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Discurso del Santo Padre Francisco a los miembros del consejo directivo del movimiento por la vida italiano

Fuente: Vativan.va

2 de febrero de 2019

Queridos hermanos y hermanas:

Me siento grato de encontraros hoy y os agradezco vuestra alegre bienvenida. Doy las gracias en particular a la Señora Presidenta por las palabras fuertes que me ha dirigido –¡fuertes de tono!– en nombre de todo el Movimiento y por los contenidos que ha expresado, recordando vuestra misión al servicio de la vida y la importancia de la Jornada que se celebrará mañana en toda Italia.

La Jornada por la Vida, instituida hace 41 años por iniciativa de los obispos italianos, destaca cada año el valor primario de la vida humana y el deber absoluto de defenderla, desde su concepción hasta su extinción natural. Y me gustaría subrayar algo, como premisa general. Cuidar de la vida requiere que se haga durante toda la vida y hasta el final. Y también requiere que se preste atención a las condiciones de vida: salud, educación, oportunidades de trabajo, etc. En resumen, todo lo que permite a una persona vivir de manera digna.

Por lo tanto, la defensa de la vida no se lleva a cabo solamente de una manera o con un solo gesto, sino que se realiza en una multiplicidad de acciones, atenciones e iniciativas; ni tampoco concierne solamente a algunas personas o a determinados campos profesionales, sino que involucra a cada ciudadano y al complejo entretejido de las relaciones sociales. Consciente de esto, el Movimiento por la Vida, presente en todo el territorio italiano a través de los Centros y Servicios de ayuda a la vida y las Casas de acogida, y a través de sus numerosas iniciativas, desde hace 43 años se esfuerza por ser levadura para difundir un estilo y prácticas de acogida y respeto de la vida en toda “la masa” de la sociedad.

Esta debería ser siempre una celosa y firme custodia de la vida, porque “la vida es futuro”, como recuerda el mensaje de los obispos. Solo si le dejas espacio se puede mirar hacia adelante y hacerlo con confianza. Por eso la defensa de la vida tiene su fulcro en la acogida de los que han sido generados y está todavía custodiado en el seno materno, envuelto en el seno de la madre como en un abrazo amoroso que los une. He apreciado el tema elegido este año para el concurso europeo propuesto a las escuelas: «Cuido de ti. El modelo de la maternidad». Nos invita a ver la concepción y el nacimiento no como un hecho mecánico o solo físico, sino en la perspectiva de la relación y de la comunión que une a la mujer y a su hijo.

La Jornada por la Vida de este año recuerda un pasaje del profeta Isaías que nos conmueve cada vez, recordándonos la maravillosa obra de Dios: «He aquí que yo hago cosa nueva» (Is 43,19), dice el Señor, dejando entrever su corazón siempre joven y su entusiasmo en generar, cada vez como al principio, algo que no estaba allí antes y trae una belleza inesperada. «¿No lo reconocéis?» Agrega Dios por boca del profeta, para sacudirnos de nuestro sopor. «¿Cómo es posible que no os deis cuenta del milagro que se cumple ante vuestros ojos?». Y nosotros, ¿cómo podemos considerarlo solamente una obra nuestra hasta sentirnos con derecho a disponer de ello cómo queramos?

Extinguir la vida voluntariamente mientras está floreciendo es, en cualquier caso, una traición a nuestra vocación, así como al pacto que une a las generaciones, pacto que nos permite mirar hacia adelante con esperanza. ¡Donde hay vida, hay esperanza! Pero si la vida misma es violada cuando surge, lo que queda ya no es el recibimiento agradecido y asombrado del regalo, sino un cálculo frío de lo que tenemos y de lo que podemos disponer. Entonces, también la vida se reduce a un bien de consumo, de usar y tirar, para nosotros y para los demás. ¡Qué dramática es esta visión, desafortunadamente difundida y arraigada, presentada también como un derecho humano, y cuánto sufrimiento causa a los más débiles de nuestros hermanos!

Nosotros, sin embargo, nunca nos resignamos, sino que seguimos trabajando, conociendo nuestros límites, pero también la potencia de Dios, que mira cada día con renovado asombro a nosotros, sus hijos, y a los esfuerzos que hacemos para que germine el bien. Un signo particular de consuelo viene de la presencia entre vosotros de muchos jóvenes. Gracias. Queridos chicos y chicas, vosotros sois un recurso para el Movimiento por la Vida, para la Iglesia y para la sociedad, y es hermoso que dediquéis tiempo y energía a la protección de la vida y al apoyo de los más indefensos. Esto os hace más fuertes y es como un motor de renovación también para los que tienen más años que vosotros.

Quiero dar las gracias a vuestro Movimiento por su apego, siempre declarado y actuado a la fe católica y a la Iglesia, que os hace testigos explícitos y valientes del Señor Jesús. Y al mismo tiempo, aprecio la laicidad con la que os presentáis y trabajáis, laicidad fundada en la verdad del bien de la vida, que es un valor humano y civil y, como tal, pide ser reconocido por todas las personas de buena voluntad, a cualquier religión o credo pertenezcan. En vuestra acción cultural, habéis testimoniado con franqueza que los concebidos son hijos de toda la sociedad, y su asesinato en un número enorme, con la aprobación de los Estados, constituye un grave problema que socava en su base la construcción de la justicia, comprometiendo la solución adecuada de cualquier otra cuestión humana y social. Gracias.

En vista de la Jornada por la Vida de mañana, aprovecho esta oportunidad para dirigir un llamado a todos los políticos, para que, independientemente de las convicciones de fe de cada uno, pongan como primera piedra del bien común la defensa de la vida de quienes están por nacer y entrar en la sociedad, a la que llegan para traer novedad, futuro y esperanza. No os dejéis condicionar por lógicas que apuntan al éxito personal o a intereses solamente inmediatos o partidistas, mirad, en cambio, siempre a lo lejos, y mirad a todos con el corazón.

Pidamos con confianza a Dios que la Jornada por la Vida que estamos a punto de celebrar traiga un respiro de aire fresco, permita a todos reflexionar y comprometerse con generosidad, comenzando con las familias y las personas que tienen roles de responsabilidad al servicio de la vida. A cada uno de nosotros sea dado el gozo del testimonio, en la comunión fraterna. Os bendigo con afecto y os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

La confusión liberal – Armando Ribas

Por Armando Ribas

Para Instituto Acton

10 de febrero de 2019

Cada día me convenzo más de la confusión prevaleciente respecto al liberalismo y su consecuencia que es la falacia de la igualdad. De ella surge la democracia determinante del éxito político del socialismo y su evidente fracaso económico. Hablar de Democracia Liberal constituye la primera confusión al respecto. La democracia tal como lo describió Aristóteles hace 2500 años constituye la destrucción de la república. O sea implica la violación de los derechos individuales.

Las ideas que cambiaron al mundo no son de ayer y como dice Richard Epstein, “Los principios incorporados en la Constitución Liberal clásica no son aquellos que operan solo en esta o aquella era. Son principios para todas las eras”. Ese principio me parece fundamental y su ignorancia determina la crisis que vive hoy el a mi juicio mal llamado mundo occidental.

Esos principios se impusieron por primera vez en la historia en la Glorious Revolution de 1688 basada en las ideas de John Locke: 1) la limitación de las prerrogativas del rey: los monarcas también son hombres. 2) El respeto por la propiedad privada. Y 3) El derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Y éste lo consideraba el principio fundamental de la libertad. En función de ellos se alcanzó la llamada Revolución Industrial.

Esa evolución llegó a Inglaterra no en virtud ni de la cultura ni de la naturaleza anglosajona. Al respecto David Hume escribió: “Los ingleses en aquella era estaban tan sometidos que como los esclavos del Este estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre sí mismos y a sus propias expensas”.

Aquellos principios fueron llevados a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers en Estados Unidos a partir de la Constitución de 1787. Lamentablemente estos principios liberales han sido denominados en Estados Unidos como conservadorismo.  Denominación que le ha dado una ventaja política a la izquierda en nombre de la falacia de igualdad, pues como también advirtiera Aristóteles: “Tengan cuidado que los pobres siempre van a ser más que los ricos”. Y como bien reconociera William Bernstein en su “The Birth of Plenty” el mundo hasta hace unos doscientos años vivía como vivía Jesucristo.

Al respecto de esta confusión pendiente podemos ver artículos recientes de Foreign Affairs. En el primero Gideon Rose escribió “Los Estados Unidos y el Orden Liberal”. En el mismo se refiere a la función de Estados Unidos en el orden liberal del mundo, cuando la realidad es que no ha existido un orden liberal en el mundo, pues Europa lo ha ignorado por siglos y hasta la fecha. Como bien reconoce Ayn Rand: “La filosofía americana de los derechos del hombre nunca fue reconocida completamente por los intelectuales europeos”. Y la prueba de la inexistencia del orden liberal en el mundo es la crisis europea, que se debe a la inclusión de la demagogia a través del socialismo, y su consecuencia el aumento del gasto público. Ver cuadro

Otro aspecto ignorado por Rose es el que se refiere a lo que considera la crisis de lo que llama el orden liberal. Al respecto considera que la causa es el déficit fiscal e ignora que como bien reconociera Milton Friedman: “Lo que importa no es el déficit sino el nivel del gasto, que es el costo que paga la sociedad con impuestos, con inflación y con deuda”.

En otro artículo de Foreign Affairs “Cómo Termina el Orden en el Mundo”, Richard Haass nuevamente insiste en el enfrentamiento entre China y Estados Unidos. En el mismo se refiere a la Guerra del Peloponeso -Grecia y Esparta- como la consecuencia de la aparición de otro  gran país. Es decir que en su análisis está tomando en cuenta el pensamiento al respecto de Thusídides respecto a la Guerra del Peloponeso. En ese análisis ignora que en la actualidad el mundo enfrenta la situación prevista por Alberdi: “Las guerras serán más raras cuando la responsabilidad por su efectos se hagan sentir entre los que las incitan y provocan”. La realidad de esa observación se produjo con la aparición de las armas nucleares, que como bien dijera el Papa Juan Pablo II: “Las armas nucleares no son bélicas, son disuasorias”. Y a esa realidad debemos que la guerra fría quedara fría.

Siguiendo con esa línea de pensamiento respecto a la relación entre China y Estados Unidos Oriana Skyler Mastro descree de la declaración de Wang Yi: “China no repetirá, no repetirá la vieja práctica de un país fuerte buscando la hegemonía”. Y al respecto Oriana insiste en que no obstante esa declaración la China en la región Indo-Pacífico quiere el dominio completo. O sea que no cree en la declaración de Trump en su reciente discurso respecto a su acuerdo comercial con Hi Chimin.

Y por último Elizabeth Warren escribió: “Strengthening Democracy at Home and Abroad”. Allí dijo: “en el mundo la democracia está bajo asalto”. En ese juicio ignora que quien creó la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia, los Estados Unidos, los Founding Fathers aborrecían la democracia y al respecto Thomas Jefferson escribió: “Un despotismo electivo no es el gobierno por el que luchamos”. En virtud de ese criterio se creó la llamada Justice Review, mediante la cual el poder Judicial determinaba qué es la ley.

El verdadero problema que enfrenta el mundo occidental es fundamentalmente interno y se debe a la democracia.  El populismo llamado de izquierda y de derecha – socialismo y nacionalismo- se alcanza democráticamente y a ello se debe la crisis europea a la que me he referido. Y respecto a la China el supuesto gobierno comunista no es comunista, si así fuera no estaría creciendo a las tasas que lo ha hecho y continúa haciendo. A mi juicio en China ha desaparecido Marx y retornado Confucio.

Obispos venezolanos, marchan después de llamar a Maduro «ilegítimo»

EN LAS MARCHAS DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA

Obispos venezolanos, marchan después de llamar a Maduro «ilegítimo»

27 de enero de 2019

Fuente: Cacholic News Agency

 

La Iglesia en Venezuela ha participado en las marchas de oposición, pidiendo la destitución del Presidente Maduro, en apoyo el líder opositor Juan Guaido quien se auto declaró presidente interino, prometiendo un gobierno de transición y elecciones libres.

Los obispos de Venezuela han expresado su apoyo a las manifestaciones pacíficas de la oposición en todo el país el miércoles 23 de enero. En una de estas marchas en Caracas, el líder opositor Juan Guaido se declaró presidente interino.

Guaido es el jefe de la Asamblea Nacional, cuya legislatura es controlada por la oposición. Prometió un gobierno de transición y elecciones libres.

Poco después, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dijo que reconocía a Guaido como presidente, y dijo que la Asamblea Nacional es la única «rama legítima del gobierno» en Venezuela y que la presidencia de Nicolás Maduro es «ilegítima». Colombia, Brasil, Perú, Ecuador y Costa Rica también han reconocido a Guaido.

Desde que Maduro sucedió a Hugo Chávez como presidente de Venezuela en 2013, el país se ha visto afectado por la violencia y la agitación social. Bajo el gobierno socialista, el país ha experimentado una grave escasez e hiperinflación, y millones han emigrado.

A principios de este mes, los obispos declararon que Maduro juraba por un segundo mandato como presidente ilegítimo. Maduro ganó una elección presidencial de mayo de 2018 que fue boicoteada por la oposición y ha sido rechazada por gran parte de la comunidad internacional.

Las marchas del 23 de enero fueron convocadas por la Asamblea Nacional, que según la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia de Obispos de Venezuela fue «elegida por el voto libre y democrático del pueblo venezolano» y «es actualmente el único órgano de autoridad pública con la legitimidad de Ejercer sus poderes con soberanía».

La comisión también exigió que «los diversos cuerpos de seguridad del estado respeten a los ciudadanos que se manifiestan hoy», citando su derecho a estar libres de «represión violenta, detenciones arbitrarias, trato cruel y el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas para controlar manifestaciones pacíficas».

Además, la Comisión de Justicia y Paz de los obispos instó a «los católicos, hombres y mujeres de buena voluntad a orar por Venezuela en este momento, para que se restaure el orden constitucional y logremos una nación próspera y materialmente espiritual».

Decenas de miles de venezolanos marcharon en apoyo de la oposición el miércoles. Las fuerzas de seguridad han reprimido a algunos de los manifestantes con gas lacrimógeno.

En Maturín, al menos 700 simpatizantes de la oposición que marcharon quedaron atrapados en la catedral durante varias horas, sitiados por el ejército venezolano.

Numerosos obispos participan en las marchas de la oposición, entre ellos Luis Enrique Rojas Ruiz, obispo auxiliar de Mérida; Mario del Valle Moronta Rodríguezde San Cristóbal; Víctor Hugo Basabe de San Felipe; y Ulises Antonio Gutiérrez Reyes de Ciudad Bolívar.

 

Los partidarios del gobierno de Maduro están realizando marchas contra la oposición

Las marchas de oposición fueron convocadas por la Asamblea Nacional para conmemorar el aniversario del golpe de 1958 que derrocó al dictador Marcos Pérez Jiménez.

Antes de las marchas de oposición, la conferencia de obispos venezolanos los llamó «un signo de esperanza, algo nuevo que comienza a generarse en nuestro país: cambios necesarios para el desarrollo humano integral de cada persona y de todas las personas, pero siempre en democracia y de acuerdo con la Constitución Nacional ».

«Estas marchas no son el final del camino, sino una señal del futuro en proceso que debemos construir entre todos nosotros, sin excepción», dijeron los obispos en un título declarado «23 de enero de 1958: Un hito histórico para la democracia venezolana».

Los obispos llamaron al golpe de 1958 «una señal inspiradora del triunfo de la racionalidad social antes del abuso de poder; de la unidad de las personas que eran débiles antes del desmantelamiento de un régimen de abusos, de corrupción y de represión, que ocultaba dentro de sí todos los males que puede tener un gobierno autoritario».

Desde entonces, en la República Bolivariana de Venezuela se desarrolló una «conciencia democrática», que valoraba la separación de poderes, las transiciones pacíficas de gobierno y la descentralización, dijeron los obispos.

«Lamentablemente, el deterioro de la vida democrática por factores conocidos por todos abrió las puertas a la introducción de un régimen de gobierno en el que muchos depositaron sus esperanzas, pero que, al final, ha sido contrario a los principios de la ética social y al respeto por la dignidad humana».

Dijeron que las marchas del 23 de enero recuerdan «ese evento que fue significativo en la lucha de la civilización antes de la barbarie. Hacemos esto permaneciendo conscientes del sufrimiento al que el pueblo venezolano ha sido sometido por la acción del gobierno».

Los obispos también dijeron que «la mayoría de la gente pide un cambio de dirección que pase por un período de transición hasta que se elijan nuevas autoridades nacionales».

El 9 de enero, los obispos habían dicho que la afirmación de Maduro de que estaba iniciando un nuevo término «abre la puerta al no reconocimiento del gobierno, ya que carece de apoyo democrático en la justicia y la ley».

Una rebelión del 21 de enero, efectuada por 27 miembros de la Guardia Nacional en Caracas fue rápidamente reprimida.

El gobierno socialista de Venezuela es ampliamente culpado por la crisis del país. Desde el 2003, los controles de precios de unos 160 productos, incluido el aceite de cocina, el jabón y la harina, han significado que, si bien son asequibles, salen de los estantes de las tiendas y se revenden en el mercado negro a tasas mucho más altas.

Las políticas económicas deficientes, incluidos los estrictos controles de precios, junto con las altas tasas de inflación, han resultado en una grave falta de necesidades básicas como papel higiénico, leche, harina, pañales y medicamentos.

Se estima que 3 millones de personas han huido del país desde 2014.

La inflación en Venezuela en 2018 fue estimada por la Asamblea Nacional en 1.3 millones %.

Los cardenales venezolanos insisten en que su país está sometido a una dictadura

Los obispos venezolanos piden el fin de la represión tras el «presunto atentado» contra Maduro

 

Cuba: incremento e intensificación de la represión contra los creyentes – José María Ballester

28 de enero de 2019

Por José María Ballester

Fuente: Infocatólica  / ABC

 

INFORME PARTMOS 2018 SOBRE LAS LIBERTADES RELIGIOSAS EN CUBA

 

Casos concretos y violación sistemática de libertad, acoso cibernético a clérigos y activistas de distintas confesiones o la manipulación de iglesias afines en relación con el fallido proyecto de legalización

«El año 2018, más que una continuación, significó un incremento en las tendencias e intensidad de las violaciones a la libertad religiosa en Cuba». Así empieza el «Informe 2018 sobre las libertades religiosas en Cuba», al que ha tenido acceso el periodista José María Ballester para el diario ABC

El informe ha sido coordinado por el Instituto Patmos -interlocutor directo de entidades como «The European Center for Law and Justice» y también de Sam Brownback, embajador estadounidense para Libertad Religiosa. Ante la imposibilidad de realizar un trabajo estadístico clásico, los promotores del informe han optado por recabar, con rigor, el mayor número posible de violaciones de una libertad religiosa que, en principio, está permitida en Cuba. Sin embargo, en ausencia de una ley que la regule, su ejercicio real está supeditado al férreo control de la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista, cuya supresión Patmos pide abiertamente.

Motivos no le faltan: sin ir más lejos, el pasado 7 de septiembre, víspera de lafestividad de Nuestra Señora del Cobre, Patrona de Cuba, tres habitantes de Cienfuegos que se disponían a participar en las celebraciones fueron detenidos en plena calle por un teniente coronel que respondía al nombre de Pablo, y posteriormente trasladados a sus domicilios, donde se les colocó vigilancia para impedir que salieran de nuevo. Otros dos fueron detenidos mientras abandonaban sus respectivas viviendas y conducidos a una comisaría de la Policía Nacional Revolucionaria, en cuyas dependencias permanecieron hasta bien entrado el día siguiente. Este es un ejemplo de cómo se viola a diario la libertad religiosa en Cuba.

Más flagrante aún, si cabe, es el calvario -con vertientes múltiples- por el que atraviesan los miembros de la comunidad judía «Bnei Anusim» de Camagüey. De entrada, las autoridades les han negado, hasta la fecha, el derecho a registrarse legalmente. Por lo que respecta a las burlas antisemitas que padecen, la explicación que recibieron por parte de esas mismas autoridades era que «provenían seguramente» de otras confesiones cristianas. Este intento del régimen de provocar enfrentamientos entre comunidades religiosas fue desbaratado por el encuentro que mantuvieron monseñor Wilfredo Pino, obispo de Camagüey, y Reinaldo Basulto, fundador de la comunidad «Bei Anusim» en dicho municipio. La vertiente más cruel del calvario de este grupo israelita se produjo el 7 de diciembre de 2018, con motivo de unas circuncisiones en el Hospital Pediátrico de Camagüey: según el informe, «fueron irrespetados en el momento de realizar sus rezos y se les amenazó con la expulsión del hospital, niños incluidos, sin tener en cuenta que se encontraban recién intervenidos».

Más allá de estos casos, el informe destaca otros supuestos de violación sistemática de libertad religiosa como la represión de los abogados que asesoran a comunidades -el histórico opositor René Gómez Manzano es uno de ellos-, el acoso cibernético constantes a clérigos y activistas de distintas confesiones o la manipulación de iglesias afines en relación con el fallido proyecto de legalización -por el momento- del matrimonio homosexual. De ahí que el Instituto Patmos recomiende a los cubanos asumir que el silencio «no puede ser una opción válida». Del régimen, ya no espera nada.

 

Clericalismo, la enfermedad infantil del peronismo – Roberto Bosca

29 de noviembre de 2018

Por Roberto Bosca

Fuente: Infobae

En el anchuroso marco del rico panorama de las relaciones entre la religión y la política, el peronismo y una generosa porción de la Iglesia Católica en la Argentina han adquirido un lugar de privilegio como el paradigma de un matrimonio donde se conjugan el amor y el odio, pero donde persevera un vínculo que, proyectado en el tiempo, parece ser indisoluble.

Los elementos religiosos están inscritos en el mapa genético del peronismo, en tanto representativo de una religión política. La reciente misa sindicalista-peronista que ha removido nuevamente el avispero ilumina un escenario de alianzas mutuas que exhibe un largo historial, pero que también refleja una manera muy peculiar de entender esas relaciones como un intercambio de favores recíprocos. El eje común es el clericalismo.

Por una parte, el hecho muestra en el mejor de los casos el deseo de llegar con el mensaje cristiano a segmentos populares, y en el peor permite sospechar una búsqueda inconfesable de poder. Por la otra, revela impúdicamente la instrumentación de lo religioso con un fin político e incluso el interés mezquino de salvar el propio pellejo ante una amenaza judicial inminente.

Fue así desde el primer momento, cuando Perón cautivó a los católicos ratificando la enseñanza religiosa sancionada por la revolución del 43 y proclamó que su política se inspiraba en las encíclicas sociales. Pero fue también en ese mismo instante cuando comenzaron las tensiones que terminarían en la consigna «Cristo Vence» como santo y seña de la Revolución Libertadora.

Laicos, curas y obispos creyeron ungir, por fin, y después de luengos años de áspero laicismo, a un príncipe cristiano. La consigna fue lanzada por el cardenal Caggiano: «Subid audazmente sobre el tren y tratad de dirigir la máquina». De este modo, el primer gobierno peronista estuvo constituido y contó con el apoyo mayoritario de los católicos. Pero Perón, antes que católico, era peronista.

Pronto se evidenció, aunque de una manera gradual de sentido creciente, la pretensión de imponer una hegemonía desde el poder político, no solo en todos los escenarios de la sociedad civil, sino aun en la misma Iglesia. Pasó lo que tenía que pasar, que increíblemente el genio político del jefe del justicialismo no supo prever. Los católicos notificaron al Presidente: hasta aquí llegó mi amor.

El nuevo régimen, en efecto, comenzó a presentar no solo rasgos cesaristas, sino que fue adquiriendo el perfil de una religión política, patrocinada por un mesías redentor que predicaba unas verdades de fe y hasta celebraba una liturgia propia, situándose en lo más alto de la jerarquía de valores, incluso los religiosos, de los cuales se consideraba intérprete. Sabiéndose poseedor de un extraordinario carisma, Perón comenzó a caracterizarse a sí mismo como una suerte de divinidad política y hasta alguno de sus prosélitos lo categorizó como superior a Jesucristo. Este síndrome ha sido muy frecuente en la historia cuando el príncipe invoca una elección divina.

Cuando comenzó a predicarse en los púlpitos oficiales que «el justicialismo es el verdadero cristianismo», los obispos fruncieron el ceño, al tiempo que Evita, sin haber leído ningún tratado y poseedora de una formación cristiana apenas elemental, los acusaba impíamente de haber traicionado la pureza original del Evangelio. La así llamada mística revolucionaria del justicialismo declamaba una opción por los pobres que anticipó en un par de décadas a las teologías de la liberación. A muchos años de su muerte, la imagen de Evita sigue representando en altares caseros el paradigma de la santidad peronista.

Uno de los males más antiguos que arrastra la Iglesia, ciertamente poco advertido y escasamente combatido, es el clericalismo, que básicamente y en una de sus varias acepciones consiste en una exorbitancia de poder que se concreta en la injerencia de la estructura eclesiástica en la sociedad política.

Aunque la fe tiene una dimensión pública y no solamente privada, posee sus carriles propios constituidos por la perspectiva moral y religiosa. La actitud clerical también se expresa inversamente en la pretensión por parte del poder político de incursionar en la autonomía eclesiástica, y no necesariamente en el área dogmática. Un ejemplo de ello consiste en el poder presidencial de nombrar al obispo castrense junto al romano pontífice, y en la facultad de presentar objeciones al nombramiento de los ordinarios.

El autor es director del Instituto de Cultura del Centro Universitario de estudios (Cudes).

Indiferencia ante los cristianos perseguidos – Santiago Martín

29 de noviembre de 2018

Por P. Santiago Martín

Fuente: Religión en Libertad / Magnificat TV

El padre Santiago Martín, de los Franciscanos de María (Misioneros del Agradecimiento), hace un repaso de la situación mundial en cuanto a la persecución a los cristianos, un mal que se va extendiendo mucho más allá de los límites de los países musulmanes. También denuncia no solo la indiferencia de los gobiernos occidentales, sino incluso la nuestra propia, la de sus mismos hermanos en la Fe.

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Histórica sentencia del Supremo británico a favor de los pasteleros perseguidos por el lobby LGTB – Carlos Barrio

10 de noviembre de 2018

Por Carlos Barrio

Fuente: Religión en Libertad

La Corte Suprema de Reino Unido ha emitido este miércoles un contundente fallo que supone un duro golpe a la ideología de género y al rodillo que quieren imponer a todo aquel que no quiera plegarse a sus exigencias.

Se trata del caso de los pasteleros de Irlanda del Norte, Daniel y Amy McArthur, responsables de la cadena Ashers, que se negaron a realizar el encargo de una tarta con la imagen de Epi y Blas, con el mensaje: “Apoyo el matrimonio homosexual”.

Una batalla judicial que se remonta a 2014

El pastel fue encargado por un conocido activista LGTB, Gareth Lee, y tras recibir el encargo este matrimonio decidió no aceptarlo alegando que el mensaje atentaba contra sus convicciones religiosas y morales, por lo que en conciencia no podían realizarlo.

El caso se remonta a 2014 y desde entonces Lee inició una batalla judicial contra estos pasteleros de Belfast alegando discriminación por su orientación sexual. La polémica llegó a varias instancias judiciales, hasta que finalmente ha sido tratado por la Corte Suprema, que por unanimidad ha negado que este activista fuera menospreciado o discriminado.

La tarta encargada mostraba a Epi y Blas con el mensaje «Apoyo el matrimonio homosexual»

Una sentencia histórica

The Christian Institute ha estado ayudando a este matrimonio durante estos cuatro años, tanto en el plano legal como económico. En un comunicado, definen la sentencia del Supremo como “histórica para la libertad de expresión” pues el tribunal ha constatado que Ashers “actuó legalmente y no discriminó a nadie. Los jueces sostuvieron que era el mensaje a los que objetaba la pastelería, no al cliente”.

En su opinión, es un golpe muy duro al “discurso obligatorio” que los lobbies como el LGTB intentan imponer a toda la sociedad.

Daniel McArthur se ha mostrado contento y aliviado tras el fallo del Supremo, que anula el resto de sentencias contra él y su mujer, afirmando que “sé que mucha gente estará muy contenta de escuchar la decisión que se conoce hoy, porque esta decisión protege la libertad de expresión y la libertad de conciencia de todos”.

Quieren que se apoye algo en lo que no se está de acuerdo

El pasado mes de mayo, cuando comenzaba la vista en la Corte Suprema, Daniel insistía una vez más en que “no dijimos que no por el cliente” sino que “fue por el mensaje”. Además, añadió tal y como recogía la BBC, que “algunas personas quieren que la ley nos haga apoyar algo con lo que no estamos de acuerdo”.

Gareth Lee es un activista LGTB, y el que denunció a los pasteleros de Irlanda del Norte

Precisamente, el fallo de los jueces va en esta línea. La presidenta de la Corte Suprema, Brenda Hale, ha dictaminado que los pasteleros no se negaron a cumplir el pedido de Gareth Lee debido a su orientación sexual. “Se habrían negado a hacer una tarta así a cualquier cliente, independientemente de su orientación sexual”, especificó.

La utilización del dinero público

La juez agregó que “su objeción fue al mensaje en la tarta, no a las características personales del señor Lee. En consecuencia, este tribunal sostiene que no hubo discriminación por motivos de la orientación sexual”.

El debate que se abre en el Reino Unido tras la contundencia y la unanimidad del fallo es la utilización de los fondos públicos para este tipo de luchas ideológicas. La batalla legal que ha durado cuatro años ha costado a las arcas públicas cerca de 500.000 libras (algo más de 570.000 euros). Y es que la Comisión de Igualdad para Irlanda del Norte, un organismo público, decidió gastar más de 250.000 libras para apoyar la demanda del activista LGTB en este caso.

El fallo tomado por unanimidad deja ahora en muy mal lugar a este organismo que ha dilapidado decenas de miles de euros de los británicos. Mientras tanto, la familia McArthur se ha visto obligada a gastar más de 200.000 libras, que han salido de su bolsillo y de la organización cristiana The Christian Institute.

En Reino Unido, ya definen a esta tarta como la más cara de la historia del país. Costaba 36,50 libras, pero al final ha superado el medio millón debido al empeño de judicializar la decisión de los pasteleros.

La utilización de Epi y Blas

Los protagonistas de la tarta, Epi y Blas, eran igualmente utilizados por el lobby LGTB, para apoyar el llamado “matrimonio homosexual”. Estas marionetas infantiles ya han sido utilizadas recientemente para esta causa, consiguiendo un gran eco mediático.

Recientemente, un guionista que trabajó varios años en Barrio Sésamo dijo en una entrevista que los personajes eran pareja. Rápidamente, se publicó como noticia en todo el mundo. El creador de los personajes, Frank Oz, tuvo que salir al paso en redes sociales asegurando: “Parece que al Señor Saltzman se le preguntó si Bert y Ernie (Epi y Blas) son homosexuales. Está bien que él sienta que lo son. No lo son, por supuesto”.

A Oz le llovieron las críticas, pese a ser él el creador de Epi y Blas. Pero incluso Barrio Sésamo emitió un comunicado en Twitter: “Como siempre hemos dicho, Bert y Ernie son mejores amigos el uno del otro”, explicaban.

“(Las marionetas) fueron creadas para enseñar a los niños de preescolar que las personas pueden ser buenas amigos de aquellos que son muy diferentes. Aunque sean identificados como personajes masculinos y posean muchas características y rasgos humanos, como la mayoría de marionetas de Barrio Sésamo, siguen siendo marionetas y no tienen orientación sexual”.

 

 

Capitalismo de rostro humano – Pedro Fraile Balbín

29 de noviembre de 2018

Por Pedro Fraile Balbín

Fuente: Revista de Libros – RdL

  

Señalaba con sorna el premio Nobel de economía George Stigler que «el clero antiguo había dedicado sus mejores esfuerzos a enderezar la conducta de los individuos, y el clero moderno los suyos a enderezar las políticas sociales» (The Economist as Preacher, 1980). La relación entre el cristianismo y la economía viene, en efecto, de muy antiguo. Desde la formalización misma de la doctrina cristiana en la Edad Media, su inclinación social llevó a los escolásticos a la reformulación del orden aristotélico y a sus conocidos dictámenes sobre el carácter orgánico de la sociedad, la necesidad de un precio justo en el intercambio, la diferencia entre valor y precio, la naturaleza insana de la asimetría en el comercio, la acumulación culpable de riqueza y todos los demás supuestos de la tradición tomista. Es cierto que algunos escolásticos ‒como los nuestros de Salamanca‒ hicieron avances relevantes en el estudio de la libertad de mercado y el sistema de precios, pero, en general, el cristianismo se inclinó casi siempre hacia el colectivismo y la economía dirigida. A partir de mediados del siglo XIX, la doctrina social de la Iglesia en el mundo católico y el socialismo cristiano en el protestante acentuaron aún más su oposición al liberalismo y su visión benevolente ‒como un error bienintencionado‒ del colectivismo marxista. El cristianismo ha combatido tradicionalmente el pecado del liberalismo y durante décadas se ha opuesto al individualismo racionalista de la Ilustración. Su imagen era la de Cristo contra los mercaderes del templo.

Pero parece que no por más tiempo. A la tradición colectivista cristiana le ha surgido un cisma liberal. Un reducido pero influyente grupo de estudiosos sociales está reinterpretando los fundamentos intelectuales del cristianismo desde una óptica liberal. Larry Siedentop, el historiador de Oxford, por ejemplo, plantea en Inventing the Individual (2014) los orígenes del liberalismo individualista occidental como una contribución netamente católica, y el sociólogo de la religión Rodney Stark, de la Baylor University, arguye en su Victory of Reason (2006) que el auge de Occidente se debió a la confianza en el racionalismo implícito en la teología cristiana. En lo estrictamente económico, el redescubrimiento cristiano del liberalismo no es tan reciente. Los seguidores del ordoliberalismo, y la «economía social de mercado» en la segunda posguerra, sobre todo Walter Eucken y Ludwig Erhard, provenían de círculos cristianos, pero predicaban un orden liberal dentro de los límites garantizados por el Estado. También llegó a ser muy conocida e influyente la combinación liberalismo-catolicismo del popular filósofo y diplomático Michael Novak (The Catholic Ethic and the Spirit of Capitalism, 1993). Pero faltaba un último paso. Había que fundamentar en términos económicos las creencias católicas con un buen razonamiento teórico. En concreto, era necesario explicar por qué una concepción liberal del mercado es no sólo compatible, sino indisociable de la concepción trascendente de la persona que se deriva del humanismo cristiano. Esto es justamente lo que hace Martin Rhonheimer en su Libertad económica, capitalismo y ética cristiana. Aunque Rhonheimer es filósofo de formación, conoce con precisión la economía política y los supuestos teóricos de la escuela austríaca. Es presidente del Instituto Austríaco de Economía y Filosofía Social de Viena y ha publicado numerosos trabajos sobre libertad de mercado y ética económica. Es, precisamente, su vinculación con la tradición de Carl Menger, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek lo que confiere a su libro un perfil propio.

El libro Libertad económica, capitalismo y ética cristiana es una colección de ensayos del autor previamente aparecidos en publicaciones especializadas, pero que ofrecen un orden metodológico bien organizado hacia su objetivo central: corregir «la hostilidad católica frente al capitalismo y el libre mercado» (p. 41) a partir del análisis de la escuela austríaca, y conservando al mismo tiempo los preceptos éticos del humanismo cristiano. La introducción y el primer capítulo ofrecen una visión de la evolución intelectual del autor como analista económico y su descubrimiento final del análisis de la Escuela de Viena, y aparece aquí la primera denuncia del sesgo colectivista del catolicismo, especialmente a partir de la encíclica Quadragesimo Anno (1931). Sin embargo, en el siguiente capítulo, Rhonheimer explica las raíces liberales del pensamiento cristiano y su decisiva contribución a la separación entre los poderes espiritual y terrenal, así como la progresiva limitación de este último. Los capítulos tercero y cuarto analizan las bases éticas necesarias para una cultura de la libertad y ofrece los preceptos cristianos como la mejor alternativa para la organización moral de una sociedad de mercado. A continuación, el autor aborda la parte más netamente analítica del libro: el capítulo quinto trata de la ineficiencia económica de la intervención estatal y el principio de la subsidiaridad desde los supuestos del ordoliberalismo y, de la mano del public choice, analiza los fallos del Estado en la provisión de asistencia. En los dos capítulos siguientes se matiza la visión austríaca. En uno, modificando la visión utilitarista de Ludwig von Mises; en el otro, justificando la política asistencial cristiana, y este es, quizás, el núcleo de todo su argumento. Rhonheimer suscribe la visión general de Hayek sobre el mercado, pero matiza el rechazo hayekiano al concepto de justicia social criticando la noción de neutralidad inicial de las instituciones del mercado que el austríaco utiliza para fundamentar la justicia intrínseca de cualquier transacción voluntaria y rechazar, por tanto, la intervención redistributiva del Estado. La parte final del libro se dedica al análisis de las últimas aportaciones magistrales de la Iglesia ‒Mater et Magistra (1961), Pacem in Terris (1963) y Centesimus Annus (1991)‒ y su deriva hacia la redistribución y en contra del mercado libre. Un capítulo final titulado «El trabajo del capital. Cómo surge el bienestar» expone la visión austríaca y cristiana del propio autor sobre la generación de la riqueza, la búsqueda del bien común y el avance hacia la igualdad.

El de Rhonheimer es un gran reto intelectual. Trata de denunciar y desmontar los prejuicios de la tradición social católica contra la libertad económica y sustituir su confianza en el Estado como promotor del bien común con la lógica del buen análisis económico. Para ello, Rhonheimer se apoya en dos razonamientos. Uno es lo que él llama el auténtico significado de la justicia social: su rectificación de Hayek. Se fija en los derechos humanos, tal como la dignidad, que son de orden superior al simplemente legal, y que las instituciones del mercado ignoran con frecuencia. Esta consideración ética es lo que justificaría una intervención correctora ‒aunque no necesariamente estatal‒ del mercado. El segundo pilar es el principio de la subsidiariedad, por el que el Estado abandona su neutralidad e interviene sobre el mercado ‒apoyado en el análisis ordoliberal y austríaco‒ para corregir el marco institucional y para que el libre ejercicio de los agentes económicos cree oportunidades, empleo y riqueza para todos. Hay que subrayar la honestidad intelectual de Rhonheimer en esta tarea. El ensayo deja clara la posición católica del autor y a la vez explicita en todo momento ‒de hecho, se convierte a veces en una biografía intelectual‒ los preceptos económicos sobre los que se apoya cada argumentación en el momento en que fue escrita, y detalla el proceso de «descubrimiento» de la «síntesis neoclásica», el ordoliberalismo de Walter Eucken y la escuela austríaca.

En Libertad económica, el lector descubre una visión austríaca con rostro humano del complejo mundo social cristiano, y esto es intelectualmente estimulante a la vez que alentador para quienes creemos en una visión humana del mercado. Sin embargo, el lector también se pregunta si Rhonheimer y los demás teóricos del nuevo cristianismo austríaco no habrán hecho un viaje circular para llegar de nuevo al punto inicial de partida de la economía clásica. Una visión humanista y compasiva del liberalismo es lo que Adam Smith propone en su Teoría de los sentimientos morales (1759) y es una herencia compartida por casi toda la escuela escocesa y buena parte de los clásicos. Es como si Rhonheimer hubiese pasado por un lento viaje circular de redescubrimiento en el campo de la filosofía moral desde Gershom Carmichael, Adam Ferguson o Francis Hutcheson ‒y todos sus predecesores del Derecho Natural (Francisco Suárez, Hugo Grocio, Samuel Pufendorf)‒ para llegar de nuevo a la escuela escocesa y a los Sentimientos morales de Smith, es decir, un lento viaje de redescubrimiento de la filosofía moral que, además, posiblemente tenga escaso impacto en el criterio económico y social de la Iglesia actual, en la que cada vez pesa más el intervencionismo colectivista y menos el liberalismo hayekiano.

Sin embargo, puede que ese camino, aunque sea circular, no haya sido del todo estéril. La exploración que Rhonheimer hace de Walter Eucken, el ordoliberalismo alemán, y las escuelas de Viena y de Virginia, todos desde un punto de vista cristiano, le ha llevado a descubrir nuevos matices poco visibles con anterioridad. Por ejemplo, su replanteamiento del papel histórico del cristianismo en la identificación del individuo ‒en vez de la tribu, la etnia y la clase‒ como protagonista de la vida política, y en la separación de poderes y en la limitación del poder del Estado; la crítica y rectificación al rechazo de Hayek contra la justicia social y la especificación de las condiciones bajo las cuales las transacciones podrían considerarse auténticamente neutras; o, también, la propuesta de un sistema de beneficencia que no sea monopolio del Estado y que incorpore a la iniciativa privada de la sociedad civil en la tradición de las friendly societies inglesas o las fraternal societies estadounidenses. El libro de Rhonheimer está lleno de matices y sugerencias que apuntan todas en la buena dirección. Es posible que cambiar la orientación colectivista del catolicismo, especialmente en estos tiempos, sea un hueso difícil de roer, pero ayuda tener de vez en cuando un golpe de aire fresco como el que procura la lectura de este libro.

 

Pedro Fraile Balbín es catedrático de Historia Económica en la Universidad Carlos III de Madrid.

Iglesia y política – Agustín Espina

Por Pbro. Agustín Espina
22/10/2018

Soy argentino, soy sacerdote, adhiero profundamente al sistema de gobierno democrático y no soy peronista.

Sí, no soy peronista, tampoco macrista, no me identifico con ninguno de los partidos políticos, si bien podría hacerlo a título personal, pero no como ministro de la Iglesia. Como sacerdote, soy pastor de todo el pueblo de Dios, y en ese pueblo hay personas de muy diversas ideologías partidarias, en principio, todas ellas legítimas.

Frente a expresiones de algunos pastores de mi Iglesia, siento necesidad de aclarar:

– que la Iglesia no adhiere a ningún partido político. Que si bien hace política, esta entendida en sentido amplio, tanto cuanto, colabora en la construcción del bien común, no hace y no debe hacer política partidaria.

– Que dentro de la Iglesia católica, el ejercicio de la política partidaria es competencia de los cristianos, actuando a título personal, ejerciendo su responsabilidad como ciudadanos.

– que la Iglesia católica, desde el concilio vaticano II, sostiene con claridad, aunque no siempre lo practique, la separación entre la Iglesia y el Estado, recordando el principio de la autonomía de lo temporal.

– Que ningún partido político puede atribuirse la representación del pensamiento social de la Iglesia.

– Que los aspectos técnicos de la economía y la política no son competencia de la Iglesia, sino en lo que ella pueda aportar en cuanto a la dimensión moral de los mismos.

Me gustaría recordar, por último, la distinción de nuestro querido Papa Francisco, «Pecadores sí, corruptos no».

Sería importante que los pastores de la Iglesia a la hora de hablar, recibir y compartir Eucaristías, con actores de la política, de la economía, de la justicia, tuviéramos presente esta distinción.
Padre Agustin Espina
Diócesis de San Isidro