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Desregular para emprender: 10 medidas que necesitan los emprendedores argentinos

Por Fundación Libertad y Progreso

7 de octubre de 2019

Fuente: Libertad y Progreso

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La realidad de los emprendedores argentinos es ardua. Con la inflación que no da tregua, los impuestos más altos del mundo, regulaciones kafkianas, y costos laborales desbordados, no llama la atención que en la Argentina sólo el 15% de la población económicamente activa tenga un emprendimiento y que la mayoría de las microempresas no pasen de los dos años de vida. Esta realidad empeora si hablamos de los emprendimientos de las personas con bajos ingresos, según un trabajo hecho por Libertad y Progreso en asociación con Atlas Network en la ciudad de Buenos Aires, Tigre y San Miguel. Por eso Libertad y Progreso, dentro de su trabajo, titulado “Desregular para emprender”, sugiere las 10 medidas que necesitan los emprendedores locales y que deberían anunciar los candidatos en campaña para realmente hacer la diferencia:

 

1)   Flexibilizar pagos de impuestos

2)   Bajar la exigencia de papeles, sellos y digitalizar los trámites

3)   Unificar los criterios para dar certificados y permisos

4)   Mejorar la comunicación de los agentes de recaudación al contribuyente

5)   Flexibilizar los requisitos para importar y exportar

6)   Simplificar la habilitación como importador

7)   Unificar las auditorías

8)   Incentivar la capacitación

9)   Generar bancos de emergencias

10)  Implementar un plan tipo “MiniJobs”

Flexibilizar pagos de impuestos: Entre tantos papeles, comprobantes, facturas que se emiten y certificaciones de los organismos públicos, el emprendedor argentino se encuentra totalmente abrumado . Algunos controles directamente deberían eliminarse como en el caso del COT (Código de Operaciones de Traslado) e IIBB (Ingresos Brutos). Por ejemplo, si un camión con mercadería no puede salir por algún motivo, se debería dar un tiempo de gracia a que el emprendedor pueda comerciar igual y que presente la factura o el papel adeudado en un margen de días. Por otro lado, suena correcto que se tengan que hacer controles iniciales de sanidad, pero una vez certificado, no debería ser necesario requerir de tantas aprobaciones para comerciar. El hecho es que si por algún percance no se puede obtener un certificado se traba la comercialización.  Más importante aún es ordenar los tiempos en que se pagan algunos impuestos, sobre todo IIBB. El problema radica en que se genera un problema de liquidez. Cuando un emprendedor vende debe pagar IIBB, el problema es que el ingreso del dinero por la venta suele concretarse usualmente tres meses después, por ejemplo cuando se cobra un cheque a 90 días. Esta diferencia asfixia al emprendedor. Además, en un contexto donde IIBB es uno de los impuestos más difíciles de liquidar. Este impuesto necesariamente debe reducirse (sino eliminarse).

Bajar la exigencia de papeles, sellos y digitalizar los trámites: Muchos papeles deben presentarse más de una vez. Transportar papeles es una pérdida de tiempo. Sería un gran avance que una vez que se avanzó con un procedimiento quede sentado en el siguiente que se tienen los papeles en orden. Para esto, es importante trabajar en la comunicación interna entre los distintos organismos. En otras palabras, que cuando el emprendedor se encuentre atravesando el nivel 5 de trámites, un sistema interno ya sepa que esos papeles fueron presentados correctamente en los procedimientos anteriores. Por otro lado, también hay quejas acerca de tener que estar transportando estatutos de sociedades para realizar trámites. Para evitar esto, sería conveniente que se pueda emitir un papel o una credencial que certifique que los estatutos están en orden. Desde luego que el óptimo sería digitalizar lo máximo posible los trámites

Unificar los criterios para dar certificados y permisos: En caso de que se necesiten certificados aprobados por organismos estatales para poder comerciar, es importante buscar la manera de unificar este requisito. Es deficiente tener que presentar cuatro veces el mismo certificado para realizar una operación. Yendo a un caso puntual de la industria frigorífica, para usar de ejemplo, si se tiene que enviar prácticamente la misma factura a AFIP, AGIP o ARBA, SENASA y nuevamente AFIP, es ineficiente. Las agencias mencionadas son estatales y debería buscarse la forma para que una de las diversas agencias emita el certificado para que las PyME puedan comerciar en lugar de depender de cuatro aprobaciones distintas.

Mejorar la comunicación de los agentes de recaudación al contribuyente: Es cierto que la sugerencia ideal es una reducción de la presión tributaria. Pero además, es necesario que se mejore la información y comunicación en lo que al pago de impuestos respecta. No es una buena señal que si se incrementa una alícuota, varios emprendedores se enteren tres años después con multas e intereses acumulados. En cuanto ocurre un cambio así, la comunicación hacia el emprendedor debe ser impecable.

Flexibilizar los requisitos para importar y exportar: Prohibir importar o exportar por deber impuestos atenta contra la libertad de comercio. En un país donde se cobran tantos impuestos y además persisten desequilibrios macroeconómicos, las exigencias del pago de impuestos debería ser más soft. Mínimamente permitir un margen de deuda.  De lo contrario se agrava la necesidad de tomar créditos, a veces a tasas altas, para poder pagar los impuestos para poder importar.

Simplificar la habilitación como importador: Así como es importante unificar certificados para comerciar, también sería bueno que se unifiquen los organismos que piden habilitaciones para importar. Nuevamente se evidencia un exceso en la burocracia que un frigorífico necesite habilitaciones de Aduana, la SUCCA y el SENASA.

Unificar las auditorías: No está mal que se realicen auditorías, pero debería lograrse por lo menos que los requisitos de los auditores se asemejen. En nuestro caso analizado, señalábamos que, por un lado, el SENASA pedía una temperatura ideal para el frigorífico mientras que Buenos Aires pedía otra. Todos estos detalles continúan sumando a la cantidad de información que lidia un emprendedor en su cabeza y que le quita capital humano para crear riqueza. El óptimo sería apuntar a que un solo organismo se ocupe de esto.

Incentivar la capacitación: Es clave fomentar la capacitación para que los emprendedores mejoren sus negocios. Cursos de capacitación no suelen faltar, pero hay poca comunicación de su existencia. O en ocasiones más complicadas, en los barrios más vulnerables, falta de tiempo por tener que atender tareas domésticas. En este último caso sería interesante trabajar a demanda para poder ayudarlos. También se debe capacitar no sólo en temas legales y financieros, sino también en el uso de la tecnología y redes para potenciar ventas.

Generar bancos de emergencias: Una alternativa podría consistir en que el Municipio o una ONG pueda otorgar algún tipo de crédito sólo para cuestiones en donde un problema de salud imposibilita trabajar. Desde luego, esto debería tener un límite de meses y un control efectivo para que no se empiecen a generar casos falsos de enfermedades. Por eso es importante que el préstamo sea con una tasa de interés (baja).

Implementar un plan tipo “MiniJobs”: En 2003, Alemania implementó lo que se denominó los “MiniJobs”,  contratos de baja remuneración, pero con un máximo de 15 horas de trabajo a la semana. El salario por ese trabajo era de €400 (el 62.5% del salario mínimo). Pero si asumimos una jornada laboral de 9 horas, se trabaja el 33.3% de una jornada completa para obtener ese sueldo. Principalmente adhirieron repartidores, limpiadoras de hogar, cuidadores de niños o ancianos, camareros. Es decir, trabajos que no requieren mayor calificación. El objetivo que tiene esta medida es que funcione como una especie de empleo puente hasta que el trabajador puede conseguir un trabajo mejor. O que funcione como un ingreso adicional a otro trabajo. Por lo pronto, sería bueno fomentar una cultura del trabajo para poder ir reduciendo la cantidad de personas que dependen de planes. Es decir, esta medida debería ser pensada también como empleo puente (que funcione) y de carácter temporal (a priori). En septiembre, un salario mínimo en Argentina era de $15.600, que comparado con lo que se puede recibir por un plan social, es muy difícil que el sector privado sea competitivo.

Para poder aplicar una idea similar en Argentina deberían cumplirse por lo menos los siguientes requisitos: 1) Finalizar con los desequilibrios macro con reformas estructurales; la propuesta sería buscar que el salario de los “MiniJobs” se ubique en torno al 65% del Salario Mínimo Vital y Móvilpor trabajar tres horas; 2) A diferencia del caso alemán, que el empleador sólo pague un impuesto simbólico (2-3%), ya que la presión tributaria en el sector privado es enorme; 3) Si alguien que posee un plan social accede a un “MiniJobs”, comience a cobrar una menor proporción del plan social. 4) Que las personas puedan tener más de un “MiniJobs”. Si se suma un segundo “MiniJobs”, volvería a reducirse la proporción que cobra de un plan social. Si cobra un tercer “MiniJobs”, esa persona ya se encuentra prácticamente empleada porque trabajaría 9 horas y ya dejaría de recibir en su totalidad el plan social.; Incentivar la capacitación de los trabajadores para que queden empleados permanentemente.

Es importante pensar en las posibles soluciones y también en los posibles riesgos que podrían traer las mismas. Estar muy atento a “lo que se ve y lo que no se ve” para evitar cometer errores. Entre los potenciales riesgos que podría traer una medida de este tipo se pueden destacar las siguientes: 1) Que se pague el salario del “MiniJobs” y que la persona trabaje más horas en negro; 2) Que se vicie la situación para mostrarlo como una “baja en el desempleo”.

Además de estas diez propuestas concretas, también se debería apuntar a continuar reduciendo aún más el número de procedimientos hasta llegar a un mínimo posible. En este sentido, el cambio de mentalidad que necesita Argentina es grande. Si realmente queremos que los proyectos de los emprendedores crezcan, se debe bajar la burocracia, los impuestos y ordenar la economía. En este marco, la tarea de reducir los desequilibrios macroeconómicos escapa de las manos de los emprendedores. El Sector Público debe también cumplir con su parte reduciendo el gasto público (que se encuentra en niveles récords en torno al 44.5% del PBI), reducir el déficit fiscal (mediante la baja del gasto y no por la suba de impuestos), reducir la inflación y mejorar la calidad institucional, entre otras cosas. En pocas palabras, volver a Argentina competitiva nuevamente. Sólo volviendo a Argentina competitiva se podrá crear riqueza, trabajo y mejorar los salarios. Casualmente, con la mejora de estos últimos es lo que debe incentivar a las personas que reciben planes sociales a trabajar en el sector privado formal en lugar de recibir un plan social. El mejor plan social es crear empleo.

Los emprendedores informales en situación de vulnerabilidad emprenden en su mayoría por necesidad. No eligen ser empresarios, sino que “les toca” ser emprendedores. Si a esto se le suma un contexto de bajo nivel educativo, las probabilidades de éxito se reducen en un contexto plagado de regulaciones que debilitan la calidad institucional y con una economía con desequilibrios constantes. Sin embargo, la solución se encuentra en su capital humano. Todas las personas son inteligentes, la pregunta es ¿inteligentes en qué? Probablemente en donde despierten su vocación. Sin embargo, es muy difícil explotar las vocaciones en un país que posee los desequilibrios mencionados.

Si verdaderamente se comienza a Desregular Para Emprender y se logra que empezar un negocio sea sencillo, entonces el panorama es otro.

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Lo dejó todo para ser empresario, rico y famoso – Gabriel Zanotti

Por Gabriel J. Zanotti

Instituto Acton Argentina

1 de octubre de 2019

Fuente: Empresa

“Era ejecutivo de una petrolera y rico, pero se ha desprendido de todo y ahora es monje en…” Así como este caso, muchos portales católicos están llenos de casos parecidos. Laicos que habiendo alcanzado muchos logros en sus respectivos oficios, lo dejan todo para seguir la vida religiosa. Y está muy bien. Es muy valioso. ¿Quién lo niega?

Pero nadie habla de los laicos que habiendo logrado grandes cosas en su profesión, lo dejan todo para seguir en su profesión y con sus grandes logros. ¿Lo dejan todo? Sí, porque esa es la santificación laical. Eso es el llamado universal a la santidad, que parece seguir siendo ignorado ante estos grandes títulos. Sí, porque seguramente debe haber muchos ejecutivos de grandes empresas que deciden ser santos en esa misma situación, pero nadie se entera, o a nadie le importa, o nadie cree que sea posible. Sí, porque también la santidad en el mundo consiste en abandonar el hombre viejo para vivir, en su oficio, el hombre nuevo del evangelio.

¿Quién dijo que la vida religiosa NO puede tener fama, poder y dinero? Fama y poder han tenido grandes papas, ya presbíteros o religiosos, y dinero, ni les cuento. ¿Y? Se supone que frente a todo eso, el desafío de la santidad es como una lluvia ante la cual abrimos el paraguas y seguimos nuestro camino. Después del pecado original, el éxito, la fama, el poder o el dinero son como lluvias deliciosas ante las cuales cerramos el paraguas y nos dejamos empapar, deteniendo nuestro camino y embriagándonos de soberbia.

La santidad consiste, en cambio, en seguir la propia vocación, haciendo el bien, con fama o sin ella, con dinero o sin él, con éxito o sin éxito: la santidad es llevar a la plenitud el llamado que Dios nos hizo para amarlo sin medida a Él y al prójimo, sin o con cuestiones totalmente accidentales al seguimiento del propio camino. Por ende, a los ejecutivos de petroleras que sean santos, y sean conocidos por ser ejecutivos de petroleras pero no por ser santos, yo les dedico estas simples palabras, diciéndoles que en los periódicos de Dios salen sus noticias, y en el cielo hay grandes alegrías y festejos.

 

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Robert A. Sirico: un sacerdote emprendedor – Mario Šilar

Defender mercados libres y sociedades empoderadas no suele gozar de buena prensa, pero el sacerdote estadounidense no cesa en su empeño

 Por Mario Šilar (Instituto Acton)

30 de agosto de 2019

 

El pasado 3 de agosto, The Wall Street Journal publicó en su edición impresa una entrevista que el periodista William McGurn –columnista y miembro del consejo editorial del periódico –hizo al sacerdote Robert Sirico. Se puede acceder a la entrevista original en inglés aquí.

Robert Sirico no solo es párroco en la Iglesia “Sagrado Corazón de Jesús”, en Grand Rapids (Michigan) sino que tiene a su cargo la escuela parroquial; por lo que “tiene muchas cosas que hacer para mantener los bancos de su parroquia llenos y su escuela a flote”.

Pero la defensa de la libertad económica para Sirico no es un tema de mera ideología o de esgrimir una visión buenista y superflua pensando que los mercados de por sí resolverían todos los problemas de la sociedad. Nada más lejos de la verdad. “Se trata de preguntarse: ¿para qué sirve la libertad? Y para entender esta pregunta, uno tiene que comprender para qué está hecho el hombre.” Y en este sentido, ubicándose tras la estela de Lord Acton “el gigante intelectual católico británico cuyas grandes causas fueron la libertad y la religión”, Sirico y el Acton Institute exploran la compleja y delicada relación entre libertad política, libertad económica y libertad religiosa. Una relación, aunque fundamental, todavía no del todo comprendida en amplios sectores de la cultura cristiana.

En una parte de la nota se puede leer:

“Como observó Adam Smith, ‘no es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses’. No es exactamente ‘amor por el prójimo’, pero tiene el efecto de ayudar a los demás. Asimismo, ‘la gente necesita trabajos’, señala Sirico: ‘Los trabajos provienen del mundo de los negocios y los negocios necesitan libertad económica y oportunidades para puedan ser creados’.

Esta apreciación por la contribución que hacen los mercados es más que teórica. Como pastor del ‘Sagrado Corazón de Jesús’, puede ver de cerca lo que significa la libertad económica para sus feligreses, que son principalmente de clase trabajadora. “Me mantiene con los pies en la tierra”, afirma Sirico sobre su tarea pastoral. En la actualidad su congregación es mucho más diversa que la de los inmigrantes polacos que trabajaron en las canteras de yeso y fundaron la parroquia hace un siglo. Sirico reconoce que solo unos pocos serán algún día emprendedores. Pero cuando las empresas prosperan y los feligreses pueden obtener buenos trabajos, sus sueños se hacen realidad, ya sea adquirir una vivienda o enviar a sus hijos a la universidad.

Sirico afirma que, cuando fue nombrado párroco en el año 2013, la escuela de la parroquia se moría. Apelando a su propio espíritu emprendedor, refundó la escuela, y la convirtió en una Academia católica clásica. En el 2019, las inscripciones se han más que cuadruplicado desde que se hizo cargo del centro, creciendo más rápidamente que otras escuelas de la diócesis en los últimos años. Sirico agrega que alguna reforma pro-mercado (en el ámbito educativo) como la posibilidad de que los padres pudieran elegir el centro escolar de su preferencia, supondría un gran cambio –para bien– para las familias trabajadoras de su comunidad.”

Pero tal vez, una de las novedades más importantes de los últimos años reside en que la hostilidad hacia los mercados y la consiguiente visión negativa que suele haber sobre ellos, ahora no proviene simplemente de las alas progresistas o de izquierda, sino que también proviene de amplios sectores conservadores o de la derecha. En este sentido, hay varios debates interesantes entre Samuel Gregg –el director de investigación del Acton Institute– y el propio padre Sirico con Rusty R. Reno, director de la prestigiosa revista norteamericana First Things, otrora defensora sin complejos de la libertad económica, con voces tan prominentes como las de Michael Novak o Richard J. Neuhaus, que ha hecho un giro radical hacia posiciones cuasi-neokeynesianas en la relación entre gobierno y mercado.

El artículo menciona algunas de las críticas conservadoras al capitalismo y, en especial, al comercio internacional. Se trata de la tan extendida –y errónea– idea de que el libre comercio destruye las industrias autóctonas-locales. Otras críticas son una actualización de las manidas críticas del sociólogo liberal Daniel Bell (1919-2011), quien intentaba poner de manifiesto unas supuestas contradicciones intrínsecas del capitalismo, en la medida en que la supuesta búsqueda de prosperidad estimula los deseos desordenados y superfluos, desterrando así de la sociedad libre el abanico de virtudes necesario para que el propio capitalismo se sostenga. Lamentablemente, esta crítica –injusta y sesgada– está muy extendida en los claustros universitarios de instituciones cristianas, en los seminarios, llegando a ser casi una asunción popular entre amplios sectores de la sociedad, especialmente en países como la Argentina, de antigua influencia de la cultura cristiana en la sociedad.

Hay otra crítica relevante que hace referencia al «capitalismo despierto» o woke capitalism[1], término de reciente incorporación en el slang anglosajón. Se trataría de la anomalía generada por grandes empresas –especialmente las grandes tecnológicas– que utilizan su poder de mercado para sofocar las visiones más tradicionales y clásicas que tienen algunos o muchos miembros en la sociedad. Algunos ejemplos incluyen la expulsión del ejecutivo de Mozila Brendan Eich por haber manifestado una opinión contraria a los matrimonios del mismo sexo, las amenazas de Disney y Netflix de boicotear al estado de Georgia por su contundente ley antiaborto, y Nike complaciendo a Colin Kaepernick al discontinuar el modelo de zapatilla que tenía la bandera norteamericana.

“Sirico responde a cada una de estas críticas. Sobre la idea de que el comercio internacional destruye las ciudades manufactureras prósperas, el sacerdote criado en Brooklyn señala a su comunidad adoptiva como contraejemplo. Durante la mayor parte del siglo XX, su actual ciudad de residencia, Grand Rapids (Michigan) fue la capital del mobiliario del mundo. Luego vino la competencia, primero de los carpinteros de Carolina del Norte, luego de China. «Los mercados, obviamente, pueden tener efectos disruptivos» –señala Sirico. «Pero esa disrupción puede ser positiva o negativa. También puede ser disruptiva, en un sentido positivo, cuando las personas son exitosas en proveer de mejores niveles de vida para un grupo más amplio de personas».

Grand Rapids y el área circundante siguen siendo la sede central para muchos fabricantes de muebles de acero, su economía se ha diversificado, y la revista Forbes clasifica a la ciudad como una de las diez áreas metropolitanas de crecimiento más veloz en el centro de los Estados Unidos. El centro de la ciudad está colmado de grúas, no hay un solo local de comercio que esté cerrado, y su industria abarca desde el rubro de la cerveza artesanal hasta el gigante internacional del marketing multinivel, Amway.

Respecto del argumento de que los extranjeros «roban» los trabajos de los norteamericanos, el padre Sirico apunta al otro lado de la ecuación. «Es bueno para los campesinos que están viviendo con salarios de subsistencia, para que puedan ganar más y para permitirles que puedan tener más opciones en sus vidas», afirma. «Los sacerdotes en estas provincias de China miran a su gente que prospera gracias al comercio y dicen “Gracias a Dios por esto”». Para el P. Sirico, la queja de que personas desesperadas están «robando» empleos a los norteamericanos es algo extraño de oír proviniendo de personas cristianas.”

¿Y qué hay respecto de la crítica de que la riqueza es moralmente corrosiva? «Durante gran parte de la historia de la humanidad, la gente luchaba solo por sobrevivir», señala Sirico. «Ahora la pregunta moral es qué hacer en un contexto de abundancia. Supongo que una respuesta sería eliminar la abundancia». Sirico piensa que los críticos del mercado cometen un error fundamental al concebir el capitalismo en términos puramente materialistas. Para empezar, la caricatura del individuo como un automaximizador preocupado solo por el beneficio económico: «Parece que en el momento en que eres próspero, estás vendido». Sirico reconoce que los mercados tienen que ser algo más que un mero instrumento para ganar dinero y ampliar las opciones. Los mercados necesitan un «telos», un sentido de un propósito más elevado –respecto de la manera en que los seres humanos deberían usar su libertad. Eso depende de la toma de conciencia de que no todas las elecciones son moralmente iguales.

Sirico señala, además, otro punto importante, la frecuente timidez o falta de claridad de los empresarios respecto del irremplazable aporte al bien común que surge de su propia actividad. De algún modo, los empresarios carecen de una adecuada “voz moral” que les permita comprender desde una racionalidad práctica robusta, el sentido de lo que hacen, y que les permita distinguir entre intenciones y acciones. Sirico señala, además, algo un tanto políticamente incorrecto, ya que son a menudo, los clérigos quienes “no comprenden el bien que el comercio hace a la sociedad –luego, después de denunciar el mundo de los negocios como un ámbito de codicia y rapaz, extienden sus manos para recibir donaciones cuando tienen entre manos un proyecto que necesita fondos”.

Finalmente, Sirico reconoce el problema de las grandes plataformas de redes sociales, que prohíben o suprimen por otros medios las voces de corte más tradicional o conservador en la sociedad. Los críticos ven esto como un fallo de mercado. Comúnmente, si no te gusta cómo te trata una empresa, simplemente puede llevar tus negocios o tu compra a otra parte. ¿Pero cuál es la alternativa realista a Facebook o Amazon? ¿No estamos acaso como cooptados por la “necesidad” que nos generan estas grandes empresas?

“Sirico no está listo para renunciar a las soluciones de mercado. Señala, en este sentido, la historia de compañías e industrias que parecían monolíticas e invencibles –las tres grandes cadenas dominantes de televisión norteamericanas (ABC, CBS y NBC), IBM, los monopolios locales del taxi– casi colapsando frente a competidores advenedizos, que surgían aparentemente de la nada. «Las innovaciones de mercado, antes de producirse, parecen siempre impracticables», apunta, «y una vez que se producen es como si dijéramos: “Oh, yo también podría haberlo hecho”».

Por encima de todo, a Sirico le preocupa el hecho de que el gobierno sería un peor instrumento que las grandes empresas en la promoción de los valores tradicionales. Sirico cita un debate que tuvo lugar en el King’s College, en la ciudad de Nueva York. Su oponente, R. R. Reno, editor de la revista First Things, esbozaba las maneras en que haría uso del Estado para promover los valores que él y el padre Sirico comparten. El P. Sirico le dijo al señor Reno que su gran error consistía en asumir que, si el gobierno alguna vez llegara a organizar un panel para definir el bien común, contaría con Reno.

«Reno piensa que el panel sería dirigido por gente como nosotros», destaca Sirico. «Pienso que será dirigido por Nancy Pelosi».

Su respuesta más amplia sobre el desafío que supone el «capitalismo despierto» recuerda a san Juan Pablo II. En su famosa encíclica de 1991 pro-libre mercado, Centesimus Annus, Juan Pablo habló de tres áreas del esfuerzo humano –política, económica y cultural–, y dijo que, si queremos tener una economía moral, va a ser templada menos por el gobierno que por una cultura moral saludable. En otras palabras, si bien las leyes son necesarias, las sociedades no pueden ser reguladas en función de resultados sociales preferidos. Esto depende más de una cultura saludable.

Muchas grandes empresas, reconoce Sirico, ahora promueven valores antitéticos con el cristianismo. Sin embargo, ¿por qué pretendemos que el mundo de los negocios no vaya a reflejar los valores dominantes en la sociedad? Este es el desafío que los conservadores, especialmente los conservadores religiosos, tienen que afrontar. «Es una tarea difícil, pero somos constructores de cultura, y una de las herramientas en la caja de herramientas es el capitalismo –para formar a nuestra gente para competir con excelencia en el mercado, para que ejecuten sus tareas, para que tengan confianza en lo que están haciendo».

Lord Acton es muy conocido por su famoso aforismo: «El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente». Sirico dice que su línea predilecta de Lord Acton es aquella en la que describe la libertad como «el delicado fruto de una civilización madura». Necesita constante cultivo, y eso requiere de una cultura robusta con instituciones libres, incluidas las instituciones religiosas, que entienden al hombre en todas sus dimensiones humanas.

«La respuesta no es retirarse a las montañas», señala finalmente Sirico. «La respuesta es simultáneamente liberalidad en nuestra economía y vigor en nuestras convicciones morales».”

 

 

 

 

[1] Woke capitalism. En el contexto político norteamericano, hace unos años ha ido cobrando protagonismo la expresión «to be woke» / «get woke!» para hacer referencia a que uno «está involucrado», que está «despierto», que está al tanto de «las necesidades de la época, de lo que indica la moral del momento», preocupado por los temas sociales igualitarios y en contra de discriminaciones de todo tipo. Es un término acuñado en el contexto progresista, pero que también ha sido adoptado por los conservadores. Esta nota de David Brooks es ilustrativa: https://www.nytimes.com/2018/06/07/ opinion/wokeness-racism-progressivism-social-justice.html).

¿Estado emprendedor? – Mario Šilar

7 de agosto de 2016

Por Mario Šilar

 ¿Estado emprendedor?

OTRA IDEA QUE SUENA BIEN PERO QUE ESTÁ CONDENADA AL FRACASO

          No todo siempre es negativo en el debate de las ideas. Un ámbito en el cual se puede observar un progreso conceptual y cultural positivo se ha producido en torno a la figura del emprendedor en la sociedad contemporánea. Si bien resulta difícil transformar los paradigmas culturales no se debe perder de vista la conciencia histórica. Conviene recordar que a principios del siglo XX, la figura del empresario capitalista era una especie de enemigo común de la sociedad. Seguir leyendo ¿Estado emprendedor? – Mario Šilar

Mario Šilar

Senior Researcher del Instituto Acton Argentina Es Bachiller, Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Hizo estudios de Posgrado en Organización y Gestión Educativa, en la Universidad Austral. Tiene un Máster en Derecho de la Integración Económica, por la Université Paris I Panthéon-Sorbonne y un Máster en Formación del Profesorado por la UNED (España). Es Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Bruce Wayn, héroe capitalista – Daniel Menjivar

Por Daniel Menjivar

El verdadero héroe de la película Batman contra Superman, recientemente estrenada, Bruce Wayne, es un personaje a menudo eclipsado. Bruce Wayne, el otro yo de Batman es el Director General de Wayne Enterprises y el héroe que también necesitan la ciudad de Gotham, y en el caso de esta película, la ciudad de Metrópolis. Bruce Wayne es, en realidad, un superhéroe capitalista. Seguir leyendo Bruce Wayn, héroe capitalista – Daniel Menjivar

Viktor Frankl y nuestra misión como empresarios – Joaquín Azpitarte

Por Joaquín Azpitarte

3 de diciembre de 2015

Es sorprendente ver como habitualmente, y sin entrar en la profundidad de lo patológico, el hombre moderno no se ha realizado las preguntas oportunas que doten de sentido su vida y que, por lo tanto, lo encaminen hacia lograr algo parecido a lo que podríamos llamar felicidad. Seguir leyendo Viktor Frankl y nuestra misión como empresarios – Joaquín Azpitarte

Cristianismo, Libertad Económica y Empresarialidad

Por Mario Šilar

Para El Cronista / Instituto Acton

Una versión previa de este artículo se publicó en
http://www.cronista.com/columnistas/La-Iglesia-y-la-libertad-economica-20150312-0020.html

           Sin duda, la Iglesia es una institución de características muy singulares. No resulta extraño que quien pretende comprender esta institución desde una lógica meramente humana suele quedar envuelto en la perplejidad. La Iglesia es una Institución de “perplejidades”. En ella, por ejemplo, la virtud de la obediencia no implica subestimar el valor de la libertad; el espíritu de servicio no está reñido con el deber de “ser perfectos” como lo es Dios Padre; la vida de retiro y soledad no reniega un ápice del carácter social y comunitario de la persona humana; la Misericordia y la Justicia se integran armónicamente; y se podría seguir. Seguir leyendo Cristianismo, Libertad Económica y Empresarialidad

Mario Šilar

Senior Researcher del Instituto Acton Argentina Es Bachiller, Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Hizo estudios de Posgrado en Organización y Gestión Educativa, en la Universidad Austral. Tiene un Máster en Derecho de la Integración Económica, por la Université Paris I Panthéon-Sorbonne y un Máster en Formación del Profesorado por la UNED (España). Es Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía por la Universidad de Navarra.

“Hacia una Ética de la Producción y la Vocación Empresarial”

El Dr. Gabriel Zanotti, Director Académico del Instituto Acton dictó 9 de Octubre, una conferencia titulada “Hacia una Ética de la Producción y la Vocación Empresarial” en la Universidad de los Andes en Chile. La misma será a las 12:30 hs (de Santiago de Chile, -4:00 GMT).

Seguir leyendo “Hacia una Ética de la Producción y la Vocación Empresarial”

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises