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Reflexiones sobre la economía argentina, de Nicolás Cachanosky

12 de octubre de 2017

Recientemente, el Instituto Acton ha publicado el trabajo de Nicolás Cachanosky, profesor de economía en la Metropolitan State University of Denver, Reflexiones sobre la economía argentina (Buenos Aires, Instituto Acton, 2017). Una copia impresa se puede adquirir enviando un correo a info@institutoacton.com.ar. El libro electrónico (versión Kindle) se encuentra disponible en Amazon. El prólogo, a cargo de Gabriel Zanotti, se puede leer aquí. Seguir leyendo Reflexiones sobre la economía argentina, de Nicolás Cachanosky

El problema de Argentina es su mentalidad anticapitalista – Nicolás Cachanosky

Les compartimos la entrevista de PanAm Podcast al economista Nicolás Cachanosky, en la que comenta acerca de la presente situación de la Argentina.

Es una clarísima reflexión sobre el actual gobierno y las ideas políticas predominantes en la Argentina. Seguir leyendo El problema de Argentina es su mentalidad anticapitalista – Nicolás Cachanosky

Pobreza, política e Iglesia en la Argentina del Papa Francisco – Samuel Gregg

21 de agosto de 2016

Por Samuel Gregg

Fuente: The Catholic World Report

          Antes de la elección del cardenal Jorge Bergoglio como el primer Papa latinoamericano en el año 2013, la Argentina era famosa por muchas cosas: el tango, la monumental pampa, la hermosa arquitectura decimonónica que caracteriza a la ciudad de Buenos Aires, por mencionar solo algunas. Desafortunadamente, también vienen a la mente otras cosas: una corrupción rampante y persistente, una inestabilidad política extrema, y, sobre todas las cosas, el hecho de que la Argentina es el típico caso de libro de una economía en una situación de larga decadencia autoinflingida. Seguir leyendo Pobreza, política e Iglesia en la Argentina del Papa Francisco – Samuel Gregg

Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

Historia y causas de la inflación en la Argentina – Manuel Solanet

Exposición del 24 de junio de 2015

Por Manuel Solanet

Desde hace 70 años, con la excepción del período 1992-2001, la inflación se constituyó en una enfermedad endémica de nuestra economía. En los sesenta años en que la hemos padecido, excluyendo los de la convertibilidad, hubo sólo cuatro años en los que no alcanzó el 10%, pero en trece oportunidades fue de tres dígitos o más. Padecimos dos episodios hiperinflacionarios: el primero a mediados de 1989 y el segundo, muy cercano, a comienzos de 1990.

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Dos países podrían ser uno – Gabriel Zanotti

20 de diciembre de 2015

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Filosofía para mí

 

Si miramos con atención una foto del equipo de kirchneristas que rodearon a Cristina Kirchner, por un lado, y por el otro una foto de mi padre, podríamos preguntarnos cómo es posible que integraran el mismo país. Sus valores más profundos, sus horizontes intelectuales e ideológicos, su conducta personal, son tan abismalmente diferentes que podríamos decir, tal vez con un poco de desaliento, que son dos países, dos maneras irreconciliables de entender el mundo. Como una unidad, no tiene futuro. Los anarcocapitalistas dirían: mejor, pero yo les diré, como siempre: la secesión es dura y violenta. No es como ustedes la imaginan.

Pero la cuestión viene de mucho antes. Dos tendencias integraron siempre las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Una monárquica española y otra iluminista afrancesada. Ninguna de las dos era el ogro que una dice de la otra, y ninguna de las dos era el liberalismo clásico anglosajón que yo defiendo. Pero eran dos países. Finalmente, el único liberal clásico de aquellos tiempos, Alberdi, inspiró una Constitución tal vez liberal clásica que intentó ser un magro empate ante los dos países. Fray Mamerto Esquiú oró para que los monárquicos católicos la aceptaran y…… Bueno, mm, ok. Y allí comenzó la Argentina, ese siempre fallido intento de Nación.

Pero claro, no podía durar. Si, sólo ese tímido ordenamiento institucional produjo la Suiza de América Latina, pero había problemas en el paraíso. El golpe del 30 los pasó de la potencia –que, recuerden, no es una mera nada- al acto. Los halcones eran sencillamente nazis y los moderados, franquistas. Tal vez la corte hizo bien en ratificarlos a los 6 meses porque si no, creo, la tomaban por asalto y la convertían en un museo.

Así estuvimos hasta que un perfecto antiliberal y gran manipulador de masas siguió todos los manuales mussolinianos y, mientras Europa se encarrilaba por primera vez al liberalismo, habiendo aprendido el fracaso de las experiencias fascistas, ese supuesto país llamado Argentina comenzó su largo camino de fascismo marxista, que NO es una contradicción. Era uno de los dos países. Muchos le dieron apoyo intelectual, viendo en él la encarnación de la crítica a las “democracias burguesas”. Podría haber durado tanto o más que Franco, de no haber sido por su única reprobación de Maquiavelo 101: enfrentarse con la Iglesia Católica en los 54-55, iglesia que, en términos humanos, le había dado su apoyo pero, claro, hasta los límites que él mismo traspasó.

Los 60 y los 70, claro, fueron distintos. El marxismo NO fascista, sino sencillamente estalinista, avanzó intelectualmente como reguero de pólvora y, claro, produjo una perplejidad entre los nacionalistas peronistas. Unos se moderaron y se hicieron –tal vez como mal menor- casi conservadores que preferían la Constitución del 53 a la unión con Cuba. Otros, los tal vez más coherentes, se hicieron castristas y comenzaron el proyecto de revolución armada que concluye en Montoneros, más los comunistas no peronistas, el ERP. El otro país. El país que quiso, por la fuerza, ser Cuba.

El otro país, que había vuelto a la Constitución de 1953 por mano de la Revolución Libertadora, no entiende bien lo que pasa, no sabe cómo reaccionar. Los militares de las tres fuerzas aparecen como los “NO-CUBA” y dan golpe tras golpe, sin liderazgo ni visión suficiente como para integrarse a esa Constitución que pisotean cada dos por tres dando casi razón a una dialéctica hegeliana de la historia. Pero esas dos fuerzas en pugna tienen un enfrentamiento militar final y dramático: la guerrilla marxista montonera de los 70 en adelante contra los militares del 76. Ya sabemos cómo terminó todo.

La Argentina que queda, ese maltrecho proyecto de Nación, resurge en el 83 con una sola característica distintiva, que señalé una vez en el CEMA, en una conferencia, ante reacciones escépticas: NO cuenta ya con el factor militar y, por ende, tendrá que aprender, o no, el camino de la REPÚBLICA.

Pero, claro, el estatismo era incompatible con ello. Estatismo económico y político, porque Alfonsín, Menem –excepto De la Rúa- violaron las instituciones republicanas cada vez que lo necesitaron y el estatismo de los tres fue sencillamente delirante. En todo este período, sin embargo, cabe destacar que los peronistas, al menos de palabra, querían vivir en la Constitución republicana y no reivindicaban Cuba como modelo.

Pero no. Los peronistas castristas, estalinistas, allí quedaron. Definitivamente, el otro país. Tenían Cuba para irse a vivir pero no, querían Cuba con tango y Callo y Santa Fe. Pero esta vez fueron más inteligentes. Aplicaron la doctrina Hitler: al poder por la democracia, y luego la pateamos. Los Kirchner y los que inmediatamente los rodearon no fueron sólo un fenómeno de corrupción, como creen algunos. Fue un fuerte proyecto ideológico pro-Cuba, pro-Venezuela, que un 54 % de argentinos apoya, de los cuales un 35 %, tal vez, lo hizo por indolencia, ignorancia, idolatría del estado, o lo que fuere, ya no importa. El asunto es que no terminamos siendo un estado satélite de Venezuela, con el ejército venezolano en la casa rosada, no sé aún por qué milagro difícil de explicar.

Macri no es Mises ni Hayek, obviamente. Pero es alguien que, nada más, ni nada menos, logró formar un partido que les ganó a los castristas, con la ayuda de Elisa Carrió. Nos salvamos además de un fraude que ya estaba a punto de ser ejecutado. En fin, creo que durante mucho tiempo gran parte de los argentinos no tendrán conciencia de la que se salvaron. Por supuesto hay muchos que están muy tristes, la verdad no sé por qué, se puede emigrar perfectamente a Cuba y Venezuela, pero, tengan cuidado, dentro de 20 años dependerán tal vez de Putin, Trump y los Chinos.

Lo que ahora sucede es que, tal vez por primera vez en nuestra historia, tenemos la posibilidad de ser un solo país, identificado sencillamente con una sola cosa: la República. O sea el liberalismo político, pero, shhhh, no lo digamos, a ver si por esa mala palabra todo se arruina. ¿Y el peronismo? Pues bien, allí está la clave: el peronismo NO kirchnerista es la clave, como ya dije, en el proyecto de una Argentina que logre alguna vez ser un solo país. En su capacidad de ejercer una oposición republicana, y no la “resistencia pro-Venezuela” radica la esperanza de Nación (como si yo fuera un defensor de la idea de Nación, pero estoy escribiendo en la cancha de juego que me toca jugar).

En la curva gaussiana de la política, siempre quedarán, en sus extremos, como antisistema, todos los que odiarán for ever (lo digan o no) a la Constitución del 53 barra 94 y etc. Pero en el medio, tenemos una nación. Los kirchneristas han quedado definitivamente afuera, pero, cuidado, pueden volver, y la Argentina como proyecto de país se hundirá definitivamente en el agujero negro de la historia.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Un país sumergido en la ciénaga – Santiago Kovadloff

Por Santiago Kovadloff
Fuente: La Nación
http://www.lanacion.com.ar/1811557-un-pais-sumergido-en-la-cienaga
18 de julio de 2015

Hay una Argentina horrorizada. Una Argentina agónica porque se va quedando sin las voces de quienes se atreven a hablar en su nombre. Una Argentina cuyo corazón no termina de estremecerse al ver la intensidad que ha cobrado entre nosotros la embestida brutal contra la ley. Una Argentina que ve quebrantada su independencia en todos los órdenes que debieran probar su fortaleza. La impunidad se ha adueñado de los hechos y las palabras. Seguir leyendo Un país sumergido en la ciénaga – Santiago Kovadloff

Lamentarse por Argentina – Samuel Gregg

La disfuncionalidad del país es mucho más profunda que la desastrosa presidencia de Cristina Kirchner

Por Samuel Gregg

Fuente: The American Spectator
http://spectator.org/articles/62239/weeping-argentina
28 de abril de 2015

“Existen países que son ricos y países que son pobres. Y existen países pobres que se van enriqueciendo. Y después está la Argentina.”

Este dicho, atribuido al Premio Nobel de Literatura 2010, el peruano Mario Vargas Llosa, es posiblemente la descripción más penosa de lo que muchos consideran el libro de texto del siglo XX sobre decadencia económica. Pasados ya quince años del siglo XXI y ahora en campaña para las elecciones presidenciales de octubre, no existen señales de que la Argentina vaya a cambiar de rumbo en el corto plazo. Eso es, en parte, porque los problemas de la economía argentina, que parecen intratables, reflejan graves problemas de índole política y cultural que la mayoría de las élites del país –y la mayoría de los argentinos– tienen poco interés en resolver.

La primera cosa de la que me di cuenta durante mi reciente visita a la Argentina es de cuánto habían empeorado las cosas desde mi anterior estancia en el año 2010. El centro de Buenos Aires es una mezcla impresionante de estilos artísticos: Art Deco, barroco, parisino del siglo XIX y estilos coloniales mezclados con una sorprendente y acertada arquitectura moderna. Entre estas mismas calles, sin embargo, es difícil no observar el creciente número de mendigos, gente cuya vida ha sido destruida por el alcohol y las drogas, prostitutas y numerosos indigentes que viven en los portales y muchos de los elegantes parques de la ciudad. Además, en cuanto uno se aleja un poco del centro de la ciudad de Buenos Aires, se encuentra rápidamente con barriadas (“villas miseria”) en las que ni la policía se atreve a entrar.

Estos contrastes son comunes en la Argentina contemporánea. Otra discrepancia la constituye la inflación rampante y el declive general en los niveles de vida por un lado, y la interminable retórica de “igualdad y justicia social” que rige el discurso político, por el otro. La cruda realidad es que los doce años de las presidencias combinadas del último Néstor Kirchner y de su esposa Cristina Kirchner, con sus políticas económicas populistas de izquierdas –impulsadas con la excusa de promover la igualdad económica y la justicia social– han llevado a la Argentina a sumirse todavía más en el deterioro económico.

En el año 2013, el entonces presidente de Uruguay José “Pepe” Mújica –un antiguo guerrillero de izquierda para nada conservador– calificó negativamente a la aproximación del gobierno argentino a la economía como de “autarquista”. Estas políticas han incluido la nacionalización de grandes industrias, un mayor nivel de proteccionismo, medidas de sustitución de la importación, el aumento de la regulación y el establecimiento de medidas de control cambiario. Dependiendo de con quién uno hable en la Argentina, existen al menos cinco tipos de cambio, oficiales y “no oficiales”, del peso argentino. Como es de esperar, a nadie le interesa demasiado seguir el tipo de cambio fijado por el gobierno. La mayoría de la gente opta por el conocido “mercado azul o blue”. Cuando pregunté por qué se empleaba el término azul, se me contestó: “es un color más elegante que el negro”.

Además está presente el drama endémico de la corrupción que azota a la Argentina (y a gran parte de América Latina). Si se quiere entender por qué el Papa Francisco machaca la corrupción y su perversidad, se debe tener en cuenta este contexto económico básico, que es el que ha conocido. El Foro Económico Mundial, en su Reporte sobre Competitividad Global 2014-2015 ubicó a la Argentina en el puesto nº 139 (de un total de 144) en “ética y corrupción” y en el puesto nº 141 en el rubro “tráfico de influencias”. La corrupción está especialmente esparcida en el ámbito judicial y policial, por no mencionar el político, con la familia Kirchner siendo la cara más visible de los políticos acusados de malversación de fondos.

A un nivel más amplio, el FMI ha afirmado que el gobierno argentino ha estado falseando sus estadísticas de inflación y desarrollo durante años. Visto con perspectiva, el ampliamente difundido asesinato del fiscal Alberto Nisman encaja en el patrón propio de algo que, tarde o temprano, termina siendo característico de los regímenes populistas de izquierda: la criminalidad sistemática.

Estas son sólo algunas de las razones por las que la Argentina fue ubicada en el puesto nº 169 (sobre 178) en el Índice de Libertad Económica 2015 junto a países “ejemplares” en materia de buen funcionamiento económico como son los de los dos Congos, Zimbabue, Corea del Norte y Venezuela. Esto se traduce directamente en una pesada y onerosa carga de medidas regulatorias para los negocios locales. En el Índice 2015 del Banco Mundial sobre facilidad para hacer negocios (Doing Business), la Argentina se ubicó en el puesto nº 124 de 189, aún peor se ubica en el apartado facilidad de iniciar un negocio, donde ocupa el puesto nº 146 de 189. Naturalmente, son estas mismas condiciones las que a su vez desalientan la inversión extranjera.

Parte del guión populista de izquierda consiste en que cuando las cosas van inevitablemente mal se culpe al resto del mundo, especialmente a los extranjeros, de los problemas que se padecen. La lista de Kirchner de cabezas de turco incluye a los fondos de inversión, el FMI, los Estados Unidos y los peligrosos neoliberales. La presidenta Kirchner también ha intentado distraer la atención de los argentinos de su fracaso económico –como ya hiciera el general Galtieri en 1982– aumentando las tensiones con Inglaterra a raíz del caso Malvinas.

Esto, de hecho, señala un problema incluso más profundo en la política argentina: el rechazo a aceptar que los problemas de la Argentina son auto-infligidos. Nadie hizo que el electorado argentino votara a los Kirchner y los aupara al poder en tres ocasiones. Nadie fuera de la Argentina obligó a la diarquía Kirchner que adoptara medidas económicas populistas de izquierda. Nadie más allá de las fronteras ha forzado a los argentinos a abrazar la corrupción. Sobre el clientelismo rampante que ha infectado a la Argentina de arriba a abajo, exige dos grupos: aquellos que usan el poder gubernamental para ofrecer favores a cambio de votos, y aquellos que aceptan el patrocinio y después votan conforme lo pactado. Esto implica que millones de argentinos son cómplices en prácticas que han envenenado la economía del país.

Durante mi visita a la Argentina, me preguntaron varias veces qué es lo que necesita hacer el país. Frecuentemente, la pregunta venía precedida de algún comentario señalando que la Argentina necesita líderes fuertes para revertir la situación.

La verdad, sin embargo, es que la Argentina no necesita más de “grandes hombres”, ni de ningún caudillo populista. En lugar de ello, lo que la Argentina necesita son reformas fundamentales en sus instituciones políticas, jurídicas y económicas. Las instituciones argentinas están entre las más débiles del planeta, ubicándose en el puesto nº 137 de 144 en el informe del Foro Económico Mundial, antes mencionado.

Revertir esta tendencia resulta más fácil de decir que de hacer. La transformación institucional es dura, requiere paciencia y demanda mucho tiempo. En las democracias modernas, en las que los votantes tienen mala memoria y visión cortoplacista, esto constituye cada vez más un gran desafío. Esto también implica reconocer que la reducción de la pobreza, en el largo plazo, obedece más a instituciones estables que promuevan el crecimiento que a la redistribución de la riqueza. En un continente tan obsesionado con la igualdad económica como la mayoría de los países de Europa occidental, esto exigiría una auténtica revolución intelectual.

En el caso de la Argentina, estos cambios implican también hacer frente al hecho de que las dos figuras investidas con un aura pseudo-religiosa –Juan y Eva Perón– no solo contribuyeron significativamente a la larga decadencia del país, sino que también necesitan de una urgente desmitificación. Incluso hoy en día, uno puede ver cuadros prominentes y memoriales bien mantenidos dedicados a los Perón, distribuidos por las distintas localidades del país. ¿Qué mejor manera para la Argentina de poner distancia entre ella y el populismo que reconociendo el gran daño los Perón causaron –y que siguen haciendo los peronistas demagogos de la actualidad– al país?

La escala de fracaso del kirchnerismo, sin mencionar su chabacanería, ha creado quizá condiciones únicas para condenar este pasado. Pero la pregunta real es si los argentinos y sus líderes están realmente dispuestos a dar el salto mental y cultural necesario, mientras se acercan las elecciones del próximo octubre.

“Cualquiera sería mejor que Cristina”, me decían constantemente. Pero el problema de la Argentina es de tal magnitud que hace falta algo más que simplemente un “no Cristina”. Se requiere de un completo abandono de modos de pensar y de prácticas consolidadas por actitudes y criterios presentes casi de modo innato en la retrógrada cultura económica argentina.

En este sentido, me temo, siendo realista sobre la Argentina, que –parafraseando a un primer ministro israelí–, necesitaré fe en los milagros.

Nota: La traducción del artículo original Weeping for Argentina”, publicado por The American Spectator, el 31 de marzo de 2015 es de Mario Šilar del Instituto Acton /Centro Diego de Covarrubias para el Acton Institute.
El traductor agradece la colaboración de Pedro Aparicio López y Lorenzo Vigo del Rosso.

Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

Pobreza, estado de derecho y desarrollo humano

Por Samuel Gregg
Fuente: The Public Discourse
1 de diciembre de 2014
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Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

La desigualdad en un mundo de capitalismo prebendario

La actual preocupación sobre la desigualdad ignora la causa principal

 Por Samuel Gregg

Fuente: The American Spectator 

14 de enero de 2014

 Si los papas y los presidentes tienen algo que ver en esto, parece que el 2014 va a ser “el año de la desigualdad”. De hecho, el regreso de antiguos y repetidos argumentos sobre el tema ya ha comenzado. Los economistas, por ejemplo, vuelven a discutir sobre las estadísticas relacionadas con la desigualdad. Otros vuelven a debatir la perenne cuestión filosófica sobre el significado de la desigualdad y según como se la entienda si esta es algo malo. Seguir leyendo La desigualdad en un mundo de capitalismo prebendario

Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg