Todas las entradas de: Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

El Hombre de Davos, globalismo y la defensa del libre comercio – Samuel Gregg

 

Por Samuel Gregg

Son tiempos difíciles para el libre comercio —los más difíciles desde que la primera era de la globalización se detuvo estrepitosamente con el estallido de la guerra en 1914 y los aranceles barrieron al mundo después de 1918. Seguir leyendo El Hombre de Davos, globalismo y la defensa del libre comercio – Samuel Gregg

Samuel Gregg

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¿Realmente cree Francisco que los comunistas piensan como los cristianos? – Samuel Gregg

14 de noviembre de 2016

por Samuel Gregg

Fuente: The Stream 

Los marxistas, las ideas marxistas y los regímenes marxistas han llevado a millones a la muerte y a la destrucción. Sin embargo, según el papa Francisco, «en todo caso, los comunistas piensan como los cristianos». ¿Qué está pasando aquí? Seguir leyendo ¿Realmente cree Francisco que los comunistas piensan como los cristianos? – Samuel Gregg

Samuel Gregg

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Libertad religiosa y libertad económica – Samuel Gregg

Religious Liberty and Economic Freedom[1]

15 de noviembre de 2016

Samuel Gregg

My subject is religious liberty and economic freedom. Concerning the first of these freedoms, one hardly need say that religious liberty is a subject of some urgency for many Christians today. In fact, in some cases, it is now literally a matter of life and death. Every day, it seems, we read of the brutal killing of Catholics and other Christians in the Middle East, in Africa, and in some parts of Asia. Sometimes this has more to do with ethnic and political rivalries than religion per se. It is also true that at least some of the violence against Christians flows precisely from antagonism toward Christianity as a religion. Seguir leyendo Libertad religiosa y libertad económica – Samuel Gregg

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Pobreza, política e Iglesia en la Argentina del Papa Francisco – Samuel Gregg

21 de agosto de 2016

Por Samuel Gregg

Fuente: The Catholic World Report

          Antes de la elección del cardenal Jorge Bergoglio como el primer Papa latinoamericano en el año 2013, la Argentina era famosa por muchas cosas: el tango, la monumental pampa, la hermosa arquitectura decimonónica que caracteriza a la ciudad de Buenos Aires, por mencionar solo algunas. Desafortunadamente, también vienen a la mente otras cosas: una corrupción rampante y persistente, una inestabilidad política extrema, y, sobre todas las cosas, el hecho de que la Argentina es el típico caso de libro de una economía en una situación de larga decadencia autoinflingida. Seguir leyendo Pobreza, política e Iglesia en la Argentina del Papa Francisco – Samuel Gregg

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No Papa Francisco, la economía no causa el terrorismo – Samuel Gregg

El terrorismo islámico tiene poco que ver con factores económicos. Sin embargo, debe mucho a la religión.

3 de agosto de 2016

Por Samuel Gregg

Fuente: The Stream              

          En su reciente entrevista en el vuelo de regreso de Polonia, el Papa Francisco ofreció una curiosa interpretación economicista de la causa del terrorismo islámico. Hablando después del martirio del padre Jacques Hamel por dos yihadistas, el Papa dijo lo siguiente, en respuesta a la pregunta acerca de las iniciativas concretas que él recomendaría para enfrentar el terrorismo:

“el terrorismo crece cuando no hay otra opción, cuando al centro de la economía mundial está el dinero y no la persona, el hombre y la mujer, esto ya es el primer terrorismo. Ignorar la maravilla de la creación, que es el hombre y la mujer, es un terrorismo de base contra toda la humanidad. Pensemos en eso.”[1]

Aquí el Papa parece sostener que el terrorismo debe mucho a las condiciones económicas: que el predominio de la pobreza, de grandes desigualdades y desempleo, por ejemplo, estarían conduciendo a algunos musulmanes en el yihadismo. Una observación anterior del Papa en la misma entrevista presagia esta idea: “¿cuántos jóvenes, –dijo– que nosotros europeos, hemos dejado vacíos de ideales, que no tienen trabajo… y van a la droga o el alcohol se juntan en grupos fundamentalistas?”. Sin embargo, ¿realmente factores como la pobreza económica y la avaricia realmente funcionan como causas del terrorismo islamista?

 

Nunca o casi nunca es la economía

Con posterioridad al 11S, líderes políticos que van desde Al Gore a George W. Bush sostuvieron que la pobreza era una causa significativa del terrorismo. Una investigación académica de este preciso problema, sin embargo, arribó a conclusiones diferentes. El informe sostiene:

“… nuestra revisión de la evidencia ofrece pocas razones para el optimismo de que una reducción en la pobreza o un aumento en el presentismo escolar puedan reducir significativamente el terrorismo internacional. Cualquier conexión entre pobreza, educación y terrorismo es indirecto, complicado y casi seguro bastante débil”.

          Los grupos examinados en este estudio incluían a militantes de Hezbollah y terroristas palestinos. En su caso, el estudio encontró que, “la evidencia disponible indica que, comparada con la población relevante, miembros del ala militante de Hezbollah o terroristas suicidas palestinos es tan probable que provengan de familias económicamente acomodadas y con un relativamente elevado nivel educativo como que provengan de las filas de los económicamente desfavorecidos y sin educación”.

          Mirando fuera del Medio Oriente, la misma investigación relevó a organizaciones identificadas como grupos de odio en los Estados Unidos. Nuevamente, concluye que “la ocurrencia de crímenes de odio y el predominio de grupos de odio se encuentra que no están relacionados con las circunstancias económicas del área”. También se encontró que la existencia de grupos de odio, como el Klu Klux Klan, “no tenía relación con las tasas de desempleo, los índices de divorcio, la proporción de población negra o la brecha en los ingresos entre los blancos y los negros en un condado determinado”.

          Otra investigación citada en el informe de 2003, analizó el Ejército Rojo en Japón, el grupo mafioso Baader-Meinhof en Alemania, el IRA en Irlanda, las Brigadas Rojas en Italia y el Ejército de Liberación Nacional en Turquía (THKO). Esta investigación determinó que “la gran mayoría de individuos envueltos en actividades terroristas como cuadros o líderes tienen un buen nivel educativo. De hecho, aproximadamente dos tercios de los individuos identificados como terroristas son personas con estudios universitarios, graduados universitarios o estudiantes de posgrado”. Es más, más de dos tercios “provenían de la clase media o de la clase alta de sus respectivas naciones o áreas geográficas”.

          En síntesis, los terroristas, por lo general, no provienen de ámbitos económicamente desfavorecidos o empobrecidos. Más aún, si la pobreza o la ausencia de oportunidades de desarrollo económico impulsara a las personas a inmolarse a sí mismos y a personas inocentes, conduciendo grandes camiones contra multitudes aglomeradas, degollando a sacerdotes, ejecutando a religiosas o asesinar a la población judía con hachas, uno esperaría que hechos similares se produjeran en las regiones del Este de la China rural empobrecida, en grandes franjas del territorio de la India o en el centro urbano de Detroit, durante décadas. Sin embargo, no se producen.

 

¿Qué impulsa a los terroristas musulmanes?

Si el yihadista promedio no actúa por dinero, entonces, en palabras del economista de Harvard Robert Barro, “resulta demasiado inocente pensar que la mejora en el nivel de ingresos y en la educación lograrán, por sí mismos, que se reduzca el terrorismo internacional”. Esto no es una razón para no luchar contra la pobreza. En opinión de Barro, sin embargo, “el objetivo de reducir la pobreza sigue siendo laudable, pero sobre otras bases que las de combatir el terrorismo. Para encontrar una solución definitiva al problema del terrorismo tenemos que seguir mirando hacia otros motivos”.

          En algunas ocasiones, el Papa Francisco ha reconocido que elementos de la teología islámica tienden en sí mismas a legitimaciones de la violencia yihadista. En una entrevista, por ejemplo, afirmó que “es verdad que la idea de conquista es inherente al alma del Islam”.

          Sin embargo, acto seguido, Francisco matizó su afirmación haciendo una extraña analogía con el mandamiento cristiano de evangelizar –como si la difusión del Evangelio era de algún modo parangonable con la violencia yihadista. ¿Podría el Papa estar subestimando cuán distintamente las creencias islámicas contribuyen al terrorismo islamista?

          En una entrevista posterior al ataque del camión en Niza, el distinguido historiador francés de la filosofía y ganador del premio Ratzinger de teología del año 2012, Remi Brague, sostuvo que “no existe una verdadera línea divisoria entre el Islam y el islamismo. Es un tema de grados, no de tipos”. Estas palabras –dichas por quien sea tal vez la mayor autoridad mundial en pensamiento clásico comparado del judaísmo, el cristianismo y el islamismo– pueden sonar duras de oír para el progresista occidental tipo. Pero eso no las hace menos verdaderas.

          Otro intelectual católico, el jesuita egipcio y experto en el Islam, el P. Samir Khalil Samir h incluso, de modo muy educado, sugerido que puede haber un elemento de pensamiento buenista (wishful thinking) en la aproximación que hace Francisco del terrorismo islámista. Reflexionando sobre la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Padre Samir comentó:

          “En la Evangelii Gaudium –escribe– ‘el verdadero Islam y la propia interpretación del Corán se oponen a toda violencia’. Esta afirmación es bonita y expresa una actitud muy benevolente por parte del Papa hacia el Islam. Sin embargo, en mi humilde opinión, expresa más un deseo que una realidad. El hecho de que la mayoría de los musulmanes se oponen a la violencia puede ser verdad. Pero sostener que ‘el verdadero Islam está en contra de la violencia’, no parece ser verdad: hay violencia en el Corán.”

          A esto, el Padre Samir agrega: “aquellos que critican al Islam por razón de la violencia no están haciendo una generalización odiosa e injusta: como se manifiesta en los conflictos sangrientos que se están produciendo en el mundo musulmán en la actualidad. Aquí en el Este, entendemos muy bien que el terrorismo islamista tiene una motivación religiosa, con referencias, oraciones y fatwas de imanes que alientan la violencia”.

          Muy acertadamente, el Papa Francisco no quiere sugerir que Occidente, o el cristianismo en particular, desean una guerra inspirada por la religión con el Islam. Ello supondría ponerse en manos de los yihadistas. Más aún, como subraya Brague, “es necesario verdadera y claramente distinguir entre, por una parte, el Islam, con todas sus manifestaciones y niveles de intensidad, y, por la otra, a los musulmanes de carne y hueso”. El Papa también tiene que tener en cuenta la situación de los cristianos en los países de mayoría musulmana –aunque, como señaló recientemente George Weigel, la actual aproximación del Vaticano al Medio Oriente ha hecho poco por detener la persecución que sufren los cristianos de Medio Oriente por parte de los terroristas musulmanes.

       La gran mayoría de los musulmanes no son terroristas. Sin embargo, la mayor parte de los terroristas en la actualidad son musulmanes, para quienes las convicciones religiosas son una de las principales razones por las que saquean, torturan y matan a otros seres humanos –incluyendo otros musulmanes. Creer que la reducción de la desigualdad económica en las naciones islámicas o que el aumento de las ayudas sociales a los musulmanes pobres en Europa occidental reducirá de algún modo el terrorismo no solamente no se condice con la evidencia. También falla en tomarse al Islam seriamente como una religión.

         Y esto no es útil para nadie –especialmente para los musulmanes.

 

Nota: La traducción del artículo original No, Pope Francis, the Economy Doesn’t Cause Terrorism”, publicado por The Stream, el 3 de agosto de 2016 es de Mario Šilar del Instituto Acton para el Acton Institute.

 

[1] Las citas de la entrevista del Santo Padre se han tomado de la versión completa que ofrece el portal de Aciprensa: https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-rueda-de-prensa-del-papa-francisco-en-el-vuelo-de-cracovia-a-roma-51094/.

Samuel Gregg

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La Olvidada Historia del Milagro Económico Alemán – Samuel Gregg

Por Samuel Gregg

Fuente: The Stream

Dado el aparente entusiasmo actual de muchos estadounidenses por el socialismo, no es difícil concluir que vivimos en una época en la que millones conocen poco de historia, o bien no están inclinados a aprender de ella. Seguir leyendo La Olvidada Historia del Milagro Económico Alemán – Samuel Gregg

Samuel Gregg

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El Papa Francisco, el populismo, y la agonía de América Latina – Samuel Gregg

Por Samuel Gregg

Junio 2016

Mientras los regímenes populistas en América Latina hacen implosión, no queda claro que la Iglesia Católica en la era de Francisco tenga las herramientas para manejar lo que vendrá después. Seguir leyendo El Papa Francisco, el populismo, y la agonía de América Latina – Samuel Gregg

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Smith, Nacionalismo Económico y la Defensa del Libre Comercio – Samuel Gregg

Por Samuel Gregg

A medida que el nacionalismo económico goza de un resurgimiento en todo el mundo desarrollado, Adam Smith nos recuerda lo mucho que podemos perder y no solo económicamente.

El año 2016 marca no solamente el aniversario 240 de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, también marca el aniversario de uno de esos extraños libros que verdaderamente merecen el calificativo de «revolucionarios». Publicado el 9 de marzo de 1776, Una Investigación Sobre La Naturaleza y Las Causas De La Riqueza De Las Naciones, de Adam Smith, explicó algunos de los principales cambios económicos ya en marcha en Occidente, proporcionando también un aparato teórico de políticas que cambiarían radicalmente la forma en la que millones vivieron sus vidas.

Hoy, sin embargo, gran parte del mundo parece ser cada vez más escéptico acerca de los puntos de vista de Adam Smith, especialmente respecto a su defensa del libre comercio. Los síntomas de este escepticismo incluyen a las críticas abiertas de Bernie Sanders y Donald Trump a tratados de libre comercio como el TLCAN y el más reciente Trans-Pacific Partnership (que Hillary Clinton defendió como Secretaria de Estado pero al que ahora se opone). Esto hace eco de la retórica en contra de la globalización económica, la que reúne a la mayor parte de la izquierda europea y a la derecha radical. Las alternativas ofrecidas incluyen la administración completa de las economías como si fueran un negocio, varias versiones de democracia social, o el populismo descarado de fuerte retórica emotiva pero que produce distopías como Venezuela y Argentina.

Tales propuestas aparentemente tan dispares comparten el compromiso de lo que podría llamarse nacionalismo económico. Este se manifiesta tomando la forma de políticas que buscan elevar el control gubernamental de la actividad económica en nombre del interés nacional. Esto incluye limitaciones sustanciales a la circulación de bienes, de mano de obra y de capital, así como medidas para proteger a las empresas nacionales y sus empleados de la competencia extranjera.

La Riqueza De Las Naciones, de Adam Smith, bien puede ser la más poderosa crítica jamás escrita contra dichas políticas y sus fundamentos subyacentes. Los argumentos de Smith, sin embargo, van más allá de consideraciones de eficiencia. Merecen ser examinadas de nuevo para comprender lo que está en juego, económica y políticamente, si es que un número suficiente de países deciden que la integración económica ya no es deseable.

El poder de las malas ideas

Uno de los logros de escribir La Riqueza De Las Naciones fue el ilustrar la manera en la que ideas erróneas pueden limitar indebidamente el progreso de tareas humanas perfectamente legítimas. Entre la primera parte del siglo XVI y la parte media del siglo XVIII, la opinión predominante decía que el beneficio del comercio exterior para un país era centralmente el que permitiera a la nación la acumulación de oro y de plata. Cuantos más metales preciosos poseyera, la nación estaba en mejor posición.

Muchos creían que como consecuencia la prosperidad nacional dependía de tener muchas exportaciones y pocas importaciones. De esta manera, decía el argumento, los países podrían facilitar flujos fuertes de entrada de divisas extranjeras y el crecimiento sostenido de sus reservas de metales preciosos. Las naciones como consecuencia subsidiaban a las exportaciones, imponían fuertes restricciones de importación e implantaban regulaciones que buscaban forzar que el comercio entre naciones se realizara por la vía de ciertos puertos y ciudades. Smith llamó a tales acuerdos «sistema mercantil». En el fondo era una visión de la vida económica vista como un juego de suma-cero en el que la ganancia de una nación solamente podría ser lograda con la pérdida de otra.

Sin embargo, Smith demostró que el bienestar económico poco tenía que ver con la posesión de oro y de plata en una nación. Más bien, él afirmó, que fluía primariamente del desarrollo y de la extensión de la división del trabajo dentro y entre las naciones. La subsiguiente especialización en la producción facilitó economías de escala y creó incentivos para encontrar y desarrollar ventajas competitivas. El resultado fue una mejora de la eficiencia y crecimiento económico: cuanto más amplio y profundo sea el tamaño del mercado, mayor serán la división del trabajo y los aumentos posteriores en productividad del crecimiento.

Incluso hoy en día, el análisis de Smith sigue siendo el núcleo del argumento en favor del libre comercio. Pero también pone de relieve cómo el regreso contemporáneo a lo que podría ser llamado neo-mercantilismo pone en serio peligro a todo esto. Durante los últimos nueve años, los Estados Unidos han disminuido de manera constante en el ranking de las economías económicamente libres como consecuencia de importantes restricciones a los derechos de propiedad y a los negocios, la inversión y la libertad laboral y financiera. Estas restricciones hacen menos competitiva a la sociedad, socavan al espíritu empresarial y contribuyen a disminuir las tasas de crecimiento. Echarse para atrás en el libre comercio no solamente empeoraría esta situación. También elevaría el precio de una buena cantidad de productos y servicios hechos en el extranjero, poniendo por tanto a esos bienes más allá del alcance de los estadounidenses de menores ingresos. No es nada claro cómo es que tales sucesos puedan ser de interés nacional para los Estados Unidos.

Ineficiente e injusto

Por supuesto, el bien común de una nación no puede ser reducido al dinamismo económico o al crecimiento del PIB. El mismo Smith jamás hizo tales afirmaciones. Sin embargo, tampoco debemos olvidar otra cosa enfatizada por Smith: todas las formas de nacionalismo económico tienen como premisa la negación de la libertad de grandes segmentos de la población de un país.

Este era un elemento esencial de la crítica de Smith a los gremios. Dejando de lado a las formas en las que trataron de limitar a la innovación, los gremios a menudo presionaron con éxito para que las leyes permitieran la fijación de precios y prohibieran la práctica de un oficio a personas que no pertenecían a ellos. En una escala nacional, Smith enfatizó que el mercantilismo estaba basado en relaciones cercanas entre gobiernos y comerciantes privados. A las empresas se les concedieron monopolios legales de ciertas rutas de comercio y/o la compra y venta de productos específicos. A cambio de eso, ellas daban apoyo político y económico al gobierno. Desde esta posición, el mercantilismo prefigura lo que hoy llamaríamos capitalismo de amigos [cronyism] y produjo las versiones pre-industriales de Hillary Clinton y Donald Trump.

De forma más general, Smith vio a ese modo pensar y a sus expresiones institucionales como la encarnación de inhibiciones injustas de la libertad de las personas para innovar, comerciar, usar su propiedad y asociarse con otros. Sus Conferencias sobre Jurisprudencia y su Teoría De Los Sentimientos Morales muestran que él creyó que estas libertades deben estar rodeadas de un marco legal y de expectativas morales. Smith entendió que no hay tal cosa como un mercado sin reglas de cumplimiento obligado.

Dicho esto, Smith también demostró algo que no es entendido con frecuencia, incluso hoy mismo. Muchos negocios regularmente confunden a su propio interés económico con el bien público para justificar favores concretos del gobierno y protección gubernamental de competidores extranjeros y nacionales. Esto es especialmente cierto en el caso de las corporaciones grandes. A diferencia de muchas pequeñas y medianas empresas, las grandes corporaciones tienen los recursos y las conexiones para presionar a los legisladores y a los reguladores. Esta es una razón por la que debe cuestionarse fuertemente cada subsidio propuesto y cada regulación económica que busca restringir el libre comercio. Lejos de ser de interés público, sus beneficiarios a menudo resultan ser muchos menos de los que se da uno cuenta.

Guerra y paz… y comercio

La última dimensión de la defensa de Smith del libre comercio se refiere a la manera en la que tiende a facilitar las relaciones pacíficas entre las naciones. De acuerdo con Smith, la visión de suma cero de la economía mercantilista alentó el conflicto militar al usar la fuerza de los estados soberanos para adquirir y proteger colonias. Esto fue integral en la lucha global entre Francia y Gran Bretaña durante el siglo XVIII.

Smith sostuvo que por lo general el libre comercio redujo esta fuente de tensión entre las naciones. Un efecto del libre comercio dentro y fuera de las naciones es que nos anima a ver más allá de las fronteras locales regionales y nacionales e incluso de grandes diferencias políticas y religiosas. Nos damos cuenta de que todo el mundo tiene una propensión a, como escribió Smith, «llevar, hacer trueque e intercambiar», algo que «es común a todos los hombres y no se encuentra en ninguna otra raza de animales». Esto facilita nuestra interacción y nuestra conciencia de otras personas a las que de otro modo no encontraríamos. En este sentido, podría decirse que el libre comercio hace mucho más que las instituciones políticas internacionales como las Naciones Unidas para poner a aquellos que no pertenecen a las clases políticas del mundo en contacto unos con otros sobre una base continua.

El libre comercio no es una solución universal de todos nuestros problemas. En realidad, un alejamiento del proteccionismo con frecuencia tiene un impacto negativo en comunidades específicas. El conocimiento de Smith de estos efectos subyace en su recomendación de que las transiciones para salir del proteccionismo deben ser graduales más que abruptas. Tampoco el libre comercio va a disuadir a los yihadistas radicales de intentar destruir a Occidente, detener la persecución de cristianos en el medio oriente, ni inocular al mundo en contra de los conflictos armados. Como observó J. M. Keynes en su obra Consecuencias Económicas de la Paz, las economías del mundo estaban relativamente integradas en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Esto no fue suficiente para detener la marcha hacia la catástrofe en 1914.

Sin embargo, estas verdades no constituyen argumentos de peso en contra del libre comercio. Ellas ilustran simplemente que no debemos esperar que el libre comercio resuelva las dificultades cuyas causas van más allá de la economía. La Riqueza de las Naciones de Smith aclaró que, en el largo plazo, el libre comercio estaba en el interés nacional de un país. Hasta ese punto, el verdadero patriotismo —entendido como amor la patria sin desdén ni temor de otras naciones— debe inclinar los gobiernos hacia la ampliación de la libertad económica cruzando las fronteras nacionales. Ciertamente, los beneficios del libre comercio solamente serán evidentes a través del tiempo, están ampliamente dispersos y en muchos casos «no se ven». Estos factores hacen que el libre comercio sea difícil de «vender» en las circunstancias de una democracia moderna. Pero como Smith podría haber dicho, esta es la razón por la que necesitamos estadistas: personas que puedan explicar a la ciudadanía que el patriotismo y el nacionalismo no son lo mismo —incluso cuando se trata de la economía.

Nota

La traducción del articulo «Adam Smith, Economic Nationalism, and the Case for Free Trade»  publicado el 20 de julio de 2016 en Public Discourse, es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

Samuel Gregg es Research Director del Acton Institute. Su más reciente libro es For God and Profit: How Banking and Finance can serve the Common Good (Crossroad, 2016).

Samuel Gregg

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Catolicismo e instituciones globales – Samuel Gregg

Por Samuel Gregg

11 de julio de 2016

Fuente: Catholic World Report

Catholicism and Global Institutions: It’s Time for a Rethink

“Brexit” underscores that the Catholic Church’s present approach to international political organizations requires modification, if not a complete overhaul.

One of the less-noticed statistics to emerge from one of the most thorough post-Brexit surveys is that nearly sixty percent of self-identified British Christians voted for Brexit. The survey doesn’t distinguish between different Christian confessions. Nor does it ask if such people’s faith played any particular role in their decision or even their lives more generally. Seguir leyendo Catolicismo e instituciones globales – Samuel Gregg

Samuel Gregg

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Brexit y el Fracaso Europeo – Samuel Gregg

Julio 2016

Por Samuel Gregg

El continente que alguna vez gobernó el mundo parece estar a la deriva con su alma consumida por la burocracia y la corrección política. Seguir leyendo Brexit y el Fracaso Europeo – Samuel Gregg

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