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Ocho reflexiones sobre las PASO – Nicolás Cachanosky

 

Por Nicolás Cachanosky

Fuente: PPI / Portfolio Personal Inversiones

23 de agosto de 2019

Las primarias del 11 de agosto dejaron una de las peores crisis financieras en la historia argentina. El resultado electoral ha alterado significativamente las expectativas futuras del país y, con ellas, el potencial desempeño económico en los próximos años. A continuación, algunas reflexiones y las reacciones políticas a los resultados electorales.

Un análisis minucioso de Nicolás Cachanosky, Economista y Associate Professor of Economics at Metropolitan State University of Denver, sobre la crisis –política y económica- que se desató en el país, tras las PASO del 11 de agosto.

 

  1. Es claro que la crisis se desata por la inesperada victoria electoral de Alberto Fernández. De lo contrario, ¿cómo explicar que la venta de títulos argentinos en los mercados internacionales haya comenzado a momentos de conocerse los resultados electorales? Dado que cada partido ha ido a las PASO con un solo candidato, las mismas funcionan como encuesta nacional de las elecciones presidenciales en Octubre, y no como un filtro de candidatos intra-partido. Recordemos también que Alberto Fernández se presenta como candidato del partido que entona “combatiendo al capital” en su himno partidario. La gestión K hizo honor al himno peronista con expropiaciones como las de Repsol-YPF y las AFJP ¿Qué esperaban acaso? ¿Una lluvia de inversiones?

 

  1. La imagen chavista asociada a la fórmula de Alberto Fernández la produce el mismo kirchnerismo; no es cierto que sea responsabilidad de Juntos por el Cambio. En todo caso, Cambiemos será responsable de haber polarizado el escenario político con el kirchnerismo, pero no de la imagen que “los K” dan al mundo. Alberto Fernández debe recordar que en las elecciones no se lo elige sólo a él, sino que se lo elige a él, a Cristina F. de Kirchner, a La Cámpora, etc. Si A. Fernández se encuentra incómodo con la comparación Chavista, entonces debería haber prestado atención a quienes sale a representar como candidato a Presidente. Podría haber manifestado ese rechazo a la imagen chavista pasándose a Juntos por el Cambio, como lo hizo Pichetto quien pertenecía a las filas K hasta hace pocas semanas.

 

  1. Es natural que A. Fernández tenga problemas para generar confianza en los mercados. Su equipo económico aún no formalizado se contradice cada 24hs. En tanto que, cada vez que habla con un medio, muestra o que no entiende la situación económica del país o da a entender un posible nuevo default soberano. Como si eso fuera poco, debe ser el único candidato a Presidente del que se tenga registro que es nombrado por el candidato a Vicepresidente. ¿Más allá de los cargos, quien va a detentar el poder en los hechos?

 

  1. Por su lado, Juntos por el Cambio no deja de presentar sus propios problemas de diagnóstico. Si bien es cierto que el timing de la crisis la explican las PASO, no es menos cierto que la dimensión (tamaño) de la crisis lo explica la propia política monetaria de Cambiemos.

 

  1. El gobierno parece tener la ilusión de que la economía se encontraba encaminada sobre bases sólidas. El problema fue tener la mala suerte de un shock externo. Sin embargo, la política económica de Cambiemos era inconsistente a mediano y largo plazo. El shock externo no hizo más que acelerar esas inconsistencias. Recordemos que el país que en términos económicos voló por los aires fue Argentina, no el resto del mundo cuando se dio el shock externo. No es cierto, como se expresaba la anterior administración del BCRA, que los críticos de la política monetaria lo eran por no saber leer balances. Una actitud más abierta y humilde hacia sus colegas posiblemente hubiese ahorrado costos económicos y financieros.

 

  1. Se ha insistido que uno de los problemas de Cambiemos es no haber implementado un plan económico. El gobierno, sin embargo, dice tener un plan económico, por más que no sea del agrado de sus críticos. Disiento. Un plan económico no consiste en hacer metrobuses y obra pública (por más necesarias que sean). Un verdadero plan económico consiste en una visión global de política económica que, entre otras cosas, cambia las expectativas en el mercado. ¿Qué tipo de plan económico se construye sobre un Ministerio de Economía atomizado en cuatro, cinco, o más oficinas? Recordemos que el Ministerio de Economía se dividió en dos, uno que recaudaba y otro que gastaba. Más aún, cuando es claro que al Presidente Macri no le atraen los temas económicos, ni son su fuerte. En distintas ocasiones, he preguntado en qué sitio web se puede consultar el supuesto plan económico. La respuesta fue siempre la misma: silencio.

 

  1. A prácticamente dos meses de las elecciones presidenciales, es poco el margen que le queda a Juntos por el Cambio para revertir los resultados de las PASO. Parte del desencanto con el gobierno de Macri es el pobre desempeño económico. Lamentablemente no hay tiempo para que nuevas medidas económicas tengan efecto en la economía, lleguen al bolsillo de la gente, y cambien la percepción del votante medio. El gobierno puede controlar el mercado cambiario, pero distinto es generar cambios perceptibles en la economía real de aquí a octubre.

 

  1. Dado que el gobierno no tiene margen para generar cambios reales, debe generar un cambio en las expectativas económicas de un segundo gobierno de Macri. Eso no es otra cosa que un shock, aquello que Cambiemos nunca quiso y de lo que siempre renegó. ¿Qué es un shock? Es el anuncio de un plan general que si bien tiene efectos graduales, cambian las expectativas hoy. El acuerdo a las apuradas con el FMI, por ejemplo, es un shock. El efecto sobre la inflación presenta lags, pero el cambio en las expectativas es prácticamente inmediato. Si los “Fernando Iglesias” del gobierno hubiesen puesto menos energía en ridiculizaciones infantiles (liberalotes, plateístas, libersauros) y más energía en escuchar a quienes deberían ser sus votantes y defensores, quizás hoy el gobierno se sintiese con más cintura política para presentar medidas más audaces y mejor definidas que las que estamos viendo en los últimos días.

 

Conclusión: las PASO y el turbulento contexto económico de los últimos días deberían dejar importantes lecciones para todos los actores del mundo de la política.

 

Robert A. Sirico: un sacerdote emprendedor – Mario Šilar

Defender mercados libres y sociedades empoderadas no suele gozar de buena prensa, pero el sacerdote estadounidense no cesa en su empeño

 Por Mario Šilar (Instituto Acton)

30 de agosto de 2019

 

El pasado 3 de agosto, The Wall Street Journal publicó en su edición impresa una entrevista que el periodista William McGurn –columnista y miembro del consejo editorial del periódico –hizo al sacerdote Robert Sirico. Se puede acceder a la entrevista original en inglés aquí.

Robert Sirico no solo es párroco en la Iglesia “Sagrado Corazón de Jesús”, en Grand Rapids (Michigan) sino que tiene a su cargo la escuela parroquial; por lo que “tiene muchas cosas que hacer para mantener los bancos de su parroquia llenos y su escuela a flote”.

Pero la defensa de la libertad económica para Sirico no es un tema de mera ideología o de esgrimir una visión buenista y superflua pensando que los mercados de por sí resolverían todos los problemas de la sociedad. Nada más lejos de la verdad. “Se trata de preguntarse: ¿para qué sirve la libertad? Y para entender esta pregunta, uno tiene que comprender para qué está hecho el hombre.” Y en este sentido, ubicándose tras la estela de Lord Acton “el gigante intelectual católico británico cuyas grandes causas fueron la libertad y la religión”, Sirico y el Acton Institute exploran la compleja y delicada relación entre libertad política, libertad económica y libertad religiosa. Una relación, aunque fundamental, todavía no del todo comprendida en amplios sectores de la cultura cristiana.

En una parte de la nota se puede leer:

“Como observó Adam Smith, ‘no es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses’. No es exactamente ‘amor por el prójimo’, pero tiene el efecto de ayudar a los demás. Asimismo, ‘la gente necesita trabajos’, señala Sirico: ‘Los trabajos provienen del mundo de los negocios y los negocios necesitan libertad económica y oportunidades para puedan ser creados’.

Esta apreciación por la contribución que hacen los mercados es más que teórica. Como pastor del ‘Sagrado Corazón de Jesús’, puede ver de cerca lo que significa la libertad económica para sus feligreses, que son principalmente de clase trabajadora. “Me mantiene con los pies en la tierra”, afirma Sirico sobre su tarea pastoral. En la actualidad su congregación es mucho más diversa que la de los inmigrantes polacos que trabajaron en las canteras de yeso y fundaron la parroquia hace un siglo. Sirico reconoce que solo unos pocos serán algún día emprendedores. Pero cuando las empresas prosperan y los feligreses pueden obtener buenos trabajos, sus sueños se hacen realidad, ya sea adquirir una vivienda o enviar a sus hijos a la universidad.

Sirico afirma que, cuando fue nombrado párroco en el año 2013, la escuela de la parroquia se moría. Apelando a su propio espíritu emprendedor, refundó la escuela, y la convirtió en una Academia católica clásica. En el 2019, las inscripciones se han más que cuadruplicado desde que se hizo cargo del centro, creciendo más rápidamente que otras escuelas de la diócesis en los últimos años. Sirico agrega que alguna reforma pro-mercado (en el ámbito educativo) como la posibilidad de que los padres pudieran elegir el centro escolar de su preferencia, supondría un gran cambio –para bien– para las familias trabajadoras de su comunidad.”

Pero tal vez, una de las novedades más importantes de los últimos años reside en que la hostilidad hacia los mercados y la consiguiente visión negativa que suele haber sobre ellos, ahora no proviene simplemente de las alas progresistas o de izquierda, sino que también proviene de amplios sectores conservadores o de la derecha. En este sentido, hay varios debates interesantes entre Samuel Gregg –el director de investigación del Acton Institute– y el propio padre Sirico con Rusty R. Reno, director de la prestigiosa revista norteamericana First Things, otrora defensora sin complejos de la libertad económica, con voces tan prominentes como las de Michael Novak o Richard J. Neuhaus, que ha hecho un giro radical hacia posiciones cuasi-neokeynesianas en la relación entre gobierno y mercado.

El artículo menciona algunas de las críticas conservadoras al capitalismo y, en especial, al comercio internacional. Se trata de la tan extendida –y errónea– idea de que el libre comercio destruye las industrias autóctonas-locales. Otras críticas son una actualización de las manidas críticas del sociólogo liberal Daniel Bell (1919-2011), quien intentaba poner de manifiesto unas supuestas contradicciones intrínsecas del capitalismo, en la medida en que la supuesta búsqueda de prosperidad estimula los deseos desordenados y superfluos, desterrando así de la sociedad libre el abanico de virtudes necesario para que el propio capitalismo se sostenga. Lamentablemente, esta crítica –injusta y sesgada– está muy extendida en los claustros universitarios de instituciones cristianas, en los seminarios, llegando a ser casi una asunción popular entre amplios sectores de la sociedad, especialmente en países como la Argentina, de antigua influencia de la cultura cristiana en la sociedad.

Hay otra crítica relevante que hace referencia al «capitalismo despierto» o woke capitalism[1], término de reciente incorporación en el slang anglosajón. Se trataría de la anomalía generada por grandes empresas –especialmente las grandes tecnológicas– que utilizan su poder de mercado para sofocar las visiones más tradicionales y clásicas que tienen algunos o muchos miembros en la sociedad. Algunos ejemplos incluyen la expulsión del ejecutivo de Mozila Brendan Eich por haber manifestado una opinión contraria a los matrimonios del mismo sexo, las amenazas de Disney y Netflix de boicotear al estado de Georgia por su contundente ley antiaborto, y Nike complaciendo a Colin Kaepernick al discontinuar el modelo de zapatilla que tenía la bandera norteamericana.

“Sirico responde a cada una de estas críticas. Sobre la idea de que el comercio internacional destruye las ciudades manufactureras prósperas, el sacerdote criado en Brooklyn señala a su comunidad adoptiva como contraejemplo. Durante la mayor parte del siglo XX, su actual ciudad de residencia, Grand Rapids (Michigan) fue la capital del mobiliario del mundo. Luego vino la competencia, primero de los carpinteros de Carolina del Norte, luego de China. «Los mercados, obviamente, pueden tener efectos disruptivos» –señala Sirico. «Pero esa disrupción puede ser positiva o negativa. También puede ser disruptiva, en un sentido positivo, cuando las personas son exitosas en proveer de mejores niveles de vida para un grupo más amplio de personas».

Grand Rapids y el área circundante siguen siendo la sede central para muchos fabricantes de muebles de acero, su economía se ha diversificado, y la revista Forbes clasifica a la ciudad como una de las diez áreas metropolitanas de crecimiento más veloz en el centro de los Estados Unidos. El centro de la ciudad está colmado de grúas, no hay un solo local de comercio que esté cerrado, y su industria abarca desde el rubro de la cerveza artesanal hasta el gigante internacional del marketing multinivel, Amway.

Respecto del argumento de que los extranjeros «roban» los trabajos de los norteamericanos, el padre Sirico apunta al otro lado de la ecuación. «Es bueno para los campesinos que están viviendo con salarios de subsistencia, para que puedan ganar más y para permitirles que puedan tener más opciones en sus vidas», afirma. «Los sacerdotes en estas provincias de China miran a su gente que prospera gracias al comercio y dicen “Gracias a Dios por esto”». Para el P. Sirico, la queja de que personas desesperadas están «robando» empleos a los norteamericanos es algo extraño de oír proviniendo de personas cristianas.”

¿Y qué hay respecto de la crítica de que la riqueza es moralmente corrosiva? «Durante gran parte de la historia de la humanidad, la gente luchaba solo por sobrevivir», señala Sirico. «Ahora la pregunta moral es qué hacer en un contexto de abundancia. Supongo que una respuesta sería eliminar la abundancia». Sirico piensa que los críticos del mercado cometen un error fundamental al concebir el capitalismo en términos puramente materialistas. Para empezar, la caricatura del individuo como un automaximizador preocupado solo por el beneficio económico: «Parece que en el momento en que eres próspero, estás vendido». Sirico reconoce que los mercados tienen que ser algo más que un mero instrumento para ganar dinero y ampliar las opciones. Los mercados necesitan un «telos», un sentido de un propósito más elevado –respecto de la manera en que los seres humanos deberían usar su libertad. Eso depende de la toma de conciencia de que no todas las elecciones son moralmente iguales.

Sirico señala, además, otro punto importante, la frecuente timidez o falta de claridad de los empresarios respecto del irremplazable aporte al bien común que surge de su propia actividad. De algún modo, los empresarios carecen de una adecuada “voz moral” que les permita comprender desde una racionalidad práctica robusta, el sentido de lo que hacen, y que les permita distinguir entre intenciones y acciones. Sirico señala, además, algo un tanto políticamente incorrecto, ya que son a menudo, los clérigos quienes “no comprenden el bien que el comercio hace a la sociedad –luego, después de denunciar el mundo de los negocios como un ámbito de codicia y rapaz, extienden sus manos para recibir donaciones cuando tienen entre manos un proyecto que necesita fondos”.

Finalmente, Sirico reconoce el problema de las grandes plataformas de redes sociales, que prohíben o suprimen por otros medios las voces de corte más tradicional o conservador en la sociedad. Los críticos ven esto como un fallo de mercado. Comúnmente, si no te gusta cómo te trata una empresa, simplemente puede llevar tus negocios o tu compra a otra parte. ¿Pero cuál es la alternativa realista a Facebook o Amazon? ¿No estamos acaso como cooptados por la “necesidad” que nos generan estas grandes empresas?

“Sirico no está listo para renunciar a las soluciones de mercado. Señala, en este sentido, la historia de compañías e industrias que parecían monolíticas e invencibles –las tres grandes cadenas dominantes de televisión norteamericanas (ABC, CBS y NBC), IBM, los monopolios locales del taxi– casi colapsando frente a competidores advenedizos, que surgían aparentemente de la nada. «Las innovaciones de mercado, antes de producirse, parecen siempre impracticables», apunta, «y una vez que se producen es como si dijéramos: “Oh, yo también podría haberlo hecho”».

Por encima de todo, a Sirico le preocupa el hecho de que el gobierno sería un peor instrumento que las grandes empresas en la promoción de los valores tradicionales. Sirico cita un debate que tuvo lugar en el King’s College, en la ciudad de Nueva York. Su oponente, R. R. Reno, editor de la revista First Things, esbozaba las maneras en que haría uso del Estado para promover los valores que él y el padre Sirico comparten. El P. Sirico le dijo al señor Reno que su gran error consistía en asumir que, si el gobierno alguna vez llegara a organizar un panel para definir el bien común, contaría con Reno.

«Reno piensa que el panel sería dirigido por gente como nosotros», destaca Sirico. «Pienso que será dirigido por Nancy Pelosi».

Su respuesta más amplia sobre el desafío que supone el «capitalismo despierto» recuerda a san Juan Pablo II. En su famosa encíclica de 1991 pro-libre mercado, Centesimus Annus, Juan Pablo habló de tres áreas del esfuerzo humano –política, económica y cultural–, y dijo que, si queremos tener una economía moral, va a ser templada menos por el gobierno que por una cultura moral saludable. En otras palabras, si bien las leyes son necesarias, las sociedades no pueden ser reguladas en función de resultados sociales preferidos. Esto depende más de una cultura saludable.

Muchas grandes empresas, reconoce Sirico, ahora promueven valores antitéticos con el cristianismo. Sin embargo, ¿por qué pretendemos que el mundo de los negocios no vaya a reflejar los valores dominantes en la sociedad? Este es el desafío que los conservadores, especialmente los conservadores religiosos, tienen que afrontar. «Es una tarea difícil, pero somos constructores de cultura, y una de las herramientas en la caja de herramientas es el capitalismo –para formar a nuestra gente para competir con excelencia en el mercado, para que ejecuten sus tareas, para que tengan confianza en lo que están haciendo».

Lord Acton es muy conocido por su famoso aforismo: «El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente». Sirico dice que su línea predilecta de Lord Acton es aquella en la que describe la libertad como «el delicado fruto de una civilización madura». Necesita constante cultivo, y eso requiere de una cultura robusta con instituciones libres, incluidas las instituciones religiosas, que entienden al hombre en todas sus dimensiones humanas.

«La respuesta no es retirarse a las montañas», señala finalmente Sirico. «La respuesta es simultáneamente liberalidad en nuestra economía y vigor en nuestras convicciones morales».”

 

 

 

 

[1] Woke capitalism. En el contexto político norteamericano, hace unos años ha ido cobrando protagonismo la expresión «to be woke» / «get woke!» para hacer referencia a que uno «está involucrado», que está «despierto», que está al tanto de «las necesidades de la época, de lo que indica la moral del momento», preocupado por los temas sociales igualitarios y en contra de discriminaciones de todo tipo. Es un término acuñado en el contexto progresista, pero que también ha sido adoptado por los conservadores. Esta nota de David Brooks es ilustrativa: https://www.nytimes.com/2018/06/07/ opinion/wokeness-racism-progressivism-social-justice.html).

La corte suprema de Kentucky escucha un caso de libertad religiosa sobre camisetas LGTB

Fuente: Infocatólica


El viernes 23 de agosto, la Corte Suprema de Kentucky escuchó argumentos sobre el caso de un empresario cristiano que enfrenta un castigo por negarse a imprimir camisetas para un festival del Orgullo LGBT por su fe.

«El derecho a decidir qué ideas expresar es esencial para la libertad humana. La Comisión violó esa libertad al ordenarle a Blaine Adamson que imprima mensajes que violen sus creencias religiosas», dijo Jim Campbell, abogado principal de Alliance Defending Freedom quien llevó el caso ante la Corte Suprema de Kentucky, después de los argumentos del viernes.

Blaine Adamson, propietario de la imprenta Hands On Originals, con sede en Lexington, Kentucky, fue demandado por negarse a imprimir camisetas que promocionaban un festival del Orgullo de Lexington en el 2012. Su negocio había sido contactado por la Organización de Servicios para Gays y Lesbianas, pero Adamson rechazó imprimir las camisetas porque creía que al hacerlo violaría su fe cristiana. Remitió al grupo a otras compañías.

En 2014, la Comisión de Derechos Humanos del Condado Urbano de Lexington-Fayette dictaminó que Adamson violó una ordenanza antidiscriminatoria y le ordenó imprimir las camisetas y someterse a una capacitación sobre diversidad.

Adamson cuestionó la decisión y ganó en un tribunal de Kentucky en 2017; desde entonces, el caso ha sido apelado ante la corte suprema del estado, y los argumentos ante la corte fueron escuchados este 23 de agosto.

En declaraciones a periodistas y simpatizantes después de escuchar los argumentos, Adamson dijo «Trabajaré con cualquier persona, sin importar quiénes son y cuáles son sus sistemas de creencias. Pero cuando se me presenta un mensaje que entra en conflicto con mi fe, eso es algo que no puedo imprimir».

«No entro a mi negocio todas las mañanas y dejo mi fe en la puerta», dijo. «Durante los últimos 7 años, el gobierno ha tratado de castigarme por negarme a imprimir un mensaje que iba en contra de mi conciencia».

En los argumentos, Campbell enfatizó ante el tribunal que la compañía de Adamson, Hands On Originals, «sirve a todos», pero se reserva el derecho de no imprimir ciertos mensajes que considera inapropiados o que de una u otra manera están en conflicto con la fe cristiana de Adamson.

Campbell dijo que Adamson, en su conversación inicial con los representantes de la Organización de Servicios para Gays y Lesbianas que buscaban unas camisetas para promocionar el Festival del Orgullo de Lexington, solo se negó a imprimir las camisetas después de preguntar y saber qué se imprimiría en las camisetas.

Campbell argumentó que esto constituyó un «peso sustancial» a las creencias religiosas de Adamson, según lo definido por la Corte Suprema en Holt v. Hobbs.

La Comisión le solicitó al Sr. Adamson violar sus creencias religiosas, y le ordenó asistir a la capacitación sobre diversidad, ya que es «incorrecto» que él maneje su negocio de acuerdo con sus creencias religiosas, argumentó Campbell.

Oponiéndose a Adamson y representando a la Comisión, el abogado Edward Dove dijo que Hands On Originals «practica la censura» de acuerdo con la admisión de Campbell.

«Pueden hacer lo que quieran en nombre de la religión y censurar cualquier mensaje que no les guste, lo que afectaría la libertad de expresión en el país», dijo sobre Hands On Originals.

La jueza Michelle Keller le preguntó a Campbell qué tan lejos puede llegar el gobierno al ordenar que se impriman las camisetas para el festival Pride, pregunto si se puede aminorar responsabilidad en el caso de las camisetas diciendo que los mensajes no reflejan los puntos de vista de Hands On Originals.

Adamson y otros dueños de negocios tienen una «libertad mental individual protegida por la constitución», dijo Campbell, una «dignidad individual» para proteger la libertad de expresión.

“Varón y mujer los creó” – Gustavo Irrazábal

Por P. Gustavo Irrazábal

Instituto Acton

23 de agosto de 2019

 

Las palabras del Génesis arriba citadas fueron el título elegido por el reciente documento de la Santa Sede destinado a orientar el diálogo sobre la cuestión del gender en la educación.[1] En la siguiente reflexión no pretendo exponer de modo sistemático los contenidos de este texto, pero bajo su inspiración me propongo referirme a algunos aspectos de esta problemática.

 

“Diversidad sexual”. ¿Respetarla o celebrarla?

Muchos lectores recordarán seguramente la iniciativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de organizar por primera vez la Semana “Orgullo BA” desde el 27 de octubre al 3 de noviembre de 2018.  Los porteños, al igual que los habitantes de otras grandes metrópolis como Nueva York, Londres y Berlín, tuvimos la oportunidad de ver grandes banderas con el arcoíris (símbolo del “colectivo LGBT”) engalanando muchas plazas y edificios y toda clase de “intervenciones artísticas” en el espacio público con imágenes de parejas del mismo sexo, dispusimos de la oferta de un amplio programa cultural en torno a ese tema, y circulamos por calles atravesadas por grandes pancartas invitando a “celebrar la diversidad”.

Pero no es lo mismo respetar que “celebrar”. El respeto de la “diversidad sexual” es sin dudas indispensable en una sociedad democrática y pluralista, en la cual debemos aceptar aun aquellas opciones que no compartimos o que se oponen a nuestra ética personal, en la medida en que no inflijan perjuicios injustos para nosotros o para terceros. Pero entre “respetar” y “celebrar” hay un abismo, que las autoridades de la Ciudad pasaron por alto de modo temerario. Porque “respetar” las decisiones de los otros es un deber; “celebrarlas”, no.

La “diversidad” no es por sí misma algo para valorar o promover. Depende a qué diversidad se refiera. Se puede cuidar y promover la bio-diversidad, es decir, la variedad de especies animales y vegetales, como expresión de la riqueza de la vida del planeta y la garantía de su continuidad. Pero la diversidad de opciones de los seres humanos no genera una diversidad de “especies”, ni es un valor en sí mismo ya que hay opciones buenas y malas. Dentro de ciertos límites (el principio de daño) deben ser respetadas como condición que hace posible la pacífica convivencia social, pero nadie puede estar obligado a alegrarse de lo que considera opciones malas o perjudiciales. Pretender obligar a celebrar cualquier opción por el mero hecho de serlo no es pluralismo, sino la supresión del pluralismo a favor de un pensamiento único.

Pero la política ha descubierto –hace poco tiempo, reconozcámoslo– el potencial de la actual tendencia cultural a la exaltación indiscriminada de la diversidad, y ha decidido surfear el tsunami sin reparar en el límite de sus facultades o las consecuencias de sus decisiones. Quien se detenga a hojear unos minutos la Guía de Buenas Prácticas en Derechos Humanos y Diversidad Sexual en Espacios de Educación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,[2]  podrá constatar cómo la nueva élite iluminada ha asumido con un fervor cuasi-religioso la misión de eliminar todas las “pautas culturales” provenientes de “la educación, la familia, los medios y la comunidad” respecto al “deber ser”, “lo normal”, lo que “está bien”, porque se trataría de meros “mandatos culturales que un sesgo sexista y heteronormativo que naturaliza y normativiza la desigualdad”, y se propone sustituirlos por un único criterio válido: el de ser “libres”, de modo que todas las opciones en materia de género están abiertas y disponibles, todas tienen el mismo valor, todas son una riqueza en su misma “diversidad”.

Ahora bien, si todo lo anterior eran meras pautas culturales, ¿por qué lo nuevo ha de ser distinto, y no más bien otro conjunto más de meras pautas culturales? Pero es característico de toda ideología no reparar tanto en la lógica cuanto en la resonancia de las grandes palabras. La ideología es un aparato verbal que no busca la verdad, sino el poder.

 

Incluir, ¿en dónde?

Uno se pregunta cómo es posible que un discurso tan endeble desde el punto de vista científico, lógico y conceptual pueda recabar un éxito tan notable. Este pensamiento se ha infiltrado incluso en los ámbitos pastorales y en universidades católicas, donde no es extraño hoy encontrar quienes afirman y enseñan que es preciso que la Iglesia deje de hablar de “ideología de género”, que admita y valore todo tipo de opciones en este campo, como modo de mostrarse auténticamente “inclusiva”. “No existe la ideología de género” es una consigna recurrente en parroquias, aulas, conferencias y congresos católicos. Una frase extremadamente curiosa (e ideológica) ya que cualquier materia, tratada ideológicamente, se convierte en una ideología. No hay motivo para considerar al género como una excepción.

La explicación última de la repercusión de estas ideas en la Iglesia puede deberse a que hoy la preocupación por la verdad es superada por el temor de no ser suficientemente “inclusivos”. Pero así como la “diversidad” no es algo bueno en sí mismo, la “inclusión” tampoco lo es. Depende de quién, y en qué. Dejando de lado qué se entiende por “exclusión” (¿la no celebración de una determinada forma de vida?), es evidente que si para incluir a una persona en la vida de la comunidad eclesial ésta debe aceptar sin más sus propios criterios de conducta aunque no sean compatibles con el mensaje cristiano, en realidad no es esa persona la que es incluida en la Iglesia, sino la comunidad eclesial la que es incluida en el mundo de esa persona. El imperativo de la inclusión es una consigna vacía y carente de sentido si no está fundada en la verdad.

 

La Iglesia y el género

La enseñanza de la Iglesia parte de un dato verificable: varón o mujer son las dos únicas formas de existencia del ser humano en el mundo, que antes de reflejarse en sus características exteriores están ya inscritas en sus cromosomas y en sus gónadas, y que no sólo informan el aspecto físico, sino que caracterizan de modo transversal todas las demás dimensiones de su vida: su psicología, sus afectos, su espíritu, su relación con los demás. Ser varón y mujer no es un caso de “diversidad”, ya que no se trata de dos especies distintas, sino de diferencia y complementariedad entre dos formas de ser recíprocamente orientadas dentro de la misma especie. Por eso tal diferencia posee una profundidad antropológica insoslayable.

La negación de la diferencia sexual en su real trascendencia es lo que caracteriza la ideología de género, que la Iglesia distingue cuidadosamente de la perspectiva y los estudios de género. El concepto de género, agrega hoy al sexo en primer lugar la asignación de los roles sociales. Culturalmente dicha asignación varía de modo significativo, pero siempre existe una determinada asignación de roles diversos. La doctrina de la Iglesia no sostiene que tales roles sean enteramente naturales y exentos de toda crítica en nombre de la justicia y la igualdad, pero tampoco pueden ser artificialmente equiparados volviendo irrelevante la diferencia sexual.

Finalmente, el concepto de género incorpora el nivel de la identidad sexual (reconocerse como varón o mujer) y el de la orientación sexual (por ej., aun quienes se identifican con su propio sexo biológico pueden tener inclinaciones homosexuales). Pero cuando la identidad sexual y/o la orientación sexual no condicen con el sexo biológico, ello comporta un problema de ajuste con la propia realidad. Una persona puede recurrir a la cirugía, a las hormonas, al cambio de vestimenta, pero seguirá teniendo su propio sexo, aunque sea negado y rechazado. Si esto es así, no todas las opciones en materia de género pueden tener el mismo valor. Muchas de ellas, lejos de ser caminos de madurez y plenitud, pueden ser una mera regresión al mundo de la fantasía y la ilusión.

 

Caridad en la verdad

Afirmar esto no significa rechazar la inclusión. Pero una sociedad no se hace más inclusiva renunciando a los criterios que forman parte de los fundamentos mismos de su existencia. La heterosexualidad debe seguir siendo la sexualidad “modélica”, porque es la que permite desplegar adecuadamente la diferencia sexual en todas las dimensiones indicadas, y constituye la base de la familia y la continuidad de la sociedad.  

Es cierto que habrá muchas personas que por diversas razones no pueden hacer propia la riqueza de la diferencia sexual. Esa situación impone límites a sus posibilidades, y dentro de la Iglesia deberán ser acompañadas con cercanía y misericordia en el discernimiento responsable de su propio camino, en la búsqueda de la realización posible. Pero estas personas deben ser llamadas a preservar el vínculo con su realidad personal. En nada las ayudaría el llamado vacío a “ser ellas mismas”, partiendo de la idea equivocada de que todas las opciones poseen el mismo valor y son igualmente realizables, como si ser varón o mujer fuera indiferente, y el cuerpo fuera sólo la materia informe, indefinidamente maleable, que el sujeto puede modelar a su arbitrio.

Y por más relevancia que se dé a cada caso, que en cierto sentido es único, no se puede dejar de pensar en las consecuencias sociales y eclesiales de seguir la lógica de la ideología del gender hasta el final, que lleva inexorablemente a la destrucción de las bases mismas de la convivencia social, cuando en nombre de esa fantasía de la indiferenciación sexual se redefinen (y vacían) instituciones básicas como el matrimonio y la familia.

 

Ideología de género y derechos humanos

Finalmente, es una paradoja y una ironía que la imposición de la ideología de género se efectúe en nombre de los derechos humanos. Son precisamente éstos últimos los que son vulnerados cuando el Estado desconoce el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones, catalogadas arbitrariamente como resabios oscurantistas; cuando las aulas se convierten en laboratorios de esta nueva ortodoxia revolucionaria; cuando todo atisbo de crítica se vuelve pasible de escraches, denuncias, sanciones, que recortan caprichosamente la libertad de expresión.

Esto no es “celebrar la diversidad” sino imponer la uniformidad. No es inclusión, sino exclusión del que no se allane a los nuevos dogmas. Lo que surge de aquí no es una sociedad más libre, sino una sociedad más adolescente e inmadura que entiende cada vez menos su propia sexualidad y su propio cuerpo. Que juega eufórica a la omnipotencia y termina ahogada en la frustración y el aislamiento.

Los estudios de género han puesto de manifiesto la desafiante complejidad de este tema, que nos llama a la apertura de mente y a la humildad. Pero ello no significa que estemos privados de toda referencia firme. Dice el Génesis: “Dios los creó varón y mujer”. En la Biblia, esa diferencia es la cumbre de la Creación. Negarla es deshacer la obra de Dios, y entrar en el camino de la regresión simbólica que desemboca en un solo lugar: el caos primordial.

 

[1] Congregación para la Educación Católica, Varón y mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, 2 de febrero de 2019.

[2] https://www.buenosaires.gob.ar/sites/gcaba/files/guia_de_buenas_practicas_-_derechos_humanos_y_diversidad_sexual_en_espacios_de_educacion_0.pdf

Por el bien de los pobres, primero el crecimiento económico – Rafael Ramírez de Alba

Por Rafael Ramírez de Alba (profesor de área de Entorno Económico IPADE – Business School)

Fuente: El Universal (prensa mexicana)

 

Uno de los hechos más significativos y alentadores de las últimas décadas ha sido la disminución de la pobreza, especialmente de la pobreza absoluta, a medida que se ha logrado una aceleración del crecimiento económico gracias a la implementación de políticas de apertura y liberalización económica. No solo en China e India sino alrededor del mundo, un rápido crecimiento está asociado sistemáticamente con disminuciones importantes en la pobreza.

Sin embargo, al mismo tiempo que se ha incrementado el crecimiento y disminuido la pobreza, se siguen escuchando muchas voces que lamentan un percibido aumento en la desigualdad. Nos dicen que el modelo neoliberal o capitalista, puede ser que logre crecimiento económico pero lo hace favoreciendo a los ricos y explotando a los pobres o, en el mejor de los casos, el crecimiento ha olvidado a los pobres y no los ha hecho partícipes de sus beneficios (reflejado, por ejemplo, en la preocupación por los “descartados” en el lenguaje del Papa Francisco, o en la insistencia de un “crecimiento inclusivo” que intenta popularizar el Foro Económico Mundial).

Para llegar a la conclusión sobre si el crecimiento económico beneficia o no a los pobres se deben analizar los hechos de manera sistemática.  ¿Qué nos dice la evidencia empírica al respecto?

David Dollar del Brookings Institution (think tank estadounidense identificado con posiciones de centro-izquierda), Tatjana Kleineberg de la Universidad de Yale y Aart Kraay del Banco Mundial, llevaron a cabo uno de los estudios más extensos que se han hecho sobre la relación entre crecimiento económico y desigualdad. Tomando como base datos de 121 países en las últimas cuatro décadas, llegaron a la conclusión que no hay una relación empírica entre el cambio en el ingreso promedio de los países y el porcentaje del ingreso del quintil más bajo de la población. En palabras sencillas, los ingresos de las personas más pobres han crecido en general al mismo ritmo que los ingresos promedio en esos países: mientras más rápido crece el PIB per cápita de un país, más rápido crecen los ingresos de los más pobres; si no hay crecimiento, las condiciones de vida de los más pobres no mejoran.

Habiendo encontrado lo anterior, lo investigadores se preguntaron si habría variables que afectaran directamente la participación del ingreso de los más pobres en el total nacional (es decir, que influyeran en la distribución de los ingresos) para tratar de identificar políticas que, además de promover el crecimiento, disminuyeran la desigualdad.

Después de analizar más de quince variables, entre ellas la apertura comercial, la inflación, el crédito al sector privado, la desigualdad histórica y la extensión de la educación primaria, no encontraron una relación clara y consistente entre ellas y la desigualdad. Es decir, mientras que el crecimiento económico sí beneficia a los más pobres, es difícil encontrar políticas públicas que al mismo tiempo que promueven el crecimiento, disminuyan la desigualdad. Podríamos añadir que es muy probable que las políticas que pretendan disminuir la desigualdad a expensas del crecimiento económico acabarán perjudicando a los más pobres, a quienes suponen querer ayudar.

En un país como México donde los niveles de pobreza siguen siendo inaceptablemente altos a pesar del progreso de las últimas décadas, uno de los aspectos más atractivos de la campaña de López Obrador a la presidencia fue su insistencia en que las políticas económicas se deben enfocar principalmente en ayudar a las personas más necesitadas, reflejado en su lema, muy acertado política y mediáticamente: “por el bien de todos, primero los pobres”. Difícil estar en desacuerdo.

Sin embargo, y más allá de haber implementado alguna política económica definida o coherente, con sus palabras y sus acciones el ahora presidente López Obrador ha minado consistentemente la base del crecimiento económico de un país: la confianza necesaria para fomentar la inversión privada y el emprendimiento. En tan sólo un poco más de seis meses de su administración han quedado lejos las promesas de crecer al 4% anual, conformándose con tratar de convencernos que no estamos en la primera recesión desde hace muchos años.

La gran paradoja de la administración actual, que se dice especialmente preocupada por los pobres, es que serán las personas de menos recursos precisamente las más perjudicadas por la falta de crecimiento económico. Como bien nos recordó el saliente Secretario de Hacienda en su reciente carta de renuncia, las políticas económicas se deben diseñar con base en la evidencia y no en la ideología (ni, añadiría yo, las buenas intenciones). El crecimiento económico es la mejor y más efectiva política social. Tal vez sea el momento de complementar aquello de “por el bien de todos, primero los pobres” por algo así como “por el bien de los pobres, primero el crecimiento económico”.

Abusos sexuales en la Iglesia, Benedicto responde a las críticas

Por Ary Waldir Ramos Díaz

Fuente: Aleteia

 

El Papa emérito escribe una breve nota de contribución para la publicación mensual, Herder Korrespondenz, donde una estudiosa alemana criticó su ensayo sobre la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia y el vínculo con la supuesta caída moral en el 68’.

El papa Benedicto XVI vuelve a escribir: “Hasta donde conozco, Dios no aparece en absoluto en la mayoría de las reacciones a mi artículo, y de esta forma no se habla precisamente del quid de la cuestión que yo quería plantear”.

Lo hace, según informaron algunas agencias de noticias, en una breve nota de contribución para la publicación mensual alemana, Herder Korrespondenz, que será publicada en septiembre, anticipada ayer por algunos sitios de información en alemán.

La respuesta del Papa emérito llega después de que su ensayo titulado La Iglesia y el Escándalo de los abusos sexuales de abril 2019, hubiera suscitando un eco mundial también por sus comentarios sobre la evolución de la moral sexual católica al final de los años setenta y ochenta.

Y la respuesta en julio, en el Herder Korrespondenz de una catedrática alemana que publicó un artículo, titulado: Das wahre katholische Leiden an 1968 (El verdadero sufrimiento católico en 1968).

La crisis que aún golpea a la iglesia fue producto de una laxitud moral que invadió a Occidente, y no solo a la iglesia, en los años sesenta, la Revolución de 1968 que luchó por una “libertad sexual total”, escribió el Papa emérito en el documento de 18 páginas, publicado en abril en el periódico alemán Klerusblatt y anticipado por Il Corriere della Sera, “habiendo contactado al Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal (Pietro) Parolin, y al mismo papa Francisco”.

El texto había sido concebido también en el contexto de la reflexión del encuentro La protección de los menores en la Iglesia, convocado por Francisco en el Vaticano (21-24 febrero 2019).

En esta nueva ocasión, el Papa emérito expone un déficit general en la recepción de su texto anterior. En particular, al dirigirse a los comentarios de la historiadora Birgit Aschmann, nacida en Hamburgo, catedrática de historia europea del siglo XIX desde 2011 en la Universidad Humboldt de Berlín. Así, al referirse en concreto al texto de la investigadora, subrayó que tampoco “se encuentra la palabra Dios en las cuatro páginas del artículo de la señora Aschmann, cuando era el punto central de la cuestión que yo había planteado”.

Benedicto XVI insistió usando uno de los párrafos de su propio ensayo: “La sociedad occidental es una sociedad en la que Dios está ausente del discurso público y no tiene nada más que decir. Y por eso es una sociedad en la que la medida de la humanidad se pierde cada vez más”.

En lo que respecta a las reacciones criticas, también Ratzinger observa – me “muestra la gravedad de una situación en la que la palabra Dios muchas veces se margina incluso en la teología”.

El papa emérito ha considerado oportuno responder brevemente a la publicación alemana mensual, Herder Korrespondenz, que desde 1946, publicada por la editorial Herder de Friburgo, informa sobre los desarrollos actuales en la iglesia, la religión y la sociedad. Cada número contiene editoriales, comentarios, así como entrevistas, análisis y documentos de científicos, periodistas y expertos.

 

“Me parece que en las cuatro páginas del artículo de la Sra Aschmann no aparece la palabra Dios, que yo he puesto en el centro de la cuestión. He escrito que “un mundo sin Dios solo puede ser un mundo sin significado”. “La occidental es una sociedad en la que Dios está ausente del discurso público y no tiene nada que decir. Y es por ello una sociedad en la que la medida de la humanidad se pierde cada vez más”.

Por lo que puedo comprobar -concluye Ratzinger-, en la mayoría de las reacciones a mi contribución Dios no aparece en absoluto, y por tanto no se debate si quiera lo que quería subrayar como el punto clave de la cuestión. El hecho de que la aportación de Aschmann ignore el pasaje central de mi argumentación como lo ha hecho la mayoría de las reacciones de las que tengo conocimiento me revela la gravedad de una situación en la que la palabra Dios parece a menudo marginada en la teología”.

 

La enfermedad del poder en Estados idealizados – Marcelo Miranda

Por Marcelo Miranda

Para Instituto Acton (Argentina)

15 de agosto de 2019

 

El poder y su ejercicio dentro de un Estado de derecho, donde todas las reglas y normas se encuentren debidamente delimitadas y establecidas, es totalmente necesario. El cardenal Joseph Ratzinger señalaba con total claridad: “La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz”. Siguiendo esa misma línea se entiende que el ejercicio del poder es un instrumento útil en la construcción de una adecuada vida en sociedad y la consecución de la justicia.

Desnaturalización del poder.  Cuando el poder es nublado por el éxito y la parafernalia del caudillo, el “sano poder” se transforma en un instrumento de opresión y de represión, pues ya no se vela por una administración justa, y ecuánime, se prioriza la prebenda y el abuso, dando como resultado un Estado quebrado.

El cardenal Ratzinger (papa Benedicto XVI) señalaba que se hace dificultoso diferenciar entre “el derecho verdadero del derecho aparente”, pues este último llega a camuflarse de manera magistral en los distintos espacios de la administración pública y de la administración de justicia, haciéndonos creer que se vive dentro de una máxima idealizada de progreso, justicia y paz, cuando en realidad se vive en un espejismo peligrosamente bien elaborado.

Sintomatología. Los Estados que construyen un aparato estatal de gran envergadura padecen de una especie de involución; es decir, un retroceso jurídico marcado, puesto que estas visiones de Estado regente, grande y protector hacen que el  Estado tenga una concepción cuasi “divina” y su líder sea una figura mesiánica. Por ende, llegar a pensar en un poder corrupto y avasallador que emana de este tipo de Estados es básicamente imposible para los encandilados militantes.

Transmisión y contagio. La enfermedad del poder en Estados grandes siempre se trasmite de arriba hacia abajo; es decir, resulta imposible que un funcionario de bajo nivel que ejerce de manera inadecuada su insignificante influencia llegue a contagiar a las grandes esferas del aparato estatal. Pasa todo lo contrario cuando el mal ejercicio del poder nace y a su vez es ejecutado desde la cima del mismo Estado, sólo de esta forma el mal se viraliza, ejerciendo su poder multiplicador.

Consecuencias. El mal ejercicio del poder y la corrupción que emerge de él llevan al derecho a dejar de tener la fuerza coactiva y coercitiva necesaria para normar los aspectos propios de la administración pública y de la vida en sociedad, básicamente se instrumentaliza la ley para ocultar, socapar y validar actos de corrupción; por otro lado, el Estado regente y protector, con un aparato administrativo grande, en su afán de controlar todo, termina por no controlar nada; la corrupción se normaliza, la justicia se prostituye y la ética se penaliza.

Prevención y cura. La reducción del aparato estatal es sin duda el profiláctico ideal, pues el poder se reduce a las normativas necesarias para el mantenimiento de un Estado de derecho funcional, las empresas estatales innecesarias deben ser repensadas dando mayor participación a capitales privados. El poder de la Policía y el poder judicial deben estar debidamente regidos no sólo por la normativa vigente, también por una consciencia natural que emane de preceptos éticos y morales.

Conclusión. Si bien los Estados proveedores, con un aparato administrativo de gran envergadura, han demostrado una y otra vez su incapacidad de hacer frente a la enfermedad del poder y la corrupción, las personas todavía no pueden o no quieren dejar de creer en un Estado mítico salvador.

Quizás sea necesario empezar a releer la historia dejando de lado el romanticismo nacionalista, socialista y el marxismo cultural imperante para dar paso a una visión liberal, que, aunque menos romántica, ha demostrado ser más eficaz a la hora de controlar el abuso de poder, la corrupción y el prebendalismo.

 

 

Marcelo Miranda Loayza es teólogo y forma parte del Centro de Estudios Joseph Ratzinger.

Cómo la libertad crea al mundo – Gabriel Zanotti

Para Instituto Acton (Argentina)

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Blog personal “Filosofía para mi”

14 de julio de 2019

En su extraordinario relato histórico sobre los EEUU, Diana Uribe cuenta, en el cap. 11, cómo se produjeron los diversos inventos que dieron rostro al EEUU industrial, desde el s. XIX en adelante, y luego al mundo, en cosas que luego se universalizaron y fueron usadas, desde luego, por los odiadores seriales más profundos de los EEUU.

No sólo nos cuenta que en los EEUU estas cosas se inventaron, transformaron y desarrollaron con una velocidad asombrosa, sino que muchos de estos artefactos ya eran conocidos en la antigüedad. Pero los inmigrantes que llegan a la que era la tierra de la libertad, desde todas partes del mundo, los re-inventan. Así, la máquina de coser, aparentemente, ya se conocía en la Alejandría de la famosa biblioteca, pero el escocés Vatts la recrea. La ojalata ya era conocida en Francia desde hace mucho, pero los franceses que van a los EEUU le dan mil usos y crean el enlatado, la leche deshidratada, la cafetera, el abrelatas. Los cereales formaban parte de la dieta de los quákeros desde hacía también mucho tiempo, pero don Kellog los transforma en una industria alimenticia mundial. Los polacos reintroducen los croissants y un holandés crea las famosas donas con el agujero en el medio. Los inmigrantes alemanes de Hamburgo cocinan la carne de menos calidad de un modo que luego fue llamado hamburguesa. Un señor llamado Adams comercializa un famoso chicozapote usado por los mayas y aztecas llamándolo chicle; hasta inventa una maquinita para venderlo mejor. Los inmigrantes belgas dan origen a una papa muy finita y la comercializan como chips potato. Un señor Gillette se da cuenta de que puede producir y comercializar hojitas de afeitar de modo masivo y lo hace. Un inmigrante judío llamado Singer le agrega un pedal a la máquina de coser y además la vende a plazos. Un señor Scott vende masivamente un papel muy higiénico que antes era exclusivo de los nobles europeos. Otro señor Ottis re-inventa el ascensor que ya usaba Luis XIV, y con la producción y comercialización del concreto, que parece que ya conocían los egipcios, surgen los rascacielos. Entre la higiene masiva, los ascensores y el concreto las ciudades se transforman en gigantes rascacielos. Y al tren con la máquina de vapor un señor llamado Pullman le agrega un coche para dormir las grandes distancias de EEUU, desconocidas en Europa. Y así…

 

¿Pero por qué? ¿Por qué todo esto? A ver, repasemos la receta: tome usted muchos inmigrantes, un poco de técnica y………. ¡Pum!!!, ¿Tenemos los EEUU que han transformado al mundo, incluso al mundo que los odia?

No. Absolutamente NO. Falta un elemento central, olvidado por todos, sobre todo por Marx, quien suponía que las condiciones materiales de producción determinan la historia, y allí fueron sobre todo mis colegas, los filósofos, a repetirlo. Porque los filósofos creen que Marx fue un gran filósofo mientras que L. von Mises sería un típico economista capitalista ignorante, y que por ende ni vale la pena leer de él ni dos renglones…  Y así se pierden los miles de renglones dedicados por Mises a refutar el materialismo histórico donde todos viven confundidos.

No, no es la máquina de vapor, ni la técnica, ni la brillantez de tales o cuales inmigrantes, los que crearon al capitalismo y su desarrollo, sino la libertad. La máquina de vapor no crea la libertad: la libertad crea la máquina de vapor.

Porque todos los inmigrantes que llegaron a los EEUU se encontraron con condiciones institucionales de libre mercado. Cero inflación, casi sin impuestos, cero regulaciones, cero códigos, reglamentos e inspectores, sólo respetar la vida y la propiedad del otro. Nada más, ni nada menos, y entonces sí, la inteligencia más la libertad desarrollan la alerteness empresarial, la capacidad empresarial, tanto en judíos, protestantes, católicos, alemanes, franceses, italianos, escoceses, vulcanos, venusinos, bayorianos, klingos y terrestres: todos bajo las mismas condiciones jurídicas, todos SIN seguro social, todos a vivir en libertad, todos a producir y comerciar bajo el mismo pacto político. NO un pacto político que era una política económica, sino una declaración de Independencia que afirmaba, oh osadía, que todos los seres humanos son creados iguales por Dios y con los derechos de vida, libertad y búsqueda de la felicidad………….. Y entonces sí, ferrocarril, telégrafo, lamparita de luz, chicles, hamburguesas, ascensores, maquinitas de afeitar y toooooooooooooooodo lo que a usted se le ocurra y se lo compren sin molestar al otro y SIN que el estado lo subsidie y SIN que el estado lo vigile de tal modo que NADA de eso pueda aparecer.

Y sí, muchas de esas cosas y cositas fueron conocidas por egipcios, griegos, babilónicos y etc., pero ninguna de esas sociedades conoció la libertad política. Imperios, reyes, conquistas, dominios, asesinatos, crueldades, guerras, matanzas, gentes oprimidas por los bestias de turno. No había paz ni futuro para crear nada. Aún así bastante quedó, porque el eros, tal vez, resiste frente al tanatos, pero no hubo desarrollo, ni producción a largo plazo, ni consumo masivo, ni seguridad jurídica, ni nada que impidiese legalmente que los sueños fueran asesinados por bestias.

Así lo explica Mises: (Teoría e historia, 1957, cap. 7, punto 2).

“…what Marx says is entirely different. In his doctrine the tools and machines are the ultimate thing, a material thing, viz., the material productive forces. Everything else is the necessary superstructure of this material basis. This fundamental thesis is open to three irrefutable objections. First, a technological invention is not something material. It is the product of a mental process, of reasoning and conceiving new ideas. The tools and machines may be called material, but the operation of the mind which created them is certainly spiritual. Marxian materialism does not trace back “superstructural” and “ideological” phenomena to “material” roots. It explains these phenomena as caused by an essentially mental process, viz., invention. It assigns to this mental process, which it falsely labels an original, nature-given, material fact, the exclusive power to beget all other social and intellectual phenomena. But it does not attempt to explain how inventions come to pass. Second, mere invention and designing of technologically new implements are not sufficient to produce them. What is required, in addition to technological knowledge and planning, is capital previously accumulated out of saving. Every step forward on the road toward technological improvement presupposes the requisite capital. The nations today called underdeveloped know what is needed to improve their backward apparatus of production. Plans for the construction of all the machines they want to acquire are ready or could be completed in a very short time. Only lack of capital holds them up. But saving and capital accumulation presuppose a social structure in which it is possible to save and to invest. The production relations are thus not the product of the material productive forces but, on the contrary, the indispensable condition of their coming into existence. Marx, of course, cannot help admitting that capital accumulation is “one of the most indispensable conditions for the evolution of industrial production.” Part of his most voluminous treatise, Das Kapital, provides a history—wholly distorted—of capital accumulation. But as soon as he comes to his doctrine of materialism, he forgets all he said about this subject. Then the tools and machines are created by spontaneous generation, as it were. Furthermore it must be remembered that the utilization of machines presupposes social cooperation under the division of labor. No machine can be constructed and put into use under conditions in which there is no division of labor at all or only a rudimentary stage of it. Division of labor means social cooperation, i.e., social bonds between men, society. How then is it possible to explain the existence of society by tracing it back to the material productive forces which themselves can only appear in the frame of a previously existing social nexus? Marx could not comprehend this problem. He accused Proudhon, who had described the use of machines as a consequence of the division of labor, of ignorance of history. It is a distortion of fact, he shouted, to start with the division of labor and to deal with machines only later. For the machines are “a productive force,” not a “social production relation,” not an “economic category.” Here we are faced with a stubborn dogmatism that does not shrink from any absurdity”

Qué impresionante la libertad. Qué sueño fascinante que la Argentina, un desierto cerrado de enorme extensión, se convirtiera en una tierra abierta y desregulada para millones de inmigrantes que trajeran su creatividad y su empresarialidad: cada uno de ellos sería una solución, no un problema. Pero no. Bajo las palabras solidaridad y justicia social, llenas de regulaciones, subsidios, impuestos, inflación, sindicatos mafiosos y deuda pública, mantenemos expulsados a millones de seres humanos que mueren hacinados en sus propias tierras de esclavitud.

La libertad, gente, crea al mundo. Y los gobiernos lo destruyen.

 

Reseña al libro de Juan R. Vélez, Cardenal Newman. Un santo para el mundo de hoy – Carolina Riva Posse

Reseña al libro de Juan R. Vélez, Cardenal Newman. Un santo para el mundo de hoy, Rosario, Ediciones Logos, 2019, 158 pp.

Por Carolina Riva Posse

Para Instituto Acton (Argentina)

27 de julio 2019

 

Se acaba de publicar “Cardenal Newman, un santo para el mundo de hoy”, del P. Juan R.Vélez, quien después de varios volúmenes en inglés sobre Newman, nos acerca una introducción a su figura en castellano, y justamente en el año de su canonización.

Para quien quiera conocer al cardenal inglés, que se convirtió al catolicismo después de un largo camino interior, el libro del P. Vélez consigue dar un panorama interesante sobre la vida y las principales ideas de Newman sin recargar el relato con excesivos datos o dejándolo como un intelectual demasiado complejo de entender.

Una cronología al inicio y buenas selecciones de textos facilitan una orientación en el vasto mundo de Newman, que puede sernos familiar en fragmentos, y que con esta obra encontrarán cierta sistematización, invitando a nuevas profundizaciones de nuestra parte.

Newman se nos presenta como un buscador de la verdad, usando la razón en toda su amplitud. Los problemas de su época son presentados por el autor como los problemas de nuestra época también. Newman tuvo que enfrentar una reducción de la razón, que considera válido sólo lo que parece ser útil y de aplicación inmediata. Él se preocupó por despertar la percepción de lo verdaderamente real. Por eso es interesante recorrer con el autor el trabajo que llevó a cabo Newman en pos de la vida universitaria, apuntando a la unidad del saber, respetando y valorando la autonomía de cada ciencia, pero teniendo siempre en mente la última finalidad de la vida del hombre. Muy atinadas las reflexiones del P. Vélez en cuanto a lo que ocurre en el ambiente universitario actual, e interesante su testimonio de algunos ejemplos norteamericanos.

Otro desafío de su época, que lo emparenta con un reto actual, era el relativismo moral y doctrinal. Frente a una vivencia de lo religioso como mero sentimiento, él propone un recorrido personalísimo hacia la conciencia, pero no como el reino del individuo en donde tiene derecho a decidir caprichosamente, sino como la voz de Dios.

Sumamente interesante para el hombre de hoy es asomarse al itinerario de Newman hacia su conversión a la fe católica. La certidumbre que él esperaba del acto de fe es buscada por muchos hoy incluso para aceptar algunas evidencias de la razón. En la actualidad, muchas cosas que se consideraban evidentes hasta hace poco ya no lo son. Hoy ya no se puede presuponer un significado compartido de lo que es el hombre, la familia, la libertad, el progreso. Volver a entender con Newman cómo se logra el asentimiento, cómo conoce el hombre, es vital para generar en la sociedad hombres y mujeres educados, libres y responsables.

Newman explica que la certidumbre es un proceso en el que confluyen muchos conocimientos, insinuaciones, circunstancias, sentimientos y probabilidades que se hilan, como un cable compuesto por miles de cables de acero.

Probablemente las personas que Newman fue encontrando en su recorrido intelectual y religioso fueron algunos de estos cables de acero a los que se aferró Newman en la tormenta de la vida, y que aparecen en el Capítulo XV: Newman y sus amigos. La lógica y el mero razonamiento no bastan para convertir al hombre a la Verdad. Si el cristianismo no es una doctrina, sino el encuentro con una Persona, en el lema cardenalicio Cor ad cor loquitur (el corazón habla al corazón), es una buena síntesis de esa experiencia.

La publicación de este libro es una oportunidad para conocer el rostro de un santo que ayuda a esclarecer la confusión actual. Si Occidente debe volver a sus raíces cristianas para no terminar de caer, esta lectura ofrece una gran ayuda para crecer en esta conciencia.

En Tierra Santa, el fundamentalismo religioso margina socialmente de modo claro a los cristianos

Para Instituto Acton (Argentina)

Fuente: Religión en Libertad 

12 de agosto de 2019

 El franciscano Pierbattista Pizzaballa lleva más de 30 años en Tierra Santa llegando a ser custodio, y su gran conocimiento de este lugar esencial para los cristianos, pero también foco de grandes conflictos políticos y religiosos, le llevó a ser nombrado en 2016 administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén.

En una entrevista con Daniele Piccini y Tobias Lehner para Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el arzobispo hace un repaso de la situación de Tierra Santa tanto desde un punto de vista religioso como socio-político explicando el punto en el que se encuentra la minoría cristiana:

-Excelencia: ¿cómo es la situación de los cristianos en Tierra Santa?

– Con frecuencia se suele decir que hay tres grupos en lo que se considera Tierra Santa: israelíes, palestinos y cristianos. Pero los cristianos no son un «tercer pueblo». Los cristianos pertenecen al pueblo en el que viven. Como cristianos, no tenemos reivindicaciones territoriales. Para un judío o un musulmán nunca es un peligro encontrarse con un cristiano. Sin embargo, para los cristianos la vida no es fácil. Las condiciones de vida son más difíciles: a los cristianos les es más difícil encontrar un trabajo o una vivienda.

– ¿Significa esto que la libertad religiosa de los cristianos está limitada en Tierra Santa?

– Aquí hay que diferenciar. Una cosa es la libertad religiosa, de culto, y otra la libertad de conciencia. Hay libertad de culto: los cristianos pueden celebrar sus servicios religiosos y configurar su vida en la comunidad. La libertad de conciencia significa que cada creyente pueda expresarse libremente y que los miembros de otras religiones puedan decidir libremente si quieren ser cristianos. Esto es mucho más complicado.

En Tierra Santa, la política siempre desempeña un papel importante. Si uno decide visitar un lugar determinado, eso puede convertirse rápidamente en un asunto político. Por ejemplo, a los cristianos de Belén les gustaría visitar la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén para rezar allí. Pero, a menudo esto no es posible porque necesitan un permiso. Entonces, ¿es una cuestión de libertad religiosa o es simplemente política y no pueden visitar la Iglesia del Santo Sepulcro porque son palestinos? Todo está interrelacionado.

-Recientemente, el gobierno de Estados Unidos trasladó su embajada a Jerusalén. ¿Hasta qué punto se hacen sentir esas medidas políticas?

– En la vida cotidiana no ha cambiado prácticamente nada. Sin embargo, el traslado de la embajada de los EEUU es un callejón sin salida político. Todas las cuestiones que afectan a Jerusalén y que no integran a ambas partes —israelíes y palestinos— causan una profunda división a nivel político. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido. Después del traslado de la embajada de Estados Unidos, los palestinos rompieron todas las relaciones con el gobierno de este país y paralizaron completamente las negociaciones entre Israel y los territorios palestinos, que ya de por sí eran lentas.

– La nueva escalada hace que los jóvenes se vuelvan más radicales, especialmente los palestinos. ¿Tiene esto también consecuencias para los cristianos?

– Hay palestinos que pertenecen a movimientos fundamentalistas; pero también hay muchos que rechazan la violencia. La mayoría de los cristianos en Tierra Santa son palestinos. Así que viven en las mismas condiciones que los palestinos musulmanes. El fundamentalismo religioso margina socialmente de modo claro a los cristianos. Así que experimentamos cooperación y solidaridad, pero también exclusión y discriminación.

– Otro problema es la creciente emigración de cristianos…

-La emigración no es un fenómeno de masas; de lo contrario, los cristianos habrían desaparecido hace ya tiempo de Tierra Santa. Es un goteo continuo. Cada año durante mis visitas en las parroquias los sacerdotes me dicen: ‘este año hemos perdido a dos o tres familias’.

– ¿Puede hacer algo la Iglesia en esta enredada situación política?

– Los cristianos son alrededor del uno por ciento de la población. Por lo tanto, no podemos exigir tener el mismo peso político que otros grupos. Pero, por supuesto, la Iglesia tiene fuertes relaciones mundiales. Además, aquí vienen millones de peregrinos cristianos de todo el mundo. Nuestra tarea es trasmitir a las personas que hay una forma cristiana de vivir en este país. Hay una manera cristiana de vivir en este conflicto. Ahora mismo no es el momento para grandes gestos. La Iglesia debe intentar establecer pequeñas relaciones, construir pequeños puentes.

– El Papa Francisco visitó Tierra Santa en 2014. ¿Ha influido esto sobre la situación política y sobre la relación entre los cristianos católicos y ortodoxos?

– Las visitas de Papas son importantes piedras de mosaico en el camino hacia la paz, aunque no puedan, por supuesto, provocar un gran cambio. En términos ecuménicos, la situación es diferente: con su visita, el Papa Francisco continuó el famoso encuentro entre el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras en Jerusalén en 1964. En este contexto, la visita del Papa Francisco, y sobre todo la oración ecuménica en la Iglesia del Santo Sepulcro, fue un punto de inflexión decisivo y tangible en la relación entre cristianos católicos y ortodoxos.

– ACN está vinculada con los cristianos de Tierra Santa desde hace muchos años. En Jerusalén, por ejemplo, ACN financia los cursos interreligiosos «Construyendo el perdón, superando el odio» en el que participan cientos de cristianos, judíos y musulmanes. ¿Podría decirnos brevemente algo sobre esta iniciativa?

– En primer lugar, quiero agradecer a ACN que haga tantas cosas en Tierra Santa. Apoya muchos proyectos, incluyendo los cursos organizados por el Rossing Center. Daniel Rossing era judío y estaba convencido de que Jerusalén en particular debe ser un lugar donde todas las religiones se sientan en su propia casa. Muchos de los jóvenes que participaron en estos seminarios llevan a sus profesiones las experiencias que han hecho. Así, la religión, que en Tierra Santa es a menudo un elemento de separación, se convierte en un elemento de unión.

 

 Publicado en la Fundación Tierra Santa. Tomado de ACN