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La confusión liberal – Armando Ribas

Por Armando Ribas

Para Instituto Acton

10 de febrero de 2019

Cada día me convenzo más de la confusión prevaleciente respecto al liberalismo y su consecuencia que es la falacia de la igualdad. De ella surge la democracia determinante del éxito político del socialismo y su evidente fracaso económico. Hablar de Democracia Liberal constituye la primera confusión al respecto. La democracia tal como lo describió Aristóteles hace 2500 años constituye la destrucción de la república. O sea implica la violación de los derechos individuales.

Las ideas que cambiaron al mundo no son de ayer y como dice Richard Epstein, “Los principios incorporados en la Constitución Liberal clásica no son aquellos que operan solo en esta o aquella era. Son principios para todas las eras”. Ese principio me parece fundamental y su ignorancia determina la crisis que vive hoy el a mi juicio mal llamado mundo occidental.

Esos principios se impusieron por primera vez en la historia en la Glorious Revolution de 1688 basada en las ideas de John Locke: 1) la limitación de las prerrogativas del rey: los monarcas también son hombres. 2) El respeto por la propiedad privada. Y 3) El derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Y éste lo consideraba el principio fundamental de la libertad. En función de ellos se alcanzó la llamada Revolución Industrial.

Esa evolución llegó a Inglaterra no en virtud ni de la cultura ni de la naturaleza anglosajona. Al respecto David Hume escribió: “Los ingleses en aquella era estaban tan sometidos que como los esclavos del Este estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre sí mismos y a sus propias expensas”.

Aquellos principios fueron llevados a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers en Estados Unidos a partir de la Constitución de 1787. Lamentablemente estos principios liberales han sido denominados en Estados Unidos como conservadorismo.  Denominación que le ha dado una ventaja política a la izquierda en nombre de la falacia de igualdad, pues como también advirtiera Aristóteles: “Tengan cuidado que los pobres siempre van a ser más que los ricos”. Y como bien reconociera William Bernstein en su “The Birth of Plenty” el mundo hasta hace unos doscientos años vivía como vivía Jesucristo.

Al respecto de esta confusión pendiente podemos ver artículos recientes de Foreign Affairs. En el primero Gideon Rose escribió “Los Estados Unidos y el Orden Liberal”. En el mismo se refiere a la función de Estados Unidos en el orden liberal del mundo, cuando la realidad es que no ha existido un orden liberal en el mundo, pues Europa lo ha ignorado por siglos y hasta la fecha. Como bien reconoce Ayn Rand: “La filosofía americana de los derechos del hombre nunca fue reconocida completamente por los intelectuales europeos”. Y la prueba de la inexistencia del orden liberal en el mundo es la crisis europea, que se debe a la inclusión de la demagogia a través del socialismo, y su consecuencia el aumento del gasto público. Ver cuadro

Otro aspecto ignorado por Rose es el que se refiere a lo que considera la crisis de lo que llama el orden liberal. Al respecto considera que la causa es el déficit fiscal e ignora que como bien reconociera Milton Friedman: “Lo que importa no es el déficit sino el nivel del gasto, que es el costo que paga la sociedad con impuestos, con inflación y con deuda”.

En otro artículo de Foreign Affairs “Cómo Termina el Orden en el Mundo”, Richard Haass nuevamente insiste en el enfrentamiento entre China y Estados Unidos. En el mismo se refiere a la Guerra del Peloponeso -Grecia y Esparta- como la consecuencia de la aparición de otro  gran país. Es decir que en su análisis está tomando en cuenta el pensamiento al respecto de Thusídides respecto a la Guerra del Peloponeso. En ese análisis ignora que en la actualidad el mundo enfrenta la situación prevista por Alberdi: “Las guerras serán más raras cuando la responsabilidad por su efectos se hagan sentir entre los que las incitan y provocan”. La realidad de esa observación se produjo con la aparición de las armas nucleares, que como bien dijera el Papa Juan Pablo II: “Las armas nucleares no son bélicas, son disuasorias”. Y a esa realidad debemos que la guerra fría quedara fría.

Siguiendo con esa línea de pensamiento respecto a la relación entre China y Estados Unidos Oriana Skyler Mastro descree de la declaración de Wang Yi: “China no repetirá, no repetirá la vieja práctica de un país fuerte buscando la hegemonía”. Y al respecto Oriana insiste en que no obstante esa declaración la China en la región Indo-Pacífico quiere el dominio completo. O sea que no cree en la declaración de Trump en su reciente discurso respecto a su acuerdo comercial con Hi Chimin.

Y por último Elizabeth Warren escribió: “Strengthening Democracy at Home and Abroad”. Allí dijo: “en el mundo la democracia está bajo asalto”. En ese juicio ignora que quien creó la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia, los Estados Unidos, los Founding Fathers aborrecían la democracia y al respecto Thomas Jefferson escribió: “Un despotismo electivo no es el gobierno por el que luchamos”. En virtud de ese criterio se creó la llamada Justice Review, mediante la cual el poder Judicial determinaba qué es la ley.

El verdadero problema que enfrenta el mundo occidental es fundamentalmente interno y se debe a la democracia.  El populismo llamado de izquierda y de derecha – socialismo y nacionalismo- se alcanza democráticamente y a ello se debe la crisis europea a la que me he referido. Y respecto a la China el supuesto gobierno comunista no es comunista, si así fuera no estaría creciendo a las tasas que lo ha hecho y continúa haciendo. A mi juicio en China ha desaparecido Marx y retornado Confucio.

Dos países podrían ser uno – Gabriel Zanotti

20 de diciembre de 2015

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Filosofía para mí

 

Si miramos con atención una foto del equipo de kirchneristas que rodearon a Cristina Kirchner, por un lado, y por el otro una foto de mi padre, podríamos preguntarnos cómo es posible que integraran el mismo país. Sus valores más profundos, sus horizontes intelectuales e ideológicos, su conducta personal, son tan abismalmente diferentes que podríamos decir, tal vez con un poco de desaliento, que son dos países, dos maneras irreconciliables de entender el mundo. Como una unidad, no tiene futuro. Los anarcocapitalistas dirían: mejor, pero yo les diré, como siempre: la secesión es dura y violenta. No es como ustedes la imaginan.

Pero la cuestión viene de mucho antes. Dos tendencias integraron siempre las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Una monárquica española y otra iluminista afrancesada. Ninguna de las dos era el ogro que una dice de la otra, y ninguna de las dos era el liberalismo clásico anglosajón que yo defiendo. Pero eran dos países. Finalmente, el único liberal clásico de aquellos tiempos, Alberdi, inspiró una Constitución tal vez liberal clásica que intentó ser un magro empate ante los dos países. Fray Mamerto Esquiú oró para que los monárquicos católicos la aceptaran y…… Bueno, mm, ok. Y allí comenzó la Argentina, ese siempre fallido intento de Nación.

Pero claro, no podía durar. Si, sólo ese tímido ordenamiento institucional produjo la Suiza de América Latina, pero había problemas en el paraíso. El golpe del 30 los pasó de la potencia –que, recuerden, no es una mera nada- al acto. Los halcones eran sencillamente nazis y los moderados, franquistas. Tal vez la corte hizo bien en ratificarlos a los 6 meses porque si no, creo, la tomaban por asalto y la convertían en un museo.

Así estuvimos hasta que un perfecto antiliberal y gran manipulador de masas siguió todos los manuales mussolinianos y, mientras Europa se encarrilaba por primera vez al liberalismo, habiendo aprendido el fracaso de las experiencias fascistas, ese supuesto país llamado Argentina comenzó su largo camino de fascismo marxista, que NO es una contradicción. Era uno de los dos países. Muchos le dieron apoyo intelectual, viendo en él la encarnación de la crítica a las “democracias burguesas”. Podría haber durado tanto o más que Franco, de no haber sido por su única reprobación de Maquiavelo 101: enfrentarse con la Iglesia Católica en los 54-55, iglesia que, en términos humanos, le había dado su apoyo pero, claro, hasta los límites que él mismo traspasó.

Los 60 y los 70, claro, fueron distintos. El marxismo NO fascista, sino sencillamente estalinista, avanzó intelectualmente como reguero de pólvora y, claro, produjo una perplejidad entre los nacionalistas peronistas. Unos se moderaron y se hicieron –tal vez como mal menor- casi conservadores que preferían la Constitución del 53 a la unión con Cuba. Otros, los tal vez más coherentes, se hicieron castristas y comenzaron el proyecto de revolución armada que concluye en Montoneros, más los comunistas no peronistas, el ERP. El otro país. El país que quiso, por la fuerza, ser Cuba.

El otro país, que había vuelto a la Constitución de 1953 por mano de la Revolución Libertadora, no entiende bien lo que pasa, no sabe cómo reaccionar. Los militares de las tres fuerzas aparecen como los “NO-CUBA” y dan golpe tras golpe, sin liderazgo ni visión suficiente como para integrarse a esa Constitución que pisotean cada dos por tres dando casi razón a una dialéctica hegeliana de la historia. Pero esas dos fuerzas en pugna tienen un enfrentamiento militar final y dramático: la guerrilla marxista montonera de los 70 en adelante contra los militares del 76. Ya sabemos cómo terminó todo.

La Argentina que queda, ese maltrecho proyecto de Nación, resurge en el 83 con una sola característica distintiva, que señalé una vez en el CEMA, en una conferencia, ante reacciones escépticas: NO cuenta ya con el factor militar y, por ende, tendrá que aprender, o no, el camino de la REPÚBLICA.

Pero, claro, el estatismo era incompatible con ello. Estatismo económico y político, porque Alfonsín, Menem –excepto De la Rúa- violaron las instituciones republicanas cada vez que lo necesitaron y el estatismo de los tres fue sencillamente delirante. En todo este período, sin embargo, cabe destacar que los peronistas, al menos de palabra, querían vivir en la Constitución republicana y no reivindicaban Cuba como modelo.

Pero no. Los peronistas castristas, estalinistas, allí quedaron. Definitivamente, el otro país. Tenían Cuba para irse a vivir pero no, querían Cuba con tango y Callo y Santa Fe. Pero esta vez fueron más inteligentes. Aplicaron la doctrina Hitler: al poder por la democracia, y luego la pateamos. Los Kirchner y los que inmediatamente los rodearon no fueron sólo un fenómeno de corrupción, como creen algunos. Fue un fuerte proyecto ideológico pro-Cuba, pro-Venezuela, que un 54 % de argentinos apoya, de los cuales un 35 %, tal vez, lo hizo por indolencia, ignorancia, idolatría del estado, o lo que fuere, ya no importa. El asunto es que no terminamos siendo un estado satélite de Venezuela, con el ejército venezolano en la casa rosada, no sé aún por qué milagro difícil de explicar.

Macri no es Mises ni Hayek, obviamente. Pero es alguien que, nada más, ni nada menos, logró formar un partido que les ganó a los castristas, con la ayuda de Elisa Carrió. Nos salvamos además de un fraude que ya estaba a punto de ser ejecutado. En fin, creo que durante mucho tiempo gran parte de los argentinos no tendrán conciencia de la que se salvaron. Por supuesto hay muchos que están muy tristes, la verdad no sé por qué, se puede emigrar perfectamente a Cuba y Venezuela, pero, tengan cuidado, dentro de 20 años dependerán tal vez de Putin, Trump y los Chinos.

Lo que ahora sucede es que, tal vez por primera vez en nuestra historia, tenemos la posibilidad de ser un solo país, identificado sencillamente con una sola cosa: la República. O sea el liberalismo político, pero, shhhh, no lo digamos, a ver si por esa mala palabra todo se arruina. ¿Y el peronismo? Pues bien, allí está la clave: el peronismo NO kirchnerista es la clave, como ya dije, en el proyecto de una Argentina que logre alguna vez ser un solo país. En su capacidad de ejercer una oposición republicana, y no la “resistencia pro-Venezuela” radica la esperanza de Nación (como si yo fuera un defensor de la idea de Nación, pero estoy escribiendo en la cancha de juego que me toca jugar).

En la curva gaussiana de la política, siempre quedarán, en sus extremos, como antisistema, todos los que odiarán for ever (lo digan o no) a la Constitución del 53 barra 94 y etc. Pero en el medio, tenemos una nación. Los kirchneristas han quedado definitivamente afuera, pero, cuidado, pueden volver, y la Argentina como proyecto de país se hundirá definitivamente en el agujero negro de la historia.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

El caballo negro del Fedro y las elecciones – Carolina Riva Posse

por Carolina Riva Posse

Noviembre de 2015

Muchos estamos contentos. Los resultados de las últimas elecciones han significado para gran parte de la población una promesa de crecimiento, una esperanza de mayor libertad.

Claro que no le pedimos a la política más que lo que puede dar. No esperamos ni debemos esperar la solución a todos nuestros problemas. Ningún gobierno es ni puede ser protagonista del desarrollo de un pueblo. Ni el que entra ni el que se va.

El hombre está atravesado por un deseo de infinito que nada en la tierra podrá colmar.

Sin embargo es importante escuchar al candidato del cambio declarar en su discurso que no se cree infalible. Después de años de una pretensión desmedida del Estado de decidirlo todo, controlarlo todo y silenciar a disidentes, una propuesta más medida y respetuosa del otro trae un poco de sosiego.

Augusto Del Noce, filósofo político italiano de gran actualidad, pero poco estudiado en la Argentina, ha alertado siempre contra la concepción salvífica de la política. El racionalismo filosófico, olvidando el estado de caída del hombre, su debilidad e ignorancia, se traduce en una filosofía política que proyecta sistemas perfectos irrealizables. Los totalitarismos del siglo XX se inscriben dentro de estos intentos mesiánicos que acabaron en muerte y destrucción. Del Noce retoma el “antiperfettismo” de Antonio Rosmini, una filosofía política que ponderaba virtudes y defectos de la Revolución Francesa, bien consciente de la igual posibilidad de mal en toda época, y esperando del político el minimizar este mal y nunca el extirparlo de raíz. Como recordara Del Noce, el caballo del Fedro está siempre amenazante.

En esta línea, la independencia de poderes, la limitación del poder en general, la alternancia, la participación ciudadana, son los objetivos que debemos tener en mente para consolidar una sana democracia. No da lo mismo cualquier candidato. Aunque juntos crezcan el trigo y la cizaña, no todos los campos son iguales.

Hace unos días el profesor italiano Adriano dell´Asta, experto en pensamiento ruso, escribía un artículo sobre el futuro de Europa frente al problema de los refugiados, y rescataba palabras del filósofo Nicolas Berdiaeff. Berdiaeff fue perseguido por orden directa de Lenin enseguida después de la guerra civil, y se pregunta cómo salvar Rusia, cómo salvar la propia identidad. Encuentro sus palabras de un gran valor para el momento actual de nuestro país: “Es imposible construir la vida sobre un sentimiento negativo, sobre un sentimiento de odio, de rabia o de venganza. Es imposible salvar Rusia con sentimientos negativos. La revolución ha apenas envenenado a Rusia de rabia y la ha embriagado de sangre. ¿Qué será de la pobre Rusia si la contrarrevolución la envenenara con nueva rabia y la embriagara con nueva sangre?”

Es interesante esta reflexión de Berdiaeff porque se podría enmarcar dentro de la línea del “antiperfettismo” rosminiano. Los nuevos no están exentos de caer en los excesos en que cayeron sus adversarios. Oponerse a ellos sería subordinarse a ellos en su mismo esquema. Es preciso salir de lo lógica de la violencia y la confrontación agresiva. “Debemos amar a Rusia y a su pueblo más de lo que odiamos la revolución y los bolcheviques”. Además, promueve Berdiaeff la necesaria autocrítica sobre lo ocurrido en la historia, la responsabilidad personal que se haga cargo de las acciones u omisiones que se pudieran haber cometido. Si el bolchevismo ha vencido, dice, es porque yo soy lo que soy. Sirvan estas palabras de ocasión para volver a las propias responsabilidades del estado actual de cosas en nuestro país desde el lugar que le quepa a cada uno.

Para Berdiaeff la salvación no vendrá por la fuerza ni por la llegada de buenos gobernantes, sino por la formación de grupos que consolidan vínculos sociales. La fuerza espiritual que él ve necesaria para la renovación debe surgir de las personas, y de la unión de estas.

Creo que las palabras del filósofo ruso son un incentivo para quienes creemos que la persona humana es infinitamente valiosa en su aporte a la sociedad y no puede subsumirse en el todo social, aunque éste se embandere con los slogans del bien común. El aporte de cada uno sí hace la diferencia, y no es cierto que los esfuerzos sean vanos. Hemos tenido evidencia también en estas elecciones de lo falsas que pueden ser convicciones repetidas sobre aparatos políticos invencibles.

Lo social se conforma con un trabajo educativo lento y laborioso que interpela a cada uno. No es  insignificante el aporte capilar que muchos hacen diariamente. Para algunos la política no se trata principalmente de altas esferas de poder que parecen tener tanta injerencia en nuestras vidas, sino que se determina sobre todo en la vida personal. Y vida personal no es egoísmo burgués, sino responsabilidad por lo que me toca. Lo que me toca es desarrollar lo mío. En esto nadie puede reemplazarme. Y el otro también me toca. La responsabilidad sobre los otros, necesitados, es también indelegable. No existe sistema perfecto que me exima de esas exigencias.

Ojalá el cambio que se viene haga posible el restablecimiento de la unión entre los argentinos y mejores condiciones para el desarrollo del pueblo que se entusiasma con la perspectiva de mayor libertad para crecer.