Santo Tomás, ¿fue partidario de la animación retardada o diferida?
«LA UNICIDAD DE LA FORMA SUBSTANCIAL EN SANTO TOMAS Y LA EXISTENCIA DE UNA PERSONA HUMANA DESDE EL PRIMER INSTANTE DE LA CONCEPCION»
Por el P. Guillermo Cambiasso
30 de abril de 2018
 
Este artículo, que no ha perdido actualidad, fue escrito en 1995, en XX SEMANA TOMISTA, cuya temática había sido: CULTURA Y VIDA. Hoy frente al debate sobre el aborto, lo vuelvo a proponer, para aquellos que buscan con sinceridad la verdad.

Muchos autores afirman que Santo Tomás era partidario de la “animación retardada o diferida”,[1] queriendo de este modo rebatir los argumentos de aquellos que defendemos que desde el primer instante de la concepción existe en el huevo o cigoto una persona humana.
Algunos tomistas conceden que el Angélico sostenía esta posición, pero la relativizan diciendo que el Maestro dependía de la ciencia de su época.[2]
Nosotros en este escrito sostendremos la siguiente tesis: por lo menos, en el texto que analizaremos, Santo Tomás aceptaba la animación retardada por exigencias de la opinión “científica” de su época, pero su concepción antropológica, de la unicidad de la forma substancial, exigía más bien, la animación desde el mismo instante de la concepción.
En la cuestión disputada De Anima, articulo once, el Aquinate desarrolla el tema acerca de la unicidad de la forma substancial.[3]
En la objeción primera, plantea que en el embrión el alma vegetativa precede al alma sensitiva, y esta al alma racional,[4] siguiendo la opinión “científica” de Aristóteles.[5]
La respuesta a esta objeción –texto que analizaremos– comienza con una suposición, continua con dos explicaciones que el Angélico considera erróneas y finaliza con su propia explicación.
La suposición es clara y distinta: hay una sola substancia del alma en el cuerpo humano, es decir una sola forma substancial (Quod supposito quod sit tantum una substantia animae in corpore humano).
Continúa con la primera explicación, que trata de resolver lo planteado en la objeción, afirmando que el embrión antes de estar animado por el alma racional no tiene un alma sino una “virtud” procedente del alma de los padres.[6] El Angélico la descarta por hallarse en el embrión algunas operaciones (aumento, sensación, etc.) que solo pueden ser atribuidas al “alma”.[7]
Una variante de esta explicación, es sostener que esta “virtud” no es “alma” porque no es alma perfecta. Lo cual también descarta Santo Tomás porque subsisten las mismas dificultades.[8]
La segunda explicación, afirma que en el embrión existen sucesivamente el alma vegetativa, sensitiva y racional, pero no como “realidades separadas” (non tamen est alia et alia),[9] sino que el alma sensitiva es reducida al acto por un principio activo que está en el semen,[10] luego el alma vegetativa por “evolución” se hace alma sensitiva (Quae quidem anima in processu temporis magis ad ulteriorem producitur perfectionem per processum generationis, et ipsamet fit anima sensibilis).
Y por último por un principio extrínseco se hace alma racional.[11] De modo tal que la substancia del alma racional proceda desde el principio activo del semen y su última perfección desde un principio extrínseco.[12]
Descarta el Angélico también esta explicación porque la misma implica que el alma racional es corruptible.[13]
Por último, Santo Tomás expone su propia explicación.
Afirma que la generación de los animales no es simple, sino que se suceden múltiples generaciones y corrupciones (Et ideo aliter dicendum est, quod generatio animalis non est tantum una generatio simplex; sed succedunt sibi invicem multae generationes et corrupciones).
De modo tal que hay en las sucesivas transformaciones substanciales, distintas formas substanciales (formam seminis, formam sanguinis, etc.).[14]
Ahora bien, como toda corrupción y generación implica quitar (abiectione) y dar (additione) distintas formas; las formas más imperfectas son quitadas y las más perfectas inducidas, de modo tal que al alma vegetativa le suceda otra, que es a la vez vegetativa y sensitiva, y a ésta, otra que simultáneamente es vegetativa, sensitiva y racional (Quae simul est vegetabilis, sensibilis et rationalis).[15]
Notemos en este texto, los siguientes elementos:
1) Santo Tomás plantea la “epigénesis aristotélica” como una objeción a su tesis de la unicidad de la forma substancial, es decir que esta teoría de Aristóteles más que favorecer su doctrina, la cuestionaba. De lo cual se sigue que esta teoría aristotélica más que ser un elemento intrínseco de la tesis del Angélico, es extrínseco.
2) Santo Tomás expone antes de toda discusión con el objetante el supuesto inicial de toda su teoría, a modo de fundamento: «la unicidad de la forma substancial». Lo que nos hace pensar que luego intenta compatibilizar esta tesis con las opiniones científicas de su época (Aristóteles).
3) Notemos que para lograr esta compatibilización, rechaza la segunda explicación más sencilla y debe recurrir a la complicada “hipótesis ad hoc” de sucesivas y múltiples generaciones y corrupciones, en la generación de los animales.
4) Decimos “hipótesis ad hoc” porque si se analiza más profundamente la tesis acerca de la unicidad de la forma substancial, se ve que a la misma no le es esencial la hipótesis de sucesivas y múltiples generaciones y corrupciones, más bien  exige una sola generación substancial.[16]
5) Por lo cual creemos que esta “hipótesis ad hoc” está propuesta más bien en función de explicar las opiniones científicas de su época que por exigencias de su teoría.
6) En este sentido si la ciencia actual, señala una continuidad de proceso desde la fecundación hasta la madurez del ser vivo. Esta afirmación más bien descarta la “sucesión de almas” y por ende la “hipótesis ad hoc”.
7) Pero no descarta la tesis fundamental de la unicidad de la forma substancial, sino más bien todo lo contrario, esta tesis es más afín a los datos actuales de la ciencia.
8) Señalemos por otro lado, que la segunda explicación es la posición de aquellos que afirmaban la multiplicidad de formas substanciales en el hombre. Posición muy afín a algunas antropologías contemporáneas que podríamos titular “emergencistas”,[17] que reconociendo sus distintos matices podemos ubicar a Nicolai Hartmann, Philipp Lersch, Mario Bunge, J. Ferrater Mora, K. Popper, etc., como hemos señalado en otro trabajo nuestro.[18] Antropologías que algunos piensan que son compatibles con la antropología tomista.
Finalizando nuestra exposición en esta Semana Tomista acerca de la Cultura y la Vida, creo que debemos profundizar en esta temática antropológica de Santo Tomás acerca de la unicidad de la forma substancial, tesis tan combatida en su época y que está íntimamente relacionada con su concepción metafísica del «esse», y rechazar aquellas antropologías que algunos piensan que son compatibles con la antropología tomista, para así poder defender más efizcamente la vida desde el mismo instante de la concepción.
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La argumentación que hemos realizado hasta ahora es de orden filosófico, son argumentos puramente racionales, sin apelar a la Revelación divina. Pero, además, lo expuesto está en consonancia con la fe. Ya Santo Tomás se planteaba si el “cuerpo de Cristo había estado animado desde el primer instante de su concepción” (III, 33, 2). La doctrina de la fe era muy clara: “dice el Damasceno en el libro III:[19] Al mismo tiempo fue carne, al mismo tiempo fue carne del Verbo de Dios, al mismo tiempo fue carne animada por un alma racional e intelectual” y la objeción de Aristóteles bien conocida: “según el Filósofo en su libro De Gen. Anim.,[20] en la generación humana se requiere un antes y un después, porque antes es ser vivo, después animal y, finalmente, hombre. Por consiguiente, la animación de Cristo no pudo realizarse en el primer instante de su concepción. La respuesta de Santo Tomás, es clara y precisa: Cristo “en el primer instante, recibió la forma perfecta, es decir, el alma racional”. La ciencia de esa época (Aristóteles) objetaba, y Santo Tomás desde su concepción metafísica y desde la fe respondía: “el alma espiritual se halla desde el primer instante de su concepción, por lo menos en «Cristo Jesús, hombre también»” (I Tm 2, 5; Cf. Hb 10, 5-7).
Pbro. Dr. Guillermo Jorge Cambiasso
 
 
RESUMEN
 
Nosotros en este escrito sostendremos la siguiente tesis: por lo menos, en el texto que analizaremos: Cuestión Disputada De Anima, artículo once, respuesta a la objeción primera, Santo Tomás aceptaba la animación retardada por exigencias de la opinión “científica” de su época, pero su concepción antropológica, de la unicidad de la forma substancial, exigía más bien, la animación desde el mismo instante de la concepción.
 
 
Curriculum Vitae:
 
Presbítero por la Arquidiócesis de Buenos Aires.
 
Doctor en Teología (Facoltà di Teologia di Lugano, Suiza).
 
Doctor en filosofía (Angelicum, Italia).
 
Título de profesor de enseñanza media y superior en Física y Matemáticas (UCA).
 
 
 
 
[1] Cf. Domingo M. Basso OP, Nacer y morir con dignidad, Consorcio de Médicos Católicos, Buenos Aires, pág. 65-66, 96, 106.
[2] Cf. Domingo M. Basso OP, Nacer y morir con dignidad, Consorcio de Médicos Católicos, Buenos Aires, pág. 107: Santo Tomás fue partidario de la animación retardada -lo lamentamos- pues, considerándonos discípulos suyos, hubiésemos preferido fuese otra su opción, no siendo abundantes en su obra los grandes errores- por haber adoptado una fundamentación biológica falsa y una interpretación filosófica discutible (las únicas o las mejores en su tiempo). Cf. también pág. 60, 63-66, 95-97, 105-108.
[3] De Anima, q. un., a. 11: Undecimo quaeritur utrum in homine anima rationalis, sensibilis et vegetabilis sit una substantia.
[4] De Anima, q. un., a. 11 obj. 1: Ubicumque enim est actus animae, ibi est et anima. Sed in embryone actus animae vegetabilis praecedit actum animae sensibilis, et actus animae sensibilis actum animae rationalis. Ergo in concepto primum est anima vegetabilis, quam sensibilis, et sensibilis quam rationalis; et ita non sunt idem secundum substantiam.
[5] Cf. De Anima, q. un., a. 11 obj. 3: Praeterea, Philosophus dicit in libro de generat. animalium, quod embryo  prius est animal quam homo.
Cf. Domingo M. Basso OP, Nacer y morir con dignidad, Consorcio de Médicos Católicos, Buenos Aires, pág. 63-66: a) La “epigénesis aristotélica”.
[6] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Quidam enim dicunt quod in embryone ante animam rationalem non est anima, sed quaedam virtus  procedens ab anima parentis, et ab huiusmodi virtute sunt operationes quae in embryone apparent: quae dicitur virtus formativa.
[7] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Sed hoc non est omnino verum: quia in embryone apparet non solum formatio corporis, quae potest attribui praedictae virtuti; sed etiam aliae operationes, quae non possunt attribui nisi animae, ut augeri, sentire, et huiusmodi.
[8] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Posset tamen hoc sustineri,  si praedictum principium activum in embryone pro tanto diceretur virtus animae, non anima, quia nondum est anima perfecta,  sicut nec embryo est animal perfectum. Sed tunc eadem remanebit difficultas.
[9] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Dicunt enim aliqui quod, licet primo in embryone sit anima vegetabilis quam sensibilis et sensibilis quam rationalis, non tamen est alia et alia.
[10] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Sed primo quidem reducitur semen in actum animae vegetabilis per principium activum, quod est in semine.
[11] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Quae quidem ulterius producitur in maiorem perfectionem a principio extrínseco, et fit anima rationalis.
[12] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Sed secundum hanc positionem sequetur quod ipsa substantia animae rationalis sit a principio activo quod est in semine, sed alia perfectio adveniat ibi ultimo a principio extrínseco.
[13] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Et ita sequeretur  quod anima rationalis secundum suam substantiam sit corruptibilis: non enim potest esse incorruptibile quod a virtute quae est in semine causatur.
[14] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Sicut dicitur  quod primo habet formam seminis, et secundo formam sanguinis, et sic deinceps quousque perficiatur generatio.
[15] De Anima, q. un., a. 11 ad 1: Et ideo cum corruptio et generatio non sint sine abiectione et additione formae, oportet quod forma imperfecta quae prius inerat abiiciatur et perfectior inducatur; et hoc quousque conceptum habeat formam perfectam. Et ideo dicitur quod anima vegetabilis prius est in semine; sed illa abiicitur in processu generationis, et succedit alia, quae non solum est vegetabilis, sed etiam sensibilis. ad istam iterum additur alia quae simul est vegetabilis, sensibilis et rationalis.
[16] Cf. Trabajo para la licenciatura de Filosofía en la UNSTA: “La novedad y actualidad de la antropología tomista entre las antropologías contemporáneas, especialmente la antropología emergentista”.
[17] Juan L. Ruiz De La Peña, Teología de la Creación. Sal Terrae, Santander, 1986, pág. 255-266: Nos señala tres pensadores que sostienen esta antropología y nos da de cada uno de ellos una síntesis de su pensamiento.
Mario Bunge: La materia, sustancia única, se despliega en niveles de ser cualitativamente distintos: fisiosistemas, quimiosistemas, biosistemas, psicosistemas. Cada uno de estos estratos de lo real supone al anterior, pero lo supera ontológicamente y es irreductible a él. Se propone, pues, un monismo de sustancia y un pluralismo de propiedades; la única sustancia se articula en esferas de ser distintas, regidas por leyes distintas y dotadas de virtualidades y capacidades funcionales distintas. El monismo materialista puede así justificar el polimorfismo de lo mundano y el hecho de la evolución. En la cúspide de la pirámide ontológica se emplazan los psico y sociosistemas (el fenómeno humano), cuya condición de posibilidad son los sistemas inferiores (biológicos, químicos, físicos), a los que, empero, rebasan en virtud de un auténtico salto que evoca de algún modo ideas ya presentes en el materialismo dialéctico.
Citando a pie de página las fuentes: Materialismo y ciencia. Barcelona. 1981; Epistemología. Barcelona. 1980; The Mind-Body Problem. Oxford. 1980.

  1. Ferrater Mora: Dos páginas más adelante, en efecto, y cuando se esperaría que definiese con menos vacilaciones su posición, se nos propina el párrafo siguiente: «el monismo sui genesis de que hablé anteriormente es, pues, una especie de `continuismo’ de niveles, y es incompatible con el dualismo o con cualquier pluralismo radical». El párrafo no puede ser más expresivo; en él se refleja tanto la escasa viabilidad del monismo estricto como el terror que acomete a ciertos ensayistas ante la eventualidad de ser tildados de dualistas. Lo que finalmente termina deparándonos Ferrater es algo muy afín -si no idéntico- al emergentismo bungeano, sin por ello dejar de manifestar su acuerdo con Moulines en cuanto a las dificultades del aserto «hay una, y sólo una, especie de realidad».

Citando a pie de página las fuentes: De la materia a la razón. Madrid. 1979.

  1. Popper: Silencia (Bunge) también el hecho de que Popper describa su teoría como emergentismo, entendiendo por tal la doctrina que propugna la existencia de saltos cualitativos que dan origen a novedades rigurosas e irreductibles. «Nuestro universo es… abierto; es emergente», declara Popper; «deberíamos reconocer que estamos operando con ideas de emergencia y de propiedades emergentes». El pluralismo popperiano es, pues, un emergentismo coherente que, por serlo, se niega a inscribirse en la nómina de los monismos.

Citando a pie de página las fuentes: Conocimiento objetivo. Madrid. 1974; El yo y su cerebro. Barcelona. 1980; El universo abierto. Madrid. 1984.
[18] Cf. nota a pie de página n° 16.
[19] De Fide Orth. c.2: MG 94,985.
[20] L.2 c.3 (BK 736a35).