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La verdad os hará liberales – Gabriel Zanotti

LA VERDAD OS HARÁ LIBERALES

(SOBRE EL DEBATE POR EL ARTÍCULO DE VANESA VALLEJO)

 Por Gabriel J. Zanotti

9 de julio de 2017

Fuente: Filosofía para mí

No es la primera vez que hay un debate interno sobre este tema entre los liberales (clásicos) pero ante este artículo de Vanesa Vallejo (https://es.panampost.com/vanessa-araujo/2017/07/01/conservadurismo-y-libertarismo/) y la crítica que recibió  (https://www.misescolombia.co/peligroso-coqueteo-vanesa-vallejo-conservadurismo/), el debate, que vengo escuchando hace ya casi 43 años, ha renacido nuevamente en las redes sociales liberales latinoamericanas. Seguir leyendo La verdad os hará liberales – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Por qué fracasan los países: una lección para Argentina – Nicolás Cachanosky

Por Nicolás Cachanosky

Fuente: Infobae

21 de abril de 2017

 En su best-seller Por qué fracasan los países, Daron Acemoglu y James A. Robinson hacen un extenso estudio sobre los descalabros y éxitos de los países a lo largo de la historia. Países exitosos son aquellos que crean riqueza de manera sostenida y estable reduciendo sus niveles de pobreza. Los países que fracasan presentan el caso contrario, no logran crear riqueza de manera estable y tienen serias dificultades para reducir sus niveles de pobreza. Acemoglu y Robinson argumentan que el éxito y el fracaso de los países no se deben ni a cuestiones geográficas como recursos y clima ni a cuestiones culturales, sino que dependen del marco institucional. Seguir leyendo Por qué fracasan los países: una lección para Argentina – Nicolás Cachanosky

El infernal “paraíso” de la soledad sueca – Mario Šilar

EL INFERNAL “PARAÍSO” DE LA SOLEDAD SUECA
Individualismo y Estado de Bienestar

“The family disappears and society
is confronted with separate individuals only”[1].


15 de noviembre de 2016
por Mario Šilar

          He tenido la gran fortuna de conocer hermosas ciudades y paisajes de los países nórdicos de Europa. Habiendo nacido y crecido en Sudamérica y viviendo hace varios años en el Viejo Continente, cuando uno hace turismo no puede evitar pensar: “¡qué bien se vive por aquí!”. Pero ¿es realmente así? Fácilmente reconocemos que una cosa es el ojo del turista y otra la realidad del inmigrante que lleva varios años viviendo en un sitio muy lejano de sus raíces.

          Todos sabemos, además, que “los países nórdicos” ocupan buena fama entre la opinión pública. En buena medida esto se debe a la tarea “informativa” de los medios de comunicación, así como las frecuentes referencias que hacen diversos actores políticos poniendo a estos países como los ejemplos a seguir. En efecto, es a estos países a los que miramos cuando queremos mejorar los sistemas educativos, ellos suelen ser también los referentes en materia de conciliación laboral, de derechos sociales e incluso de políticas de asilo y migración. En el imaginario de la opinión pública parece habitar la idea de que Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca han logrado casi “cuadrar el círculo”, en la medida en que han sentado las bases institucionales para lograr una sociedad que goza de los niveles de prosperidad que ofrece la economía de mercado, al tiempo que han logrado –fruto de una supuesta fuerte presencia gubernamental– lidiar con éxito frente al monstruo de la desigualdad, que supuestamente anidaría en las economías capitalistas. Por el contrario, algunos retardatarios –en el colmo de su impostura– acogerían e incluso verían con buenos ojos la desigualdad a la que consideran la condición de posibilidad para tener una economía genuinamente libre y digna de los seres humanos. No se puede ser tan cruel, piensan muchos que tienen esta quimera mental en su cabeza, de pensar que el estado debe estar ausente para tener economías libres, y allí tenemos estos países nórdicos para “demostrar” lo contrario: que se puede vivir bien, en la abundancia, gracias a un estado fuerte que provee las bases económicas para equilibrar la balanza.

          Dentro de este imaginario también suele acogerse la idea de que el individualismo es fruto del modus vivendi “consumista” alentado por el sistema económico capitalista, y que la socialdemocracia o un pretendido socialismo “light” fue el marco conceptual que estuvo y está a la base del éxito y de la prosperidad del modelo social nórdico actual.

          ¿Es todo esto realmente así?

          No.

          Un reciente documental, de gran calado sociológico, analiza la realidad de la vida en Suecia, desenmascarando un auténtico drama oculto que viven actualmente muchos ciudadanos en ese país. Algunas estadísticas demográficas son desoladoras; revelan que, en la actualidad, uno de cada dos suecos vive solo (es la tasa más elevada del mundo), y que uno de cada cuatro suecos muere en soledad… lo que es más estremecedor… existen muchos cadáveres que no son reclamados por ningún otro ser humano, y personas que fallecen solas en su domicilio y pasa largo tiempo hasta que son identificadas. La situación es tan impactante que hace pocos días un medio de prensa, no precisamente promotor de las ideas de la economía de libre mercado –todo lo contrario–, publicaba una nota en la que abordaba este drama, titulada: “Suecia en caída libre hacia el aburrimiento”.

          El documental, titulado La teoría sueca del amor (2015) y dirigido por el cineasta ítalo-sueco Erik Gandini no se limita a describir el presente de la situación social sueca sino que rastrea los orígenes de este abismo de soledad y abulia que invade a buena parte de la sociedad. Es aquí donde podemos observar que la respuesta fácil y perezosa que consiste en endilgar al supuesto individualismo liberal la raíz de esta situación se revela claramente falsa. El documental desgrana lo que fue el proyecto de familia pergeñado bajo la tutela del primer ministro (socialdemócrata) Olof Palme[2] en los años setenta. En efecto, en 1972 el gobierno sueco elaboró un programa de gobierno titulado “La familia del futuro: una política socialista para la familia”, que se constituyó en un auténtico manifiesto en el que se establecían las directrices de la política estatal para lograr una familia “nueva”. El programa buscaba independizar al individuo de los lazos familiares. En efecto, el programa establecía la independencia o autonomía como un derecho humano fundamental: el individuo es un ser autónomo y puede, si así lo quiere, tener una familia pero puede liberarse de “las cargas familiares”, que generan dependencia. De este modo, el individuo sueco tendría la “libertad” para definirse solo por las relaciones reales que quisiera establecer mientras que el estado tutelaría y se haría cargo de las otras relaciones que el individuo considerase “gravosas”. Un principio fundamental (muy discutible y que revela la escasa profundidad antropológica y ética) de esta concepción consiste en asumir que las “interacciones” se basan en la “independencia”.

          Veamos un caso concreto: si una mujer se encuentra en pareja con un hombre y depende económicamente de éste, ¿se puede decir que se trata de una relación verdaderamente voluntaria? ¿no supone, acaso, esta dependencia económica una limitación a la voluntariedad de la relación? Según las líneas del manifiesto una relación de este tipo no sería auténticamente voluntaria; de ahí que el estado deba intervenir para dotar de los recursos económicos necesarios para dar mayor “independencia” a los miembros de esa relación. El principio de acción es muy simple: cada ser humano debe sentirse un ser autónomo y no como un apéndice de su tutor, cuidador, pareja o progenitor. Así de sencillo…, el clásico y falaz aut aut que no deja margen para una solución superadora. Para lograr este afán de independencia, auténtico ideal de vida que la clase política insufló en la ciudadanía sueca, debía ser posible generar las condiciones económicas y sociales que ofrecieran la sostenibilidad, de modo que solo se cultivaran relaciones “genuinamente auténticas”. Demasiado bueno para ser verdad…, en verdad, demasiado destructivo por no ser ni bueno ni verdadero, y condenado a no durar.

          Pasados más de cuarenta años de la aplicación de las políticas sociales inspiradas en el manifiesto, la realidad es que la mitad de la población sueca vive sola y que, según un estudio de la Cruz Roja sueca, el 40%, además, afirma sentirse solo. Y, respecto de la relación entre hombres y mujeres, el ideal de independencia no se detuvo simplemente en la independencia económica. Las mujeres suecas son las mejores clientas de los bancos de esperma existentes. Cryos, el banco de esperma más grande del mundo se encuentra en Dinamarca, y desde allí envía el líquido seminal con un sistema que permite una “aplicación casera” a los distintos domicilios de Suecia. La demanda de los “baby vikings”, como se les conoce, supone un mercado en rápido crecimiento.

          Esta silenciosa pero radical transformación de la sociedad sueca no pasa desapercibida a los ‘outsiders’, quienes también padecen las consecuencias de la transformación en el modus vivendi. Se calcula, por ejemplo, que los refugiados que arriban a Suecia tardan una media de siete años en encontrar trabajo y que las pocas relaciones de amistad que logran establecer son principalmente con ciudadanos no suecos. La pregunta común y frase hecha que suelen hacer muchas personas cuando arriban a Suecia es “¿pero dónde están los suecos?”

          Cualquier persona medianamente sensata puede intuir lo perverso de todo el asunto y la manipulación que ha debido ejecutar la acción gubernamental sobre nociones básicas como la voluntariedad, la autonomía, la independencia, e incluso sobre la misma noción de relación  humana, para llegar a este estado de cosas. Conviene volver una y otra vez al magistral texto de Joseph Ratzinger, “La libertad y la verdad”[3] donde supo intuir qué se esconde detrás de este ideal de autonomía radical, al tiempo que desgrana la estructura antropológica fundamental del ser humano como un ser-de, ser-para y ser-con, único ámbito desde el que se puede ser verdaderamente libre y responsable. Es desde esta estructura antropológica fundamental desde donde el hombre puede sentirse verdaderamente realizado. Se trata de un texto profético, no en vano bebe en la tradición del pensamiento clásico y cristiano, que señala la importancia de la amistad como virtud intensiva, indispensable para tener una vida auténticamente humana. En efecto, aunque uno alcanzara las cimas de la contemplación, no sería verdaderamente feliz si no tuviera un amigo (Cicerón, Francisco de Vitoria). La sociedad sueca diseñada por la tecnocracia socialdemócrata no supo intuir lo que se perdería si se perdía la sana y genuina interdependencia entre los seres humanos. En una entrevista que se puede observar en el documental, el sociólogo de origen polaco Zygmunt Bauman afirma: “Los suecos han perdido las habilidades de la socialización. Al final de la independencia no está la felicidad, está el vacío de la vida, la insignificancia de la vida y un aburrimiento absolutamente inimaginable”. Y un sueco, testigo privilegiado de todo esto da en la clave del problema al afirmar: “Que el estado de bienestar se esté haciendo cargo de nosotros, ese es el problema. Deberíamos estar cuidándonos entre nosotros[4].

          Además, lamentablemente, el manifiesto no es fruto de una idea un tanto alocada de un actor político concreto sino que obedece a la lógica interna de la visión socialista-marxista de la sociedad. Ludwig von Mises no es un autor libre de errores y se pueden cuestionar muchos de sus implícitos antropológicos, no obstante en este asunto, supo intuir con una agudeza casi profética la radical inquina que la cosmovisión socialista tecnocrática manifiesta sobre la concepción de la familia como institución natural. Ahí están sus casi ignorados Socialismo (primera edición 1922) y La acción humana (1949) para el que desee explorar el tema. Ya en el primero de los textos citados von Mises supo ver la íntima relación entre una economía planificada, un estado tecnocrático y el inevitable avance de ingeniería social que actúa erosionando la institución familiar:

“Proposals to transform the relations between the sexes have long gone hand in hand with plans for the socialization of the means of production (…). Marriage is to disappear along with private property. (…) Socialism promises not only welfare-wealth for all-but universal happiness in love as well”[5].

            Deseo insistir en que, como se puede observar, el marco conceptual desde el que se buscó dar impulso al individualismo no tuvo ni tiene nada tiene que ver con las bases morales de una economía de libre mercado, sino que obedeció al impulso más básico de la tecnocracia de corte socialista que pretende mediante la ingeniería social definir “de arriba a abajo” el modo en que se debe desarrollar la vida social. Es realmente lamentable la errónea puntuación de causa y efecto que muchas personas religiosas suelen hacer al señalar el individualismo como un efecto de un sistema económico libre cuando, con análisis y estudio sereno, se puede descubrir una y otra vez que gran parte del comportamiento individualista de las sociedades avanzadas obedece a medidas más o menos tecnocráticas llevadas a cabo por el poder gubernamental sobre la sociedad civil. En otra ocasión ya he mencionado la noción de “individualismo delegatorio”, que considero fundamental para llevar a cabo un análisis de la vida social de mayor calado y que, tal vez, sea indispensable para leer adecuadamente los males y los signos de nuestro tiempo.

  Con afán un tanto provocador, G. K. Chesterton gustaba decir que la familia es una organización “anárquica” (algo que a veces pienso cuando regreso por las noches a mi hogar y veo lo que mis hijos han hecho en el salón). En verdad, con ello señalaba un punto fundamental: en rigor se refería a que no hacía falta un acto gubernamental para que esta cobre existencia y subsista. Se trata de la clásica bipolaridad aristotélica por la que al tiempo que el hombre es un zoón politikón, es un ser “más conyugal que político”, es decir, la polis se constituye por familias, que son el soporte y constituyen la base moral pre-política de la vida cívica. Se trata, paradójicamente, de una convicción que hoy apenas sobrevive en buena medida entre algunos pensadores de la tradición liberal clásica, esa que frecuentemente es tan denostada por algunos defensores de la familia, férreos antiliberales. Sería bueno que viajaran a Suecia o que al menos se tomaran un momento para ver el documental citado. Tal vez llegarían a identificar adecuadamente la verdadera amenaza que se cierne sobre la familia hoy en día.

  En síntesis, el elixir de una sociedad de individuos (y no de familias, comunidades intermedias, etc.) profundamente aislados entre sí, en donde destaca en un primer puesto claro el individualismo secularizado sueco, como bien muestra el WVS – World Values Survey en su última edición (véase el cuadro nº 1 al final del texto), no ha sido creado por supuestas fuerzas ciegas de una economía de libre mercado. Por el contrario, ha sido causado por la planificación tecnocrática de corte socialista –advertido por Mises hace casi 100 años[6]–, de rechazo radical al carácter socialmente interdependiente de la vida humana, tal como reconoce y acoge la cosmovisión cristiana y la tradición liberal clásica. Celebro la presentación de este documental que ha agregado otro bit de información en esa ingente tarea que supone enseñar que la obsesión o “ideal” por la independencia y la autosuficiencia, y su maridaje con un estado de bienestar que debería de proveer todas las necesidades físicas y materiales termina generando anomia social, apatía, soledad y, en última instancia, alienación y pérdida de sí. Es fundamental que las personas con juicio crítico y una visión trascendente de la vida sepan advertir los agujeros negros existenciales que se generan en la actualidad e identifiquen adecuadamente las causas de estos agujeros.

Cuadro nº 1: Comparación de los valores humanos según dos ejes[7]:

imagen-art-mario

Eje vertical inferior: preponderancia a valores tradicionales.

Eje vertical superior: preponderancia a valores racionales secularizados.

Eje horizontal izquierdo: preponderancia a valores de supervivencia.

Eje horizontal derecho: preponderancia a valores de expresión del propio self.

[1] von Mises, Ludwig, “The Social Order and the Family”, en Socialism. An Economic and Social Analysis, New Haven, Yale University Press, 1951 (first edition 1922), p. 101.

[2] Palme fue una figura controvertida de la política doméstica e internacional; entre otras cosas posee el dudoso mérito de haber sido el primer jefe de gobierno occidental en visitar Cuba luego de la revolución castrista, y dio un discurso en Santiago de Chile, alabando los procesos revolucionarios de Cuba y Camboya. Aunque socialdemócrata, no se trataba de una figura especialmente moderada.

[3] Véase, Ratzinger, Joseph, “La libertad y la verdad”, en Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo, Salamanca, Sígueme, 2003, pp. 200-222.

[4] “That the social welfare state is taking care of us is the problem. We should be taking care of each other”.

[5] von Mises, Ludwig, Socialism, p. 87.

[6] “Free love is the socialist’s radical solution for sexual problems. The socialistic society abolishes the economic dependence of woman which results from the fact that woman is dependent on the income of her husband (…). Public funds provide for the maintenance and education of the children, which are no longer the affairs of the parents but of society. Mating ceases to found the simplest form of social union, marriage and the family. The family disappears and society is confronted with separate individuals only”. von Mises, Ludwig, Socialism, p. 101.

[7] Fuente: http://www.worldvaluessurvey.org.

Mario Šilar

Senior Researcher del Instituto Acton Argentina Es Bachiller, Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Hizo estudios de Posgrado en Organización y Gestión Educativa, en la Universidad Austral. Tiene un Máster en Derecho de la Integración Económica, por la Université Paris I Panthéon-Sorbonne y un Máster en Formación del Profesorado por la UNED (España). Es Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Dos países podrían ser uno – Gabriel Zanotti

20 de diciembre de 2015

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Filosofía para mí

 

Si miramos con atención una foto del equipo de kirchneristas que rodearon a Cristina Kirchner, por un lado, y por el otro una foto de mi padre, podríamos preguntarnos cómo es posible que integraran el mismo país. Sus valores más profundos, sus horizontes intelectuales e ideológicos, su conducta personal, son tan abismalmente diferentes que podríamos decir, tal vez con un poco de desaliento, que son dos países, dos maneras irreconciliables de entender el mundo. Como una unidad, no tiene futuro. Los anarcocapitalistas dirían: mejor, pero yo les diré, como siempre: la secesión es dura y violenta. No es como ustedes la imaginan.

Pero la cuestión viene de mucho antes. Dos tendencias integraron siempre las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Una monárquica española y otra iluminista afrancesada. Ninguna de las dos era el ogro que una dice de la otra, y ninguna de las dos era el liberalismo clásico anglosajón que yo defiendo. Pero eran dos países. Finalmente, el único liberal clásico de aquellos tiempos, Alberdi, inspiró una Constitución tal vez liberal clásica que intentó ser un magro empate ante los dos países. Fray Mamerto Esquiú oró para que los monárquicos católicos la aceptaran y…… Bueno, mm, ok. Y allí comenzó la Argentina, ese siempre fallido intento de Nación.

Pero claro, no podía durar. Si, sólo ese tímido ordenamiento institucional produjo la Suiza de América Latina, pero había problemas en el paraíso. El golpe del 30 los pasó de la potencia –que, recuerden, no es una mera nada- al acto. Los halcones eran sencillamente nazis y los moderados, franquistas. Tal vez la corte hizo bien en ratificarlos a los 6 meses porque si no, creo, la tomaban por asalto y la convertían en un museo.

Así estuvimos hasta que un perfecto antiliberal y gran manipulador de masas siguió todos los manuales mussolinianos y, mientras Europa se encarrilaba por primera vez al liberalismo, habiendo aprendido el fracaso de las experiencias fascistas, ese supuesto país llamado Argentina comenzó su largo camino de fascismo marxista, que NO es una contradicción. Era uno de los dos países. Muchos le dieron apoyo intelectual, viendo en él la encarnación de la crítica a las “democracias burguesas”. Podría haber durado tanto o más que Franco, de no haber sido por su única reprobación de Maquiavelo 101: enfrentarse con la Iglesia Católica en los 54-55, iglesia que, en términos humanos, le había dado su apoyo pero, claro, hasta los límites que él mismo traspasó.

Los 60 y los 70, claro, fueron distintos. El marxismo NO fascista, sino sencillamente estalinista, avanzó intelectualmente como reguero de pólvora y, claro, produjo una perplejidad entre los nacionalistas peronistas. Unos se moderaron y se hicieron –tal vez como mal menor- casi conservadores que preferían la Constitución del 53 a la unión con Cuba. Otros, los tal vez más coherentes, se hicieron castristas y comenzaron el proyecto de revolución armada que concluye en Montoneros, más los comunistas no peronistas, el ERP. El otro país. El país que quiso, por la fuerza, ser Cuba.

El otro país, que había vuelto a la Constitución de 1953 por mano de la Revolución Libertadora, no entiende bien lo que pasa, no sabe cómo reaccionar. Los militares de las tres fuerzas aparecen como los “NO-CUBA” y dan golpe tras golpe, sin liderazgo ni visión suficiente como para integrarse a esa Constitución que pisotean cada dos por tres dando casi razón a una dialéctica hegeliana de la historia. Pero esas dos fuerzas en pugna tienen un enfrentamiento militar final y dramático: la guerrilla marxista montonera de los 70 en adelante contra los militares del 76. Ya sabemos cómo terminó todo.

La Argentina que queda, ese maltrecho proyecto de Nación, resurge en el 83 con una sola característica distintiva, que señalé una vez en el CEMA, en una conferencia, ante reacciones escépticas: NO cuenta ya con el factor militar y, por ende, tendrá que aprender, o no, el camino de la REPÚBLICA.

Pero, claro, el estatismo era incompatible con ello. Estatismo económico y político, porque Alfonsín, Menem –excepto De la Rúa- violaron las instituciones republicanas cada vez que lo necesitaron y el estatismo de los tres fue sencillamente delirante. En todo este período, sin embargo, cabe destacar que los peronistas, al menos de palabra, querían vivir en la Constitución republicana y no reivindicaban Cuba como modelo.

Pero no. Los peronistas castristas, estalinistas, allí quedaron. Definitivamente, el otro país. Tenían Cuba para irse a vivir pero no, querían Cuba con tango y Callo y Santa Fe. Pero esta vez fueron más inteligentes. Aplicaron la doctrina Hitler: al poder por la democracia, y luego la pateamos. Los Kirchner y los que inmediatamente los rodearon no fueron sólo un fenómeno de corrupción, como creen algunos. Fue un fuerte proyecto ideológico pro-Cuba, pro-Venezuela, que un 54 % de argentinos apoya, de los cuales un 35 %, tal vez, lo hizo por indolencia, ignorancia, idolatría del estado, o lo que fuere, ya no importa. El asunto es que no terminamos siendo un estado satélite de Venezuela, con el ejército venezolano en la casa rosada, no sé aún por qué milagro difícil de explicar.

Macri no es Mises ni Hayek, obviamente. Pero es alguien que, nada más, ni nada menos, logró formar un partido que les ganó a los castristas, con la ayuda de Elisa Carrió. Nos salvamos además de un fraude que ya estaba a punto de ser ejecutado. En fin, creo que durante mucho tiempo gran parte de los argentinos no tendrán conciencia de la que se salvaron. Por supuesto hay muchos que están muy tristes, la verdad no sé por qué, se puede emigrar perfectamente a Cuba y Venezuela, pero, tengan cuidado, dentro de 20 años dependerán tal vez de Putin, Trump y los Chinos.

Lo que ahora sucede es que, tal vez por primera vez en nuestra historia, tenemos la posibilidad de ser un solo país, identificado sencillamente con una sola cosa: la República. O sea el liberalismo político, pero, shhhh, no lo digamos, a ver si por esa mala palabra todo se arruina. ¿Y el peronismo? Pues bien, allí está la clave: el peronismo NO kirchnerista es la clave, como ya dije, en el proyecto de una Argentina que logre alguna vez ser un solo país. En su capacidad de ejercer una oposición republicana, y no la “resistencia pro-Venezuela” radica la esperanza de Nación (como si yo fuera un defensor de la idea de Nación, pero estoy escribiendo en la cancha de juego que me toca jugar).

En la curva gaussiana de la política, siempre quedarán, en sus extremos, como antisistema, todos los que odiarán for ever (lo digan o no) a la Constitución del 53 barra 94 y etc. Pero en el medio, tenemos una nación. Los kirchneristas han quedado definitivamente afuera, pero, cuidado, pueden volver, y la Argentina como proyecto de país se hundirá definitivamente en el agujero negro de la historia.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Temor y odio acechan a Occidente – Samuel Gregg

15 de noviembre de 2015

Por Samuel Gregg

Las civilizaciones van y vienen. Mientras que algunas de ellas son capaces de renovarse interiormente, no existe garantía alguna de que cualquiera de ellas se mantenga a sí misma durante largos periodos de tiempo. Hoy seguimos admirando los logros de Grecia y de Roma. Sin embargo, como culturas vivas claras, ellas han estado muertas durante siglos. Seguir leyendo Temor y odio acechan a Occidente – Samuel Gregg

Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

No ha muerto un estadista – Gabriel Zanotti

Para que los argentinos tengan bien claro la coherencia de la discípula de tan eximio NO estadista.


31 de octubre de 2010

Por Gabriel Zanotti

Los que me conocen saben que no acostumbro contar en público las costumbres religiosas que sean privativas de mi intimidad. Pero dadas las circunstancias diré que, apenas me enteré de la muerte de Néstor Kirchner, dirigí mi mirada hacia la imagen de la Virgen de Lourdes que tengo en mi escritorio y recé una oración por su alma, como lo hago por todos los difuntos. Seguir leyendo No ha muerto un estadista – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

El caballo negro del Fedro y las elecciones – Carolina Riva Posse

por Carolina Riva Posse

Noviembre de 2015

Muchos estamos contentos. Los resultados de las últimas elecciones han significado para gran parte de la población una promesa de crecimiento, una esperanza de mayor libertad.

Claro que no le pedimos a la política más que lo que puede dar. No esperamos ni debemos esperar la solución a todos nuestros problemas. Ningún gobierno es ni puede ser protagonista del desarrollo de un pueblo. Ni el que entra ni el que se va.

El hombre está atravesado por un deseo de infinito que nada en la tierra podrá colmar.

Sin embargo es importante escuchar al candidato del cambio declarar en su discurso que no se cree infalible. Después de años de una pretensión desmedida del Estado de decidirlo todo, controlarlo todo y silenciar a disidentes, una propuesta más medida y respetuosa del otro trae un poco de sosiego.

Augusto Del Noce, filósofo político italiano de gran actualidad, pero poco estudiado en la Argentina, ha alertado siempre contra la concepción salvífica de la política. El racionalismo filosófico, olvidando el estado de caída del hombre, su debilidad e ignorancia, se traduce en una filosofía política que proyecta sistemas perfectos irrealizables. Los totalitarismos del siglo XX se inscriben dentro de estos intentos mesiánicos que acabaron en muerte y destrucción. Del Noce retoma el “antiperfettismo” de Antonio Rosmini, una filosofía política que ponderaba virtudes y defectos de la Revolución Francesa, bien consciente de la igual posibilidad de mal en toda época, y esperando del político el minimizar este mal y nunca el extirparlo de raíz. Como recordara Del Noce, el caballo del Fedro está siempre amenazante.

En esta línea, la independencia de poderes, la limitación del poder en general, la alternancia, la participación ciudadana, son los objetivos que debemos tener en mente para consolidar una sana democracia. No da lo mismo cualquier candidato. Aunque juntos crezcan el trigo y la cizaña, no todos los campos son iguales.

Hace unos días el profesor italiano Adriano dell´Asta, experto en pensamiento ruso, escribía un artículo sobre el futuro de Europa frente al problema de los refugiados, y rescataba palabras del filósofo Nicolas Berdiaeff. Berdiaeff fue perseguido por orden directa de Lenin enseguida después de la guerra civil, y se pregunta cómo salvar Rusia, cómo salvar la propia identidad. Encuentro sus palabras de un gran valor para el momento actual de nuestro país: “Es imposible construir la vida sobre un sentimiento negativo, sobre un sentimiento de odio, de rabia o de venganza. Es imposible salvar Rusia con sentimientos negativos. La revolución ha apenas envenenado a Rusia de rabia y la ha embriagado de sangre. ¿Qué será de la pobre Rusia si la contrarrevolución la envenenara con nueva rabia y la embriagara con nueva sangre?”

Es interesante esta reflexión de Berdiaeff porque se podría enmarcar dentro de la línea del “antiperfettismo” rosminiano. Los nuevos no están exentos de caer en los excesos en que cayeron sus adversarios. Oponerse a ellos sería subordinarse a ellos en su mismo esquema. Es preciso salir de lo lógica de la violencia y la confrontación agresiva. “Debemos amar a Rusia y a su pueblo más de lo que odiamos la revolución y los bolcheviques”. Además, promueve Berdiaeff la necesaria autocrítica sobre lo ocurrido en la historia, la responsabilidad personal que se haga cargo de las acciones u omisiones que se pudieran haber cometido. Si el bolchevismo ha vencido, dice, es porque yo soy lo que soy. Sirvan estas palabras de ocasión para volver a las propias responsabilidades del estado actual de cosas en nuestro país desde el lugar que le quepa a cada uno.

Para Berdiaeff la salvación no vendrá por la fuerza ni por la llegada de buenos gobernantes, sino por la formación de grupos que consolidan vínculos sociales. La fuerza espiritual que él ve necesaria para la renovación debe surgir de las personas, y de la unión de estas.

Creo que las palabras del filósofo ruso son un incentivo para quienes creemos que la persona humana es infinitamente valiosa en su aporte a la sociedad y no puede subsumirse en el todo social, aunque éste se embandere con los slogans del bien común. El aporte de cada uno sí hace la diferencia, y no es cierto que los esfuerzos sean vanos. Hemos tenido evidencia también en estas elecciones de lo falsas que pueden ser convicciones repetidas sobre aparatos políticos invencibles.

Lo social se conforma con un trabajo educativo lento y laborioso que interpela a cada uno. No es  insignificante el aporte capilar que muchos hacen diariamente. Para algunos la política no se trata principalmente de altas esferas de poder que parecen tener tanta injerencia en nuestras vidas, sino que se determina sobre todo en la vida personal. Y vida personal no es egoísmo burgués, sino responsabilidad por lo que me toca. Lo que me toca es desarrollar lo mío. En esto nadie puede reemplazarme. Y el otro también me toca. La responsabilidad sobre los otros, necesitados, es también indelegable. No existe sistema perfecto que me exima de esas exigencias.

Ojalá el cambio que se viene haga posible el restablecimiento de la unión entre los argentinos y mejores condiciones para el desarrollo del pueblo que se entusiasma con la perspectiva de mayor libertad para crecer.

¿Un solo capitalismo o varios?

Por Marcelo F. Resico*

Publicado en Revista Criterio
http://www.revistacriterio.com.ar/bloginst_new/2015/07/15/un-solo-capitalismo-o-varios/

La obra Un análisis moral y económico de la economía de mercado. Fundamentos y desafíos en una era global (Ediciones cooperativas, Buenos Aires 2015) de Samuel Gregg resulta una lectura muy interesante y estimulante por diversos motivos. En primer lugar es una descripción fundamentada y amenamente redactada de los elementos esenciales de lo que el autor denomina la “sociedad comercial,” es decir, de los aspectos centrales del desarrollo económico en la modernidad, que se realiza sobre todo en la primera parte. Esta descripción de los fundamentos del sistema económico, que se han dado ligados al despliegue de la libertad, es importante hoy día puesto que por un lado sociedades como las denominadas “países emergentes,” buscan ese desarrollo económico. Por otro lado en muchos países, denominados avanzados, debido a que el fenómeno se produjo hace ya siglos, se encuentran ante disyuntivas al respecto, y particularmente los principales elementos han sido dados como por supuestos y quizás descuidados. Seguir leyendo ¿Un solo capitalismo o varios?

Libertad económica y la lucha contra la pobreza

Por Cecilia G. de Vázquez Ger
Mayo de 2013

Para comenzar este análisis, es necesario señalar la íntima relación existente entre la institución de la propiedad privada y la pobreza como condición necesaria para su superación aunque nunca su eliminación. Entendemos que esta es una relación no siempre comprendida ni aceptada en múltiples ambientes donde está inculturado lo contrario, la visión de que la propiedad privada es una de las causas de la pobreza

El estudio de la Teoría de la Preferencia Temporal y la Teoría del Capital de la Escuela Austriaca de Economía, explican con toda claridad que una de las condiciones necesarias para evolucionar desde la pobreza a estadios de mayor riqueza, ocurre técnicamente, cuando se produce el proceso de acumulación del capital. Esto nada tiene que ver con una visión ideológica del tema, sino con una visión científica: es necesario un proceso social llamado acumulación de ahorros que genere una acumulación de capital. La pobreza es en cierta medida, la consecuencia de la ausencia de esa acumulación de capital. La escasez como fenómeno connatural a la vida humana, y permanentemente olvidado en el escenario económico a la hora de la toma de decisiones públicas, requiere de ese complejo proceso para aumentar la productividad de la economía y así la cantidad de bienes y servicios para todos. Debe quedar clarísimo para el lector, que esto sólo es posible de manera sana y sustentable, si el orden social genera un proceso esencialmente antropológico llamado ahorro.

Esta perspectiva considera al ahorro como una experiencia que surge del interior del ser humano cuando este se vincula personal y culturalmente, consigo mismo y su descendencia en una relación intertemporal, especialmente alentada por hábitos familiares capaces de cultivarlos, y que al plasmarse en los procesos sociales y económicos, afectan toda la realidad de una sociedad.

El ahorro es siempre abstención de algún consumo presente destinado a la producción de los llamados bienes de capital, hacedores finales de más bienes de consumo en el futuro. Son las máquinas y herramientas que producirán en menos tiempo más bienes a precios accesibles para más personas. El ahorro se expresa en dinero que al ingresar al mercado de capitales afecta la tasa de interés, en condiciones de mercados libres, esto es, mercados en donde la tasa de interés exprese ni más ni menos que la valoración subjetiva intertemporal de las personas llamada preferencia temporal. Este proceso es lo que permite que la producción se oriente hacia estadios más alejados. He aquí la inversión, esa otra cara del ahorro productivo que genera el círculo virtuoso de la economía: más ahorro, más inversión, menores tasas de interés, mayor horizonte temporal, más bienestar futuro; proyectos de largo plazo que nos insertan en el mañana haciéndonos partícipes del desarrollo sustentable, a la vez que responsables de nuestra descendencia y de otra que no conocemos, nos enseña que de la privación presente, vendrá la abundancia futura.

La capitalización de la economía, lejos de dejar a las personas sin trabajo, genera un incremento en los salarios reales y por tanto una mejora en el nivel de vida de la gente. Estas son relaciones fundamentales de una economía sana y sencilla de comprender; conceptos que deben formar parte de la cultura económica de una comunidad que elige y delega en sus gobernantes tantas decisiones. El ciudadano de la calle demanda fuentes de financiamiento tanto personales como sociales, es una demanda no sólo lícita, sino indispensable para conducir la dirección de la economía, pero lo que él debe saber es que esto es posible cuando existen canales genuinos a tal fin. Esto es, cuando la sociedad ofrece mercados financieros sanos, que por sobre todo, ejerzan la esencial tarea de acercar el ahorro a la inversión y que esta sea la respuesta a la demanda final consumidora. El crédito para la casa propia, un fenómeno social por excelencia que anima a las nuevas generaciones a la legítima autonomía, es expresión de la generosidad social emergente natural de las sociedades que cultivan y permiten la cultura del ahorro.

Lamentablemente desde los años 40 en la Argentina, la ignorancia inculturada llegó a encarnarse en frases como la que repite la marcha peronista: “combatiendo al capital” ubicándonos a la cola del desarrollo genuino, humano e integral, esa frase tan bien utilizada por Benedicto XVI.

Ahora bien, cometeríamos un gravísimo error si no incorporásemos a este análisis aquella tierra fértil donde se produce el florecimiento económico: el conjunto de condiciones políticas, jurídicas e institucionales estables, capaces de permitir un marco de certidumbres mínimas que encaucen el germen creativo que anida en la libertad económica.

La defensa y promoción del mercado como una institución social, intersubjetiva por excelencia, y la propiedad privada de los medios de producción como el mejor sistema capaz de asignar los recursos siempre escasos, en presencia del Estado de Derecho y por tanto de Igualdad ante la Ley, es la principal defensa contra la formación de privilegios y monopolios jurídicos para un grupo de personas. Esto es fundamental para gozar de los frutos de la libertad económica, a la vez que todos los derechos y deberes que emanan de la vida en libertad. Libertad de ingreso y salida a los mercados de bienes y servicios, capitales y personas en condiciones de sana competencia, esto es, de un proceso creativo que aliente la eficiencia en el uso de los escasos recursos de los que cada uno de nosotros debemos ser administradores responsables.

Hoy en día, la Argentina atraviesa por una nueva batalla en lo que hace a la defensa de sus instituciones jurídicas. Perderla, es alejarnos cada vez más de aquellas condiciones indispensables para lograr ese desarrollo humano integral que incluye el cuidado de nuestra propiedad, y siguiendo la línea de lo que venimos explicando, la vocación por el ahorro genuino, el gusto que ello implica cuando el resultado es una mirada sobre la familia, la descendencia, la responsabilidad de cada uno, por esos otros, los más cercanos que conocemos, y los más lejanos sobre los que nuestras decisiones de ahorro influirán profundamente.

El ahorro acompaña el desarrollo de hábitos que alejan la ansiedad desenfrenada por el hoy, expresada en un consumismo materialista, y colabora en recuperar y descubrir una proyección personal indirecta, en los procesos productivos, como camino de una sana distribución de la riqueza. Pero todo esto es socialmente posible, cuando la sociedad ofrece a la persona, las instituciones que lo permitan. Ahorrar bajo el colchón, no se llama ahorro sino atesoramiento. Esto se parece más a la imagen del avaro que se encierra en sí mismo, en vez de a la visión del emprendedor que se abre y toma riesgo porque se anima implícitamente a un compromiso social cual es la producción de bienes y servicios, que mirados desde una filosofía creacionista, permite que el hombre se asocie una vez más a la obra creadora de Dios. Siempre hay dos miradas, la una es contemplar una naturaleza virgen, maravillosamente natural, impenetrablemente perfecta. La otra, es contemplar a esa naturaleza atravesada, penetrada por la mano del hombre que se asocia a su belleza a través de su obra creadora.

Serán los contratos libres y voluntarios, los que brinden una mínima dosis de certidumbre frente al futuro, y permitan la previsibilidad institucional necesaria para animarse al riesgo creativo e innovador propio del espíritu empresarial; y serán los límites jurídicos claros, que impidan los privilegios y prebendas que permiten llegar a los amigos de quienes están en el poder, a ocupar lugares a los que se accede por el mérito empresarial y no por el lobby de seudo-empresarios.

Esto lejos de ser una utopía, es el sencillo encuentro del marco jurídico con los fenómenos económicos que dan lugar al funcionamiento adecuado del proceso de mercado. Es entonces que la libertad económica, enmarcada en un estado de derecho que defienda la propiedad privada de los medios de producción y asegure la validez de los contratos y la igualdad ante la ley, se aceptará como una expresión más de la vida humana, desvinculada de falsas ideologías y como camino indispensable para que la dignidad ocupe su lugar en los hogares argentinos, en lugar de una infinita maraña de absurdas reglamentaciones y regulaciones paralizantes de la iniciativa y creatividad.

Este es un camino al que nos lleva la libertad económica que tiene como toda expresión de la libertad, consecuencias éticas que hacen crecer a cada uno individualmente y como sociedad.

Cabe preguntarse: cuándo nos convenceremos de lo que afirmaba Lord Acton “La libertad es el fruto de una sociedad madura”.