Archivo de la categoría: Libertad Religiosa

CÁTEDRA ACTON 2019

¡Vuelve la Cátedra Acton!

 “Las olvidadas libertades individuales ante el lobby LGBT”,
con el prof. Gabriel Zanotti

INSCRIBITE AQUÍ

¿De qué tratará la Cátedra Acton 2019?
La Cátedra Acton de este año se concentrará en las libertades individuales. Habitualmente damos por hecho que comprendemos valores tales como “libertad de expresión”, “libertad religiosa”, “libertad de asociación”, pero en realidad NO. Nos enfrentamos ahora con problemas tales como que no podemos expresarnos según el español habitual, o que es un delito NO usar el llamado “inclusivo”. O suponemos que tenemos libertad religiosa hasta que de repente nos damos cuenta de que en las instituciones privadas religiosas NO se puede enseñar o practicar la medicina según nuestros propios valores. O que estamos obligados a contratar a alguien que contradice nuestros valores morales más profundos so pena de “discriminación”. ¿Por qué pasa eso? Porque hemos olvidado lo que verdaderamente son las libertades individuales y ahora, con estas sorpresas, las re-descubrimos, pero es muy tarde. Hay que tomar conciencia de lo que es la libertad individual para todos, para creyentes y no creyentes, como base de un pacto político elemental de convivencia de las sociedades libres.

Las clases se dictarán UN MARTES POR MES
18:30 – Universidad Autral (Cerrito 1250, CABA)

Arancel por clase: $200
(Becas disponibles, solicitar en [email protected])

PROGRAMA

CLASE 1 – Martes 26 de marzo
¿Pueden los derechos convertirse en privilegios?
¿Quién es el sujeto de derechos ante el Estado? ¿Cada ser humano o los afro, los blancos, los indígenas, los homo, los hetero o los trans?}

CLASE 2 – Martes 30 de abril
La libertad religiosa no es un tema religioso
¿Por qué la libertad religiosa NO es un tema religioso, sino civil? ¿Quiénes son los intolerantes, los creyentes o los lobbies gays?

CLASE 3 – Martes 28 de mayo
Libertad de expresión: hacia una nueva inquisición
¿Qué es el derecho a la libertad de expresión? ¿Qué son los delitos de odio? ¿Se debe hablar con géneros neutros? ¿Quién tiene derecho a sentirse ofendido?

CLASE 4 – Martes 25 de junio
Libertad de enseñanza: enseñemos qué es
¿En qué consiste la libertad de enseñanza? ¿Debe ser obligatoria una ley de educación sexual integral?

CLASE 5 – Martes 27 de agosto
La cultura de la vida frente a la “normalización” del aborto
¿Debe el aborto ser obligatorio para las instituciones privadas? ¿Es válida la objeción de conciencia?

CLASE 6 – Martes 24 de septiembre
La discriminación y la libertad individual
¿Es inmoral la discriminación? ¿Es delito que un no creyente NO enseñe catequesis?

CLASE 7 – Martes 29 de octubre
¿Derecho a la intimidad o derecho a hacer lo que se quiera?
¿En qué consiste la libertad individual? ¿En el derecho a la intimidad o en el derecho a hacer lo que quiera?

CLASE 8 – Martes 26 de noviembre
Vino viejo en odres viejos: nuevas formas de marxismo cultural
¿Por qué el Lobby LGBT es marxista? ¿Por qué está quebrando el pacto político originario?

Si querés ayudarnos con la difusión podés compartir este flyer:

Hermenéutica y la unión entre el estado y la ciencia – Gabriel Zanotti

10 de febrero de 2019

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Filosofía para mi   

 

Punto 6 del cap. 5 de “La hermenéutica como el humano conocimiento” de próxima aparición

Este es uno de los frutos más importantes del positivismo y uno de los menos cuestionados. Es el triunfo de Comte.

Feyerabend es el único autor que lo ha denunciado como corresponde. La Ilustración implicó la separación entre Iglesia y estado. Pero unió, sin embargo, el estado a la ciencia. Los estados weberianamente organizados, con racionalidad instrumental, dividieron la educación y la salud entre legal e ilegal. La educación y la salud fueron organizadas desde entonces “científicamente” y convertidas en públicas y obligatorias, y las instituciones privadas de salud y educación tuvieron que estar adscriptas a la legislación estatal. Es necesaria, según Feyerabend, una nueva Ilustración que separe al estado de la ciencia, de tal modo que las personas tomen sus propias decisiones en esas materias y corran sus respectivos riesgos, como ahora lo hacen con la religión[1].

El “grito” de Feyerabend no se escuchó porque, en nuestra opinión (nuestra hipótesis) la separación entre Iglesia y estado del estado-nación iluminista (emergente de la Revolución Francesa) fue, como lo dice el término separación, una disociación hostil entre lo religioso y lo estatal. Esto es, lo religioso fue “separado” de lo estatal precisamente porque, para la Ilustración, lo religioso no importa y-o es perjudicial. O sea, se mantuvo esta ecuación casi constante en casi todas las culturas: importante = coactivo. En la Edad Media lo religioso era importante, tan importante que la unidad religiosa formaba parte de la unidad civil. Ahora lo importante es lo científico y por eso forma parte de lo obligatorio, que debe ser custodiado por los estados-nación iluministas. Por eso, cuando Feyerabend habla de la separación entre estado y ciencia, la reacción es por qué separar a lo importante del estado…………… Y si se da el ejemplo de lo religioso, la respuesta es que lo religioso ya no es importante, es subjetivo, personal, y por ende haz con ello lo que quieras.

Para responder a ello, Feyerabend tuvo que ir más a fondo. Reconoció que a veces había mezclado dos explicaciones. Una cosa es decir que la ciencia es relativa, “y por ende haz lo que quieras”; una cosa es decir que tanto lo científico como lo religioso son relativos, “y por ende haz lo que quieras”, y otra cosa es decir que lo real es tan profundo que implica enfoques diversos, entre ellos el científico[2], y que todos ellos compiten libremente en una sociedad libre en cuanto a sus reclamos de verdad. Ello implica, como hemos visto, una filosofía donde tanto lo real como el conocimiento humano son análogos.

Pero entonces hay que ir más a fondo. La cuestión no es una libertad de cultos donde lo religioso es libre porque NO importa, sino una libertad religiosa que consiste en que el ser humano debe estar libre de coacción sobre su conciencia en materia religiosa. Lo cual implica una premisa anterior: la verdad no se impone por la fuerza. Por ende, hay que superar la ecuación “importante = coactivo”, para pasar a la razón dialógica, donde “importante = diálogo”. Con lo cual coincidimos con Habermas: la coacción de la razón instrumental del Iluminismo tiene su salida en la razón dialógica. Lo que Habermas no pudo reconocer, y menos aún sus maestros, es que esa razón dialógica ya se había dado en los EEUU. Los fundadores de los EEUU escribieron la primera enmienda NO porque lo religioso NO fuera importante, sino al contrario, porque era un elemento esencial e importantísimo de su tejido cultural. Por eso el EEUU originario fue una sociedad donde la religión era pública pero no estatal, fórmula inconcebible en la Europa de entonces y menos aún en todo el mundo hoy.

Hasta que no se entiende ese significado de la libertad, esto es, la razón dialógica, donde la verdad importa “y por ende” NO se impone por la fuerza, NO se entenderá el significado de la libertad religiosa y por ende de ninguna libertad. Y por ende tampoco se entenderá el sentido de la “separación entre estado y ciencia” que propone Feyerabend, porque es una razón dialógica donde la persona tiene libertad de conciencia tanto para la filosofía, arte, ciencia y religión. Y la razón dialógica es precisamente la superación de la dialéctica entre razón instrumental y post-modernismo. A lo cual estamos aún muy lejos de llegar culturalmente. O tal vez sea un ideal regulativo que al menos así quede, como un imperativo moral desde el cual juzgar nuestros avances y retrocesos como humanos.

 

[1] Feyerabend, P.: Adiós a la razón, op.cit.

[2] Feyerabend, Diálogos sobre el conocimiento, op.cit.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

The Luigi Sturzo lesson not only for catholics – Flavio Felice

Por Flavio Felice

Fuente: American Enterprise Institute

17 de enero de 2019

 

Italian historian Federico Chabod stated that the foundation of the Popular Party (PP) by Luigi Sturzo was “an extremely important event, the most notable event in the history of the Twentieth Century.” And it was historian, journalist, and politician, Giovanni Spadolini, who saw “an authentic revolution” in the non-denominational and secular nature of Sturzo’s political project: “The clean cut between clericalism and social Catholicism, the almost proud claim – by a priest – of the autonomy of Catholics in the spheres of civil life.”

Sturzo’s journey to found the PP on January 18, 1919, with a handful of friends at the Sant Chiara hotel began at least fifteen years earlier, with his historic speech at Caltagirone on December 24, 1905. On that occasion, Sturzo expressed his intention to give life to a party that had a national spirit with Christian inspiration, but was at the same time non-denominational, secular and autonomous from the ecclesiastical hierarchies. For this reason, the party that Sturzo conceptualized would not use the adjective “Catholic.” The non-confessionalism of Sturzo’s project refused at the root every temptation to make his party the “secular arm” of the religious hierarchies, and also rejected any claim to represent the unity of the Italian Catholics.

On January 18, 1919, the idea expressed in his 1905 speech became a reality. The Popular Party was born, and it was neither the “Catholic party” nor the “party of all Catholics,” but the party of “All Free and Strong Men”- the title of his Appeal-Manifesto. From a theoretical point of view, Italian historian Eugenio Guccione reminds us that the foundation of the PP represented both the arrival of Sturzo’s youthful commitment and the starting point of his maturity.

The “Appeal” followed a twelve-point program. The domestic policy priorities included the promotion of family integrity, the women’s vote, child care and protection, and the implementation of social policy based on cooperation, tax reform, land reform, administrative decentralization, and freedom in teaching. On the foreign policy front, the PP program was openly internationalist, accepting the “Fourteen Points” of Wilson and declaring itself in favor of joining the League of Nations.

The theoretical legacy of Sturzo’s political action is entirely contained in the term “popularism,” a term that opposes “populism” by virtue of the notion of “people” articulated and differentiated within it – an idea of “people” far from homogeneous and compact. This idea is refractory both to paternalism and to “charismatic leaderism” that entrust a “good shepherd” with the destinies of the flock. The founder of the PP intended to challenge with this political theory two ideological monopolies: that of the “centralizing state,” typical of the feudal Italian tradition, and that of the Marxist and socialist in the workers’ sphere. Sturzian “popularism” sought to fight against these monopolies in the field of teaching, local administration, political and trade union representation and, not least, through the spread of property and of small and medium-sized enterprises.

This theoretical approach further matured during Sturzo’s twenty-two years of exile in Great Britain (1924-1940) and the United States (1940-1946), a penalty suffered for challenging the fascist regime in the name of the “method of freedom.” This led Sturzo to lay out “popularism” in a series of markedly classical liberal policies: federalism, free schooling, liberalization, and profound Europeanism. It is precisely on the European front that Sturzo’s ideas– anti-fascist, anti-communist, and anti-Soviet– have been gathered by the founding fathers of European integration. Just as nations have been formed in modernity, passing from local units such as cities, counties, and provinces to higher territorial units, such as kingdoms and then “states,” Sturzo believed that the same evolution happened, in a federalist sense, from nations to international groups and from continental groups to intercontinental groups, respecting the principle of subsidiarity.

In the hundred years since Sturzo unveiled his vision, we have made significant progress, yet there is still work to be done. Sturzo’s idea of social and institutional pluralism, irreducible to the typical monism of the modern state, and his testimony against the totalitarian virus in every form serve as a warning in our time, and can help inspire us to commit ourselves to the daily implementation of the freedom of all, Italians and foreigners, the fate of each man.

Odium Religionis – Roberto Bosca

Noviembre de 2018

Por Roberto Bosca
Director Académico del Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios y ex decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral

Fuente: Revista Criterio

Cruzaba distraídamente la plaza cuando advertí la Catedral vallada para protegerla de las agresiones de la multitud que se agitaba amenazante. Por un momento me pregunté si me encontraba en El Cairo o Riad, pero no; estaba en Buenos Aires contemplando el último acto de una larga historia. Primero fueron las autoridades político-religiosas de la época, preocupadas por la ortodoxia, quienes los persiguieron por herejes, acusándolos ante los emperadores romanos. Cuando visité las catacumbas de Domitila no pude dejar de pensar en su actualidad. Los rumores populares les atribuyeron antojadizas versiones, hasta practicar la antropofagia. Sin embargo, el mayor pecado de los cristianos sería negarse a sacrificar al emperador, considerado por los prosélitos de la nueva fe un acto de adoración y, por consiguiente, una apostasía. Ciertamente ellos no serían recibidos con palmas en el imperio. Plinio el Joven le aseguró a Trajano que estaban frente una execrable “superstición depravada y desmesurada”.

El itinerario del martirio

Durante la Revolución Francesa, los católicos monárquicos fueron masacrados en La Vendée. Pero los philosophes de la Ilustración también hicieron lo suyo, antes de que los nazis los internaran en los campos de concentración, como a Maximiliano Kolbe, para acabar con sus vidas. “Hablar de Dios resulta peligroso”, apostrofó Tatiana Goricheva cuando a lo largo y a lo ancho del siglo breve, los nuevos mártires sobrepoblaron el Archipiélago Gulag y fueron pasados por las armas por los comunistas castristas y soviéticos.

Los cristeros mexicanos suscitaron nuevos martirios por el testimonio de la fe, renovados más tarde en otras geografías de nuestro continente por quienes acallaron las denuncias proféticas del obispo Romero y de tantos otros en su lucha por la justicia. Pero la historia sigue. El testigo fue recogido por el Estado Islámico, que desató ya en nuestros días la más sangrienta y reciente persecución. En algunos países como la India, el sigilo sacramental de la confesión es cuestionado hoy como una forma de proteger el delito. Una nueva ola de cristianofobia se extiende de manera cruenta en África en cabeza de Boko Haram y en todo el Oriente medio. Así lo ha documentado la escritora agnóstica Pilar Rahola en SOS Cristianos, con una enjundia que no tiene nada que envidiarle a la de los primeros siglos.

La iglesia que ilumina es la iglesia que arde

Esta agresividad puede percibirse con nitidez no solamente en territorios extraños a la fe, sino incluso en países de antigua tradición cristiana, en los que los fieles pueden sufrir una situación de menosprecio y hostilidad que abre camino a discriminaciones tanto en el orden privado como en el público. Al compás de una inédita corrección política, un cierto odio a la religión se multiplica en la agresión producida en los últimos años por la irrupción de un nuevo anarquismo.

El anarquismo no es necesariamente antirreligioso (Tolstoi es un ejemplo lejano, y Sabato, cercano), sino que su rechazo a las iglesias proviene de su oposición a las estructuras de poder. La voluntad de prender fuego a los lugares de culto –como ocurre hoy en iglesias argentinas y chilenas– tiene su antecedente entre nosotros en el incendio del Colegio del Salvador en 1875 y en el de la iglesia de Jesús Sacramentado en 1919, durante la Semana Trágica. Completan el cuadro los templos porteños que ardieron en el ‘55, un momento emblemático registrado por Gustavo Franceschi en su antológico editorial “A la luz de los incendios” (Criterio, 1239, 14-VII-55).

Luego de su casi desaparición, la revitalización ácrata se cocinó en el Mayo francés y ahora aflora al calor del conflicto mapuche, pero sobre todo a partir de la expansión de las corrientes más radicales de la ideología del género, proclamando “la iglesia que ilumina es la iglesia que arde”. Este cuadro de animosidad se expresa muchas veces de un modo sutil pero no por ello deja de constituir una apreciable lesión a derechos fundamentales e involucra atentados a la integridad personal. La irrupción de la nueva iconoclastia que proclama como antaño “ni dios ni amo”, cabalga sobre la extendida sensibilidad de sospecha sobre toda autoridad que recorre transversalmente nuestra entera sociedad y encuentra un dudoso sustento en invocaciones a la libertad de expresión y al neutralismo estatal.

Esta nueva intolerancia que repite con el signo inverso las antiguas intemperancias confesionales (de las que la Iglesia no ha hecho todavía un verdadero reconocimiento), se despliega en forma gaseosa como un humo invisible en los escenarios de la cultura posmoderna. Sin embargo, trágico error sería organizar una cruzada, sin comprender que la enfermedad es la que provoca la fiebre. Por una curiosa paradoja, las persecuciones siempre han purificado a la Iglesia. Sangre de mártires, semilla de cristianos.

La persecución blanca

Como resultado, se impone en los hechos una exclusión de la dimensión religiosa de la vida social, reduciéndola a un puro sentimiento individual en el aislado santuario de la conciencia, y consecuentemente mutilada en sus expresiones públicas y sociales. No es siempre, desde luego, una persecución oficial, abierta y desembozada, sino sofisticada y casi imperceptible.

Es la muerte silenciosa, que llega inadvertidamente y sin grandes aspavientos. Una “persecución blanca”, en que la extinción fatal se produce calladamente por una asfixia provocada por la progresiva disminución del aire puro, que suele ser la más efectiva.

Los padres ven recortados sus derechos ejercidos conforme a sus convicciones (como lo definiera el Congreso pedagógico que formuló orientaciones en política educativa) cuando el diktat estatal determina abusivamente los contenidos, vulnerando su libertad. Lo cierto es que, aunque incruentamente, esta actitud de un nuevo laicismosecularismo se homologa a anteriores persecuciones, a un retiro del ágora que tiene el regusto de un regreso a las catacumbas, cerrando una parábola involutiva de más de veinte siglos.

En El incendio y las vísperas, Beatriz Guido pinta las miserias de una familia frente a las miserias de una dictadura, donde también aparece la presencia anarquista de uno de sus personajes en el escenario de una Argentina incendiada. Al examinar la etiología del conflicto, Franceschi se pregunta si los cristianos no son víctimas de su propia decisión de instalarse en la zona de confort. Nuestras culpas –reflexiona el entonces director de Criterio, por cierto no exento de un talante combativo– son distintas en género de las que pesan sobre los incendiarios de templos, pero existen, y lleva tanta importancia que parte de éstas provienen de aquéllas.

Zapatero, a tus zapatos – Germán Masserdotti

Por Germán Masserdotti

Fuente: Religión en Libertad

4 de noviembre 2018

Cuando algunas intervenciones de miembros de la jerarquía eclesiástica en la vida política producen indignación -palabras más, palabras menos-, se sostiene que, para que no sucedan estas cosas, la solución es la separación entre la Iglesia y el Estado.

Bien visto, sostener dicha separación entre la Iglesia y el Estado para remediar “que la Iglesia se meta en política” refleja una eclesiología desencaminada. Según esta postura, la Iglesia se identificaría con la jerarquía eclesiástica “¡Aro, aro, aro!”, gritaría un gaucho de mi patria. Esta identificación, precisamente, es la que genera la falsa conclusión de la necesidad de separar la Iglesia del Estado. En realidad, el laicado católico, en razón del Bautismo recibido, forma parte de la Iglesia. Todavía mejor: es la Iglesia. Esto merece una breve explicación.

Como explica Julio Meinvielle en La Iglesia y el mundo moderno, “todos los fieles cristianos, incluidos los laicos, están investidos, por la unción del bautismo y de la confirmación, del sacerdocio, de la realeza y del profetismo de Cristo” a la vez que Él mismo “ha establecido ministerios jerárquicos en su Iglesia, lo que determina desigualdades que hacen al gobierno de la misma y a la dispensación de su gracia”. En la Iglesia “hay lo que viene de arriba, de Cristo, que ha instituido la Iglesia con magisterio, con sus medios de santificación, con su gobierno, pero hay también lo que viene de abajo, lo que traen los fieles consigo para participar de la verdad y de la gracia”. De esta manera “entre clérigos y laicos hay una igualdad fundamental que supera cualquier diferencia o jerarquía que puede establecerse por razones de ministerio. Sin embargo, estas diferencias existen y deben ser reconocidas y afirmadas”. Los laicos “constituyen la Iglesia con el mismo título que la constituye el Papa, los obispos, los clérigos y los religiosos. Sólo que su estado [de vida] les pide otra actuación dentro de la Iglesia” y también respecto del mundo. Los clérigos, en lo que se refiere a una comunidad política de acuerdo al orden natural y cristiano, “trabajan eficazmente, pero no como ejecutores directos”, sino como “inspiradores y directores espirituales, ya que han de enseñar cuál es la recta ordenación cristiana de la vida temporal”. Dicho sea de paso… o no tanto: ¿cumplen los clérigos, en particular los obispos, el oficio que grava su conciencia de cara a la vida eterna de “enseñar la recta ordenación cristiana de la vida temporal”? Antes de “meterse en política”, ámbito propio del laicado católico, ¿hacen carne los deberes del pastor de acuerdo a las enseñanzas de documentos como el decreto Christus Dominus sobre el ministerio pastoral de los obispos del Concilio Vaticano II?

De lo dicho arriba se sigue que la Iglesia debe “meterse en política”, pero debe precisarse que a quien corresponde “meterse” es al laicado católico en razón del carácter secular de su estado de vida.

El problema planteado, entonces, se soluciona recordando un refrán castellano que reza “Zapatero, a tus zapatos”. Resulta por demás loable la preocupación los miembros del episcopado de cada país por la “cuestión social”. Sin embargo, la gestión de las cosas temporales, en este caso las políticas, es algo propio de laicado católico, no del clero.

Otra sería la realidad política argentina si cada uno de los bautizados, clérigos y laicos, cumpliera a conciencia con su deber de consagrar el mundo a Cristo desde la propia posición. Blanco sobre negro: los clérigos gobernando en la Iglesia, santificando y enseñando la doctrina de siempre y los laicos gestionando las realidades temporales con la debida competencia de acuerdo al rol social en el que se encuentren.

Con relojes que atrasan: Del laicismo con razones de nuestros abuelos, a la búsqueda naranja de hoy – Roberto Estévez

Con relojes que atrasan:

Del laicismo con razones de nuestros abuelos, a la búsqueda naranja de hoy[i]

 Dr. Roberto Estévez

Profesor titular ordinario de filosofía política UCA

 

“Abajo el Rey y mueran los curas” así terminó el discurso mi bisabuelo en la plaza de la Alameda de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja, España) bajo el reinado de Alfonso XIII. Esa misma noche se trasladó a Francia, a donde lo seguiría su esposa, con sus tres hijas para tomar el barco a Argentina.

En Regio (Calabria) hasta al Sr. Cura le causó sorpresa que el aprendiz de zapatero rompió a martillazos la rueda de carro donde lo tenían atado y, a sus 12 años, subiera el primer barco que pudo a Argentina.

No causa sorpresa entonces que su hija, mi madre, sólo fuera bautizada a escondidas por su abuela, y tomara la primera comunión en la boda con mi padre. Mi abuela española, madre de mi padre había estudiado en Argentina en un Colegio de la misma congregación religiosa donde el abuelo anticlerical y republicano las educaba antes de escapar a Argentina; por eso mi padre si había terminado la iniciación cristiana.

 

No todos los abuelos estaban enojados con la Iglesia

Esta fue la Argentina que esperaba al “obrero de Manchester”[1] y recibió agricultores y artesanos, en mayor proporción italianos que españoles (el Censo Nacional de 1895 registra que, del total de extranjeros, el 50% eran italianos, el 20% españoles, y el resto de otras nacionalidades, muy mayoritariamente del Mediterráneo). Para 1914, los inmigrantes serán casi un tercio de la población y, junto con los hijos de la inmigración posterior a la Constitución de 1853, representarán las tres cuartas partes de la población.

Antes de este verdadero éxodo, las Iglesias cristianas en general -y la confesión católica no fue la excepción- se habían comprometido en la formación de los estados nacionales luego de treinta años de crueles guerras religiosas, en la paz de Westfalia (1648), sobre la base de un rey (soberanía), un reino (integridad territorial), una religión (la del rey).

A pesar de los intentos de una convivencia religiosa, en Europa la intolerancia generó que quienes no adoptaran la religión del gobernante tuvieran que exiliarse.

El papado comenzó a perder su poder hasta quedar “prisionero” en el Vaticano con la unificación italiana de 1870, y en cambio las autoridades religiosas locales acrecentaron su autonomía y quedaron bajo el control de los estados nacionales, quedando al papado el “poder de no hacer’ (no aceptar la República, no nombrar Obispos, etc.).

Contra esta institución humana, “casada” con el estado, y “responsable” de su emigración por acción u omisión, se enojaron los abuelos españoles e italianos (los más numerosos), a diferencia de los abuelos ingleses, daneses o suecos cuyas Iglesias eran comunidad de fe y centro de ayuda solidaria, y sus pastores sostenidos por la corona de sus respectivos países.

 

La educación sale a escena religiosa

En Argentina, la ilusión positivista de un nuevo comienzo ascendente, donde en un salto al progreso, desaparecería todo lo viejo de la mano de la ciencia, se concretó en la política de Julio Argentino Roca y el Partido Autonomista, que se mantuvo durante 42 años en el poder.

Tanto los “argentinos viejos” que habían abrazado la modernidad de la ideología positivista y los recién llegados republicanos, socialistas, anarquistas y antipapistas, podían así coincidir en la necesidad de disminuir la influencia del clero católico, que era a quienes veían cuando pensaban en “la” Iglesia.

Claude de Rouvroy, conde de Saint-Simon, consideraba que “Hasta el momento el método de las ciencias experimentales no ha sido aplicado a las cuestiones políticas: cada uno ha contribuido con sus propias formas de ver, de razonar, de evaluar, y la consecuencia es que todavía no hay exactitud de soluciones ni generalidad de resultados. Ahora ha llegado el momento de superar esta infancia de la ciencia”[2].

En ese contexto ideológico tecnocrático, con la mirada en la Ley de enseñanza primaria, laica, gratuita y obligatoria, aprobada en Francia el año 1882, se convoca el Primer Congreso Pedagógico.

Poco después de inaugurado el Congreso, con 250 congresales, se votó por aclamación una propuesta para eliminar de la agenda el tema de la enseñanza de la religión en la escuela, porque se preveía un tema que podía obstruir el avance de los consensos ya evidentes sobre la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria. No obstante, pocos días más tarde la cuestión religiosa volvió a emerger de manos del roquismo, y un grupo de congresales del mismo Club Liberal y sector social imperante, pero de convicción católicos, se retiraron del Congreso.

Se trataba de intervenir desde la Nación (que expresaba fuertemente las miradas de Buenos Aires), una de las tres competencias propias de las Provincias, que la Constitución les manda asegurar.

La oposición articulada por Estrada, Frías y Goyena, no fue suficiente frente a la determinación roquista, que descastó a los opositores y condujo las reformas con mano férrea (Estrada perdió su cátedra en la UBA y dejó de ser Director del Colegio Nacional Buenos Aires).

Los fieles católicos seguían en el clericalismo de Trento. Las Órdenes religiosas habían desatendido la pastoral para intervenir en las guerras de independencia, durante las mismas no se había provisto de Obispos por el régimen regalista español sobre el Papado, luego sobrevino la estatización del clero en las Parroquias y la expulsión de las Órdenes religiosas por Rivadavia, la entrada de la ilusión en el cientificismo y el progreso indefinido, con los recién llegados y sus hijos que huían de los poderes europeos, nacionales o locales, que aún tenían a la Iglesia como respaldo.

 

¡Sorpresas!

Cien años después se convoca el Segundo Congreso Pedagógico. Ya no de expertos, sino con amplia participación social en las asambleas de bases, presagiando un enfrentamiento sonoro y un triunfo rotundo para el Estado. Era el fin de la dictadura y nuevamente se levantaba el mito argentino de comenzar la historia desde el año cero, con la exclusión de estos y/o aquellos como condición de éxito.

El gobierno concebía a la Iglesia Católica como una corporación clerical con la cual enfrentarse, acto con el cual se concentraría las fuerzas, y sería “la partera” de un futuro promisorio como cien años atrás.

En 1985, el progreso ya no era patrimonio de los positivistas, sino de las izquierdas latinoamericanas. Había una lectura de Gramsci, y su diagnóstico que la educación de la gente sencilla, como lo había hecho en su momento la Iglesia Católica, era la clave para acceder al poder y no la revolución; pero hubo tres sorpresas.

La primera sorpresa fue que el sistema de educación pública había crecido como no lo imaginaron los autores de la ley 1420, pero no sólo de la mano del régimen normalista con las maestras sajonas y protestantes, sino que, según fueran las Provincias, entre un cuarto y la mitad de la educación pública, era de gestión no estatal. Llamada erróneamente “privada”, por cuanto actúa en el marco de la Constitución Nacional, en los artículos 5 (“educación primaria”), y 75 (“planes de instrucción general y universitaria”) y no solo del artículo 14 (“enseñar y aprender”), cómo sería el caso de institutos de inglés o academias de computación que solo requieren control municipal para su habilitación.

La educación pública pero no estatal (a la que se llamó “privada”) era además mayoritariamente “social”. Es decir, que estaba impulsada y sostenida mayoritariamente por un bosque muy diverso de instituciones católicas o de inspiración cristiana, pero instituciones civiles y no clericales (canónicas), a cargo de ciudadanos argentinos y no de religiosos extranjeros.

La segunda sorpresa fue que, considerando la totalidad de los aportes estatales a las escuelas públicas en el subsistema de gestión no estatal, sus alumnos le costaban al Estado la cuarta parte que los que estudiaban en el subsistema de gestión estatal.

Y el resultado fue la tercera sorpresa: la sociedad abrazaba mayoritariamente la diversidad del sistema, no quería más poderes para el Estado.

La Iglesia católica argentina había salido del modelo de Westfalia y Trento del siglo XIX, en el siglo XX se había producido la interacción de católicos y reformados en los atentados a Hitler, las vías de escape cristianas para los judíos europeos, y habían vivido un nuevo Concilio radicalmente humanista y ecuménico. Entre tanto, nuestro estado había mantenido una neutralidad engañosa frente al fascismo, mientras nuestra sociedad había tenido una participación viva, aportando combatientes y fondos, recibiendo exiliados y emigrados, y estudiando en la filosofía y teología de esos grandes de la Resistencia francófona (Maritain, Chenu, Congart, Dominique Pire) y alemana (Guardini, Delph, von Hoffer), que ahora configuraban Europa (Gilson, La Pira, De Gasperi, Moro, Schuman, Adenauer).

Con el sólido respaldo democrático de la misma dinámica del Congreso, la unidad de acción de hebreos, evangélicos[3], reformados y católicos consagró la estructura, no exclusivamente estatal, y de amplia iniciativa social del sistema de educación pública. Saliendo a la luz que el subsistema de gestión no estatal había sido la mayor fuente de innovación educativa, con más de ciento treinta planes de estudio originados, la mayoría de los cuales habían sido adoptados por las escuelas de la gestión estatal, que incluso habían adoptado modelos de Bachillerato Internacional.

Sin embargo el triunfo fue moderado, no se cuestionó la potestad estatal de dictar todos los contenidos, ni se crearon nuevos mecanismos que fomentaran la participación.

La innovación seguiría estando sometida a la burocracia de turno y sus ideologías y el Estado se reservó la exclusividad de los contenidos.

 

Bajada de línea desde Alfonsín a Kirchner (sin olvidar a Menem)

Durante el menemismo, si bien la Ley Federal rehabilitó las competencias provinciales en la materia, los mismos equipos técnicos que estaban con el Congreso Pedagógico, pretendieron unificar el sistema en torno a sólo seis planes de estudio para todo el país (lográndolo en muchas Provincias con los Polimodales). Asimismo, redujeron drásticamente el número de Profesorados y Tecnicaturas dirigidas por Órdenes religiosas al dejar desarticulados a los Institutos Superiores y, si bien cumplieron con un significativo crecimiento en los fondos educativos (en términos presupuestarios a moneda constante), no aumentaron la cantidad de centros educativos públicos de gestión estatal, no aumentaron los salarios de los educadores y se suspendieron las evaluaciones censales porque cada año mostraban peores resultados. Nadie entiende a dónde fueron los fondos del presupuesto que crecía año a año.

En la mayor parte de las Provincias, la sociedad se volcó al subsistema público no estatal haciéndolo crecer hasta llegar a ser la mitad del sistema público, pero enseñando la misma y uniforme visión del “Estado y sociedad”, mandada por el Estado, sin participación de la sociedad. Sin lugar para la libertad, diversidad, ni disidencia, salvo para aquellos centros educativos, que al no ser estatales, ni depender de aportes estatales, podían financiar la libertad con horas extracurriculares (constituyen menos del 4% del sistema).

Los mismos equipos tecnicos siguieron durante el kirchnerismo, de modo que el segundo de los equipos de la Ley Federal durante el menemismo, fue el primero de la Ley Nacional del kirchnerismo.

Mientras Harvard hacía su escuela secundaria con sólo cuatro materias obligatorias (Matemáticas, Química, Latín y Griego) y las demás electivas, para muchos de lo adolescentes en Argentina, los contenidos mandados, de literatura, historia y geografía, comenzabancon la revolución industrial, y terminaban con la conquista del paraíso de los movimientos revolucionarios en América Latina desde 1958 (Cuba) hasta el triunfo Sandinista (1990). Por supuesto, siempre con alguna mención de los enemigos del desarrollo argentino en Washington, fieles a la tradición antinorteamericana que inaugurara el roquismo a fines del siglo XIX, obstaculizando los congresos panamericanos.

 

Hoy discutir contenidos supone renunciar a libertades

La educación secundaria atrasa, la primaria atrasa menos y la inicial casi no atrasa. La diferencia está en la libertad que goza un educador de inicial, de la que no pueden gozar los especializados educadores de secundaria. Estos últimos se ven obligados a una nueva epistemología adoptada hasta el mínimo detalle por el nuevo gobierno de turno, para enseñar el contenido que ese gobierno ha decidido que es lo óptimo para esa generación.

En el servicio interior de la Nación y menos en el de las Provincias, no existe una carrera profesional, como en el Servicio Exterior de la Nación, que nos proteja del “Spoils system” (que la Administración sea botín de guerra del partido ganador de las elecciones), por lo que la burocracia profesional y técnica padece la subordinación a recién llegados que nada saben de políticas educativas públicas y menos pueden saber de la diferencial necesidad de un adolescente de Lugano, frente a uno de Caballito y otro de… (para solo tomar la Ciudad Autónoma, ni imaginar si es de una Provincia a otra, o de  la población urbana y rural dentro de una misma Provincia).

José Luis De Imaz, a quien le debemos la CONEAU, planteó durante el Segundo Congreso Pedagógico, que la Nación, en el ámbito del Consejo Federal sabía algo, las jurisdicciones Provinciales otro tanto, pero la sociedad del paraje, barrio o ciudad, también sabe y los maestros de cada Escuela también saben. Sin embargo estos dos últimos son las auténticas voces desperdiciadas en todo el sistema de educación pública, sea de gestión estatal o social.

Así el sistema nunca estará actualizado, ni responderá a necesidades locales que son incognoscibles desde los centros de poder reales de la burocracia y la política.

Para revertir el problema, a modo de ejemplo, el estado federal debería autolimitarse para reducir su asignación compulsiva del tiempo de cada alumno al 25%; el estado jurisdiccional (Provincias y CABA) al 25%; para dejar la determinación del 50% del tiempo restante al diálogo de la comunidad educativa, como comunidad de comunidades. De este modo, alumnos, padres y educadores puedan opinar sobre el uso de su tiempo y alcanzar dentro de una legislación jurisdiccional marco (dentro de acuerdos federales marco) las soluciones más acordes a la problemática social y de desarrollo de esa comunidad en particular.

¿Qué clase de apertura a la diversidad es la que se dicta en una mesa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para todo el país?

Yo he visto planes sociales educativos que proveyeron antenas de Direct TV a escuelas sin agua, chicos concurrir con sus Net en las cajitas de cartón a escuelas sin electricidad y he sufrido la amenaza de supervisoras que alegaban que si la escuela no se amoldaba a la uniformidad de los planes de estudio y continuaba ensayando, entonces no recibiría el aporte el próximo mes. Entre tanto, en el mundo ya se discute si tienen sentido las aulas.

 

La Actualidad global

En los noventa ganó espacio la interpretación en que la humanidad transitaba por fin la “Era de la Adultez”. La experiencia había abierto una sociedad global más perfecta, más plena.

Transcurrido el fin de siglo y una década del nuevo, las personas abrieron los ojos sobre la ilusión del fin de la historia (que se había extendido en el período 1989 – 1992, desde la caída del muro de Berlín hasta la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

No se produjo la posibilidad propuesta por Fukuyama (utilizando una expresión de Marx) del final “de la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución ideológica del género humano y la universalización de la democracia liberal occidental como forma de gobierno definitiva”, en cambio continuaron apareciendo y reinventándose las diferencias  Las ideologías de fin del siglo XIX habían sido una “lápida” que reprimía la historia y uniformaba la mirada creyéndose que  irlandeses, nicaragüenses, vascos y polisarios, que nada tenían en común salvo su humanidad tenían la misma ideología.

Luego de setenta años de fallida uniformación de los dos bloques en guerra no convencional, al desaparecer las ideologías, que actuaron como religiones sustitutas del pensamiento, lo que apareció es que las diferencias seguían allí como fuerzas profundas.

El amor al paisaje (país), la lengua de lso abuelos y la religión nunca se había ido: monjas de clausura polacas que habían vivido como obreras socialistas por medio siglo volvieron a su clausura, los curas republicanos irlandeses a sus Parroquias y los promotores de la República Árabe Unida a sus mezquitas.

Islámicos londinenses comenzaron a manifestarse con leyendas en árabe en lugar de inglés, turcos alemanes fundaron un partido islámico, jóvenes ciudadanos franceses educados en su laicista escuela quemaron autos durante nueve días en un reclamo, mientras las jóvenes comenzaron a concurrir a la escuela con velo, y grupos cristianos no católicos, que se habían extendido por América Latina con el auspicio de la Secretaría de Estado, hicieron su opción por la liberación de los pueblos latinoamericanos.

Desde la base, en lo más pequeño y recóndito de nuestro país, se organizaron comunidades de pueblos originarios y las simples municipalidades comenzaron a tener Secretarías de Culto para comprender y ordenar civilmente un fenómeno social de proporciones.

El ateísmo y la secularización son dos movimientos que sólo han existido en el ambiente cristiano luego de la ilustración. Una verdadera originalidad que produjo Europa, que no se pudo imponer siquiera en los regímenes homicidas del nacional socialismo, ni de estalinismo marxista con su monopolio de la educación, su culto a la personalidad y su decena de millón de muertos cada uno. Como explica Bauman, la Modernidad había conducido a Auswitch; Nietzsche estaba equivocado, no era Dios quien había muerto, sino el Hombre.

 

Un tesoro oculto en Argentina

Mi hija María Belén acaba de vivir un atentado islámico en el subte de Londres, donde trabaja. Su tesis de licenciatura fue sobre los textiles de Santiago del Estero a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. En ella demostró que sobre los motivos de la cultura de avería -registrados en vasijas de barro- y los motivos incaicos, se superpusieron un encuadre de origen copto del norte de Egipto, nudos islámicos y finalmente flores victorianas provenientes de los manuales de señoritas que llegaban por el ferrocarril.

Mientras el roquismo se enfrentaba a ciudadanos católicos, la cultura popular santiagueña creaba una síntesis cultural única en el mundo. Testimonio vivo del respeto y la convivencia en paz para pueblos hoy en guerra.

Nuestro país es un caso muy original donde los distintos exiliados, desde judíos y mozárabes que llegaron ocultos en tiempos de la colonia, pudieron vivir en paz y expresar su identidad de un modo que terminó por ser armónico.

Pretender negar hoy la realidad religiosa del ser humano, con testimonios muy concretos que se remontan a 100.000 años de antigüedad, reprimiendo en particular a uno de los cultos más antiguos en el país, en tanto mapuches enseñan el culto al sol y la luna, que es aceptado y alabado, es al menos sorprendente.

 

El anticatolicismo; el último prejuicio aceptable

Hemos superado otras lacras, la sociedad también condenará las pintadas de templos católicos y usar el altar de la catedral de Buenos Aires como un baño, cómo aprendió a rechazar las pintadas en cementerios judíos y otros vicios de nuestra historia pasada.

Hasta que eso pase ser anticatólico seguirá siendo el último prejuicio aceptable.

Que el Estado argentino se ahorre la reparación que corresponde pagar por la violencia que ejerció contra la Iglesia Católica por motivos político contingentes (que ese es el origen legislativo de las leyes antecedentes de la ley 21.950 hoy exhibida), puede ser bueno, sobre todo para que los propios fieles católicos asuman integralmente su responsabilidad de sostener a sus pastores como sucede en otras Iglesias.

En tal sentido, el padre Rafael Braun –que fuera director de la revista CRITERIO- impulsó desde 1997 el proyecto Compartir, que luego presidió el Obispo Carmelo Giaquinta[4], para la progresiva reducción del aporte estatal, que dispone la citada ley, a cada Obispo.

El  aporte se origina en cuando Rivadavía confiscó los bienes de la Iglesia y convirtió al clero secular en funcionarios del Estado, como lo había hecho la revolución francesa: el decir naranja de que el aporte depende del número de bautizados, es simplemente una picardía criolla tendiente a generar una “cápita” de adherentes apóstatas para mostrar el éxito de una campaña.

El aporte, que va camino a desaparecer, nada tiene que ver con el número de bautizados, sino con el número de Obispos, y las propias Iglesias no tienen números seguros de sus miembros, sino que surgen más bien de estudios sociológicos de terceros.

 

Replantear las miradas

Lo que estos estudios en el mundo euroamericano post ideológico indican, es que los sentimientos profundos, de las mujeres y los varones de las tres familias de Abraham, vuelven a ocupar un lugar en la vida de las personas laicas, en muchos casos a partir del rescate de las tradiciones más contemplativas de los tres troncos religiosos.

Esas espiritualidades “laicales” siguen generando un bosque multiforme que se expresa socialmente, y los clérigos no controlan.

En ese contexto, ¿qué clase de dogma, revelado por quien implantó en una república democrática, federal y diversa, una nómina de temas que algunos de sus ciudadanos pueden discutir y otros no? ¿Hay argumentos que están prohibidos en el debate? Porque ciertamente hay teólogos que defendieron la inquisición del siglo XVI, como hay un premio Nobel con declaraciones racistas hace solo once años (el racismo fue considerado ciencia a comienzos del siglo XX).

¿Hay palabras que autorizan que toda la vida de quien las usa sea “puesta en cuestión” hoy, como lo hacía la inquisición clerical al servicio del estado nacional naciente?

¿Hay una lista de qué ciudadanos pueden, y de cuáles no opinar sobre destrucción de embriones, aborto legal, género o ideología de género, eutanasia, o todos pueden hacer oír su voz?

¿Estamos seguros que el mejor camino al desarrollo y la libertad integrales de todos los argentinos es que el Estado siga resolviendo exhaustivamente cuáles son las cosas que se pueden enseñar, cuáles no y en qué tiempos, como lo viene haciendo desde hace más de un siglo, con cada vez peores resultados?

No hay respeto de la diversidad, si desde el estado se canonizan algunas diversidades y rechazan otras. Los filósofos marxistas críticos, explicaron que todos estos son los mecanismos de la tolerancia represiva del Estado de la Modernidad.

Deberíamos prestar atención para no caer, con otros contenidos, en los mismos mecanismos del puritanismo victoriano que llevó a una sociedad a perder a Oscar Wilde.

 

 

[1] “Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción; en cien años no haréis de él un obrero inglés, que trabaja, consume, vive digna y confortablemente.” XV; “La libertad es una máquina, que como el vapor requiere para su manejo maquinistas ingleses de origen. Sin la cooperación de esa raza es imposible aclimatar la libertad y el progreso material en ninguna parte.” XXXII, ALBERDI Juan Bautista, Bases: y puntos de partida para la organización política de la República Argentina,

[2] ROUVROY Claude-Henri Rconde de Saint Simone, Réorganisation de la société européenne (1814)

[3] Para quien este punto de partida sea una nueva mirada, le aconsejo ver el video sobre como ha seguido evolucionando en el tiempo, con la participación del cardenal Jorge Bergoglio (hoy papa Francisco) del encuentro del Luna Park del 7 de octubre de 2013. https://www.youtube.com/watch?v=S9_AGY92jzs&feature=youtu.be

[4] LA REFORMA ECONÓMICA DE LA IGLESIA EN LA ARGENTINA EVALUACIÓN DEL PLAN “COMPARTIR”, por Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo de Resistencia y Presidente del Consejo Episcopal de Asuntos Económicos, http://aica.org/aica/documentos_files/CEA/Comisiones_Episcopales/Consejo_Episcopal_Asuntos_Economicos/Reforma.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

[i] Publicado en versión acotada en la Revista CRITERIO, diciembre de 2018.

Crítica al proyecto de reformas a la ley 26150 de educación sexual integral – Fundación Jacques Maritain

Por Fundación Jacques Maritain

Fuente: Revista Criterio

18 de septiembre de 2018

 

La Fundación Jacques Maritain y su Instituto Argentino “Jacques Maritain” con sus filiales de la C.A.B.A., y de las provincias de Córdoba, Entre Ríos, Tucumán, Salta y Jujuy, luego de analizar el proyecto de reformas a la ley 26.150 de Educación Sexual Integral, comunica lo siguiente:

1 – El dictamen de las Comisiones de Educación y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara de Diputados de la Nación (Exptes. M| 4814-D-2018), es una modificación casi total de la ley 26.150 y la convierte en una norma complementaria de la ley 26.743 de Identidad de Género, y ello es inadmisible.

2 – “Diversidad” se refiere a personas o cosas diversas, pero en cuanto tales, a los seres humanos no les cuadra el término de diversos. Hay una sola clase de seres humanos: las personas. Si de género se trata, esta palabra se aplica al género humano; como en las demás especies animales, la naturaleza los ha hecho macho y hembra o con referencia a nuestra especie, mujer y varón. La cultura no puede crear otros sexos, sino distintas maneras de asumir y vivir la sexualidad por parte de personas concretas que merecen el cuidado de la comunidad y el reconocimiento del Estado en orden a los derechos humanos fundamentales.

3 – El Dictamen que criticamos introduce en la legislación positiva una dicotomía entre lo que llama “laico” y una supuesta intromisión de lo religioso en la educación de la sexualidad, desconociendo que ya nadie pretende negar la laicidad del Estado. Sin embargo, tampoco es admisible rechazar la legítima competencia de las familias, las Iglesias y los distintos credos reconocidos para intervenir en la educación en todos los niveles, en los términos de la Ley Nacional de Educación N° 26.206.

4 – A pesar que el Dictamen dice que el Programa Nacional de Educación Sexual que crea en el ámbito del Ministerio de Educación cumpliría las leyes y Convenios internacionales que menciona, en la nueva redacción del Art. 2° de la Ley 26150 que sustituiría al actual, no solamente no las cumple sino que las desconoce, ya que el proyecto es de neto corte totalitario y autocrático.

5 – El dictamen no sólo violenta, sino que sistemáticamente barre con el sistema federal de nuestra Constitución Nacional y con todas las normas que en la materia están hoy legalmente previstas y protegidas por la mencionada Ley 26.206 de Educación Nacional. Es que a partir de la vigencia de la ley 26.150 en el nuevo texto que se propone, prácticamente ya no tendrían injerencia real en las curricula de la educación sexual las jurisdicciones provinciales o municipales y tampoco las familias, que son y seguirán siendo siempre y primordialmente, con un derecho anterior al Estado, las primeras educadoras, formadoras y educadoras de la sexualidad, desde la concepción y el nacimiento de las personas, en su primera edad y hasta su ingreso al sistema de educación pública, como también posteriormente. Al Estado le corresponde colaborar con los padres y las familias a partir de que el niño se incorpora como una persona que ingresa ya básicamente formada y por cuya completa educación también debe velar la escuela pública, pero nunca en forma excluyente ni en sustitución a los primeros educadores, que son los padres de los educandos o estudiantes, como el dictamen los denomina.

En consecuencia, se impone desechar en todas sus partes este Dictamen y convocar a una consulta amplia a la hora de precisar el alcance de las normas vigentes o futuras en la materia.

 

Preservaos de los riesgos de los paradigmas dominantes – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti
26 de julio de 2018
No tengo idea de la eficacia, mayor o menor, de los preservativos. No tengo idea de la relación entre espermatozoides, porcelana, látex y virus HIV. Me acuerdo sin embargo de lo que responde Farah a Karen (en la película Africa Mia) cuando esta le pregunta si sabe lo que es la porcelana: “Si, Sabu. Se rompe”.
Pero los paradigmas dominantes, como dice Kuhn, parecen irrompibles. Más allá de las peculiares circunstancias políticas de la Argentina, los paradigmas dominantes tienen un comportamiento sociológico similar: sus miembros no quieren el debate, y tienden a considerar la posición contraria como absurda. Por eso Popper se enojó tanto con los paradigmas: porque no tendrían refutación posible.
Yo también puedo tener un mal día si escucho a alguien que dice que los precios máximos funcionan o que Hitler era un buen tipo. Sin embargo, mi super yo popperiano me estaría diciendo al oído: déjenlo argumentar (algo que el partidario de Hitler no haría conmigo, claro).
Y en todo caso, no escandalizarse.
O sea: estaría bien que no hubiera temas prohibidos, no digo por el sistema político, sino por los paradigmas dominantes. Estos, sin embargo, se mezclan con lo político, como bien señaló Feyerabend, y sus “expertos” definen la línea entre la medicina legal y la ilegal, entre contenidos educativos legales y los no oficiales o -no es lo mismo- prohibidos, y así tenemos lo que Comte quería: un nuevo estado autoritario donde ahora la inquisición no es la teológica, sino la científica. Por eso estoy tan en contra de las leyes contra los discursos “negacionistas” y por eso estoy tan en contra de la inquisición “científica” del lobby LGBT que quiere justamente adueñarse del estado y sus normas.
Por eso sería preferible que no haya tanto escándalo. Siembre hubo y habrá paradigmas dominantes y alternativos. La libertad de expresión no tiene sólo que ver con separar a los primeros del estado, sino también con una cultura del diálogo, cuyos límites son siempre históricos, claro, pero se expanden con la generosidad de nuestra escucha.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises