intelectual e ideológico. Es el método que el hombre, dirigido por la razón, emplea para eliminar sus incomodidades de la mejor manera posible. Lo que distingue nuestras condiciones de las de nuestros antepasados ​​que vivieron hace mil o veinte mil años no es algo material, sino algo espiritual. Los cambios materiales son el resultado de los cambios espirituales.”

Polo es un fuerte crítico de las ideas actuales de la justicia distributiva, según las cuales la misma consiste en tomar de los ricos y darle a los pobres. Veía correctamente que la debilitación del espíritu empresarial conduce a la debilitación del bien común. Se preocupaba mucho por la burocracia que a su parecer afectaba no sólo al gobierno sino también a las grandes corporaciones.

Relevancia para la política económica de hoy

Adam Smith, el economista más famoso de todos los tiempos, a veces llamado “el padre de la economía”, era un filósofo moral. Su visión influyó mucho en la política económica desde la Ilustración escocesa del siglo XVIII en adelante. Desde entonces, sin embargo, hay cada vez menos economistas que se esfuerzan por entender los fundamentos filosóficos y los incorporan en su trabajo. Del mismo modo, los filósofos tienden a evitar los temas económicos. Leonardo Polo es una sana excepción: no abandonó nunca su lenguaje filosófico, difícil y a veces único, pero alimentaba sus análisis leyendo a algunos de los mejores economistas.

Su filosofía económica puede servir de guía importante en la confección de las plataformas económicas y sociales de diversos movimientos y partidos políticos en el occidente de hoy. Tiene buenos fundamentos económicos e incluye intuiciones profundas sobre la condición humana.

Dada la reconstitución de la escena política en varios países de habla hispana, las varias universidades “compañeras” de Navarra, y con el creciente interés en el legado de este filósofo, es posible que las enseñanzas de Polo ganen en influencia. No solo en España sino en otros horizontes. Polo no era un conservador típico; su padre murió exiliado por apoyar a los adversarios de Francisco Franco. Es probable que sus visiones económicas atraigan más a los partidos más partidarios del liberalismo económico, pero los liberales en las américas, ni siquiera tiene seguidores para formar paridos vecinales. Las ideas de Polo, sin embargo, pueden ser útiles para aquellos que como Sebastián Piñera en Chile, o Iván Duque en Colombia, que sin ser anti mercado, buscan consensos más amplios que los del simple liberalismo económico. Los más populistas, como el surgente Jair Bolsonaro, también pueden beneficiarse con el enfoque “Poliano.”

En la izquierda, líderes como Andrés Manuel López Obrador, y otros amigos del socialismo del siglo XXI, podrían usar las ideas de Polo para renovarse, pero tendrían que abandonar algunas de sus banderas socialistas. Alberto I. Vargas, cofundador del Leonardo Polo Institute of Philosophy (EEUU), afirma que hay que hay que prestarle más atención a las ideas de Polo “sobre sobre los obreros, que cuando desempeñan su labor en entornos con información adecuada se convierten también en empresarios creadores. El empezar por la desigualdad no nos conduce al camino que lleva a la reducción de la pobreza. Es necesario enfocarse en la creación de riquezas a través de la liberación y el aumento del espíritu generoso y empresarial de trabajadores y empresarios. Vargas concluye: “La perspectiva de Polo sobre la ‘ayuda’ es muy rica y muy lejana al paternalismo, Polo más bien va en la línea de la libertad, de la capacidad de oferta y de la donación.”

Alejandro Chafuen, Managing Director, Acton Institute, International

Manifiesto por occidente – Moris Polanco

Por Moris Polanco

20 de agosto de 2018

Fuente: Instituto Fe y Libertad 

El presidente del Senado Italiano, Marcello Pera, lanzó en 2006 una iniciativa para defender las libertades y la identidad de Europa, a la que ya se han adherido más de cinco mil personas (Aceprensa, 8-III-2006). El “Manifiesto por Occidente” pretende ser un llamado al compromiso por la defensa de los valores esenciales de la civilización occidental. Parte del hecho —innegable, me parece a mí— de que Occidente está en crisis. Entre las manifestaciones de esa crisis, el Manifiesto cita, entre otras, la falta de respuesta ante el fundamentalismo y el terrorismo islámicos, una crisis moral y espiritual, la continua disminución de la natalidad, la poca competitividad económica y la falta de unidad de acción en la escena internacional. En conclusión: “Europa se ha paralizado”, y en consecuencia “suspende la tentativa de tener una Constitución legítima para los ciudadanos” (http://www.perloccidente.it/doc_es.php, consultado en 2006).

En ocasiones anteriores he manifestado la opinión de que Europa ha perdido el rumbo. Este Manifiesto, en cierta forma, confirma mi visión. Pero creo que se queda corto, al menos en lo que se refiere al diagnóstico de las causas de la crisis.

Antes de continuar, quiero aclarar que yo me siento occidental hasta la médula, y que por eso mismo, la crisis de Europa —la crisis de Occidente— me afecta también hasta la médula.

Al igual que este grupo de europeos, me afecta y me duele que nuestras tradiciones se pongan en discusión; que se desprecien los valores de la vida, de la persona, del matrimonio, de la familia; que se niegue la propia identidad. Ahora bien, Marcello Pera atribuye al laicismo “o progresismo” una parte de la responsabilidad por el desprecio “de las costumbres milenarias de nuestra historia”. Aquí es donde creo que el Manifiesto adolece de falta de profundidad.

El laicismo (no necesariamente equiparable al “progresismo”) es parte de un fenómeno más amplio que se conoce como secularismo, el cual —según Christopher Dawson, interpretado por Verduzco— “ha venido a ser la nota característica de la cultura occidental moderna, y lo que distingue a ésta de la cultura occidental cristiana”. Si esto es cierto, yo no soy moderno; soy occidental, pero reniego de la cultura moderna. Y no simplemente porque la cultura moderna no sea cristiana, sino porque creo, con Dawson, que el secularismo enterrará la civilización occidental.

En efecto, “la cultura secularizada es una cultura que ha perdido su principio de unidad y de vitalidad, y así se vuelve incapaz de mantener vigentes las normas y valores que dan sentido a todos los elementos que integran y mantienen unida a una comunidad espiritual viviente a través de las edades.

“Una cultura secularizada se torna muy vulnerable a las fuerzas destructivas y a los valores que la amenazan desde dentro y fuera, pues carece del marco axiológico de referencia para discernirlos y juzgarlos, y así se vuelve incapaz de influir en la calidad de la vida social y de señalar al dinamismo social metas acordes con la dignidad intransferible de la persona humana; sin embargo, el hombre moderno (…) ha aceptado como incuestionable la creencia de que la secularización es la condición esencial para crear una nueva cultura científica del mundo moderno, la cual está resultando en ‘un inmenso complejo de técnicas y especialidades sin espíritu que lo guíe, sin una base de valores morales comunes, sin un propósito unificador y espiritual’. Una cultura de este tipo —advierte Dawson— no es cultura, en el sentido tradicional, es decir, no es un orden que integra todos los aspectos de la vida humana en una comunidad espiritual viviente” (J. Verduzco, “Prefacio”, en Ch. Dawson, Historia de la cultura cristiana, FCE, México, 2001).

El Manifiesto por Occidente, en cierta forma, reconoce que “la tentativa laicista de relegar la dimensión religiosa solamente a la esfera privada” es negativa para la cultura. Pero se queda corto en señalar el papel positivo que el cristianismo ha tenido en la conformación de la cultura occidental. Y lo que digo del cristianismo en relación con la cultura occidental podría decirlo, mutatis mutandi, del papel que el Islam o el Budismo han desempeñado en la formación de la cultura musulmana o asiática. Se trata, simplemente, de atender a lo que los historiadores de la cultura han señalado: no hay cultura sin religión. El secularismo, al pretender acabar con la religión, acabará con la civilización occidental.

Queda todavía una cuestión disputada: ¿hasta qué punto el liberalismo político y económico es hijo del secularismo? ¿Cabe la posibilidad de un liberalismo no secularista y respetuoso de la religión?

Banalidad del mal, alienación humana y educación formal – Hugo Landolfi

10 de julio de 2018

Por Hugo Landolfi

Para Instituto Acton

Hannah Arendt nos enseñó que un ser humano no debe desatenderse de los resultados que genera un sistema del que forma parte. Habiendo estudiado y analizado detenidamente la personalidad del teniente coronel de las SS nazis Adolf Eichmann, en ocasión de ser juzgado en Jerusalén por sus crímenes durante la segunda guerra mundial, la filósofa acuño la expresión “banalidad del mal” para identificar la actitud humana de comportarse como un mero engranaje dentro de un sistema humano, desatendiéndose de los resultados del mismo. Resulta que Eichmann fue un cuidadoso y celoso organizador de la logística que condujo a millones de judíos a las cámaras de gas, al mismo tiempo que se limitó a defender sus actuaciones, desatendiéndose de sus resultados genocidas, mediante la sencilla explicación de que solo seguía órdenes de sus superiores. Tal actitud “burocrática”, en palabras de Arendt, no escondía una profunda perversidad o maldad, como pudiera creerse a primera vista, sino una mera actitud banal de desatenderse de las consecuencias de los propios actos, como si un hombre pudiera, por simple decisión personal, transformarse en un mecánico engranaje sin responsabilidades dentro de la máquina de la cual tal engranaje forma parte.

 

El trasfondo de la banalidad

Cuando hablamos de banalidad, dentro de los usos habituales del término, hablamos de actitudes superficiales o insustanciales. Esto nos lleva a nosotros a tender a asociar a lo banal con actitudes carentes de sentido humano porque, justamente, el ser humano adopta y practica actitudes superficiales o insustanciales cuando las mismas carecen, para él, de sentido último. Pero “carecer de sentido” no implica aquí carecer de un vínculo a un fin determinado, dado que las actitudes de Eichmann claramente se orientaban a cumplir el fin contenido en las órdenes recibidas por parte de sus superiores, sino que para nosotros “carecer de sentido” implica una desconexión y desordenación de las actitudes inmediatas de la persona para con el fin último de la vida del ser humano en tanto creado por Dios. Advertimos aquí las dificultades que puede tener para el lector agnóstico o ateo el sostenimiento de nuestra posición, pero sostenemos que todo lo humano termina transformándose en banal si la vida humana carece de un fin último trascendente al cual pueda ordenarse.

Esto implica que, para nosotros, será carente de sentido, es decir, banal, toda aquella actitud humana que, consciente o inconscientemente, que niegue o que se encuentre desconectada o en estado de desorden respecto del camino que el ser humano creado ha de recorrer para volver al Creador. Es decir, sencillamente, decimos que carece de sentido o es banal el mero estar fuera del camino hacia Dios.

 

Los caminos de la alienación humana

Esto implica que existe una íntima conexión entre las actitudes banales y carentes de sentido con la alienación humana porque, justamente, el hombre alienado, enajenado de sí mismo, expulsado del centro de la esencia de lo que él mismo es, es aquél que puede vivir despreocupado y anestesiado funcionando como un engranaje ciego dentro de una máquina, sin que importe qué es lo que hace la máquina. Solo puede aceptar ser un engranaje quien no sabe quién es y quien, por ende, desconoce su dignidad existencial. Quien vive de tal modo debe hacerlo de modo mayormente inconsciente porque tal inconsciencia es el anestésico existencial que habilita al hombre creado a seguir viviendo sin sentir el profundísimo dolor existencial de no saber quién es y cuál es el sentido de su existencia.

La vida sin sentido vive en la inmediatez del resultado material de corto alcance y tiende a desconectarse de los objetivos mediatos y finales de la vida humana, los cuales exceden toda materialidad. De este modo, la vida sin sentido y alienada, necesariamente anestesiada mediante la estrategia de la inconsciencia, puede tanto “atizar los crematorios como dedicarse al cuidado de los leprosos”[1] o puede considerar que “dará lo mismo embriagarse a solas que conducir pueblos”,[2] dado que todo finalmente dará lo mismo, es decir, todo será superficial y vano porque no habrá profundidad en la existencia: todo será, en definitiva, una simple superficie gris y chata. Todo éxito mundano desconectado del fin último de la vida humana se transformará, por ende, en la consecución inmediata de algún resultado que estará condenado a morir en lo inmediato y a limitarse a sí mismo y, de este modo, en sistemas humanos que funcionan de tales modos buscando solo tales inmediatos resultados, una persona ha de considerarse exitosa, al igual que Eichmann, por la mera eficiencia en hacer llegar trenes repletos de seres humanos a los campos de concentración donde los aguardaban las cámaras de gas. Por eso Eichmann era considerado un empleado muy reconocido y admirado dentro de la maquinaria nazi de exterminio, pero debemos tener nosotros mucho cuidado porque todos podemos llegar a ser, o tal vez ya somos, de algún modo, como Eichmann, y participar, generar y sostener inconscientemente sistemas y maquinarias que produzcan personas que sostengan actitudes tales, porque la alienación humana que vive una vida carente de sentido requiere, como dijimos, de una inconsciencia cotidiana como anestésico frente al profundo dolor que toda vida humana creada sentirá al advertir que vive, justamente, una vida carente de sentido.

 

La educación formal con estructura banal y alienante que genera Eichmanns existenciales

¿Dónde podemos advertir, hoy en día, la existencia de un sistema humano donde se obligue violentamente, desde muy niños y durante muchos años, a seres humanos a funcionar al modo en que Eichmann lo hacía, es decir, comportándose como un simple engranaje que sea capaz de repetir o de hacer mecánica e inconscientemente lo que le ordenen, desatendiéndose de los resultados últimos y existenciales de tal accionar, y recibiendo perversamente premios y reconocimientos, tal como Eichmann los recibía, por hacer tales cosas? ¿Qué sistema humano logra, hoy en día, que ingresen por una puerta, a los 3 o 4 años de edad, niños llenos de vitalidad, de preguntas y cuestionamientos existenciales profundísimos y que, luego de 10 o 12 años, esos mismos niños, transformados ahora en adolescentes, salgan por otra puerta con su vitalidad anestesiada, funcionando alienadamente bajo formas de respuestas automáticas a exigencias exógenas, habiéndose aniquilado en su interior todos los cuestionamientos existenciales que allí pujaban por encontrar respuesta? En síntesis: ¿En qué sistema entra por una puerta un ser humano creado por Dios, en camino de desarrollo y despliegue existencial, y sale por la otra un robot alienado, anestesiado y existencialmente extraviado? Tal sistema es el actual ídolo de nuestro tiempo: el sistema formal de educación, el cual es una perversa maquinaria que se ocupa de transformar a todos los que allí asisten en émulos de Eichmann, contando con la perversa complicidad de la sociedad, la cultura, la familia, los docentes y los padres quienes, también émulos del partido nazi que premiaba a Eichmann, se ocupa celosamente de premiar a los niños y adolescentes tanto más cuanto más se adapten a transformarse en ese engranaje ciego y alienado en el cual el sistema los obliga a transformarse.

El error de Arendt fue no advertir que un ser humano puede funcionar, al modo en que Eichmann lo hacía, no por mera banalidad casual sino solo cuando esa banalidad es el resultado de vivir una existencia alienada y anestesiada por su carencia íntima de sentido, debido a la desconexión de una existencia tal respecto del sentido último que toda vida humana ha de poder poseer en tanto es creada por Dios. Esto implica que en todo lo humano, lo banal o superficial no será nunca una mera casualidad o una simple actitud vital indiferente, sino que será siempre el resultado propio y específico de vivir una vida desconectada del fin último de cada existencia personal, evitando buscar las respuestas a las preguntas existencialmente más profundas que existen en el corazón de todo ser humano creado por Dios.

Curiosamente, el sistema educativo formal actual es un sistema intrínsecamente diseñado para transformar a los seres humanos que lo transitan en seres de vida banal, existencialmente alienados, porque se los aleja sistemáticamente de la posibilidad de reencontrarse con el camino que conduce hacia el descubrimiento de la esencia de su existencia personal y del sentido final y último de su propia vida, de modo tal de ayudarlos a conducirse hacia una vida humanamente consciente centrada en la interioridad de las propias decisiones libres, y no en la respuesta automatizada a forzamientos exógenos de todo tipo. Y aún así, nosotros que también estamos alienados y no advertimos esta calamidad, no solo entregamos a nuestros niños a tal sistema, con la parsimoniosa inconsciencia de perfectos émulos de Eichmann, sino que también aplaudimos y premiamos a nuestros niños y adolescentes cuanto más banales y alienados se vuelven a medida que transitan tal sistema. Así las cosas, salvo que tomemos consciencia y logremos torcer este camino, el futuro de la humanidad se muestra gravemente sombrío.

 

 

Bibliografía:

Arendt, Hannah, “Eichmann en Jerusalén”, varias editoriales y ediciones.

Landolfi, Hugo, “Educación para la fragilidad”, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2015.

Landolfi, Hugo, “Psicología, Filosofía y Educación”, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2017.

[1] Cfr., Camus, Albert, “El hombre rebelde”, Editorial Losada, Buenos Aires, 2003, Pág. 11.

[2] Cfr., Sartre, Jean-Paul, “El ser y la nada”, Editorial Losada, Buenos Aires, 2008, Pág. 841.

 

El pobrismo: la exaltación de la pobreza – Manuel Solanet

26 de julio de 2018

Por Manuel Solanet, Director de la Fundación Libertad y Progreso

Fuente: Libertad y Progreso  

El pobrismo podría ser definido como la exaltación de los pobres, poniendo el énfasis en su defensa frente al resto de la sociedad. Es un enfoque clasista aunque distinto al del marxismo. No se sintetiza en los trabajadores versus el capital, sino en los pobres frente a los ricos y el poder económico. Mientras el marxismo habla de la explotación, el pobrismo habla de la exclusión y el descarte.

El pobrismo no considera la movilidad social. Los pobres son y serán. Con ellos se desarrollan lazos afectivos, de solidaridad y también de ayuda. Pero el pobrismo no elabora políticas ni procedimientos para que cada uno de los pobres evolucione hacia la riqueza. Más bien desarrolla un discurso de protesta dirigido a quienes ellos creen egoístas, que desprecian a los pobres o en el mejor de los casos los ignoran. El pobrista suele adoptar perfiles austeros y emblemáticos en su vida personal. Es una forma de expresar su vocación o preferencia por los pobres.

El pobrismo es característico de gente buena. No nace en el resentimiento ni postula la lucha de clases. Tiende al asistencialismo. A redistribuir la riqueza que ya existe. Desconoce la inversión productiva y la generación de trabajo. Esto es consecuencia de que los pobristas descreen en el capital y tienen aversión a las grandes empresas. Prefieren dar pescado que enseñar a pescar. A lo sumo son condescendientes con la pequeña empresa, las pymes, que serían una réplica de los pobres frente a las grandes corporaciones. Sospechan que éstas ganan demasiado y que son remisas a distribuir los beneficios entre sus obreros.

Al exaltar la pobreza, parecería que el pobrismo no desea que los que hoy son pobres dejen de serlo. No indaga sobre las causas de la pobreza ni sobre el desarrollo económico y social producido por los distintos sistemas económicos. En esa ignorancia hace prevalecer visiones inmediatistas. Por ello rechaza el capitalismo o la economía de mercado, desconociendo que fue el único sistema que efectivamente contribuyó a reducir la pobreza en el mundo. Hoy también rechaza la globalización.

Es común que el pobrismo tenga base religiosa. Para los hombres de Fe vale el mandato evangélico de amar al prójimo como a sí mismo. El Papa Francisco es un pobrista y ha convocado a esa visión a muchos otros obispos y sacerdotes. El mensaje de “Laudato si” en su capítulo social expone con toda claridad esa posición, que luego se ha reiterado en todos los mensajes y documentos.

Debe diferenciarse el pobrismo de la verdadera ayuda efectiva a los pobres, que es la que trata que salgan de esa situación, que dejen de ser pobres. Ayuda efectiva es, por ejemplo, la del sacerdote Pedro Opeka que desde hace 50 años trabaja en una comunidad en Madagascar. Su tarea, además de espiritual, ha sido de ayuda para que personas de extrema pobreza, salgan de ella. Les ha hecho construir viviendas, enseñándoles con su propia participación. Les creó escuelas, agregando luego colegios secundarios y una universidad. Su preocupación fue capacitarlos para que evolucionen intelectual y materialmente. Escuché al Padre Opeka agradecer el premio que le otorgó la Universidad del CEMA, un centro educativo orientado a la libertad económica. En su discurso explicó cómo darle a sus asistidos las capacidades para desarrollarse por sí mismos. Es una filosofía coincidente con la sostenida en el mundo por el Instituto Acton. Ella nos dice que debe superarse la mera actitud compasiva, que deviene en protestataria para luego impugnar paradójicamente los sistemas económicos que más han hecho para salir de la pobreza.