Por: Alejandra M. Salinas
Para el Instituto Acton de Argentina
4 de julio de 2023

Es bien sabido que la política inspiró gran parte de las ficciones y poesías de Jorge Luis Borges. En relación a temas, hechos y figuras políticas extranjeras cabe mencionar, por ejemplo, sus cuentos “El milagro secreto”, “Tema del traidor y del héroe”, y “Avelino Arredondo”. En el plano nacional, las poesías “Oda compuesta en 1960”, “Oda escrita en 1966”, y “Alusión a la muerte del coronel Francisco Borges (1833-74)” permiten apreciar su afán patriótico y su interés en la historia política argentina. 

En este último sentido se destaca, primus inter pares, el «Poema conjetural», publicado originalmente en el diario La Nación de Buenos Aires el 4 de julio de 1943 e incluido finalmente en el libro El otro, el mismo (1964). A ochenta años de su publicación original, en lo que sigue se ofrece una breve reflexión sobre el texto.  

El hecho histórico que encuadra el poema es un suceso de la guerra civil entre unitarios y federales cuando, luego de dar batalla en la provincia de Mendoza, el unitario Francisco Narciso Laprida emprende la retirada pero es alcanzado y ejecutado por las tropas federales. Los versos relatan las reflexiones de Laprida a medida que huye pero advierte que tal esfuerzo resultaría en vano ya que vislumbra su muerte a manos del enemigo. Recordemos que Laprida fue convencional constituyente y Presidente del Congreso de Tucumán en julio de 1816, destacándose por su gran labor en el cargo (Sivori 1971). Este es el aspecto que Borges elige resaltar en sus versos:

«Yo, que estudié las leyes y los cánones,/ yo, Francisco Narciso de Laprida,/cuya voz declaró la independencia (…) Yo que anhelé ser otro, ser un hombre/ de sentencias, de libros, de dictámenes / a cielo abierto yaceré entre ciénagas».

Borges perfila a los enemigos de Laprida como su exacto opuesto, como salvajes jinetes portadores del «duro hierro». Y los retrata exitosos: «Vencen los bárbaros, los gauchos vencen», concediendo la victoria a quienes recurren a la violencia como instrumento de resolución del conflicto civil. Este contraste entre el hombre de leyes y los hombres del hierro remite de inmediato a los escritos de Domingo F. Sarmiento y su categorización de la sociedad argentina dividida entre el proyecto de la civilización, por un lado y los caudillos y montoneras que impiden o retrasan el progreso, por el otro. (En 1944 Borges publicó un prólogo al libro de Sarmiento, Recuerdo de provincia, por lo que es posible que estuviera leyéndolo al momento de escribir el poema).

«Poema conjetural» trata, entonces, sobre la barbarie política atribuida a quienes persiguen al opositor, colocando la figura de esos gauchos al servicio del caudillismo. Se trata de una modalidad extrema de barbarie en tanto busca dar muerte violenta al disidente, a diferencia, por ejemplo, de la idea de barbarie en Alberdi, asociada al engaño, al fraude y al despojo (Salinas 2014). 

En todo caso, a pesar de la creciente tensión narrativa que anticipa el desenlace trágico del poema, la voz de Laprida presenta un tono de calma felicidad:

«Me endiosa el pecho inexplicable / un júbilo secreto (…)/ En el espejo de esta noche alcanzo / mi insospechado rostro eterno. Al fin me encuentro/ con mi destino sudamericano». 

Al alcanzar esa instancia de auto-conocimiento, Laprida se diferencia de otras caracterizaciones de Borges, por ejemplo, la del filósofo Hume, quien parece resignarse frente a la imposibilidad de conocer el mundo («El lenguaje analítico de John Wilkins»), o la de Funes, quien no entiende ni quiere saber de dónde proviene la capacidad de recordarlo todo («Funes, el memorioso»). Antes bien, Laprida se asemeja a Dante (por otra parte aludido en el poema), ya que al final de sus vidas ambos tienen la oportunidad de descubrir su identidad (en clave de destino) dentro del esquema más amplio de una realidad-verdad que existe y los trasciende (“Inferno I, 32”). En palabras de Laprida: «he descubierto… la perfecta forma que supo Dios desde el principio».

De allí que Laprida no solo está dispuesto a aceptar el fatal resultado, sino que logre justificarlo. Claro que su reacción resulta algo inesperada al celebrar el hecho de morir asesinado, y nos plantea de inmediato algo esencial: ¿cuál es ese destino sudamericano que a sus ojos aligera y vuelve aceptable la idea de su muerte? Encuentro en los textos de Borges al menos tres respuestas plausibles a esta pregunta.

En la primera acepción, la noción de destino sudamericano puede estar asociada a la expresión del coraje físico, visto como una cualidad admirable y esperable de los habitantes de la región. En “Historia del tango” – producido en los años cincuenta- ese tipo de coraje es condición y atributo de ciertos grupos, cualidad que Borges todavía admira (en 1974 declararía estar arrepentido del «culto del coraje»). Laprida se suma a los valientes en su entusiasta aceptación de la muerte en una instancia de batalla (del mismo modo que lo hace Juan Dahlmann en el duelo al final de «El Sur»).

En una segunda lectura, el destino sudamericano podría entenderse como una vida dedicada al servicio de la causa republicana, convertida así en el objetivo de quien asume su responsabilidad cívica y, llegado el caso, está dispuesto a enfrentar las consecuencias de así hacerlo. De ese modo, Laprida anticipa y cumple con la posterior invitación de Borges a «ser dignos del antiguo juramento» en alusión a la Declaración de Independencia («Oda escrita en 1966»), y cumple también con la consigna de que «vivimos y morimos y anhelamos [por la] inseparable y misteriosa patria» («Oda compuesta en 1960»). 

En una tercera interpretación, el destino sudamericano estaría vinculado al imperio de la barbarie política. De hecho, Borges comentó en una entrevista que el poema “fue publicado durante la dictadura y tiene dos sentidos, porque me refiero a Francisco Narciso de Laprida, pero también a lo que estaba aconteciendo entonces, pues Laprida dice: ‘al fin me encuentro con mi destino sudamericano’, y vencen los bárbaros” (en Monge, p. 353). La dictadura que menciona Borges remite al régimen militar que había asumido el mando del gobierno nacional luego del golpe de Estado realizado el 4 junio de 1943. No parece casual que «Poema conjetural» se publicara exactamente un mes después del golpe y relate una acción política contraria a la paz republicana. 

Sin embargo, la sola contextualización no lograría explicar la decisión de Borges de insertar la reacción jubilosa de Laprida en el poema. Lo natural hubiera sido que una víctima desesperada lamentara el desenlace, o imaginara con melancolía que su muerte no resultaría en vano (viene a la memoria la racionalización del oficial nazi en Deutsches Requiem”, la noche anterior a su ejecución). 

Por lo tanto, creo que las tres respuestas deben ser combinadas para entender de forma más integral la actitud de Laprida. Es la «inexplicable» constatación de su propia valentía, la sorpresiva aceptación de su sacrificio cívico, lo que le produce júbilo. Forjador de leyes en tiempos de la Independencia, cuando se hizo necesario defender la consolidación de la república frente a la barbarie no dudó en entregar su vida al servicio de la patria.

En conclusión. El «Poema Conjetural» es una expresión literaria del contraste entre civilización y barbarie que animó los escritos de Sarmiento y de otros autores como E. Gibbon. Ese contraste ha sido criticado en tanto «categoría totalizante» de la historia argentina y «relato global» que provoca la división social y excluye al otro (Svampa 2010). Coincido en que la compleja realidad humana no puede comprenderse en base a simplificaciones totalizantes, y que la vida social excede las dimensiones de civilización y barbarie. Dicho esto, pensar la política en términos dicotómicos de respeto o falta de respeto a los principios y valores republicanos no parece ser una simplificación sino un criterio básico de distinción entre las acciones legítimas y aceptables y las que no lo son. 

Si bien el poema de Borges no denota una intención didáctica ni normativa, la valentía de Laprida y su dedicación a una noble causa nos invitan hoy a asumir nuestro rol en la construcción de una república mejor. 

 

Bibliografía

Borges, Jorge Luis, Obras completas, 4 vol., Buenos Aires / Barcelona: Emecé, 1989-1996.

Gibbon, Edward, Historia de la decadencia y ruina del imperio romano, trad. José Mor Fuentes, Barcelona, A. Bergner y cia., 1842.

Mongé, Carlos, “Conversaciones con Jorge Luis Borges”, Estudios Públicos, 1999, 75, pp. 343-363. https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile/20160303184646/rev75_monge.pdf

Salinas, Alejandra M.,  “La presencia civilizadora de Juan Bautista Alberdi”. En: Juan Bautista Alberdi: ideas en acción, Buenos Aires: Fundación Atlas 1853, Caminos de la Libertad y RELIAL, 2014, pp. 23-31.URL: http://www.atlas.org.ar/upload/1010828602.pdf

Sivori, José F., Francisco N. de Laprida: diputado y constituyente, Buenos AiresProlam, 1971.

Svampa, Maristella, «Civilización o Barbarie: de dispositivo de legitimación a gran relato», 2010. URL: http://maristellasvampa.net/archivos/ensayo48.pdf