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Una reseña de un libro del Cardenal Newman – Pablo López Herrera

Libro: “Cardenal Newman, un santo para el mundo de hoy” por el P. Juan R. Vélez [i]

Por Pablo López Herrera[ii]

27 de julio de 2019

Instituto Acton Argentina

 

El 12 de febrero de este año, el papa Francisco aprobó un segundo milagro por intercesión del beato John Henry Newman, quien será proclamado santo autorizando a la promulgación de los decretos sobre dos milagros, un martirio y cinco virtudes heroicas. Newman fue un presbítero anglicano que se convirtió al catolicismo en 1845, y luego fue designado cardenal por León XIII y beatificado por el Papa Benedicto XVI durante su visita a Inglaterra. En el año de su canonización, el mundo hispano parlante podrá acceder a este nuevo libro escrito por el P. Juan R. Vélez[iii], que desde hace años se ocupa de estudiar el pensamiento de Newman, y se ocupa de difundir su vida y obras en sus libros, conferencias, artículos y una web especialmente dedicada. Se trata de una adaptación con cuatro capítulos nuevos y traducción de su libro Holiness in a Secular Age, the Witness of Cardinal Newman (2017).

 

Como dice en su prólogo al libro el profesor Víctor García Ruiz  Juan Vélez conoce a Newman muy bien, lo ha leído con atención, con dedicación, durante años. Ha investigado, ha publicado en revistas especializadas y ha debatido con otros especialistas. Newman pasa a ser un amigo y un cómplice cuando nos acercamos, de la mano de Vélez, a su manera de vivir la vida cristiana, la oración, el trabajo, la amistad; y la devoción a la Madre de Dios.

El P. Vélez comienza haciendo una reseña de la vida de John Henry Newman, muy adecuada para enmarcar su vida y escritos. Incluye luego la lista de las obras citadas,  y  trata a continuación uno por uno los principales aportes del Cardenal a la comprensión y enseñanza de la fe cristiana.

Las citas de los textos han sido cuidadosamente elegidas por el autor, de modo que la obra a la que hace alusión esta reseña, va a constituir con seguridad no solo una introducción, sino también una referencia para el público hispano parlante, que tendrá la posibilidad de acceder a enunciaciones y textos esenciales que lo harán traspasar la barrera del “ícono” que tiene Newman y penetrar en los meandros de su humanidad y espiritualidad.

Newman es relevante para nuestro siglo XXI entre otras razones por dos motivos expresados en su lema y en su epitafio. De su lema “El corazón habla al corazón” [iv] destacó el Papa Benedicto XVI que con el mostraba “el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios”. Un deseo que fue expresado hace más de 1500 años por San Agustín en sus Confesiones, “Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que reposa en ti”[v],  y que está en la base de un camino de santidad que a través del conocimiento sensible contribuye a la salvación de la humanidad desde la Encarnación.

Su epitafio es también un resumen de su vida y la expresión sintética de un trayecto espiritual al que invita a recorrer a todo aquel que atraviese también “tiempos de oscuridad”: “De las sombras y los fantasmas a la verdad”. (“Ex umbris et imaginibus in veritatem”). ¿Hay alguien que no lo haya hecho?

La misión de cada uno y el camino de santidad, también pasan por la valorización del trabajo. Señala el P. Vélez las enseñanzas que “sobre el trabajo humano se encuentran en la homilía “Doing Glory to God in Pursuits of the World” (Dando gloria a Dios en las ocupaciones del mundo) , en la que Newman descarta “que las personas, al buscar la perfección cristiana, pueden pensar equivocadamente que deben separarse de los quehaceres y del trabajo ordinario” … se debe “considerar que las ocupaciones de este mundo, aun no siendo celestes, son al fin de cuentas el camino al cielo, y sin ser el fruto son la semilla de la inmortalidad, y tienen valor aunque no en sí mismas, por aquello a lo que conducen”. Esta idea, que esta resaltada ya por San Pablo, luego de Newman será retomada por San Josemaría Escrivá[vi] y san Juan Pablo II en el siglo XX. Así, “Newman, Escrivá y Juan Pablo II nos presentan así un sentido más profundo y cristiano del trabajo humano y nos invitan a buscar por medio de este el bien de cada persona y el bien común”

Como señala el P. Vélez, “Newman lo hace antes y con claridad: [El cristiano en el mundo] mientras está en él debe glorificar a Dios —no fuera sino dentro y por medio de él—, siguiendo la instrucción del apóstol: “En la solicitud, no seáis perezosos; en el espíritu sed fervientes; para el Señor sed servidores”. Se sirve mejor al Señor y con un espíritu ferviente cuando los hombres no son perezosos en sus negocios, antes cumplen sus deberes en el estado en que ha complacido a Dios llamarlos.”.

Las ideas y el trabajo universitario de Newman se centran especialmente en la teología y en la educación y ponen en valor la tan fundamental tarea de la Iglesia en la labor educativa, con sus decisivos efectos y consecuencias en la evolución general de la cultura y la vida de la sociedad. En este libro, el P Vélez se ocupa de los principales aportes a la comprensión y enseñanza de la fe cristiana del Cardenal, y logra presentar con gran claridad y poder de síntesis los temas que se detalla a continuación.

  1. Aspectos clave en la vida de Newman
  2. El camino de la conciencia, de la fe y de la santidad
  3. Ciencia, fe y desarrollo del dogma cristiano
  4. Educación universitaria y búsqueda de la verdad
  5. Evolución de la sociedad humana y “nueva primavera” en Inglaterra y el mundo
  6. Un estilo de liderazgo
  7. Labor evangelizadora. Pensamiento docencia y ejemplo en la familia

 

  1. Aspectos clave en la vida de Newman

Un camino de conversión

Newman recorrió un camino espiritual que lo llevó a la Iglesia católica en 1845. La historia de este camino o conversión presenta un bello ejemplo que puede servir a cada lector, católico de nacimiento o no, cristiano o no cristiano, a saber, la pasión por descubrir la verdad religiosa y recorrer el mismo camino que Dios le pidió a Newman, que vivió con pasión y audacia la búsqueda de las verdades religiosas sin parar, hasta llegar a una firme convicción interior. Fue un sinnúmero de razones y circunstancias las que lo llevaron al asentimiento de la fe en la Iglesia católica. Él asintió a lo que Dios le pedía: el acto libre de su amor a Dios.

La decisión final de Newman fue un imperativo de su conciencia que le pedía dar el paso. Era más que una conclusión lógica. Era un sinnúmero de razones y circunstancias que lo llevaron a ese paso definitivo del asentimiento de la fe en la Iglesia católica. Él asintió libremente a lo que Dios le pedía. Solo el hombre libre puede amar, y el acto más libre es el amor a Dios. Las llamadas de Dios siempre piden una libre adhesión. No se pueden forzar. En esto también Newman nos da el ejemplo: con el delicado respeto a la libertad de sus amigos o de quienes lo consultaban, los animaba a rezar y a ver las cosas con calma y libertad a lo hora de plantearse el paso del anglicanismo al catolicismo.

La vida de oración.

Dios busca a cada hombre y espera de cada uno una respuesta. La oración es ese diálogo amoroso o conversación con Dios. Desde joven Newman tomó en serio la piedad, otro nombre para el trato con Dios propio del que se sabe una criatura y un hijo.Newman nos puede dar algunas lecciones con el uso que hizo de los salmos, la meditación de los relatos bíblicos, su piedad y su vida sacramental. Newman redactó bellas oraciones, reflexiones cortas, sobre diversos temas como la vocación cristiana, la oración, el sufrimiento, la cercanía de Dios, la pasión de Jesús, la acción del Espíritu Santo.

Devoción a la Madre de Dios  

La comprensión del papel de la Virgen María en la historia de la salvación va, por así decirlo, como en paralelo con la historia de la conversión de Newman. A medida que Newman entiende y profundiza en ello, más se acerca a la Iglesia católica. Escribió varios sermones y muchas reflexiones sobre la Virgen María y fue creciendo su amor hacia ella.

Comprensión del “gentleman cristiano” [vii]

La universidad, según Newman, está para producir hombres, pero en los tiempos de Newman, al menos en Oxford y Cambridge, estaba en gran medida orientada a producir gentlemen, o caballeros.

Se encuentra la definición de un gentleman cristiano en la homilía que Newman pronunció en el funeral de su buen amigo, James Robert Hope-Scott, jurista y converso al catolicismo:”Y en lo que concierne a la universidad, esta puede aspirar a educar el intelecto, pero no es capaz de formar la mente religiosa ni el carácter del hombre. Esta es la labor de la Iglesia y uno de los aportes importantes que puede hacer a las universidades. Ella puede formar a un verdadero gentleman cristiano.”

Con esta visión de la moral cristiana, Newman corrigió la noción de gentleman, que es una creación de la civilización. Newman precisó aún más, que el hombre estaba necesitado de la redención. Es un ser pecador que necesita superar el pecado y las tentaciones, especialmente las del orgullo y el egoísmo. El mundo confunde la humildad con la modestia por lo cual se puede ser muy orgulloso sin presumir. El orgullo, según Newman, era el pan de cada día de la religión y la moral de su tiempo, e hizo una descripción válida tanto para su época como para la nuestra, en la cual el orgullo y la vanidad van unidas. Se busca que todo se vea decente y bello en lo exterior: el vestido, el porte exterior, las calles. Como se puede ver, esta no es la verdadera definición de un caballero. Es más bien la caricatura de un gentleman, de manera que Newman usó el calificador de casi. Dijo: “Por tanto es casi una definición de caballero decir que es uno que no causa dolor a otros”35. Con esto pasamos a la noción de tolerancia, un aspecto del que Newman siguió llamando retóricamente el verdadero gentleman.

Para el cristiano, la tolerancia es una virtud y por tanto forma parte del carácter del gentleman, pero no asume deberes de justicia como son el discriminar entre lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo. Newman explica que “el mundo está contento con poner en orden la superficie de las cosas; la Iglesia apunta a regenerar las mismas profundidades del corazón”

Importancia de los amigos y de la amistad

Como nos dicen las Escrituras, quien tiene un amigo tiene un tesoro.  Newman tuvo muchos amigos porque supo valorar y cultivar la amistad con las personas, y vivió una larga vida.  El afecto, la lealtad, la correspondencia frecuente y otras virtudes como la sinceridad, contribuían mucho a la capacidad de Newman para hacer y cultivar amistades. Pero el secreto de la amistad para Newman estaba en la caridad cristiana, en darse a los demás por amor a Dios.

 

  1. El camino de la conciencia, la fe y la santidad

La conciencia moral

A través de la conciencia moral, Dios habla al hombre y este puede  conocerlo y superar el subjetivismo. La voz de la conciencia moral habla a cada uno, y le dicta con una voz interior y desde la niñez lo que debe hacer y lo que debe evitar. Así se ejerce la voluntad según una conciencia bien formada según lo que Dios espera de nosotros.

El acto de fe del creyente,

Hay factores que dan firmeza al acto de fe del creyente. Si bien se puede conocer a Dios y sus preceptos por medio de la ley natural y la conciencia moral, se accede a la revelación de Jesucristo en las Escrituras y por los sacramentos. Se profundiza el conocimiento de Dios mediante la oración, la lectura diaria, la meditación y el estudio de su Palabra. Y apoyado en la autoridad de la  Iglesia y en la tradición de los Padres de la Iglesia en la que se apoya muchas veces, allí donde la comprensión no sea evidente.

La vida cristiana y el trabajo desde la perspectiva de la santidad.

Los santos nos mueven a ser discípulos de Cristo y cada uno nos ofrece lecciones particulares para esa misión evangelizadora. La vida cristiana, para Newman, era la respuesta que el hombre daba a la llamada de Dios. La llamada a la santidad  se entiende como un camino de amor y de lucha. Los medios para recorrer el camino son la oración, la práctica de las virtudes en la vida ordinaria y el trabajo y una vida sacramental. Se sirve mejor a Nuestro Señor Jesucristo y con mayor fervor cuando los hombres no son perezosos en su trabajo y, en cambio, cumplen su deber en el estado de vida en el que Dios se ha complacido llamarlos. Dios nos llama a todos a la santidad, es decir, a participar de quien es solo santo, de Dios mismo. Esta es la clave de la vida del cristiano. No se trata de ver la religión católica como una cuestión de cumplir leyes y preceptos. Es ante todo la vida de hijos que por la gracia son divinizados. Una buena parte de las homilías de Newman están enfocadas por un lado en reprobar los pecados y vicios, empezando por el orgullo, la insinceridad y la falta de fe, y por el otro en animar a sus oyentes en el ejercicio de las virtudes, como son la humildad, la caridad, la fe, la piedad, la sinceridad y el celo por las cosas de Dios.

 

  1. Ciencia, fe y desarrollo del dogma cristiano

La armonía entre las ciencias básicas y la fe

La certidumbre es un convencimiento interno por el cual se confía plenamente en una verdad, más profundo que un razonamiento certero. A cada persona le toca hacer en su existencia y en su actuar en el mundo un acto de fe personal en Dios, y frente a la persona de Jesucristo, debe reconocer que es verdaderamente Dios, el Hijo unigénito del Padre. El conocimiento de Dios debe ser un conocimiento de Dios mismo, y no de ideas sobre Dios. La armonía entre las ciencias y la fe se basa en que Dios es uno y no puede haber contradicción  en lo que se puede conocer de él y de su creación.

Continuidad y desarrollo del dogma cristiano en su evolución histórica.

La religión cristiana se rige por verdades bien definidas y constantes llamadas dogmas. La religión se basa en un conocimiento de verdades acerca de Dios, el mundo y el hombre que se encuentran en la Sagrada Escritura. Con el correr de los siglos la Iglesia católica formuló con más detalle ciertos dogmas además de los contenidos en los credos sobre la Santísima Trinidad, Dios creador, la encarnación, la redención, el juicio final con el premio o castigo, y también formuló nuevos derivados de los anteriores. La clave está en que hay desarrollo verdadero cuando la doctrina crece en continuidad con el pasado, es decir sin contradicción y como un crecimiento orgánico.

Quizá la noción más valiosa para entender el desarrollo doctrinal es la comparación con la fuente de un arroyo que forma un riachuelo y se convierte en un río, a veces grande y profundo, sobre todo cuando recibe otros tributarios. El tema del desarrollo doctrinal es de suma importancia para nuestros tiempos. Para muchas personas en el mundo occidental la religión consiste en cuestión de opiniones y gustos, no de verdades objetivas y constantes, y se considera que cada uno puede dejar y elegir lo que uno quiere, con tal de que se busque amar a Dios según lo que la conciencia le dice. Según este modo de actuar, la religión se convierte en algo principalmente personal y sentimental. Para hacer frente a esta forma errónea de ver la religión y las verdades doctrinales, la vida de Newman y su obra son una valiosa ayuda

  1. Educación universitaria y búsqueda de la verdad

La importancia y el sentido de la universidad y de los estudios universitarios

Los estudios universitarios son para la formación del intelecto, el  desarrollo de la capacidad de pensar, organizar y analizar las ideas, comparándolas y sacando conclusiones. Este proceso exige la lectura cuidadosa de textos bien elegidos y el trabajo de relacionar las partes con el todo y forma los hábitos filosóficos o intelectuales. El sentido de la universidad y los estudios universitarios consiste en formar en los estudiantes un hábito filosófico. Y parte de los estudios básicos universitarios deberían incluir elementos de literatura, filosofía y teología. Las ciencias forman un conjunto, un todo, y por eso constituyen la universidad.

La búsqueda de la verdad en materia de religión

La formación de hombres en la universidad incluye el desarrollo de conjunto del intelecto, la voluntad, el carácter, el conocimiento de Dios y la piedad. El fin es ambicioso, pero alcanzable en diferentes medidas según las personas. Esa fue la formación que se dio en la incipiente Universidad Católica de Irlanda y hoy día en unas cuantas universidades en el mundo.

  1. Evolución de la sociedad humana y “nueva primavera”

Newman tiene una visión teológica de la historia

La historia es historia de la salvación. En su ensayo sobre los turcos escribe Newman que “estamos obligados a juzgar sobre personas y eventos de la historia, no por sus apariencias sino por su significado interno”. Su filosofía de la historia trata de la historia de la salvación, con la perspectiva de la acción de Dios en el mundo y la actuación de los hombres.

Los límites del progreso humano

Newman tiene una comprensión realista y con apertura a lo espiritual ante la idea del progreso humano. Reconoce que existe el progreso en las culturas y civilizaciones pero llega un punto en que acaba cuando surge en ellas el comportamiento de los bárbaros, destruyéndose en la medida en que dominan los intereses egoístas y los instintos primitivos, y otras desde afuera las avasallan a su vez.

¿Comienzo de una segunda primavera de la Iglesia en Gran Bretaña?

Newman vio el comienzo de una segunda primavera de la Iglesia en Gran Bretaña que, a pesar de su corta duración, fue significativa dando grandes hombres como Hilare Belloc, C.S. Lewis, J. R. Tolkien y Christopher Dawson. En 1850, al cabo de varios siglos, nuevos obispos católicos fueron consagrados para Inglaterra. Al restablecer así la jerarquía luego de varios siglos, Newman veía a los santos como heraldos del Evangelio que Dios suscitaba para renovar a su Iglesia, a través de la palabra, el ejemplo y la amistad. Decía: “No soñéis con convertir la opinión pública de Londres; no lo podéis lograr ni tenéis necesidad de ello. Mirad vuestra casa; allí está vuestra labor; lo que debéis hacer y lo que podéis hacer es una y la misma cosa.” Y la evangelización de la sociedad pasa por el sufrimiento y la cruz. “Sí, queridos sacerdotes y hermanos y, si es la bendita voluntad de Dios, no solo santos, no solo Doctores, no solo predicadores, serán nuestros, sino también mártires, quienes consagrarán de nuevo la tierra a Dios. No sabemos lo que está delante de nosotros antes de que ganemos lo que nos toca; estamos inmersos en una grande y gozosa empresa, pero la furia del enemigo está en proporción a la gracia de Dios. (…) Establecer de nuevo la Iglesia en Inglaterra es una obra demasiado grande para realizarla en un rincón. Tenemos motivos para esperar que semejante bendición no se nos dé sin la cruz”. Con esta visión sobrenatural, Newman vio el comienzo de una segunda primavera de la Iglesia en Gran Bretaña que, a pesar de su corta duración, fue significativa dando grandes hombres como Hilare Belloc, C.S. Lewis, J. R. Tolkien y Christopher Dawson.

Nuestro mundo contemporáneo

La sociedad actual se enfrenta a una lucha semejante a la de Newman, contra el relativismo moral y el materialismo pagano. Newman nos muestra que cada persona está llamada por Dios para jugar un papel en sus planes, toca a cada uno descubrir cuál es esa invitación específica y responder con fe y confianza. “Dios me ha creado para hacerle un servicio determinado; me ha asignado una tarea para realizar que no ha confiado a otro. Yo tengo mi misión —tal vez no la conozca en esta vida, pero me será contada en la próxima—. De algún modo soy necesario para sus fines, tan necesario en mi lugar como un arcángel en el suyo. Si, de hecho, fallo, él puede levantar a otro así como pudo convertir las piedras en hijos de Abraham. Sin embargo, yo tengo mi parte en esta gran empresa; soy un eslabón en la cadena, un enlace de conexión entre personas. Él no me ha creado en vano”. Si los cristianos respondemos a las llamadas de Dios, también habrá nuevas primaveras en otros países que tiempo atrás recibieron la fe y un despertar a la fe en Cristo en aquellos que aún no han sido evangelizados.

 

  1. Un estilo de liderazgo

Habiendo sido profesor universitario y fundador de una universidad y de un colegio, Newman sigue hablando hoy de modo especial a los estudiantes y profesores universitarios. Los invita a conocer mejor la fe y a conservar la unidad del saber universitario por medio del estudio de la teología. Sus escritos teológicos dan fundamentos y nuevas luces a teólogos, clérigos y estudiantes de teología. Muchos de los nuevos líderes de la Iglesia se formarán en las universidades. Por tanto, la Iglesia necesita pensar cómo se enseña y transmite la fe a nuevas generaciones tanto en las universidades seculares como en las católicas.

Por su trato con profesionales líderes en la sociedad, Newman subrayaba la importancia que tiene ayudar a los que influyen en las leyes de la educación y en las relaciones entre el Estado y la Iglesia, como parte de la misión de fieles en el mundo. Su experiencia como fundador de un colegio para jóvenes también ofrece lecciones acerca de la educación de la juventud cristiana, concretamente, acerca de la importancia de educar a los jóvenes en el ejercicio de su responsabilidad y libertad, y en el trabajo de conjunto entre los padres de familia y maestros de colegios. La renovación espiritual y moral de la Iglesia pasa por la labor educativa de los colegios católicos.

  1. Labor evangelizadora. Pensamiento docencia y ejemplo en la familia

Se pueden resaltar tres aspectos de su ímpetu evangelizador.  La evangelización exige un trato personal con las personas, el servicio y el ejemplo de vida, y Newman cumplió con esas premisas. Newman fue un pensador y escritor excepcional. Nos muestra la necesidad de aprender a usar bien las palabras para dar a conocer a Cristo. Pero las palabras sin el ejemplo no convencen, no tienen peso – Los que viven de un modo coherente y atractivo acercan a los demás a su ideal. Y eso es lo que Newman procuró hacer y enseñar a otros. Afirmaba: “No soñéis con convertir la opinión pública de Londres; no lo podéis lograr ni tenéis necesidad de ello. Mirad vuestra casa; allí está vuestra labor; lo que debéis hacer y lo que podéis hacer es una y la misma cosa.”

[i] El autor: El P. Juan R. Vélez, sacerdote católico de la Prelatura del Opus Dei, Nació en Venezuela y se crió en Colombia, Inglaterra y Estados Unidos. Es doctor en teología dogmática y médico por la Universidad de Navarra. Publica periódicamente breves reflexiones sobre los escritos del cardenal Newman en: www.cardinaljohnhenrynewman.com, y en una newsletter a la que es posible suscribirse en: Rev Juan R Velez <[email protected]> El P. Vélez es también autor de Take Five: Meditations with John Henry Newman – co autor: Mike Aquilina -2010, Passion for Truth: The Life of John Henry Newman , A University Education for the 21st Century: The Opening of the American Mind – 2015 y Holiness in a Secular Age, the Witness of Cardinal Newman – 2017.

[ii] Nota: Esta reseña intenta reflejar con la mayor fidelidad posible el libro del P. Juan Vélez sobre la vida y obras del Cardenal Newman, tratando de incluir la menor cantidad de agregados posibles. En consecuencia, la mayoría de los textos surgen del propio libro, dado que se trata simplemente de presentar el escrito, invitando a proseguir con la lectura del mismo, donde se encuentra el desarrollo completo de lo aquí expresado.

[iii] Cardenal Newman: un santo para el mundo de hoy / Juan R. Vélez.- 1a ed . – Rosario – Argentina – Ediciones Logos Ar, 2019

Este libro usa mucho material de otro libro del P. Vélez, Holiness in a Secular Age, the Witness of Cardinal Newman, publicado por Scepter Publishers en 2017. En este se resumen algunos temas, se omiten otros del libro anterior y se presentan algunos capítulos nuevos.

 

[iv] Al ser nombrado cardenal, Newman tomó como su lema episcopal las palabras Cor ad cor loquitur (el corazón habla al corazón), tomadas de una carta del obispo san Francisco de Sales. En efecto, para Newman la amistad era una continua conversación de corazón a corazón que tenía por paradigma a Cristo.

[v]Quia fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te”.

[vi] Para san Josemaría en doctrina que sería expuesta luego por el Concilio Vaticano II: “es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres” Josemaría Escrivá, “Amar al mundo apasionadamente” en Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid: Rialp, 1968, n. 113

[vii] Definición de un caballero según el Beato Cardenal Newman, en “La Idea de una Universidad”, serie de disertaciones ofrecidas en Irlanda en 1852. “Podría decirse que prácticamente la definición de un caballero es la de aquel que nunca inflige dolor. Esta es una descripción tan exacta como refinada. Un caballero se ocupa principalmente en remover aquellos elementos que obstaculizan la libre acción de quienes que lo rodean. Procura colaborar más que encabezar iniciativas por sí mismo. Si bien la naturaleza nos provee de los medios naturales para el reposo y nos ofrece el calor animal, los beneficios de un caballero pueden equipararse a la comodidad que nos brinda una silla confortable o un buen hogar encendido; ambos mitigan nuestro frío y fatiga. Un verdadero caballero evita cuidadosamente ocasionar un sobresalto en las mentes de aquellos con quienes trata, evita todo enfrentamiento de opiniones, coalición de sentimientos, restricciones, sospechas, tristezas o resentimientos. Su principal preocupación radica en que cada uno se sienta cómodo como en su casa. Sus ojos están puestos en todas sus compañías, es considerado con los tímidos, gentil con los distantes y misericordioso hacia los absurdos. Recuerda a todas las personas con quienes estuvo conversando. Se cuida de hacer acotaciones impetuosas o mencionar temas irritantes. Rara vez destaca como centro en las conversaciones y, sin embargo, jamás resulta tedioso. No le pesan los favores mientras los realiza y parece recibir precisamente aquello que está confiriendo. Nunca habla de sí mismo excepto cuando está obligado y jamás se defiende mediante una simple réplica. No tiene oídos para los chismes ni las calumnias. Es escrupuloso para comprender los motivos de aquellos que interfieren y trata de interpretar todo de la mejor manera posible. Jamás es desconsiderado o mezquino en sus disputas ni tampoco se aprovecha de ventajas injustas. No confunde las personalidades ni tampoco deja de ver la diferencia entre lo que es una observación tajante y un verdadero argumento. Tampoco hace insinuaciones sobre hechos nefastos sobre los que no pueda a hablar francamente. Ejerciendo una prudencia de largo alcance observa la máxima de aquella antigua saga que dice que debemos conducirnos con nuestros enemigos como si un día fueran a ser nuestros amigos. Tiene demasiado sentido común como para sentirse afectado por los insultos, está suficientemente ocupado como para recordar injurias pasadas y es lo suficientemente indolente como para soportar las malicias. Es paciente, contenido y resignado a los principios filosóficos. Soporta el dolor porque sabe que es inevitable, las aflicciones porque son irreparables y a la muerte porque es su destino. Si entra en algún tipo de controversia su intelecto disciplinado lo preserva de cometer una desatinada descortesía propia de las mentes menos educadas. Estas últimas, cual armas romas, cortan y desgarran en vez de realizar cortes limpios, confunden el motivo principal del argumento, gastan sus fuerzas en trivialidades, juzgan mal al adversario y dejan al problema peor de lo que lo encontraron.  El caballero puede estar en lo correcto o estar equivocado en su opinión pero tiene demasiada claridad mental como para ser injusto. Así como es de simple es de fuerte, así como es breve es también decisivo. En ningún otro lugar encontraremos mayor candor, consideración e indulgencia. En sus argumentos con sus oponentes no olvida sus propios errores. Él conoce la debilidad de la razón humana así como su fortaleza, su competencia y sus límites. Si el caballero no fuera un creyente aun así tendría una mente lo suficientemente amplia y profunda como para no ridiculizar la religión o actuar en su contra. Es demasiado sabio como para ser dogmático o fanático. Respeta la piedad y la devoción y apoya el bien de aquellas instituciones con las cuales no está de acuerdo considerándolas como elementos venerables, hermosos o útiles. Honra a los ministros de la religión y declina aceptar sus misterios sin por ello agredirlos o denunciarlos. Es amigo de la tolerancia religiosa y esto no es tan solo por su filosofía, que le exige ser respetuoso con todas las formas de fe, sino por su caballerosidad y delicadeza de sentimientos las cuales constituyen el séquito de toda provechosa civilización”.

 

Desregular para emprender: 10 medidas que necesitan los emprendedores argentinos

Por Fundación Libertad y Progreso

7 de octubre de 2019

Fuente: Libertad y Progreso

Accedé al trabajo «Desregular para Emprender»

La realidad de los emprendedores argentinos es ardua. Con la inflación que no da tregua, los impuestos más altos del mundo, regulaciones kafkianas, y costos laborales desbordados, no llama la atención que en la Argentina sólo el 15% de la población económicamente activa tenga un emprendimiento y que la mayoría de las microempresas no pasen de los dos años de vida. Esta realidad empeora si hablamos de los emprendimientos de las personas con bajos ingresos, según un trabajo hecho por Libertad y Progreso en asociación con Atlas Network en la ciudad de Buenos Aires, Tigre y San Miguel. Por eso Libertad y Progreso, dentro de su trabajo, titulado “Desregular para emprender”, sugiere las 10 medidas que necesitan los emprendedores locales y que deberían anunciar los candidatos en campaña para realmente hacer la diferencia:

 

1)   Flexibilizar pagos de impuestos

2)   Bajar la exigencia de papeles, sellos y digitalizar los trámites

3)   Unificar los criterios para dar certificados y permisos

4)   Mejorar la comunicación de los agentes de recaudación al contribuyente

5)   Flexibilizar los requisitos para importar y exportar

6)   Simplificar la habilitación como importador

7)   Unificar las auditorías

8)   Incentivar la capacitación

9)   Generar bancos de emergencias

10)  Implementar un plan tipo “MiniJobs”

Flexibilizar pagos de impuestos: Entre tantos papeles, comprobantes, facturas que se emiten y certificaciones de los organismos públicos, el emprendedor argentino se encuentra totalmente abrumado . Algunos controles directamente deberían eliminarse como en el caso del COT (Código de Operaciones de Traslado) e IIBB (Ingresos Brutos). Por ejemplo, si un camión con mercadería no puede salir por algún motivo, se debería dar un tiempo de gracia a que el emprendedor pueda comerciar igual y que presente la factura o el papel adeudado en un margen de días. Por otro lado, suena correcto que se tengan que hacer controles iniciales de sanidad, pero una vez certificado, no debería ser necesario requerir de tantas aprobaciones para comerciar. El hecho es que si por algún percance no se puede obtener un certificado se traba la comercialización.  Más importante aún es ordenar los tiempos en que se pagan algunos impuestos, sobre todo IIBB. El problema radica en que se genera un problema de liquidez. Cuando un emprendedor vende debe pagar IIBB, el problema es que el ingreso del dinero por la venta suele concretarse usualmente tres meses después, por ejemplo cuando se cobra un cheque a 90 días. Esta diferencia asfixia al emprendedor. Además, en un contexto donde IIBB es uno de los impuestos más difíciles de liquidar. Este impuesto necesariamente debe reducirse (sino eliminarse).

Bajar la exigencia de papeles, sellos y digitalizar los trámites: Muchos papeles deben presentarse más de una vez. Transportar papeles es una pérdida de tiempo. Sería un gran avance que una vez que se avanzó con un procedimiento quede sentado en el siguiente que se tienen los papeles en orden. Para esto, es importante trabajar en la comunicación interna entre los distintos organismos. En otras palabras, que cuando el emprendedor se encuentre atravesando el nivel 5 de trámites, un sistema interno ya sepa que esos papeles fueron presentados correctamente en los procedimientos anteriores. Por otro lado, también hay quejas acerca de tener que estar transportando estatutos de sociedades para realizar trámites. Para evitar esto, sería conveniente que se pueda emitir un papel o una credencial que certifique que los estatutos están en orden. Desde luego que el óptimo sería digitalizar lo máximo posible los trámites

Unificar los criterios para dar certificados y permisos: En caso de que se necesiten certificados aprobados por organismos estatales para poder comerciar, es importante buscar la manera de unificar este requisito. Es deficiente tener que presentar cuatro veces el mismo certificado para realizar una operación. Yendo a un caso puntual de la industria frigorífica, para usar de ejemplo, si se tiene que enviar prácticamente la misma factura a AFIP, AGIP o ARBA, SENASA y nuevamente AFIP, es ineficiente. Las agencias mencionadas son estatales y debería buscarse la forma para que una de las diversas agencias emita el certificado para que las PyME puedan comerciar en lugar de depender de cuatro aprobaciones distintas.

Mejorar la comunicación de los agentes de recaudación al contribuyente: Es cierto que la sugerencia ideal es una reducción de la presión tributaria. Pero además, es necesario que se mejore la información y comunicación en lo que al pago de impuestos respecta. No es una buena señal que si se incrementa una alícuota, varios emprendedores se enteren tres años después con multas e intereses acumulados. En cuanto ocurre un cambio así, la comunicación hacia el emprendedor debe ser impecable.

Flexibilizar los requisitos para importar y exportar: Prohibir importar o exportar por deber impuestos atenta contra la libertad de comercio. En un país donde se cobran tantos impuestos y además persisten desequilibrios macroeconómicos, las exigencias del pago de impuestos debería ser más soft. Mínimamente permitir un margen de deuda.  De lo contrario se agrava la necesidad de tomar créditos, a veces a tasas altas, para poder pagar los impuestos para poder importar.

Simplificar la habilitación como importador: Así como es importante unificar certificados para comerciar, también sería bueno que se unifiquen los organismos que piden habilitaciones para importar. Nuevamente se evidencia un exceso en la burocracia que un frigorífico necesite habilitaciones de Aduana, la SUCCA y el SENASA.

Unificar las auditorías: No está mal que se realicen auditorías, pero debería lograrse por lo menos que los requisitos de los auditores se asemejen. En nuestro caso analizado, señalábamos que, por un lado, el SENASA pedía una temperatura ideal para el frigorífico mientras que Buenos Aires pedía otra. Todos estos detalles continúan sumando a la cantidad de información que lidia un emprendedor en su cabeza y que le quita capital humano para crear riqueza. El óptimo sería apuntar a que un solo organismo se ocupe de esto.

Incentivar la capacitación: Es clave fomentar la capacitación para que los emprendedores mejoren sus negocios. Cursos de capacitación no suelen faltar, pero hay poca comunicación de su existencia. O en ocasiones más complicadas, en los barrios más vulnerables, falta de tiempo por tener que atender tareas domésticas. En este último caso sería interesante trabajar a demanda para poder ayudarlos. También se debe capacitar no sólo en temas legales y financieros, sino también en el uso de la tecnología y redes para potenciar ventas.

Generar bancos de emergencias: Una alternativa podría consistir en que el Municipio o una ONG pueda otorgar algún tipo de crédito sólo para cuestiones en donde un problema de salud imposibilita trabajar. Desde luego, esto debería tener un límite de meses y un control efectivo para que no se empiecen a generar casos falsos de enfermedades. Por eso es importante que el préstamo sea con una tasa de interés (baja).

Implementar un plan tipo “MiniJobs”: En 2003, Alemania implementó lo que se denominó los “MiniJobs”,  contratos de baja remuneración, pero con un máximo de 15 horas de trabajo a la semana. El salario por ese trabajo era de €400 (el 62.5% del salario mínimo). Pero si asumimos una jornada laboral de 9 horas, se trabaja el 33.3% de una jornada completa para obtener ese sueldo. Principalmente adhirieron repartidores, limpiadoras de hogar, cuidadores de niños o ancianos, camareros. Es decir, trabajos que no requieren mayor calificación. El objetivo que tiene esta medida es que funcione como una especie de empleo puente hasta que el trabajador puede conseguir un trabajo mejor. O que funcione como un ingreso adicional a otro trabajo. Por lo pronto, sería bueno fomentar una cultura del trabajo para poder ir reduciendo la cantidad de personas que dependen de planes. Es decir, esta medida debería ser pensada también como empleo puente (que funcione) y de carácter temporal (a priori). En septiembre, un salario mínimo en Argentina era de $15.600, que comparado con lo que se puede recibir por un plan social, es muy difícil que el sector privado sea competitivo.

Para poder aplicar una idea similar en Argentina deberían cumplirse por lo menos los siguientes requisitos: 1) Finalizar con los desequilibrios macro con reformas estructurales; la propuesta sería buscar que el salario de los “MiniJobs” se ubique en torno al 65% del Salario Mínimo Vital y Móvilpor trabajar tres horas; 2) A diferencia del caso alemán, que el empleador sólo pague un impuesto simbólico (2-3%), ya que la presión tributaria en el sector privado es enorme; 3) Si alguien que posee un plan social accede a un “MiniJobs”, comience a cobrar una menor proporción del plan social. 4) Que las personas puedan tener más de un “MiniJobs”. Si se suma un segundo “MiniJobs”, volvería a reducirse la proporción que cobra de un plan social. Si cobra un tercer “MiniJobs”, esa persona ya se encuentra prácticamente empleada porque trabajaría 9 horas y ya dejaría de recibir en su totalidad el plan social.; Incentivar la capacitación de los trabajadores para que queden empleados permanentemente.

Es importante pensar en las posibles soluciones y también en los posibles riesgos que podrían traer las mismas. Estar muy atento a “lo que se ve y lo que no se ve” para evitar cometer errores. Entre los potenciales riesgos que podría traer una medida de este tipo se pueden destacar las siguientes: 1) Que se pague el salario del “MiniJobs” y que la persona trabaje más horas en negro; 2) Que se vicie la situación para mostrarlo como una “baja en el desempleo”.

Además de estas diez propuestas concretas, también se debería apuntar a continuar reduciendo aún más el número de procedimientos hasta llegar a un mínimo posible. En este sentido, el cambio de mentalidad que necesita Argentina es grande. Si realmente queremos que los proyectos de los emprendedores crezcan, se debe bajar la burocracia, los impuestos y ordenar la economía. En este marco, la tarea de reducir los desequilibrios macroeconómicos escapa de las manos de los emprendedores. El Sector Público debe también cumplir con su parte reduciendo el gasto público (que se encuentra en niveles récords en torno al 44.5% del PBI), reducir el déficit fiscal (mediante la baja del gasto y no por la suba de impuestos), reducir la inflación y mejorar la calidad institucional, entre otras cosas. En pocas palabras, volver a Argentina competitiva nuevamente. Sólo volviendo a Argentina competitiva se podrá crear riqueza, trabajo y mejorar los salarios. Casualmente, con la mejora de estos últimos es lo que debe incentivar a las personas que reciben planes sociales a trabajar en el sector privado formal en lugar de recibir un plan social. El mejor plan social es crear empleo.

Los emprendedores informales en situación de vulnerabilidad emprenden en su mayoría por necesidad. No eligen ser empresarios, sino que “les toca” ser emprendedores. Si a esto se le suma un contexto de bajo nivel educativo, las probabilidades de éxito se reducen en un contexto plagado de regulaciones que debilitan la calidad institucional y con una economía con desequilibrios constantes. Sin embargo, la solución se encuentra en su capital humano. Todas las personas son inteligentes, la pregunta es ¿inteligentes en qué? Probablemente en donde despierten su vocación. Sin embargo, es muy difícil explotar las vocaciones en un país que posee los desequilibrios mencionados.

Si verdaderamente se comienza a Desregular Para Emprender y se logra que empezar un negocio sea sencillo, entonces el panorama es otro.

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Samuel Gregg y la simbiosis perdida de razón y fe – Francisco José Contreras

 

Por Francisco José Contreras[1]

30 de septiembre de 2019

Fuente: Actuall

Benedicto XVI: “¿Qué hay en el origen? La Razón creadora, el Espíritu creador que obra todo y suscita la evolución, o la Irracionalidad que, carente de todo designio, produce extrañamente un cosmos ordenado de modo matemático, así como el hombre y su razón”.

En su discurso de Ratisbona (2006) –¡qué tiempos aquellos en que la Iglesia era dirigida por un gran intelectual!– Benedicto XVI formuló con su proverbial lucidez el interrogante del que depende el sentido de la existencia, el dilema cosmovisional en el que se debate Occidente desde hace 2.500 años: “¿Qué hay en el origen? La Razón creadora, el Espíritu creador que obra todo y suscita la evolución, o la Irracionalidad que, carente de todo designio, produce extrañamente un cosmos ordenado de modo matemático, así como el hombre y su razón. Ésta, sin embargo, no sería más que un resultado casual de la evolución y, por tanto, en el fondo, también algo irracional”.

Tertium non datur: o la realidad última es una Inteligencia creadora, o lo es la materia estúpida, surgida misteriosamente de la nada, y autoestructurada de forma cada vez más compleja a lo largo de miles de millones de años, hasta generar eso que llamamos “conciencia”, que en realidad no es más que descargas eléctricas en el cerebro de un mamífero aparecido –por pura casualidad- anteayer, en un rincón recóndito de una galaxia de tercera. O la materia es un producto de la Conciencia, o la “conciencia” (un materialista está obligado a usar las comillas) es un subproducto de la materia irracional/no pensante.

Uno de los méritos de “Reason, Faith, and the Struggle for Western Civilization”, el reciente libro de Samuel Gregg –director de investigación en el Acton Institute y uno de los más sugestivos pensadores liberal-conservadores actuales- es poner de manifiesto la longevidad de la querella entre teístas y materialistas. El occidental medio tiende a pensar que el teísmo es el pasado, y que el presente y el futuro pertenecen al materialismo, identificado infundadamente con “la ciencia”. No hay tal. En el siglo V a.C. ya había ateos, y no dejó probablemente de haberlos en los dos milenios siguientes (aunque, desde el triunfo del cristianismo a la Ilustración, Occidente conociese una clara hegemonía teísta). Para Demócrito, todo lo que existe son átomos, y todo lo que ocurre, resultado de su movimiento e interacción: “En el principio fue el Vacío”. Epicuro o Lucrecio fueron también materialistas.

El libro de Gregg es totalmente ratzingeriano; el hilo conductor es la idea que el entonces cardenal expusiese en su debate público con Jürgen Habermas: la razón y la fe se necesitan mutuamente; rota su conexión, caen en respectivos fundamentalismos, a la postre autodestructivos. Y, además, la fecundación recíproca de razón y fe es, precisamente, la marca distintiva de Occidente. O lo fue.

Para Santo Tomás, el acto de fe no viene sino a completar o perfeccionar lo que la razón ha sido antes capaz de descubrir por sí misma (preambula fidei). La escolástica se sitúa así en una tradición de “fe razonable” que, como indica Gregg, se remonta al mismo San Pablo, el cual, aunque convertido en el camino de Damasco por un encuentro “fideístico” con Cristo (Hechos 9:1-31), no duda después en enzarzarse en discusión filosófica con los paganos (Hechos 17:16-34), convencido de que lo que cree es razonable y argumentable. Pablo piensa también que los preceptos morales del cristianismo no son un decreto caprichoso de Dios, sino una ética racional coherente con la naturaleza humana, cognoscible por tanto también por los paganos, que la llevan “escrita en sus corazones” (Rom. 2:13-15). Y San Juan, que “vio y creyó” ante la tumba vacía, recurre sin embargo a la filosofía helenística para interpretar a Dios: si Demócrito había dicho que en “el principio fue el Vacío”, el evangelio atribuido por la tradición al discípulo amado sostendrá que “en el principio fue el Logos”. Logos significa en griego tanto “palabra” como “razón”. Dios como razón creadora, pero también como “palabra” que irrumpe en la Historia e interpela al hombre.

El judaísmo ya había representado un esfuerzo de racionalización religiosa respecto a los mitos paganos: un Dios único, previsible y justo, frente al colorista panteón de dioses demasiado humanos; por eso el judaísmo era una religión en expansión en la era helenística, atrayendo con su teología más razonable a numerosos “temerosos de Dios” griegos y romanos. Pero el cristianismo, a su vez, se concibe a sí mismo como la coronación lógica tanto del judaísmo como de la filosofía griega. Platón, Aristóteles y otros griegos ya habían entrevisto la idea de un Ser Supremo (“pensamiento del pensamiento” o “Primer Motor Inmóvil” en Aristóteles); los estoicos habían atisbado la idea de una ley moral universal. El cristianismo primitivo se autoconcibe, no como religio, sino como vera philosophia (Clemente de Alejandría, s.II): la culminación de una búsqueda intelectual del fundamento de la realidad y del puesto del hombre en el cosmos que llevaba siglos en marcha. “Los cristianos somos los verdaderos seguidores del Logos”, dijo San Justino Mártir, el primer filósofo cristiano.

Gregg piensa que el “delicado tapiz” de la identidad occidental resulta del enhebramiento de cuatro hilos: creación (frente a la idea griega de un universo eterno, descartada en el siglo XX por el modelo cosmológico Friedmann-Lemaître –Big Bang- que asigna una fecha de nacimiento al cosmos); libertad (entendida, no como mera ausencia de coacción [freedom from], sino como libertad para [freedom for] el perfeccionamiento moral y la excelencia); justiciafe. Las cuatro están entretejidas en formas que no tenemos aquí tiempo de explicar (¡lean a Gregg!). Las cuatro han sido desechadas o desnaturalizadas por el giro materialista-relativista-nihilista de la cultura occidental en las últimas décadas.

El materialismo, en hibernación desde el triunfo del cristianismo, retorna a la escena filosófica a partir del siglo XVIII (o del XVII, si contamos a Spinoza como materialista), a lomos de la hybris producida por el éxito espectacular de la ciencia moderna. Todo ello es una gran paradoja, porque si la ciencia nace precisamente en Occidente, es porque solo aquí se creía en un Dios racional que dota a su creación de una estructura racional y de leyes estables descifrables por el hombre (que puede entenderlas porque ha sido creado “a imagen de Dios”, Gn. 1:26). Es algo que pusieron de manifiesto Alfred North Whitehead, Pierre Duhem y otros grandes historiadores de la ciencia (últimamente, el amenísimo Rodney Stark). Galileo, Newton, Kepler y demás padres de la ciencia moderna empezaron a buscar las leyes del cosmos porque eran cristianos devotos que creían que “Dios ha escrito el libro del mundo en caracteres matemáticos”. El Islam era también teísta, pero el suyo –sobre todo, tras el triunfo de los asharíes sobre los mutazilíes- es un Dios imprevisible que puede cambiar de opinión en cualquier momento. La idea de leyes estables de la naturaleza representaría, en la perspectiva islámica, una impensable autolimitación de la omnipotencia divina: “Si Dios hace lo que le place, y lo que le place es variable, el universo no opera según leyes regulares” (Stark). La idea de una relación analógica entre Dios y el hombre –base de la idea de dignidad humana en la cosmovisión occidental- resulta también blasfema en el Islam, asegura Rémi Brague.

El éxito de la ciencia precisamente confirmaba la racionalidad del cosmos y, por tanto, la existencia de un Creador racional. Pero, por algún tipo de malentendido, produjo la convicción contraria. Se empezó a dar por supuesta la existencia de leyes físicas matematizables: se dejó de ver en ello un milagro, un reflejo del Logos primigenio. Las leyes de la naturaleza, que para Newton o Kepler confirmaban la existencia del Creador, empezaron a ser interpretadas por nuevos materialistas –al principio marginales: incluso en la Ilustración, los ateos eran minoritarios frente a una mayoría deísta- como una explicación totalizadora que, al contrario, podía ser puesta en el lugar que antes ocupaba Dios. Algunos científicos se endiosaron: “No tuve necesidad de esa hipótesis”, contestó Laplace a Napoleón cuando el emperador le preguntó dónde quedaba Dios en su sistema astronómico.

Es decir: la ebriedad del éxito científico condujo al “cientismo” (scientism), que no es ciencia, sino filosofía materialista que usurpa el prestigio de la ciencia. De allí salieron el positivismo de Comte y los múltiples neopositivismos del siglo XX, del Círculo de Viena al “darwinismo neuronal” de los best sellers Dawkins o Dennett. El positivismo afirma que solo existe lo científicamente comprobable. Confunde los límites de la realidad con los del método científico. Olvida que “hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que caben en tu filosofía” (Shakespeare). Además, el positivismo es autocontradictorio: la afirmación “solo existe lo empíricamente comprobable” no es, ella misma, empíricamente comprobable. No es una tesis científica, sino filosófica.

El cientismo/positivismo implica una trágica autocastración de la razón: “Una razón que se limita a sí misma de esta manera es una razón mutilada. Si el hombre ya no puede argumentar racionalmente acerca de las cosas esenciales de su vida, acerca de su de dónde y adónde, acerca de lo que debe y lo que puede hacer, acerca de la vida y la muerte, y tiene que dejar esos problemas decisivos a merced de un sentimiento separado de la razón, entonces el hombre no está exaltando la razón sino deshonrándola”, escribió Ratzinger en “Fe, verdad y tolerancia”.

Pero Occidente se ha vuelto cientista-positivista-materialista. La segunda parte del libro de Gregg explica esa caída progresiva en la sinrazón. Pues, si la realidad última es la materia inerte y la racionalidad no es más que un epifenómeno en su periferia, la razón no es digna de crédito. Bajo el aparente triunfo del racionalismo subyace un descenso a la irracionalidad (ya Nietzsche entendió que la muerte de Dios implicaría también la del concepto de “verdad”, rechazado por el occidental postmoderno como intolerante: Vattimo ha llamado “tirano metafísico” a la verdad). Todo lo no analizable por el método científico pasó a ser considerado subjetivo y relativo. La cuestión del bien y el mal, por ejemplo, ya no se considera susceptible de argumentación racional: no existe una moral objetiva/universal; “cada uno tiene su moral”, igual que cada uno prefiere un tipo de helado. El emotivismo ético concibe las afirmaciones morales como simple expresión de sentimientos y emociones: “Cuando digo “matar es malo” en realidad quiero decir “no me gusta que se mate””, escribió el neopositivista Moritz Schlick, y corroborarían Ayer o Stevenson. Quien afirme “matar es bueno” también está simplemente expresando un gusto personal. Y sobre gustos no hay nada escrito.

Pero se me está escapando una vez más el artículo de unas dimensiones razonables. Mejor lean a Gregg para entender cómo estamos perdiendo el “delicado tapiz”: “La integración occidental de [las ideas de] creación, libertad, justicia y fe es siempre frágil, y socavar cualquiera de los cuatro elementos fragiliza también a los otros. Sin Creación, la inteligibilidad del universo es difícil de sostener. Sin inteligibilidad, la libertad es solo un espejismo [el materialismo es determinista: nuestra sensación de libertad psicológica es puramente subjetiva], la justicia un sofisma [los ideales de justicia son mera racionalización de los intereses de clases sociales en pugna, decía el marxismo clásico, o de sexos, orientaciones sexuales y razas, dice la identity politics ahora en boga], y la fe nada más que emotivismo o ideología. Si la libertad es ilusoria, las personas no son realmente responsables de sus acciones. Sin responsabilidad personal, no hay justicia verdadera. Sin justicia, la existencia de un Creador inteligente ante el que todos deben finalmente responder es puesta en duda”.

¿Está todo consumado? Gregg cree que no: “Sin el Logos, Occidente está perdido. Pero el declive no es inevitable. La opción por el Logos, y consiguientemente por la razón y la fe, todavía está a nuestro alcance. El deseo de verdad, libertad y justicia forma parte de lo que somos”. Y, si tenemos sed de verdad y justicia, debe existir el agua que la satisfaga.

 

[1] https://www.actuall.com/educacion/samuel-gregg-y-la-simbiosis-perdida-de-razon-y-fe/?fbclid=IwAR2pfgcjbkQnj8_JA7FJ8hEw_GzOZatBAzftYIrzjiGCNvUhji6iXZYZaYE

Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

Lo dejó todo para ser empresario, rico y famoso – Gabriel Zanotti

Por Gabriel J. Zanotti

Instituto Acton Argentina

1 de octubre de 2019

Fuente: Empresa

“Era ejecutivo de una petrolera y rico, pero se ha desprendido de todo y ahora es monje en…” Así como este caso, muchos portales católicos están llenos de casos parecidos. Laicos que habiendo alcanzado muchos logros en sus respectivos oficios, lo dejan todo para seguir la vida religiosa. Y está muy bien. Es muy valioso. ¿Quién lo niega?

Pero nadie habla de los laicos que habiendo logrado grandes cosas en su profesión, lo dejan todo para seguir en su profesión y con sus grandes logros. ¿Lo dejan todo? Sí, porque esa es la santificación laical. Eso es el llamado universal a la santidad, que parece seguir siendo ignorado ante estos grandes títulos. Sí, porque seguramente debe haber muchos ejecutivos de grandes empresas que deciden ser santos en esa misma situación, pero nadie se entera, o a nadie le importa, o nadie cree que sea posible. Sí, porque también la santidad en el mundo consiste en abandonar el hombre viejo para vivir, en su oficio, el hombre nuevo del evangelio.

¿Quién dijo que la vida religiosa NO puede tener fama, poder y dinero? Fama y poder han tenido grandes papas, ya presbíteros o religiosos, y dinero, ni les cuento. ¿Y? Se supone que frente a todo eso, el desafío de la santidad es como una lluvia ante la cual abrimos el paraguas y seguimos nuestro camino. Después del pecado original, el éxito, la fama, el poder o el dinero son como lluvias deliciosas ante las cuales cerramos el paraguas y nos dejamos empapar, deteniendo nuestro camino y embriagándonos de soberbia.

La santidad consiste, en cambio, en seguir la propia vocación, haciendo el bien, con fama o sin ella, con dinero o sin él, con éxito o sin éxito: la santidad es llevar a la plenitud el llamado que Dios nos hizo para amarlo sin medida a Él y al prójimo, sin o con cuestiones totalmente accidentales al seguimiento del propio camino. Por ende, a los ejecutivos de petroleras que sean santos, y sean conocidos por ser ejecutivos de petroleras pero no por ser santos, yo les dedico estas simples palabras, diciéndoles que en los periódicos de Dios salen sus noticias, y en el cielo hay grandes alegrías y festejos.

 

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Vivir en la presencia del Señor: Isaías 33,17 en la visión de J. H. Newman – Luisa Zorraquín

Por Luisa Zorraquín

Fuente: Communio Argentina, año 2011, n. 3, pp. 98-120

El 13 de Octubre el Papa Francisco canonizó a John Henry Newman.  La suya ha sido llamada una “santidad de la inteligencia”; por cierto su conversión es la de un intelectual, que buscando la verdad, no puede desoír el llamado de su conciencia. En la mitad de su vida, uniendo estudio, piedad y humildad deja honores y reconocimientos, su amado Oxford  y su promisoria carrera eclesiástica en la iglesia Anglicana y pide ser admitido en la Iglesia Católica.

En la homilía de la canonización, el Papa afirmó:  “Hoy agradecemos al Señor por los nuevos santos, que han caminado en la fe y a quienes ahora invocamos como intercesores”, y aludiendo a “santidad de la vida cotidiana, de la que habla el santo cardenal Newman”, citó sus palabras: “El cristiano tiene una paz profunda, silenciosa y escondida que el mundo no ve. […] El cristiano es alegre, sencillo, amable, dulce, cortés, sincero, sin pretensiones, […] con tan pocas cosas inusuales o llamativas en su porte que a primera vista fácilmente se diría que es un hombre corriente” (Parochial and Plain Sermons, V,5). Pidamos ser así, “luces amables” en medio de la oscuridad del mundo. Jesús, “quédate con nosotros y así comenzaremos a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás” (Meditations on Christian Doctrine, VII,3)”.

Para conocer un poco más de la vida y la espiritualidad de Newman reproducimos un artículo  publicado previamente en la revista Communio de Argentina.

VER EL ARTÍCULO

El Instituto Acton y su lucha contra el drama de la pobreza – Gabriel Zanotti

EL INSTITUTO ACTON Y SU LUCHA CONTRA EL DRAMA DE LA POBREZA*

*Versión corregida y actualizada del artículo publicado en enero de 2014 el la página del Instituto Acton con el título «Sobre los pobres, explotados y excluidos», si bien fue escrito en 2007 antes de que se emitiera el documento de Aparecida (http://institutoacton.org/2014/01/20/sobre-los-pobres-explotados-y-excluidos/)

Con relación a algunas versiones que circularon en semanas pasadas respecto de nuestra institución, escribiremos sobre algunas ideas fundantes en el Instituto Acton, como es el drama de la pobreza, eje temático fundamental de la misión que nos convoca.
Dentro de los objetivos del Instituto Acton, está el diálogo entre los fundamentos de una «economía libre», «economía de mercado» (los términos pueden cambiar, estamos adoptando los distinguidos por Juan Pablo II en Centesimus annus), la tradición cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia. Los partidarios de las economía de mercado (sean cristianos o no) no hablan de oprimidos, excluidos y explotados, términos interpretados, en general, bajo el paradigma de la lucha de clases. Se corre el riesgo de que esto sea visto como que los partidarios del mercado niegan que haya fenómenos de injusticia en los temas socioeconómicos, o que no les interesa el destino de quienes padecen inenarrables sufrimientos. Esto no es así. Hay injusticias que se traducen en miseria, desocupación y desnutrición, y condiciones de vida indignas que, aunque relativas a la circunstancia histórica, conmueven el corazón de cualquier persona de buena voluntad —sobre todo, de cualquier cristiano. a quien, como dijo Edith Stein, nadie le es indiferente.
En este sentido, también podemos hablar de oprimidos y excluidos, pero no desde la lucha de clases marxista o neomarxista, sino desde un sistema socioeconómico imperante en América Latina desde hace siglos, basado en la intervención del Estado en las variables económicas, la socialización de los medios de producción, el control estatal de la actividad privada y todo tipo de privilegios y prebendas sobre el sector llamado «privado». Ese sistema, considerado por muchísima gente «capitalista» o «neoliberal», es el responsable de haber impedido durante siglos la acumulación de capital que genera riqueza para todos, produciendo una masa cuasi-infinita de mano de obra barata o desempleada, cuyo destino terrenal se deshace entre la desnutrición, la enfermedad y la muerte. Esos son los «excluidos» de los beneficios que generaría un sistema apoyado en el ahorro con un salario real creciente, propio de aquellas naciones desarrolladas gracias a una genuina economía de mercado, con bases institucionales adecuadas, que han sido anuladas también en América Latina por autoritarismos, de izquierda y de derecha, que con delirios mesiánicos siguen añorando la figura cultural del virrey omnipotente. Son también los «oprimidos» por un sistema que los condena a la miseria y los «explotados» por una casta de dirigentes sindicales, empresarios prebendarios, funcionarios estatales y políticos que viven del presupuesto de un Estado que se alimenta permanentemente de impuestos y cuasi-confiscaciones al sector privado, a la libre iniciativa —para peor, en nombre de los pobres que dicen proteger.
Estas estructuras propias del crony capitalism o capitalismo de amigos son, sin lugar a dudas, un pecado social, un mal moral, además de un error técnico. En ellas sí se cumple esto de que «la riqueza de unos es a expensas de la pobreza de otros», como una torta fija que no crece, sino que aumenta las desigualdades y los privilegios indebidos. Es imperioso hacer las aclaraciones necesarias para diferenciarlas de las que sí son instituciones sanas, propias de la economía de mercado.
Claro que los cristianos y todas las personas de buena voluntad debemos preocuparnos por los oprimidos. Ello no solo no es incompatible, sino que es exigido por la conciencia cristiana, para lo cual es clave responder a la pregunta ¿cuál es el sistema que oprime?
Esto implica una opción preferencial por el pobre que padece el drama de la carencia material; su clamor nos duele y llama a nuestra conciencia. Por eso, quienes defendemos la economía de mercado, cristianos o no, lo hacemos porque nos preocupa la desocupación, la desnutrición y la miseria, y por eso elegimos ocuparnos de ello a través de la promoción y difusión de las ideas que han permitido a muchos pueblos salir de ella.
Desde la autonomía que nos cabe, proponemos de modo dialogante y amistoso un cambio de enfoque, no en los fines ni en la conciencia cristiana que nos mueve a todos, sino en la consideración de las causas socioeconómicas de lo que, verdaderamente, fue un mal espantoso ayer y lo sigue siendo en el siglo XXI.
Sin embargo, excluido el análisis de la lucha de clases, se produce otro cambio importante de enfoque: la clara conciencia de que, por más que se alcance la liberación de las estructuras sociales opresoras, ello no implica la redención de Cristo y la Libertad del Reino de Dios. Los sistemas sociales pueden ser mejores o peores, pero son siempre perfectibles y nunca se identifican con la perfección de la Gracia, de lo sobrenatural, de la redención que viene solo de Cristo.
Aclaradas estas cuestiones, quienes somos parte de instituciones como el Instituto Acton Argentina, partidarios de los derechos personales y de la economía de mercado, esperamos no quedar, valga la redundancia, excluidos del diálogo y oprimidos por la incomprensión, y que nuestro aporte se reciba como parte de un proceso de evolución sociocultural donde las ideas importan para conformar una sociedad madura.

Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Ocho reflexiones sobre las PASO – Nicolás Cachanosky

 

Por Nicolás Cachanosky

Fuente: PPI / Portfolio Personal Inversiones

23 de agosto de 2019

Las primarias del 11 de agosto dejaron una de las peores crisis financieras en la historia argentina. El resultado electoral ha alterado significativamente las expectativas futuras del país y, con ellas, el potencial desempeño económico en los próximos años. A continuación, algunas reflexiones y las reacciones políticas a los resultados electorales.

Un análisis minucioso de Nicolás Cachanosky, Economista y Associate Professor of Economics at Metropolitan State University of Denver, sobre la crisis –política y económica- que se desató en el país, tras las PASO del 11 de agosto.

 

  1. Es claro que la crisis se desata por la inesperada victoria electoral de Alberto Fernández. De lo contrario, ¿cómo explicar que la venta de títulos argentinos en los mercados internacionales haya comenzado a momentos de conocerse los resultados electorales? Dado que cada partido ha ido a las PASO con un solo candidato, las mismas funcionan como encuesta nacional de las elecciones presidenciales en Octubre, y no como un filtro de candidatos intra-partido. Recordemos también que Alberto Fernández se presenta como candidato del partido que entona “combatiendo al capital” en su himno partidario. La gestión K hizo honor al himno peronista con expropiaciones como las de Repsol-YPF y las AFJP ¿Qué esperaban acaso? ¿Una lluvia de inversiones?

 

  1. La imagen chavista asociada a la fórmula de Alberto Fernández la produce el mismo kirchnerismo; no es cierto que sea responsabilidad de Juntos por el Cambio. En todo caso, Cambiemos será responsable de haber polarizado el escenario político con el kirchnerismo, pero no de la imagen que “los K” dan al mundo. Alberto Fernández debe recordar que en las elecciones no se lo elige sólo a él, sino que se lo elige a él, a Cristina F. de Kirchner, a La Cámpora, etc. Si A. Fernández se encuentra incómodo con la comparación Chavista, entonces debería haber prestado atención a quienes sale a representar como candidato a Presidente. Podría haber manifestado ese rechazo a la imagen chavista pasándose a Juntos por el Cambio, como lo hizo Pichetto quien pertenecía a las filas K hasta hace pocas semanas.

 

  1. Es natural que A. Fernández tenga problemas para generar confianza en los mercados. Su equipo económico aún no formalizado se contradice cada 24hs. En tanto que, cada vez que habla con un medio, muestra o que no entiende la situación económica del país o da a entender un posible nuevo default soberano. Como si eso fuera poco, debe ser el único candidato a Presidente del que se tenga registro que es nombrado por el candidato a Vicepresidente. ¿Más allá de los cargos, quien va a detentar el poder en los hechos?

 

  1. Por su lado, Juntos por el Cambio no deja de presentar sus propios problemas de diagnóstico. Si bien es cierto que el timing de la crisis la explican las PASO, no es menos cierto que la dimensión (tamaño) de la crisis lo explica la propia política monetaria de Cambiemos.

 

  1. El gobierno parece tener la ilusión de que la economía se encontraba encaminada sobre bases sólidas. El problema fue tener la mala suerte de un shock externo. Sin embargo, la política económica de Cambiemos era inconsistente a mediano y largo plazo. El shock externo no hizo más que acelerar esas inconsistencias. Recordemos que el país que en términos económicos voló por los aires fue Argentina, no el resto del mundo cuando se dio el shock externo. No es cierto, como se expresaba la anterior administración del BCRA, que los críticos de la política monetaria lo eran por no saber leer balances. Una actitud más abierta y humilde hacia sus colegas posiblemente hubiese ahorrado costos económicos y financieros.

 

  1. Se ha insistido que uno de los problemas de Cambiemos es no haber implementado un plan económico. El gobierno, sin embargo, dice tener un plan económico, por más que no sea del agrado de sus críticos. Disiento. Un plan económico no consiste en hacer metrobuses y obra pública (por más necesarias que sean). Un verdadero plan económico consiste en una visión global de política económica que, entre otras cosas, cambia las expectativas en el mercado. ¿Qué tipo de plan económico se construye sobre un Ministerio de Economía atomizado en cuatro, cinco, o más oficinas? Recordemos que el Ministerio de Economía se dividió en dos, uno que recaudaba y otro que gastaba. Más aún, cuando es claro que al Presidente Macri no le atraen los temas económicos, ni son su fuerte. En distintas ocasiones, he preguntado en qué sitio web se puede consultar el supuesto plan económico. La respuesta fue siempre la misma: silencio.

 

  1. A prácticamente dos meses de las elecciones presidenciales, es poco el margen que le queda a Juntos por el Cambio para revertir los resultados de las PASO. Parte del desencanto con el gobierno de Macri es el pobre desempeño económico. Lamentablemente no hay tiempo para que nuevas medidas económicas tengan efecto en la economía, lleguen al bolsillo de la gente, y cambien la percepción del votante medio. El gobierno puede controlar el mercado cambiario, pero distinto es generar cambios perceptibles en la economía real de aquí a octubre.

 

  1. Dado que el gobierno no tiene margen para generar cambios reales, debe generar un cambio en las expectativas económicas de un segundo gobierno de Macri. Eso no es otra cosa que un shock, aquello que Cambiemos nunca quiso y de lo que siempre renegó. ¿Qué es un shock? Es el anuncio de un plan general que si bien tiene efectos graduales, cambian las expectativas hoy. El acuerdo a las apuradas con el FMI, por ejemplo, es un shock. El efecto sobre la inflación presenta lags, pero el cambio en las expectativas es prácticamente inmediato. Si los “Fernando Iglesias” del gobierno hubiesen puesto menos energía en ridiculizaciones infantiles (liberalotes, plateístas, libersauros) y más energía en escuchar a quienes deberían ser sus votantes y defensores, quizás hoy el gobierno se sintiese con más cintura política para presentar medidas más audaces y mejor definidas que las que estamos viendo en los últimos días.

 

Conclusión: las PASO y el turbulento contexto económico de los últimos días deberían dejar importantes lecciones para todos los actores del mundo de la política.

 

Robert A. Sirico: un sacerdote emprendedor – Mario Šilar

Defender mercados libres y sociedades empoderadas no suele gozar de buena prensa, pero el sacerdote estadounidense no cesa en su empeño

 Por Mario Šilar (Instituto Acton)

30 de agosto de 2019

 

El pasado 3 de agosto, The Wall Street Journal publicó en su edición impresa una entrevista que el periodista William McGurn –columnista y miembro del consejo editorial del periódico –hizo al sacerdote Robert Sirico. Se puede acceder a la entrevista original en inglés aquí.

Robert Sirico no solo es párroco en la Iglesia “Sagrado Corazón de Jesús”, en Grand Rapids (Michigan) sino que tiene a su cargo la escuela parroquial; por lo que “tiene muchas cosas que hacer para mantener los bancos de su parroquia llenos y su escuela a flote”.

Pero la defensa de la libertad económica para Sirico no es un tema de mera ideología o de esgrimir una visión buenista y superflua pensando que los mercados de por sí resolverían todos los problemas de la sociedad. Nada más lejos de la verdad. “Se trata de preguntarse: ¿para qué sirve la libertad? Y para entender esta pregunta, uno tiene que comprender para qué está hecho el hombre.” Y en este sentido, ubicándose tras la estela de Lord Acton “el gigante intelectual católico británico cuyas grandes causas fueron la libertad y la religión”, Sirico y el Acton Institute exploran la compleja y delicada relación entre libertad política, libertad económica y libertad religiosa. Una relación, aunque fundamental, todavía no del todo comprendida en amplios sectores de la cultura cristiana.

En una parte de la nota se puede leer:

“Como observó Adam Smith, ‘no es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses’. No es exactamente ‘amor por el prójimo’, pero tiene el efecto de ayudar a los demás. Asimismo, ‘la gente necesita trabajos’, señala Sirico: ‘Los trabajos provienen del mundo de los negocios y los negocios necesitan libertad económica y oportunidades para puedan ser creados’.

Esta apreciación por la contribución que hacen los mercados es más que teórica. Como pastor del ‘Sagrado Corazón de Jesús’, puede ver de cerca lo que significa la libertad económica para sus feligreses, que son principalmente de clase trabajadora. “Me mantiene con los pies en la tierra”, afirma Sirico sobre su tarea pastoral. En la actualidad su congregación es mucho más diversa que la de los inmigrantes polacos que trabajaron en las canteras de yeso y fundaron la parroquia hace un siglo. Sirico reconoce que solo unos pocos serán algún día emprendedores. Pero cuando las empresas prosperan y los feligreses pueden obtener buenos trabajos, sus sueños se hacen realidad, ya sea adquirir una vivienda o enviar a sus hijos a la universidad.

Sirico afirma que, cuando fue nombrado párroco en el año 2013, la escuela de la parroquia se moría. Apelando a su propio espíritu emprendedor, refundó la escuela, y la convirtió en una Academia católica clásica. En el 2019, las inscripciones se han más que cuadruplicado desde que se hizo cargo del centro, creciendo más rápidamente que otras escuelas de la diócesis en los últimos años. Sirico agrega que alguna reforma pro-mercado (en el ámbito educativo) como la posibilidad de que los padres pudieran elegir el centro escolar de su preferencia, supondría un gran cambio –para bien– para las familias trabajadoras de su comunidad.”

Pero tal vez, una de las novedades más importantes de los últimos años reside en que la hostilidad hacia los mercados y la consiguiente visión negativa que suele haber sobre ellos, ahora no proviene simplemente de las alas progresistas o de izquierda, sino que también proviene de amplios sectores conservadores o de la derecha. En este sentido, hay varios debates interesantes entre Samuel Gregg –el director de investigación del Acton Institute– y el propio padre Sirico con Rusty R. Reno, director de la prestigiosa revista norteamericana First Things, otrora defensora sin complejos de la libertad económica, con voces tan prominentes como las de Michael Novak o Richard J. Neuhaus, que ha hecho un giro radical hacia posiciones cuasi-neokeynesianas en la relación entre gobierno y mercado.

El artículo menciona algunas de las críticas conservadoras al capitalismo y, en especial, al comercio internacional. Se trata de la tan extendida –y errónea– idea de que el libre comercio destruye las industrias autóctonas-locales. Otras críticas son una actualización de las manidas críticas del sociólogo liberal Daniel Bell (1919-2011), quien intentaba poner de manifiesto unas supuestas contradicciones intrínsecas del capitalismo, en la medida en que la supuesta búsqueda de prosperidad estimula los deseos desordenados y superfluos, desterrando así de la sociedad libre el abanico de virtudes necesario para que el propio capitalismo se sostenga. Lamentablemente, esta crítica –injusta y sesgada– está muy extendida en los claustros universitarios de instituciones cristianas, en los seminarios, llegando a ser casi una asunción popular entre amplios sectores de la sociedad, especialmente en países como la Argentina, de antigua influencia de la cultura cristiana en la sociedad.

Hay otra crítica relevante que hace referencia al «capitalismo despierto» o woke capitalism[1], término de reciente incorporación en el slang anglosajón. Se trataría de la anomalía generada por grandes empresas –especialmente las grandes tecnológicas– que utilizan su poder de mercado para sofocar las visiones más tradicionales y clásicas que tienen algunos o muchos miembros en la sociedad. Algunos ejemplos incluyen la expulsión del ejecutivo de Mozila Brendan Eich por haber manifestado una opinión contraria a los matrimonios del mismo sexo, las amenazas de Disney y Netflix de boicotear al estado de Georgia por su contundente ley antiaborto, y Nike complaciendo a Colin Kaepernick al discontinuar el modelo de zapatilla que tenía la bandera norteamericana.

“Sirico responde a cada una de estas críticas. Sobre la idea de que el comercio internacional destruye las ciudades manufactureras prósperas, el sacerdote criado en Brooklyn señala a su comunidad adoptiva como contraejemplo. Durante la mayor parte del siglo XX, su actual ciudad de residencia, Grand Rapids (Michigan) fue la capital del mobiliario del mundo. Luego vino la competencia, primero de los carpinteros de Carolina del Norte, luego de China. «Los mercados, obviamente, pueden tener efectos disruptivos» –señala Sirico. «Pero esa disrupción puede ser positiva o negativa. También puede ser disruptiva, en un sentido positivo, cuando las personas son exitosas en proveer de mejores niveles de vida para un grupo más amplio de personas».

Grand Rapids y el área circundante siguen siendo la sede central para muchos fabricantes de muebles de acero, su economía se ha diversificado, y la revista Forbes clasifica a la ciudad como una de las diez áreas metropolitanas de crecimiento más veloz en el centro de los Estados Unidos. El centro de la ciudad está colmado de grúas, no hay un solo local de comercio que esté cerrado, y su industria abarca desde el rubro de la cerveza artesanal hasta el gigante internacional del marketing multinivel, Amway.

Respecto del argumento de que los extranjeros «roban» los trabajos de los norteamericanos, el padre Sirico apunta al otro lado de la ecuación. «Es bueno para los campesinos que están viviendo con salarios de subsistencia, para que puedan ganar más y para permitirles que puedan tener más opciones en sus vidas», afirma. «Los sacerdotes en estas provincias de China miran a su gente que prospera gracias al comercio y dicen “Gracias a Dios por esto”». Para el P. Sirico, la queja de que personas desesperadas están «robando» empleos a los norteamericanos es algo extraño de oír proviniendo de personas cristianas.”

¿Y qué hay respecto de la crítica de que la riqueza es moralmente corrosiva? «Durante gran parte de la historia de la humanidad, la gente luchaba solo por sobrevivir», señala Sirico. «Ahora la pregunta moral es qué hacer en un contexto de abundancia. Supongo que una respuesta sería eliminar la abundancia». Sirico piensa que los críticos del mercado cometen un error fundamental al concebir el capitalismo en términos puramente materialistas. Para empezar, la caricatura del individuo como un automaximizador preocupado solo por el beneficio económico: «Parece que en el momento en que eres próspero, estás vendido». Sirico reconoce que los mercados tienen que ser algo más que un mero instrumento para ganar dinero y ampliar las opciones. Los mercados necesitan un «telos», un sentido de un propósito más elevado –respecto de la manera en que los seres humanos deberían usar su libertad. Eso depende de la toma de conciencia de que no todas las elecciones son moralmente iguales.

Sirico señala, además, otro punto importante, la frecuente timidez o falta de claridad de los empresarios respecto del irremplazable aporte al bien común que surge de su propia actividad. De algún modo, los empresarios carecen de una adecuada “voz moral” que les permita comprender desde una racionalidad práctica robusta, el sentido de lo que hacen, y que les permita distinguir entre intenciones y acciones. Sirico señala, además, algo un tanto políticamente incorrecto, ya que son a menudo, los clérigos quienes “no comprenden el bien que el comercio hace a la sociedad –luego, después de denunciar el mundo de los negocios como un ámbito de codicia y rapaz, extienden sus manos para recibir donaciones cuando tienen entre manos un proyecto que necesita fondos”.

Finalmente, Sirico reconoce el problema de las grandes plataformas de redes sociales, que prohíben o suprimen por otros medios las voces de corte más tradicional o conservador en la sociedad. Los críticos ven esto como un fallo de mercado. Comúnmente, si no te gusta cómo te trata una empresa, simplemente puede llevar tus negocios o tu compra a otra parte. ¿Pero cuál es la alternativa realista a Facebook o Amazon? ¿No estamos acaso como cooptados por la “necesidad” que nos generan estas grandes empresas?

“Sirico no está listo para renunciar a las soluciones de mercado. Señala, en este sentido, la historia de compañías e industrias que parecían monolíticas e invencibles –las tres grandes cadenas dominantes de televisión norteamericanas (ABC, CBS y NBC), IBM, los monopolios locales del taxi– casi colapsando frente a competidores advenedizos, que surgían aparentemente de la nada. «Las innovaciones de mercado, antes de producirse, parecen siempre impracticables», apunta, «y una vez que se producen es como si dijéramos: “Oh, yo también podría haberlo hecho”».

Por encima de todo, a Sirico le preocupa el hecho de que el gobierno sería un peor instrumento que las grandes empresas en la promoción de los valores tradicionales. Sirico cita un debate que tuvo lugar en el King’s College, en la ciudad de Nueva York. Su oponente, R. R. Reno, editor de la revista First Things, esbozaba las maneras en que haría uso del Estado para promover los valores que él y el padre Sirico comparten. El P. Sirico le dijo al señor Reno que su gran error consistía en asumir que, si el gobierno alguna vez llegara a organizar un panel para definir el bien común, contaría con Reno.

«Reno piensa que el panel sería dirigido por gente como nosotros», destaca Sirico. «Pienso que será dirigido por Nancy Pelosi».

Su respuesta más amplia sobre el desafío que supone el «capitalismo despierto» recuerda a san Juan Pablo II. En su famosa encíclica de 1991 pro-libre mercado, Centesimus Annus, Juan Pablo habló de tres áreas del esfuerzo humano –política, económica y cultural–, y dijo que, si queremos tener una economía moral, va a ser templada menos por el gobierno que por una cultura moral saludable. En otras palabras, si bien las leyes son necesarias, las sociedades no pueden ser reguladas en función de resultados sociales preferidos. Esto depende más de una cultura saludable.

Muchas grandes empresas, reconoce Sirico, ahora promueven valores antitéticos con el cristianismo. Sin embargo, ¿por qué pretendemos que el mundo de los negocios no vaya a reflejar los valores dominantes en la sociedad? Este es el desafío que los conservadores, especialmente los conservadores religiosos, tienen que afrontar. «Es una tarea difícil, pero somos constructores de cultura, y una de las herramientas en la caja de herramientas es el capitalismo –para formar a nuestra gente para competir con excelencia en el mercado, para que ejecuten sus tareas, para que tengan confianza en lo que están haciendo».

Lord Acton es muy conocido por su famoso aforismo: «El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente». Sirico dice que su línea predilecta de Lord Acton es aquella en la que describe la libertad como «el delicado fruto de una civilización madura». Necesita constante cultivo, y eso requiere de una cultura robusta con instituciones libres, incluidas las instituciones religiosas, que entienden al hombre en todas sus dimensiones humanas.

«La respuesta no es retirarse a las montañas», señala finalmente Sirico. «La respuesta es simultáneamente liberalidad en nuestra economía y vigor en nuestras convicciones morales».”

 

 

 

 

[1] Woke capitalism. En el contexto político norteamericano, hace unos años ha ido cobrando protagonismo la expresión «to be woke» / «get woke!» para hacer referencia a que uno «está involucrado», que está «despierto», que está al tanto de «las necesidades de la época, de lo que indica la moral del momento», preocupado por los temas sociales igualitarios y en contra de discriminaciones de todo tipo. Es un término acuñado en el contexto progresista, pero que también ha sido adoptado por los conservadores. Esta nota de David Brooks es ilustrativa: https://www.nytimes.com/2018/06/07/ opinion/wokeness-racism-progressivism-social-justice.html).

“Varón y mujer los creó” – Gustavo Irrazábal

Por P. Gustavo Irrazábal

Instituto Acton

23 de agosto de 2019

 

Las palabras del Génesis arriba citadas fueron el título elegido por el reciente documento de la Santa Sede destinado a orientar el diálogo sobre la cuestión del gender en la educación.[1] En la siguiente reflexión no pretendo exponer de modo sistemático los contenidos de este texto, pero bajo su inspiración me propongo referirme a algunos aspectos de esta problemática.

 

“Diversidad sexual”. ¿Respetarla o celebrarla?

Muchos lectores recordarán seguramente la iniciativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de organizar por primera vez la Semana “Orgullo BA” desde el 27 de octubre al 3 de noviembre de 2018.  Los porteños, al igual que los habitantes de otras grandes metrópolis como Nueva York, Londres y Berlín, tuvimos la oportunidad de ver grandes banderas con el arcoíris (símbolo del “colectivo LGBT”) engalanando muchas plazas y edificios y toda clase de “intervenciones artísticas” en el espacio público con imágenes de parejas del mismo sexo, dispusimos de la oferta de un amplio programa cultural en torno a ese tema, y circulamos por calles atravesadas por grandes pancartas invitando a “celebrar la diversidad”.

Pero no es lo mismo respetar que “celebrar”. El respeto de la “diversidad sexual” es sin dudas indispensable en una sociedad democrática y pluralista, en la cual debemos aceptar aun aquellas opciones que no compartimos o que se oponen a nuestra ética personal, en la medida en que no inflijan perjuicios injustos para nosotros o para terceros. Pero entre “respetar” y “celebrar” hay un abismo, que las autoridades de la Ciudad pasaron por alto de modo temerario. Porque “respetar” las decisiones de los otros es un deber; “celebrarlas”, no.

La “diversidad” no es por sí misma algo para valorar o promover. Depende a qué diversidad se refiera. Se puede cuidar y promover la bio-diversidad, es decir, la variedad de especies animales y vegetales, como expresión de la riqueza de la vida del planeta y la garantía de su continuidad. Pero la diversidad de opciones de los seres humanos no genera una diversidad de “especies”, ni es un valor en sí mismo ya que hay opciones buenas y malas. Dentro de ciertos límites (el principio de daño) deben ser respetadas como condición que hace posible la pacífica convivencia social, pero nadie puede estar obligado a alegrarse de lo que considera opciones malas o perjudiciales. Pretender obligar a celebrar cualquier opción por el mero hecho de serlo no es pluralismo, sino la supresión del pluralismo a favor de un pensamiento único.

Pero la política ha descubierto –hace poco tiempo, reconozcámoslo– el potencial de la actual tendencia cultural a la exaltación indiscriminada de la diversidad, y ha decidido surfear el tsunami sin reparar en el límite de sus facultades o las consecuencias de sus decisiones. Quien se detenga a hojear unos minutos la Guía de Buenas Prácticas en Derechos Humanos y Diversidad Sexual en Espacios de Educación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,[2]  podrá constatar cómo la nueva élite iluminada ha asumido con un fervor cuasi-religioso la misión de eliminar todas las “pautas culturales” provenientes de “la educación, la familia, los medios y la comunidad” respecto al “deber ser”, “lo normal”, lo que “está bien”, porque se trataría de meros “mandatos culturales que un sesgo sexista y heteronormativo que naturaliza y normativiza la desigualdad”, y se propone sustituirlos por un único criterio válido: el de ser “libres”, de modo que todas las opciones en materia de género están abiertas y disponibles, todas tienen el mismo valor, todas son una riqueza en su misma “diversidad”.

Ahora bien, si todo lo anterior eran meras pautas culturales, ¿por qué lo nuevo ha de ser distinto, y no más bien otro conjunto más de meras pautas culturales? Pero es característico de toda ideología no reparar tanto en la lógica cuanto en la resonancia de las grandes palabras. La ideología es un aparato verbal que no busca la verdad, sino el poder.

 

Incluir, ¿en dónde?

Uno se pregunta cómo es posible que un discurso tan endeble desde el punto de vista científico, lógico y conceptual pueda recabar un éxito tan notable. Este pensamiento se ha infiltrado incluso en los ámbitos pastorales y en universidades católicas, donde no es extraño hoy encontrar quienes afirman y enseñan que es preciso que la Iglesia deje de hablar de “ideología de género”, que admita y valore todo tipo de opciones en este campo, como modo de mostrarse auténticamente “inclusiva”. “No existe la ideología de género” es una consigna recurrente en parroquias, aulas, conferencias y congresos católicos. Una frase extremadamente curiosa (e ideológica) ya que cualquier materia, tratada ideológicamente, se convierte en una ideología. No hay motivo para considerar al género como una excepción.

La explicación última de la repercusión de estas ideas en la Iglesia puede deberse a que hoy la preocupación por la verdad es superada por el temor de no ser suficientemente “inclusivos”. Pero así como la “diversidad” no es algo bueno en sí mismo, la “inclusión” tampoco lo es. Depende de quién, y en qué. Dejando de lado qué se entiende por “exclusión” (¿la no celebración de una determinada forma de vida?), es evidente que si para incluir a una persona en la vida de la comunidad eclesial ésta debe aceptar sin más sus propios criterios de conducta aunque no sean compatibles con el mensaje cristiano, en realidad no es esa persona la que es incluida en la Iglesia, sino la comunidad eclesial la que es incluida en el mundo de esa persona. El imperativo de la inclusión es una consigna vacía y carente de sentido si no está fundada en la verdad.

 

La Iglesia y el género

La enseñanza de la Iglesia parte de un dato verificable: varón o mujer son las dos únicas formas de existencia del ser humano en el mundo, que antes de reflejarse en sus características exteriores están ya inscritas en sus cromosomas y en sus gónadas, y que no sólo informan el aspecto físico, sino que caracterizan de modo transversal todas las demás dimensiones de su vida: su psicología, sus afectos, su espíritu, su relación con los demás. Ser varón y mujer no es un caso de “diversidad”, ya que no se trata de dos especies distintas, sino de diferencia y complementariedad entre dos formas de ser recíprocamente orientadas dentro de la misma especie. Por eso tal diferencia posee una profundidad antropológica insoslayable.

La negación de la diferencia sexual en su real trascendencia es lo que caracteriza la ideología de género, que la Iglesia distingue cuidadosamente de la perspectiva y los estudios de género. El concepto de género, agrega hoy al sexo en primer lugar la asignación de los roles sociales. Culturalmente dicha asignación varía de modo significativo, pero siempre existe una determinada asignación de roles diversos. La doctrina de la Iglesia no sostiene que tales roles sean enteramente naturales y exentos de toda crítica en nombre de la justicia y la igualdad, pero tampoco pueden ser artificialmente equiparados volviendo irrelevante la diferencia sexual.

Finalmente, el concepto de género incorpora el nivel de la identidad sexual (reconocerse como varón o mujer) y el de la orientación sexual (por ej., aun quienes se identifican con su propio sexo biológico pueden tener inclinaciones homosexuales). Pero cuando la identidad sexual y/o la orientación sexual no condicen con el sexo biológico, ello comporta un problema de ajuste con la propia realidad. Una persona puede recurrir a la cirugía, a las hormonas, al cambio de vestimenta, pero seguirá teniendo su propio sexo, aunque sea negado y rechazado. Si esto es así, no todas las opciones en materia de género pueden tener el mismo valor. Muchas de ellas, lejos de ser caminos de madurez y plenitud, pueden ser una mera regresión al mundo de la fantasía y la ilusión.

 

Caridad en la verdad

Afirmar esto no significa rechazar la inclusión. Pero una sociedad no se hace más inclusiva renunciando a los criterios que forman parte de los fundamentos mismos de su existencia. La heterosexualidad debe seguir siendo la sexualidad “modélica”, porque es la que permite desplegar adecuadamente la diferencia sexual en todas las dimensiones indicadas, y constituye la base de la familia y la continuidad de la sociedad.  

Es cierto que habrá muchas personas que por diversas razones no pueden hacer propia la riqueza de la diferencia sexual. Esa situación impone límites a sus posibilidades, y dentro de la Iglesia deberán ser acompañadas con cercanía y misericordia en el discernimiento responsable de su propio camino, en la búsqueda de la realización posible. Pero estas personas deben ser llamadas a preservar el vínculo con su realidad personal. En nada las ayudaría el llamado vacío a “ser ellas mismas”, partiendo de la idea equivocada de que todas las opciones poseen el mismo valor y son igualmente realizables, como si ser varón o mujer fuera indiferente, y el cuerpo fuera sólo la materia informe, indefinidamente maleable, que el sujeto puede modelar a su arbitrio.

Y por más relevancia que se dé a cada caso, que en cierto sentido es único, no se puede dejar de pensar en las consecuencias sociales y eclesiales de seguir la lógica de la ideología del gender hasta el final, que lleva inexorablemente a la destrucción de las bases mismas de la convivencia social, cuando en nombre de esa fantasía de la indiferenciación sexual se redefinen (y vacían) instituciones básicas como el matrimonio y la familia.

 

Ideología de género y derechos humanos

Finalmente, es una paradoja y una ironía que la imposición de la ideología de género se efectúe en nombre de los derechos humanos. Son precisamente éstos últimos los que son vulnerados cuando el Estado desconoce el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones, catalogadas arbitrariamente como resabios oscurantistas; cuando las aulas se convierten en laboratorios de esta nueva ortodoxia revolucionaria; cuando todo atisbo de crítica se vuelve pasible de escraches, denuncias, sanciones, que recortan caprichosamente la libertad de expresión.

Esto no es “celebrar la diversidad” sino imponer la uniformidad. No es inclusión, sino exclusión del que no se allane a los nuevos dogmas. Lo que surge de aquí no es una sociedad más libre, sino una sociedad más adolescente e inmadura que entiende cada vez menos su propia sexualidad y su propio cuerpo. Que juega eufórica a la omnipotencia y termina ahogada en la frustración y el aislamiento.

Los estudios de género han puesto de manifiesto la desafiante complejidad de este tema, que nos llama a la apertura de mente y a la humildad. Pero ello no significa que estemos privados de toda referencia firme. Dice el Génesis: “Dios los creó varón y mujer”. En la Biblia, esa diferencia es la cumbre de la Creación. Negarla es deshacer la obra de Dios, y entrar en el camino de la regresión simbólica que desemboca en un solo lugar: el caos primordial.

 

[1] Congregación para la Educación Católica, Varón y mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, 2 de febrero de 2019.

[2] https://www.buenosaires.gob.ar/sites/gcaba/files/guia_de_buenas_practicas_-_derechos_humanos_y_diversidad_sexual_en_espacios_de_educacion_0.pdf