Todas las entradas de: Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

RESEÑA DEL LIBRO: Irrazábal, Gustavo: El Evangelio Social: un tesoro olvidado – Gabriel Zanotti

RESEÑA DEL LIBRO:

Irrazábal, Gustavo: El Evangelio Social: un tesoro olvidado,

Buenos Aires, Agape, 2018.

 

Por Gabriel J. Zanotti

Para Instituto Acton

23 de agosto de 2018

El libro del P. Gustavo Irrazábal, sobre Doctrina Social de la Iglesia (DSI), marcaría un antes y un después, si se lo estudiara a fondo.

Comienza el autor relatando el episodio que lo convenció de escribir el libro: una cena con católicos formados que le expresaron dudas fundadas sobre el desorden en la llamada Doctrina Social de la Iglesia. Sus cambios sustanciales en temas importantes, las diversas posiciones ideológicas de los papas, la falta de definición epistemológica, la invasión de las áreas de los laicos, su circunscripción tan aguda a las circunstancias históricas tan cambiantes, etc., han producido una “imagen de caos” (la expresión es mía) en la Doctrina Social de la Iglesia.

Lo que Gustavo Irrazábal se propone es nada más ni nada menos que dar un aporte para la solución de esa situación.

Por lo tanto, sus dos primeros capítulos son esenciales, y yo diría que un cambio sustancial en los enfoques habituales de la DSI.

La DSI es ante todo una disciplina académica, una parte de la teología moral, que no es una ideología ni una tercera vía entre otras dos, que tiene sus reglas metodológicas y hermenéuticas. En ese sentido es un marco de proposiciones abiertas, cuya unidad viene de los principios de ética social que se derivan más inmediatamente de las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Esa unidad es lo que le da sentido en medio de las circunstancias cambiantes; esa “apertura” es lo que permite que sin contradicción esos principios queden sanamente elásticos antes las diversas circunstancias históricas y los nuevos avances de las ciencias sociales y las humanidades. A su vez, su hermenéutica es lo que exige una interpretación correcta de sus textos, que tienen diversos niveles de lectura: lo universal, lo prudencial, lo histórico, lo pastoral, la denuncia, la propuesta contingente, etc. Esa interpretación es la que demanda una formación profesional a la hora de hablar de DSI.

Su tercer capítulo es esencial para identificar los orígenes de la DSI, en la caridad social y en una noción precisa de justicia social que nace de las Sagradas Escrituras, y no sólo del Evangelio, sino del Génesis y de las primeras preocupaciones sociales de las leyes del Antiguo testamento. En ese sentido, la justicia social, que aparece así nombrada en Pío XI, no debe identificarse sin mayores distinciones con una justicia distributiva a cargo del estado, sino como un conjunto de estructuras sociales que permitan una cada vez mayor participación de todas las personas en las oportunidades de desarrollo que merecen conforme a su dignidad. Y como el Vaticano II hace una vuelta a una noción de justicia más escriturística y menos escolástica, la justicia social tiende a identificarse con una caridad social: una caridad social que es un deber, sí, pero que pasa por un cambio del corazón, que luego se traduce en una motivación a cambiar estructuras sociales que sean favorables al desarrollo.

El cuarto capítulo asume totalmente que la DSI es un pensamiento histórico. Es más, divide y sistematiza varios paradigmas históricos que atravesaron la DSI: la “ideología católica”, la nueva cristiandad, el diálogo y la profecía, cada uno dividido a su vez en su etapa, su desafío, su sujeto, su fuente, su método, la relación Iglesia-mundo y el estilo. Hablando de ello, aquí se ve al “profesional” Gustavo Irrazábal de una “disciplina académica” que domina como pocos y ojalá se extendiera mucho más. Claro, ante estas diversidades, ¿dónde está su núcleo de unidad? Precisamente, en aquello principios básicos menos contingentes y con más autoridad magisterial. A ello se dedica el cap. quinto. Con detenimiento analiza allí a esos principios más universales: la caridad en la verdad[1], el principio personalista, el bien común, la subsidiariedad y la participación, la solidaridad, el destino universal de los bienes, la propiedad privada y la opción preferencial por los pobres. Cada uno de estos principios es limpiado de ideologías estatistas y autoritarias bajo las cuales, de modo totalmente no profesional, se los ha leído muchas veces. Se detiene luego en el método que permite analizarlos en medio de circunstancias históricas diversas, y obviamente se destaca allí algo en lo cual pocos están formados: el círculo hermenéutico entre la parte y el todo, entre el ver y el juzgar, entre la racionalidad prudencial y la instrumental en el caso del obrar.

Los capítulos 6 y 7 son dos aportes sencillamente revolucionarios para lo que habitualmente se maneja en DSI. El séptimo, dedicado al aspecto político de la DSI, va mostrando cómo gradualmente la DSI va haciendo una opción preferencial, no exclusiva, ni excluyente ni dogmática, por las formas republicanas de gobierno y los mecanismos deliberativos de la democracia constitucional, comenzando por las primeras lucecitas de diálogo que León XIII deja abiertos con la modernidad política, pasando luego por el apoyo de Pío XII a una sana democracia, el decidido apoyo de Juan XXIII a los derechos personales y a la democracia constitucional, el firme apoyo del Vaticano II a la distinción entre la Iglesia y estado, la recta autonomía de lo temporal y la libertad religiosa, y el apoyo de Juan Pablo II a la democracia deliberativa. Lo revolucionario de este capítulo pasará inadvertido a cualquiera que no conozca el duro enfrentamiento entre la Iglesia y la modernidad política que hubo con Gregorio XVI y Pío IX, a cualquiera que no conozca que ello aún subsiste entre los seguidores de Lefevbre, a cualquiera que ignore que la Iglesia Latinoamericana ignoró casi totalmente dicha evolución, hablando de un “pueblo católico”, tema que luego es sometido a fina crítica por Gustavo Irrazábal en el cap. 8, cuando analiza con calma, sin estridencias, con todo profesionalismo, a las teologías del pueblo y de la liberación.

El cap. 8 sorprenderá a todos: Gustavo Irrazábal hace allí lo que aún casi no ha sido hecho por el Magisterio. No ha habido aún una opción profesional por la economía de mercado como la mejor manera de plasmar los principios básicos de la DSI, como sí se hizo una opción preferencial por las formas republicanas de gobierno. Pero el autor muestra cómo se puede hacer: afirmando que es el Catolicismo, y no el protestantismo, el origen del capitalismo, y cómo los teólogos católicos pueden y deben entrar en diálogo con autores como Chafuen, Gregg, Novak, Rhonheimer, Woods (todos ellos, profundos autores católicos lectores y estudiosos de Mises y Hayek) que muestran que la evolución hacia la libertad económica será igual que la evolución hacia la libertad religiosa. La primera está por llegar, la segunda ya llegó, pero es cuestión de tiempo. Es la visión de Robert Sirico.

¿Tengo alguna crítica negativa que hacer a esta excelente y revolucionario libro? No. Sólo tengo una pregunta: ¿será tenido en cuenta, por algún pontífice, este monumental esfuerzo de Gustavo Irrazábal? ¿Será tenido en cuenta por todos los que hablan de DSI sin el profesionalismo que dicha “disciplina” exige, que son los más? ¿Será tenido en cuenta por todas las lecturas ideologizadas, fanatizadas e integristas, por izquierda y por derecha, que hacen los católicos (ya sean laicos, ordenados o religiosos) de la DSI? ¿Tendrá que volver, una y otra vez, Gustavo Irrazábal, a tener la misma cena permanentemente, como una roca que él, cual renovado Sífiso, se ve obligado a subir y subir eternamente, para que caiga siempre bajo la arbitrariedad de pontífices, laicos, expertos, conferencias episcopales y demás destructores de la disciplina Doctrina Social de la Iglesia?

Si quieren una respuesta esperanzadora, el texto de Gustavo Irrazábal tiene tan en cuenta todo eso, que parece superarlo. Así las cosas, si nuestra lectura fue correcta, es un clásico destinado a ser alguna vez descubierto por pastores más atentos y pontífices menos politizados. Mientras tanto, toca a nosotros difundirlo, explicarlo, traducirlo a otras lenguas, para que la roca de nuestro heroico Sífiso quede alguna vez en su lugar.

 

[1] Tema que ya había analizado el autor en su libro La era Francisco, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2016, un difícil libro que pasó inadvertido para la politizada Argentina y que merecería más atención por parte teólogos y estudiosos de la DSI.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Individualismo metodológico para católicos y marcianos – Gabriel Zanotti

 

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Blog personal “Filosofía para mi” /

30 de julio de 2018

 

Dada la entrada de hace un par de Domingos, algunos (iba a poner muchos: nunca fui bueno para contar) me han pedido que aclare lo del individualismo metodológico. Y es verdad, es necesario insistir en ello, dado que los católicos que despotrican contra la ideología del género y etc. se hallan habitualmente a merced de la base filosófica de estos nuevos movimientos totalitarios.

El individualismo metodológico fue parte de la metodología para las ciencias sociales recomendada por Menger, Mises, Hayek y Popper. Allí nace el problema: los católicos en general no leen a esos liberales malos, sucios y feos. Leen, sí, a Marx, por supuesto, a Heidegger, a Nietzsche (que nunca me acuerdo cómo M se escribe J), qué amplios, qué apertura mental, qué dialogantes, pero a los pérfidos liberales, jamás, por supuesto. Es más, se podría decir que en la Iglesia actual, un caos total y completo desde el punto de vista humano, los lefebvrianos, los Vaticano II y los teólogos de la liberación y del pueblo han encontrado allí su único punto de unidad.

El individualismo metodológico sostiene que en las ciencias sociales, la unidad de análisis son las relaciones entre personas. Pero claro, Mises, Hayek y Popper unían ello con el individualismo ontológico: sólo existen individuos, como reacción contra lo contrario, y allí cometían un error que retro-alimentó la reacción de los pocos tomistas que los leían para ver por dónde les cortaban la cabeza. Pero entre los dos extremos (sólo hay individuos o….) hay una posición superadora, que es la relación entre personas. La relación es un accidente real, esto es, según la interpretación que Santo Tomás hace de Aristóteles, algo que acaece entre las personas (un matrimonio, por ejemplo) que en ese sentido es algo más que la mera suma de individuos PERO NO es otra persona. Y por ende hay que distinguir muy bien entre las acciones que se predican de las personas (por ejemplo, Juan es fiel a María) y las características que se predican de la relación en tanto tal (por ejemplo, el matrimonio es indisoluble).

Pero me dirán: ¿y cuál es el otro extremo? Suponer que hay una entidad no sólo superior a las personas, sino que las absorbe, quitándoles su libre albedrío y su individualidad. El ejemplo perfecto de ello es Hegel y Marx. El “espíritu absoluto”, que pata Hegel es el actor de la Historia, se transforma en Marx en el dinamismo de la dialéctica materialista, entre “la clase explotadora” y “la clase explotada”. La “clase social” es la que actúa. Si eres empresario, por ejemplo, eres explotador, te mueves como explotador, piensas como explotador, no puedes salir de esa dialéctica, no tienes la libertad para evitarlo, porque finalmente no eres persona, eres una neurona titilante y prescindible de ese cerebro que es la clase social a la que perteneces. Ello rompe también toda posibilidad de pacto político, porque ya no es posible decir que Dios ha creado a todos los seres humanos iguales, poseedores de derechos anteriores y superiores a cualquier estado, sino que sencillamente hay explotadores y explotados, y lo único que sigue a ello es la revolución inevitable de la dialéctica de “La Historia” y sus leyes inexorables de destino histórico.

Católicos de derecha, centro, izquierda, arriba, abajo, de costado o en diagonal, creen que no son marxistas cuando, sin embargo, dicen que “Marx tenía razón” en que el capitalismo es explotador. Como NUNCA leyeron Menger, Bohm-Bawerk, y ni qué hablar de Mises y Hayek, pecado mortal mayor que la pornografía, entonces creen que la teoría de la explotación de Marx es verdadera, que verdaderamente, si hay salarios bajos, es porque “el capital” explota al “el trabajo”; lo llaman “la cuestión social” originada en el capitalismo…

Y entonces claro, les es muy difícil evitar la lógica: hay algo más allá de la persona. Los curas villeros así miran a los que viven en los barrios cerrados de la zona norte: pobres, podrán ser personas con buenas intenciones, pero son inexorablemente explotadores y no se dan cuenta, por supuesto.

Pero además, dado que La Iglesia es el pueblo de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo (así es, por supuesto) entonces creen que esa noción sobrenatural, cuasi-sacramental, de Iglesia, puede aplicarse a lo político. Claro que La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, porque su fundador es Cristo y sus miembros son todos los bautizados, pero aún así la teología católica tiene un sano individualismo metodológico: distingue a la Iglesia de los pecados individuales de sus miembros. Sólo así se puede decir que la iglesia es verdaderamente una, santa, católica y apostólica, en medio de una historia llena de católicos pecadores que no son ni santos, no católicos, ni unidos ni apostólicos, sino todo lo contrario…

Pero como el clericalismo es una tentación permanente, como muchos piensan que se puede hacer teoría política a partir de la eclesiología, entonces fácilmente confunden “el pueblo como sujeto político” con “el pueblo de Dios”. “El mito de la nación católica” como muy bien denunció Rafael Braun y actualmente explica Gustavo Irrazábal, domina a los católicos clericales por izquierda y por derecha. Para los primeros, el pueblo católico se manifiesta en las comunidades eclesiales de base, en las villas, y él es el sujeto del cambio y de la transformación social. Para los otros, el pueblo católico es el estado católico, la nación católica a cargo de un monarca, un cuasi dictador católico y toda su legislación católica, con un sistema corporativo en lo económico. Ambos grupos de “grandes teólogos” (que alimentan las lecturas de los seminaristas jóvenes por izquierda y por derecha), aunque se odien, son totalmente inmunes a cualquier cosa que sea, no ya economía de mercado (ay, qué asco, aléjate de mí Satanás) sino a cualquier cosa que huela a república, democracia constitucional, libertad religiosa, derechos individuales. Mm, demasiado individuo, mm, estructuras políticas protestantes y anglicanas, mm, demasiado EEUU, mm, estructuras burguesas que olvidan las raíces católicas de nuestros pueblos… Por eso, aunque el Pío XII, Juan XXIII, el Vaticano II, Juan Pablo II y Benedicto XVI hayan hablado de todo ello, son sólo letras extrañas, son demasiada modernidad europea metida en un magisterio que, en realidad, no siguen. Las conferencias episcopales latinoamericanas no hablan de nada de ello y los católicos conservadores no dejan de señalar el origen protestante y anglicano de “esas cosas” mezclándolas además con conspiraciones “judeo-masónicas”…

Todos ellos han adoptado el colectivismo metodológico. El pueblo católico, la nación católica, “el capital”, “el trabajo” son los reales sujetos políticos, los actores reales de lo social. El individuo y sus derechos es algo “liberal”: listo, a la miércoles con “lo liberal”, el verdadero pecado: “el liberalismo es pecado”, “el capitalismo es pecado”: volvamos al “pueblo católico” aunque luego entre ellos discutan si es vía Fidel Castro o Mussolini.

Así las cosas, vienen los “nuevos explotados”: los indígenas, contra el colonialismo capitalista explotador. Allí, caen de cabeza: arriba los indígenas, que no tienen pecado original, versus los pérfidos europeos pecadores capitalistas. No atinan a responder que los indígenas son ciudadanos que tienen los mismos derechos individuales que cualquier otra persona, con lo cual no importa si eres indígena, marciano o europeo, el asunto es que ante la Constitución liberal eres un igual como sujeto de derechos.

Ante el “feminismo radical” responden señalando los errores antropológicos de la teoría del género como contraria a la ley natural. Muy bien. Nada que objetar. Pero ni se les ocurre agregar que ante el uso de los términos genéricos, está la libertad de no usarlos; que ante las cuotas obligatorias de mujeres en ciertos puestos, está la igualdad ante la ley. Ante los homosexuales, trans y lesbianas que denuncian delitos de discriminación y de odio, ni se les ocurre hablar de propiedad privada, de libertad de asociación, de libertad de contratación, de libertad de asociación, esto es, libertades individuales (expresión que casi no usan) que vienen precisamente del liberalismo clásico anglosajón que tanto odian. Porque entonces, la repuesta más directa al lobby LGBT es que con sus exigencias están quebrando el pacto político del liberalismo clásico, donde por medio de las libertades individuales y el derecho a la intimidad, cada uno puede vivir como quiera mientras no viole derechos de terceros. Por ende si eres homosexual, heterosexual, trans, lesbiano, venusino o lo peor, alumno de Zanotti J, en MI colegio, en MI hospital, en MI casa, NO entras, porque YO lo digo y punto. Eso se llama propiedad, libertad religiosa, libertad de asociación. O sea, LIBERALISMO CLÁSICO (¡ay qué horror!!!!). ¿Puedo equivocarme? ¿Puedo ser un imbécil si hago eso? ¿Puedo perder mi negocio o emprendimiento si los consumidores me castigan no metiendo ni un cuarto de su nariz en mis productos? Si. Eso es una sociedad libre. Libertad, decisiones, riesgos.

Con la educación sexual, también. Ahora el estado obliga que “los colegios” enseñen a los niños que la homosexualidad es buena, que la masturbación es perfecta, etc. Respuesta de los católicos: ello es contrario a la ley natural y “tenemos que llegar al ministerio de educación”. Que es contrario a la ley natural, sí.  Lo demás… Lo mismo de siempre. No, gente, la cosa pasa por algo que jamás dicen: que las instituciones privadas tienen derecho a tener sus propios planes y programas de estudios, precisamente porque EN ESO consiste la libertad de enseñanza, otro derecho derivado del liberalismo clásico. Y que las instituciones estatales de enseñanza tampoco deben enseñar esas cosas, obvio, sí, pero, ¿de dónde sacaron que DEBE haber instituciones estatales de enseñanza? Del “derecho a la educación”. Y de dónde sacaron que en vez de libertad de enseñanza hay un “derecho a la educación”? Del “dogma” de los derechos sociales, que han sido elevados a nueva declaración del Concilio de Trento. ¿Y de dónde salió ese dogma? De que el libre mercado “es para los ricos”; que la educación privada “no llega a los pobres”, porque el capitalismo, el libre mercado, es malo, feo, sucio, es sólo para los ricos explotadores…. Que el libre mercado sea capaz de proporcionar educación barata, competitiva y de gran calidad, y que cada vez serán más los que tengan mayores ingresos y salarios más altos, aumentando la población, es algo OBVIO para cualquiera que haya leído a Mises y Hayek pero….. ¡No, please, a ver si perdemos el alma!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Católicos, no católicos, marcianos, vulcanos: si no leen a Mises y Hayek, si siguen siendo colectivistas metodológicos, si siguen pensando que Marx tenía razón en su teoría de la explotación………… El lobby LGBT les pasará por encima. No, no les pasará, les está pasando. No, no les está pasando, ya les pasó. Ahora, sólo queda que se den la vacuna trivalente, Mises, Hayek y Popper, pero la posibilidad de que hagan eso es la misma que nos rescate el Capitán Kirk.

Que Dios nos ampare.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Preservaos de los riesgos de los paradigmas dominantes – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti
26 de julio de 2018
No tengo idea de la eficacia, mayor o menor, de los preservativos. No tengo idea de la relación entre espermatozoides, porcelana, látex y virus HIV. Me acuerdo sin embargo de lo que responde Farah a Karen (en la película Africa Mia) cuando esta le pregunta si sabe lo que es la porcelana: “Si, Sabu. Se rompe”.
Pero los paradigmas dominantes, como dice Kuhn, parecen irrompibles. Más allá de las peculiares circunstancias políticas de la Argentina, los paradigmas dominantes tienen un comportamiento sociológico similar: sus miembros no quieren el debate, y tienden a considerar la posición contraria como absurda. Por eso Popper se enojó tanto con los paradigmas: porque no tendrían refutación posible.
Yo también puedo tener un mal día si escucho a alguien que dice que los precios máximos funcionan o que Hitler era un buen tipo. Sin embargo, mi super yo popperiano me estaría diciendo al oído: déjenlo argumentar (algo que el partidario de Hitler no haría conmigo, claro).
Y en todo caso, no escandalizarse.
O sea: estaría bien que no hubiera temas prohibidos, no digo por el sistema político, sino por los paradigmas dominantes. Estos, sin embargo, se mezclan con lo político, como bien señaló Feyerabend, y sus “expertos” definen la línea entre la medicina legal y la ilegal, entre contenidos educativos legales y los no oficiales o -no es lo mismo- prohibidos, y así tenemos lo que Comte quería: un nuevo estado autoritario donde ahora la inquisición no es la teológica, sino la científica. Por eso estoy tan en contra de las leyes contra los discursos “negacionistas” y por eso estoy tan en contra de la inquisición “científica” del lobby LGBT que quiere justamente adueñarse del estado y sus normas.
Por eso sería preferible que no haya tanto escándalo. Siembre hubo y habrá paradigmas dominantes y alternativos. La libertad de expresión no tiene sólo que ver con separar a los primeros del estado, sino también con una cultura del diálogo, cuyos límites son siempre históricos, claro, pero se expanden con la generosidad de nuestra escucha.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

El problema de los “colegios católicos”: dos diagnósticos de mi padre, totalmente cumplidos – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti

8 de julio 2018

Fuente: Filosofía para mí

Luis J. Zanotti (www.luiszanotti.com.ar) nunca estuvo en contra de la educación formal en tanto tal. Porque la educación formal no es sino sistematizar, mediante métodos más específicos, lo que la educación no formal no puede hacer. Y la educación no formal es esencialmente la transmisión cultural, la absorción de un horizonte cultural, que se produce naturalmente, cono el aprendizaje del lenguaje y los juegos de lenguaje concomitantes a ese mundo cultural.

Que la educación formal haya derivado ahora en la educación formal positivista es un resultado de la Ilustración y la “escuela” como método de formación del ciudadano de los estados-nación. Ello fue comprensible en la época (s. XVIII-XIX) pero luego esa educación positivista quedó tan atrasada como el positivismo en sí mismo.

Sin embargo, allí sigue, con sus métodos repetitivos, memorísticos y destructores de la creatividad, cual diosa inapelable cuasi-imposible de eliminar (http://institutoacton.org/2016/11/02/por-que-son-casi-imposibles-las-reformas-educativas/).

Al lado de todo ello, mi padre diagnosticó que la “ciudad educativa” (esto es, la educación no formal en todas sus dimensiones) iba a ir supliendo cada vez más el rol educativo,sobre todo con las nuevas tecnologías de la información. Lo dijo antes de la aparición de internet.

O sea, el chico, el adolescente y el adulto se educan (educación como transmisión cultural) fuera de la escuela. NO es que la escuela formal los educa “y como complemento” viene lo no formal. La escuela formal positivista es un esencial fracaso de aprendizaje, mientras que el verdadero aprendizaje se produce fuera de la escuela.

Al mismo tiempo, por los años 60 y 70, mi padre fue el único que introdujo en Argentina las obras del pedagogo italiano Giovanni Gozzer, quien estaba afirmando lo mismo en una Italia que también escuchaba a Gozzer como si fuera extraterrestre (o sea, no lo escuchaba). Pero para colmo de la osadía en soledad, Gozzer publica un libro, Los católicos y la escuela, donde afirmaba algo obvio a los ojos de mi padre: los católicos en general, al haber adoptado a la escuela formal positivista como modelo de transmisión educativa, fracasaron totalmente en la transmisión de la fe, porque arrastraron los defectos del positivismo pedagógico a los intentos de enseñanza de la Fe.

Silencio total. Nadie, absolutamente nadie, ningún católico respondió, ni se interesó por la cuestión. Gozzer y Zanotti se quedaron hablando solos, sobre todo en una época donde la mayor parte de los católicos sí escuchaban a Marx y a sus epígonos.

AHORA, frente a las pañuelitos verdes en los “colegios católicos”, muchos se preguntan qué pasa, qué pasó.

Pues bien, esa era la explicación. La “escuela católica” era un proyecto llamado al fracaso. Los chicos no aprenden nada allí, y menos aún catolicismo. ¿Y qué aprenden? Lo que ven por las series, algo de cine, lo que ven por youtube, etc. ¿Dónde están los católicos allí? NO están. Y los chicos NO ven EWTN.

Y si algo les queda depositado en su memoria de modo inconexo,  son trozos de textos marxistas y LGBT con los cuales los adoctrinaron desde pequeños, que son obligatorios también para los colegios católicos. ¿Ah, y la libertad de la educación privada para tener sus propios planes de estudio? ¡No por Dios!!!! Esa fue una de las principales propuestas de Luis J. Zanotti, en 1981¿Respuesta en la Argentina, por parte de los católicos? No, Zanotti es muy liberal…. (Hablo de mi padre, que al menos usaba corbata, no como el hijo).

Y si todo esto era verdad, ¿ahora qué hacemos?

Muy poco se puede hacer ya. En todo caso, las familias verdaderamente católicas que queden, muy pocas, tendrán que asumir ellas, directamente, la educación religiosa de sus hijos, con su ejemplo cotidiano, pero incluso con la transmisión del Catecismo. En mi caso yo no tuve catequistas, fue mi padre quien me enseñó el Catecismo. Y además no escuchaba NADA de lo que me decían en la primaria.

 

Espero que el resultado no los desanime.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

“Yo no soy marxista pero…” y el lobby LGTB nos pasa por encima – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti

15 de julio de 2018

Fuente: Filosofía para mí

Como hemos afirmado muchas veces, en los movimientos feministas radicales, en los LGTB, en el indigenismo, no está la defensa de derechos que en el liberalismo clásico ya tienen: a ser ellos mismos, a tener todos los derechos individuales que tiene cualquier persona y a hacer su propia vida según el derecho a la intimidad personal. No, ellos se sienten parte de “nuevos colectivos explotados” (las mujeres, los indígenas, los gay, los trans, las lesbians, etc.) por, a su  vez, “nuevos colectivos explotadores” como el patriarcado, los blancos, el patriarcado heterosexual, etc. O sea, es una re-edición perfecta de la teoría marxista de la explotación donde el explotador de siempre, el capitalismo, es ahora el capitalismo blanco patriarcal heterosexual, donde sus nuevos explotados son los grupos ya descriptos.

Por esto es totalmente coherente que estos grupos, tanto en Europa como en los EEUU, rompan el pacto político originario, esto es: individuos, personas, todos gozando de los mismos derechos individuales (libertad religiosa, de expresión, de enseñanza, de propiedad, de asociación) bajo una constitución limitante del poder político, donde cada uno, cada comunidad libremente organizada, pueda expresar libremente su concepción del mundo, hacer lo que quiera y decir lo que quiera sin que ello sea un delito para cualquier otra asociación libre. Pero no. Como ellos son los “explotados” inventan nuevos delitos (discurso de odio, discriminación, violar el derecho a ser tratado como lo que ellos dicen que son, violar el derecho a ser tratados según pronombres neutros, etc.) para finalmente llegar al poder (una excelente combinación de Gramsci, Hitler y Marx) para finalmente imponer absolutamente, como en toda revolución, su concepción del mundo por la fuerza y tirar al mar, si es necesario, a los pérfidos explotadores del capitalismo hetero-blanco-patriarcal (y si agregamos hetero-blanco-patriarcal-cristiano, ahí tienen la suma de todos los males).

Por eso el diálogo con ellos es imposible, porque el que no coincide es necesariamente un explotador, un agresor. Algunos, los más moderados, nos podrán tener lástima, nos mirarán como el pobre explotador que no sabe nada ni entiende nada, y nos concederán tal vez cinco minutos de paz. Pero no nos crucemos en una de sus marchas porque si pudieran nos quemarían vivos además del conjunto de golpes e insultos que nos van a propinar.

La noción filosófica que está detrás de esto es la de colectivismo metodológico, esto es, una metodología de análisis de lo social donde el que actúa no es la persona sino colectivos explotados u explotadores donde lo individual se subsume en esa dialéctica y por ende o estamos necesariamente de un lado o del otro y necesariamente pensamos como opresores o como oprimidos.

Para refutar esto se necesita ir al individualismo metodológico. Lo trágico es que la mayoría de los católicos, que no quieren saber nada con estas nuevas ideologías de género y etc., tampoco saben nada, en general, del individualismo metodológico, porque ha sido desarrollado por los “malos” liberales Mises, Hayek y Popper, que por ende son casi innombrables en sus universidades, con lo cual se pierden la única vacuna intelectual contra la teoría marxista de la explotación. Es más: repiten hasta el cansancio que no son marxistas pero que “en eso” Marx tenía razón… Y con esa débil armadura intelectual pretenden luego refutar las ideologías del género y etc.

Yo me he matado explicando que el individualismo metodológico es totalmente compatible con Santo Tomás de Aquino pero evidentemente soy sólo una gota no marxista en un océano marxista, océano compuesto por los que dicen “yo no soy marxista PERO…”.

PERO es así como estas nuevas ideologías nos están pasando por encima.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Sexualidad: hacia una ley natural más católica y una mayor vivencia de la libertad religiosa – Gabriel Zanotti

Por Gabriel J. Zanotti

24 de junio de 2018

Fuente: Blog personal “Filosofía para mi” 

Parece haberse olvidado, incluso en ambientes católicos (bueno, hoy en día eso es un caos) que nunca hubo una naturaleza humana “en tanto tal”. Hubo una naturaleza elevada (antes del pecado original), una naturaleza caída (después del pecado) y una naturaleza redimida (por el sacrificio de Cristo). La redención cura a la naturaleza caída y saca lo mejor de la naturaleza humana. Pero sin esa redención, muy pocos seres humanos, muy tardíamente, y con mezcla de error (Santo Tomás) podrían llegar a las condiciones racionales para ver a la ley natural (o sea, la inmortalidad del alma, la existencia de Dios y el libre albedrío). MUY pocos y, reiteramos, en medio de grandes errores. Sólo la Revelación Judeo-cristiana curó a esa naturaleza caída y le permitió resurgir en parte “como había sido en el origen”. Pero en ese origen, en ese principio, estaba elevada a la Gracia por la Gracia dei-forme de Dios y sus dones preternaturales. Seguir leyendo Sexualidad: hacia una ley natural más católica y una mayor vivencia de la libertad religiosa – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Del aborto clandestino al totalitarismo clandestino – Gabriel Zanotti

Por Gabriel J. Zanotti

20 de junio de 2018

Fuente: Filosofía para mí 

El argumento sobre el problema de los abortos clandestinos es uno de los más importantes a favor del aborto legal. Pero es una lástima que a partir de esa genuina preocupación, haya habido otro tema que se filtró en la clandestinidad. Seguir leyendo Del aborto clandestino al totalitarismo clandestino – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

El sueño de Martin Luther King y su triste despertar – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti

14 de junio de 2018

Fuente: Filosofía para mí

Qué atrás han quedado las palabras que pronunciara Martin Luther King. El tenía un sueño, sí, un sueño donde sus hijos “…vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”. Impresionante el respeto al individuo que hay en estas palabras, impresionante forma de denunciar colectivos imaginarios donde las personas fueran reducidos a clases enfrentadas. Claro que no era cuestión de “los negros” o “los blancos”. Pero ahora el racismo ha vuelto. Un blanco no es juzgado “…sino por los rasgos de su personalidad” sino porque es blanco, porque pertenece inexorablemente al patriarcado explotador. Nada de lo que haga o diga lo salva de ser miembro de esta nueva forma de ser la clase explotadora. Seguir leyendo El sueño de Martin Luther King y su triste despertar – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

¿Qué les pasa a los libertarios y liberales clásicos? – Gabriel Zanotti

3 de junio de 2018

Fuente: Filosofía para mí 

Una vez más (una vez más, una vez más, una vez más, una vez más, no sé si me explicoooooooooooooooooooooooooooo), mi defensa de valores morales, más allá de la legalidad del Estado de Derecho, me pone en una extraña vereda contra libertarios que, casi permanentemente, parecen los más escépticos y postmodernos al rechazar por completo un orden moral objetivo. Inútil que les distinga moralidad de legalidad. Inútil que les recuerde el art. 19 de la Constitución. Oyen hablar de ética objetiva y creen que los voy a perseguir con el estado. Y lo curioso es que me lo dicen a mí, como si yo NO fuera el liberal católico que la mayor parte de los católicos desprecia. Seguir leyendo ¿Qué les pasa a los libertarios y liberales clásicos? – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Gays, trans, lesbians, feministas radicales: cuál es el problema – Gabriel Zanotti

Por Gabriel J. Zanotti

28 de mayo de 2018

Fuente: Filosofía para mí (blog personal)

Soy –como creo que ya todos saben- un liberal clásico iusnaturalista. Como tal, siempre he defendido la libertad de expresión, la libertad de asociación, la libertad religiosa, de enseñanza, la libertad de asociación, la propiedad y el derecho a la intimidad de todos los individuos, sea cual fuere su raza, religión, nacionalidad u orientación sexual. Seguir leyendo Gays, trans, lesbians, feministas radicales: cuál es el problema – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises