Archivo de la categoría: Ética y Cultura

Overton, la rana hervida y cómo legalizar lo impensable – Fabricio Melchiori

Fabricio Melchiori

14 de julio de 2018

Fuente: Un faro entre mares

La “Ventana de Overton” es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo. Sean considerados incluso como “derechos”.

En principio ningún tabú escaparía a la eficacia de esta técnica. Por consiguiente, se podría intentar cambiar de modo radical la valoración que la sociedad tiene actualmente de la eutanasia, el incesto, el bestialismo, la pederastia o el canibalismo, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Para ello no se aplicaría un lavado de cerebro directo, sino una serie de técnicas avanzadas, cuyo desarrollo pasaría inadvertido para la sociedad.

Así lo presenta el autor y algunos lo han aplicado, por ejemplo, al canibalismo. Carlos Álvarez Cozzi, en Forum Libertas, ha hecho el ejercicio de aplicarlo al aborto, que ha pasado de crimen a supuesto “derecho” para gran parte de la sociedad posmoderna, realidad hoy debatida ampliamente en Argentina. Estas son las conclusiones de acuerdo a cada una de las etapas del método:

Primera etapa: de lo impensable a lo radical.

Tratar de justificar la muerte de un inocente e indefenso en el vientre de su madre no es una tarea fácil. Para modificar esta apreciación —y amparándose en la libertad de expresión—, se trasladaría esta cuestión a la esfera científica, sugiriendo que para los científicos no deberían existir temas tabú, según los partidarios de esta teoría.

Y así expresar que en realidad el embrión no es una persona, evitando llamarle ser humano, que indudablemente lo es porque no pertenece a ningún otro género más que al humano.

Segunda etapa: de lo radical a lo aceptable.

En esta segunda etapa ya se persigue abiertamente la aprobación del aborto. Para que éste pueda ser aceptado hay que seguir divulgando las conclusiones de los «científicos», e insistir en lo oportuno que es no tener prejuicios sobre el tema, calificando de intransigentes y fundamentalistas a quienes se nieguen a adquirir conocimientos sobre el mismo.

Los que se resisten deben empezar a ser vistos como fanáticos que se oponen a la ciencia y a la ilustración. Mientras se condena públicamente a los intolerantes, es necesario crear un eufemismo, con la intención de que se pierda el significado directo del término original y sus connotaciones negativas, sustituyendo así la expresión original aborto por “interrupción voluntaria del embarazo”, como si la vida se pudiera interrumpir y luego continuarla, sin matarla. Cuando la misma implica un proceso evolutivo.

El uso combinado de medios de comunicación y grupos de presión convertiría en aceptable, más pronto que tarde, al aborto como una práctica ya no mal vista.

Tercera etapa: de lo aceptable a lo sensato.

Para convertir en sensato lo que en un principio era totalmente inaceptable, lo siguiente sería proponer como medida urgente la despenalización del aborto, como lo hacen en varios países los colectivos feministas radicales de género.

Al mismo tiempo, seguiría siendo absolutamente necesario arrinconar a quienes piensan diferente, es decir, a cuantos todavía impugnan la consolidación de este pretendido “derecho”. Así, se acusaría a estas personas de radicales que están contra la libertad humana, del derecho a decidir y que la madre es dueña de su cuerpo, como lamentablemente vemos que lo hacen permanentemente, olvidando que el embrión es otro ser humano con código genético propio, diferente al de sus padres. Además de exagerar con el número de muertes de mujeres por practicarse abortos en forma clandestina por ser delito, a fin de lograr su legalización. Técnica calcada en la mayoría de los países.

A su vez, pretendidos expertos y personajes conocidos del mundo de la comunicación, insistirían en que a lo largo de la historia humana la mujer que no quiere tener un hijo es imposible de obligarla a tenerlo y por tanto de una forma o de otra siempre terminará abortando a su hijo, para lo cual es mejor que sea legal tal práctica.

Como hemos advertido, el objetivo de esta tercera etapa es que el aborto sea considerado una costumbre razonable.

Cuarta etapa: de lo sensato a lo popular.

A continuación se debe poner toda la maquinaria del poder al servicio del ideal supremo. En este instante, los organismos internacionales, los gobiernos, los medios de comunicación, secundados por gente famosa, hablan abiertamente del aborto como “derecho” humano de la mujer. Se argumentará que aunque existan leyes que lo prohíben o penalicen siempre la práctica del aborto se ha hecho a lo largo de la historia y que ya es “políticamente incorrecta”, antidemocrática, su prohibición.

El fenómeno pronto se vuelve imparable y multitudinario. Además, para reforzar su imagen positiva, las mujeres que abortan clandestinamente son presentadas ante la opinión pública como víctimas de una sociedad represora, que les impide satisfacer sus derechos sobre su cuerpo. Se calificará de machista, y de patriarcal toda legislación que dificulte el aborto ya considerado como un “derecho”, incluso pidiendo, como sucedió en Uruguay, que los plazos y requisitos establecidos por la ley de 2012, para que el aborto no sea penalizado, sean directamente eliminados, pasando a un aborto libre descarado. Se argumenta que los requisitos no son fáciles de cumplir y que limitan “derechos”.

Quinta etapa: de los popular a lo político.

Es la culminación del proceso. Se ha consolidado todo lo anterior y el Estado permisivo legisla a piacere de los grupos radicales feministas, autorizando un aborto libre, sin requisito alguno más que la sola voluntad de la mujer, sin tener que alegar causal alguna. Es la etapa en la que se encuentran ya lamentablemente, muchos ordenamientos jurídicos del mundo.

Y, ¿por qué decimos lamentablemente? Porque parece que nadie se ha percatado que el embrión y el feto son de la raza humana, son seres humanos que además están indefensos en un lugar supuestamente seguro como es el vientre de su madre y además son eliminados con premeditación y muchas veces con alevosía. El argumento de que el feto no siente la cureta o la inyección letal es falso y además aunque fuera cierto, que no lo es, con ese falso argumento se podría matar a cualquier ser humano bastando que se le diera antes una anestesia. La cuestión no pasa por sentir o no sentir. El tema es la dignidad intrínseca de todo ser humano a que sean respetados sus derechos como tales, a vivir y a nacer, según las Convenciones universales de Derechos Humanos y lo dispuesto por la gran mayoría de las Constituciones del mundo: el Estado debe proteger la vida naciente.

Olivier Clerc escritor y filósofo francés escribió con un lenguaje sencillo y comprensible la fábula o cuento corto para reflexionar de “La rana que no sabía que estaba hervida” en la que muestra enseñanzas muy valiosas que pueden ser utilizadas en diversos contextos.

Esta fábula de la rana hervida está basada en una ley física real: si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 º/minuto la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción. Mientras que a mayor velocidad la rana salta y escapa.

Lo que viene a concluir que si echamos una rana en una olla con agua fría y lentamente vamos calentando el agua puede llegar a hervir y morir sin darse apenas cuenta de ello. En cambio si echamos la rana al agua ya caliente, ésta pegará un salto evitando el peligro.

Como vimos, el movimiento de las ventanas es una estrategia perfectamente definida. Hemos contemplado el arco completo, pasando del rechazo absoluto al aborto, a su legalización y aprobación popular y política.

Decíamos al principio que la Ventana de Overton es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo. Y hemos descrito cómo es posible. Poco a poco, como la rana hervida. De hecho, el movimiento de las ventanas —que, como resulta evidente, es extrapolable a cualquier fenómeno—, no sólo se ha ensayado con éxito en el pasado, sino que se sigue aplicando con éxito en el presente… Baste pensar en la ideología de género.

Téngase en cuenta, al menos, que entre las gravísimas consecuencias que arrastra consigo esta diabólica estrategia de manipulación avanzada de masas, está la de provocar una fractura social prácticamente irrecuperable. Siendo su corolario más dañino, sin embargo, la degradación de la sociedad mediante el encumbramiento de aberraciones de todo tipo, que acaban, como hemos visto, por ser asumidas y aun tenerse por naturales.

“¿Sabés quién viene a cenar?” ¡La novia de la nena! – Gabriel Zanotti

7 de enero de 2018

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Blog personal “Filosofía para mi”

 

Para los que no sean cinéfilos,  “Guess Who’s Coming to Dinner” (https://www.youtube.com/watch?v=4a56FnhtuGI) es un clásico del cine norteamericano que plantea la perplejidad de un papá totalmente anti-racista cuando “la nena” le presenta a su novio afroamericano, un intachable médico, en 1967, cuando el matrimonio interracial estaba legalmente prohibido en la mitad de los estados norteamericanos. Seguir leyendo “¿Sabés quién viene a cenar?” ¡La novia de la nena! – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Razón, fe y lucha de la civilización occidental – Samuel Gregg

Por Samuel Gregg

2 de septiembre de 2017

La abierta defensa del presidente Trump de la civilización occidental, en su discurso de julio de 2017 en Varsovia, fue un notable recordatorio de que una característica preocupante de nuestro tiempo es el asalto continuo a la misma idea de Occidente. Esto se manifiesta más claramente en el uso implacable de la violencia física por parte de los yihadistas decididos a aterrorizarnos primero a la aquiescencia y, finalmente, a la sumisión. Seguir leyendo Razón, fe y lucha de la civilización occidental – Samuel Gregg

Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

Cultura, civilización y riqueza – Armando Ribas

por Armando Ribas

26 de junio de 2017

“Culturas hay muchas, civilización hay una sola:
donde se respetan los derechos individuales”.
François Revel

                                                                         “Hasta tal punto son más fuertes los vicios del  sistema, que la virtud de los que lo practican”.

 Voy a volver sobre un tema que me preocupa y que parece permanente. Me refiero a la confusión presente que existe respecto la determinación de los factores que determinan la pobreza, la riqueza y la libertad. Esa confusión a mi juicio reside en la pretensión de que la libertad y la riqueza dependen de la cultura y de la moral.  Nada más falaz en la historia de esas premisas, a partir de las cuales se deriva la práctica imposibilidad de alcanzar la riqueza y  la libertad en los países subdesarrollados. Seguir leyendo Cultura, civilización y riqueza – Armando Ribas

Globalización: ex umbris ad lucem? – Mario Šilar

GLOBALIZACIÓN: EX UMBRIS AD LUCEM?

(¿desde las tinieblas a la luz?)

Por Mario Šilar

10 de mayo de 2017

Fuente: Una versión abreviada se publicó en la edición nº 2436 de la revista Criterio. 

En tiempos en que las ideas políticas se debaten casi con la misma pasión con que se discutían los temas teológicos en el antiguo imperio bizantino, esgrimir y defender opiniones que van en contra de la tiranía light de lo políticamente correcto implica convertirse en una especie de “hereje secular”. En lo que atañe a la globalización, el pensamiento único obliga a mirar este maravilloso (sí, he escrito “maravilloso”) proceso con el ceño fruncido. El relato dominante consiste en adoptar una posición de sospecha cuando no de clara oposición al proceso globalizador. Según este paradigma, la globalización habría sido un fracaso estrepitoso: prometió lo que no pudo cumplir. Se suponía que la globalización iba a reducir la pobreza y la desigualdad y, sin embargo, estas variables –según el pensamiento dominante que invade a la opinión pública– no habrían dejado de aumentar durante los últimos lustros.

La cantinela no es nueva. Ya en el año 2002, el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz –miembro de gran influencia en la Academia Pontificia de Ciencias Sociales– publicaba una pequeña obra titulada El malestar en la globalización. El principal mensaje de aquel libro señalaba que la globalización en sí no era un problema aunque el modo en que se estaba gestionando debía reverse completamente. Posteriormente, Stiglitz fue incluso más lejos. En Rewriting the Rules of the American Economy (2015) propuso medidas para mitigar y “sosegar” el proceso globalizador. Quienes osan criticar estas propuestas desalentadoras de la globalización suelen ser etiquetados como “fundamentalistas de mercado”. Por su parte, quienes emiten voces de alarma ante la globalización se creen revestidos de un aura de superioridad moral. Al fin y al cabo, parece que solo a ellos les preocupa impulsar una globalización “con rostro humano”. ¿Quién podría ser tan desalmado como para oponerse a un objetivo tan noble?

Por lo tanto, ante la globalización sería obligado adoptar una posición de pretendida mesura. Se juega así con las típicas frases que apelan a una pseudo-virtud del justo medio. No se quiere ser ni un “pesimista acérrimo” ni un “optimista ingenuo”. Se dice entonces que la globalización “tiene sus luces y sus sombras”, a partes iguales; se dice también que la globalización no es la panacea que vaya a resolver todos los problemas humanos (¿de verdad alguien en su sano juicio cree que “algo de este mundo” permitirá acabar con los problemas humanos?). De todo esto se concluye que la globalización debe ser regulada y gestionada por la acción gubernamental; y aquí afloran los reclamos para dotar de más poderes y prerrogativas a los organismos internacionales (FMI, BM, ONU, etc.), cuando no de adoptar pasos decididos hacia un gobierno mundial, único ámbito desde el que se podría esperar cierto control eficaz del proceso globalizador. Todo esto para nuestro bien, obviamente, y el de los más desfavorecidos, que ya sabemos que los tecnócratas e intervencionistas siempre hacen las cosas pensando en el bien de los que más sufren…

Sin embargo, la realidad es bastante más compleja que los planteos maniqueos y pretendidamente mesurados nos quieren hacer creer. A pesar de todos los desafíos y problemas presentes, lo cierto es que nunca antes en la historia de la humanidad los seres humanos han gozado de los niveles de vida que se gozan en la actualidad. Según el informe Poverty and Shared Prosperity 2016, del Banco Mundial, en menos de veinticinco años las cifras globales absolutas de miseria –personas que viven en situación de pobreza extrema con menos de 1,90 dólares diarios– han caído más de la mitad, pasando de 1850 millones de pobres en el año 1990 a 767 millones en el año 2013. La cifra es incluso más impactante si se tiene en cuenta, además, el exponencial aumento de la población ocurrido en los últimos decenios. En efecto, mientras que el 35% de la población del planeta vivía bajo niveles de pobreza extrema en el año 1990, este porcentaje representaba en el año 2013 el 10,5%; disminución más impactante si se tiene en cuenta que la población del planeta casi se ha duplicado en los últimos treinta años. Dicho de manera simple: el planeta pasó de tener 1 de cada 3 habitantes viviendo en la pobreza extrema en el año 1990, a tener 1 de cada 10 en esta dramática situación en el año 2013. De hecho, la información más reciente del Banco Mundial (año 2015), ya ubica esta cifra por debajo del 10%. Pero se podría decir que el nivel de ingresos utilizado para determinar estas estadísticas es una variable limitada y de ningún modo la más relevante, ya que dice muy poco respecto de la calidad de vida de los seres humanos en la tierra. Sin embargo, el análisis más amplio de distintas variables, muestra que todas estas apuntan en la misma dirección. El analfabetismo, por ejemplo, ha caído del 40% en los años setenta, a algo menos del 15% en la actualidad. En nuestros días, el 50% de la población adulta mundial tiene un título educativo equivalente a la formación secundaria, en los años setenta este porcentaje era del 15%. Es decir, en muy poco tiempo se ha más que triplicado el número de personas con estudios (al tiempo que la población ha crecido notablemente). Y no se trata de un simple dato estadístico “frío”, como si se tratara de una simple formalidad propia de la estadística educativa. Los que se preocupan por “el rostro humano” de la globalización sabrán identificar con facilidad lo que esto representa en término de opciones vitales para el progreso personal, en las implicancias para la creación de nuevo capital humano, y en el fortalecimiento de las perspectivas vitales a las que abre la educación. Por otra parte, según cifras de la OMS, la esperanza de vida se ha incrementado en torno a cinco años, en todas las zonas del planeta. Además, en la actualidad, el 96% de los niños del planeta superan la edad de los cinco años. En los años setenta esta cifra era del 80%. Nuevamente, puede parecer un aumento no muy importante y un dato no muy significativo. Pero piénsese en la cantidad de seres humanos que no se han quebrado ante la aterradora y dolorosa experiencia –tal vez la más trágica que una persona pueda afrontar– de haber perdido un hijo pequeño. Globalización de rostro humano. Sí. No me quiero extender en el progreso de las condiciones sanitarias y en las estadísticas vinculadas a la mejora en el tratamiento de enfermedades de todo tipo, que se ubican en la misma tendencia (si se desean más detalles, se puede consultar uno de los trabajos recientes de Johan Norberg).

Sin embargo, y a pesar de las estadísticas que muestran mejoras contundentes, la globalización entendida como la extensión a escala planetaria de la libertad social y económica, sigue siendo presentada como una realidad ambivalente. No sería la globalización la que ha permitido impulsar estas mejoras, sino que estas se habrían alcanzado a pesar de la globalización. Según algunos, solo ideólogos, desalmados neoliberales, pueden animarse a vincular estas mejoras a la globalización. En efecto, la globalización es la nueva bestia negra y enemigo común señalado por los populismos, en su versiones de derecha o de izquierda. Ambos tipos de populismo se están extendiendo entre los países desarrollados. El pensamiento único obliga a mirar con sospecha a quienes hagan una defensa encendida de la globalización. No deja de ser sintomático que economistas como el citado Stiglitz –conocido referente intelectual de ideas socialdemócratas o socialistas– termine coincidiendo en el diagnóstico sobre la globalización con lo que propugnan los nuevos populismos de derecha en Europa y en los Estados Unidos.

El discurso de izquierda identifica la globalización con un proceso en el que las oligarquías del primer mundo consolidan sus cuotas de riqueza y bienestar al precio de diezmar vastas regiones de globo. Allí estarían ellos, los políticos sensatos para solucionar el desaguisado, tomarían medidas para controlar los excesos y lograr que “el pueblo” (esa categoría tan políticamente maleable y tan funcional a los intereses de parte) sea el que se beneficie de aquí en adelante. El discurso populista de derecha teje un discurso similar aunque señalando a otros buenos y a otros malos. Para el populismo de derecha los malos serían los extranjeros, los que están fuera de la jurisdicción del Estado nación. El extranjero es la figura amenazante que, fruto de la globalización, se presenta como una especie de potencial invasor, que pondría en peligro el nivel de vida y el bienestar alcanzado por una comunidad. Aunque las razones por las que se carga contra la globalización puedan diferir el diagnóstico que se propone desde ambos extremos del arco ideológico suele coincidir: ambos demandan un mayor control y una mayor limitación a la libre movilidad de personas, capitales, bienes y servicios. Muchos de los diagnósticos lúgubres sobre la situación actual suelen estar sesgados por esta postura ideológica de fondo. De aquí parte ese deseo, estadísticamente inexacto, de poner prácticamente en pie de igualdad las luces y las sombras de la globalización. De hecho, la relación entre los bienes que supone la globalización y los dramas que quedan por superar, en términos de magnitudes “lumínicas”, bien podría describirse metafóricamente de modo más ajustado como la relación que existe entre la potencia lumínica del sol y la presencia de manchas solares en este. Pero claro, esta imagen no daría muchos bríos retóricos para exigir mayores niveles de restricción a la libertad humana en aras de una nueva expansión del intervencionismo gubernamental.

En última instancia todo este debate sobre si globalización ¡sí!, globalización ¡no!, o globalización “sí… pero” (respuesta última bastante extendida entre muchos intelectuales y analistas próximos a la Iglesia, así como entre buena parte del clero) revela que sin un marco teórico sólido, las estadísticas de poco sirven y tan fácil es adoptar la postura A como su contraria no-A. Ante este escenario, puede ser comprensible que los mensajes y documentos pontificios tiendan adoptar una posición intermedia, concediendo un poco a ambas partes. Por una parte, es cierto que desde presupuestos conceptuales débiles la encendida defensa de la globalización a partir de las estadísticas señaladas puede ser susceptible de recibir una acusación de petición de principio. El que adopta una postura antiglobalización podría argüir que las abrumadoras mejoras señaladas no se deben al proceso globalizador sino a una estructura gubernamental y estatal fuerte –el “Estado presente” que defienden algunos– que ha permitido distribuir la riqueza para mejorar la situación media de amplios sectores de la población en diversos países. En última instancia se trata de otro modo de replicar el interminable debate sobre si primero hay que distribuir para crecer (suele ser el argumento de los que apoyan la injerencia fuerte del Estado en la vida social y económica), o apostar por un crecimiento económico que permita, eventualmente, la mejora en las condiciones socio-económicas de una comunidad. Explicar en detalle por qué una opción es viable y la otra inviable exigiría un análisis extenso de la importancia de la libertad –la globalización no sería más que un modo específico de canalizar esa libertad, conforme los medios tecnológicos actuales– para la prosperidad (se puede indagar sobre este tema en las obras de Deirdre McCloskey). En efecto, no cabe una disyuntiva entre prosperidad y libertad: las sociedades que renuncian a la libertad, tarde o temprano hacen colapsar también la prosperidad. Buena parte de la historia es un cementerio de comunidades que padecieron la debacle social fruto de destruir la libertad humana. Sucede que al reprimir la libertad humana se terminan esmerilando las fuerzas que anidan en las comunidades humanas. Se trata de fuerzas vinculadas al impulso emprendedor, creativo, asertivo, innovador que anida de modo múltiple e irreductible en todos y cada uno de los seres humanos. Es ese impulso o pathos por la acción humana libre el que está a la base, en definitiva, del progreso humano y de la mejora sobre los niveles de vida sobre la tierra. Obviamente, como bien afirma el P. Robert Sirico, este impulso de la acción creativa empresarial libre necesita de sólidas bases morales y culturales, y un contexto de ejercicio limitado del poder, en presencia de un estado de derecho sólido y justo, que respete la propiedad privada.

Se puede afirmar sin temor que la vida en la tierra, en términos absolutos, ha mejorado abrumadoramente en los últimos años, y ello ha sucedido gracias a la globalización. Esto no implica caer en la ideología progresista ni se pretende con ello decir que es posible engendrar el cielo en la tierra. La globalización no es una realidad sobrenatural, evidentemente. Sin embargo, tampoco hace falta dirigir una mirada torva sobre esta para con ello defender la perentoria necesidad de un orden moral, que dote de sentido a estas realidades. De hecho, la vida y el bienestar de millones de personas sobre el planeta depende de que la libertad económica y una genuina globalización sigan consolidándose y avanzando por todos los rincones del planeta.

 

 

Mario Šilar

Investigador senior del Acton Institute

msilar@institutoacton.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

Mario Šilar

Senior Researcher del Instituto Acton Argentina Es Bachiller, Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Hizo estudios de Posgrado en Organización y Gestión Educativa, en la Universidad Austral. Tiene un Máster en Derecho de la Integración Económica, por la Université Paris I Panthéon-Sorbonne y un Máster en Formación del Profesorado por la UNED (España). Es Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía por la Universidad de Navarra.

El futuro de Occidente – Armando Ribas

por Armando P. Ribas

Para Instituto Acton (Argentina)

30 de marzo de 2017

 

Existe la teoría de que en la historia las civilizaciones nacen, se desarrollan y mueren en un ciclo de vida semejante al de los seres vivos. Si analizamos la historia universal no cabe la menor duda de que el proceso descripto es su carácter esencial. Desde ese punto de vista parecería que eso que llamamos Occidente y que yo, tal como me pregunté en mi libro ¿Quién es Occidente?, no sé muy bien qué es lo que es, estaría viviendo su Zenit. Más allá del acceso de Japón a la segunda potencia industrial después de la Segunda Guerra Mundial, ahora surge la amenaza de que la antorcha en algún momento del siglo XXI sería pasada al Celeste Imperio donde viven hoy casi un quinto de la población mundial. Seguir leyendo El futuro de Occidente – Armando Ribas

¿Por qué son casi imposibles las reformas educativas?

23 de octubre de 2016

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Filosofía para mi

Permanentemente se ven videos, conferencias y artículos de reformas del sistema educativo. Algunos (como mi padre) han dedicado su vida a ello. Sin embargo, pasan las décadas y los gobiernos y el modelo tradicional de enseñanza, con el aula, las notas, sus premios y castigos, etc., sigue igual, tanto aquí como en otras partes del mundo. Seguir leyendo ¿Por qué son casi imposibles las reformas educativas?

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Globalización, cultura y libertad – Armando Ribas

por Armando Ribas

Octubre 2016

  “Las tierras producen menos en razón de su fertilidad que de la libertad de sus habitantes.”
 Alexis de Tocqueville

La globalización es un hecho incontrovertible, y ha sido el resultado del avance de la tecnología que tuviera lugar como consecuencia del descubrimiento de la libertad. Globalización no significa que ahora somos iguales, sino que podemos enterarnos de quienes son los otros. Hasta hace unos doscientos años la gente no sabía qué ocurría a treinta kilómetros de su vivienda. Hoy tomamos por dado la posibilidad de comunicarnos con la China caminando por la calle. Lo que podemos no saber es qué ocurre en los otros países, y que es posible que también se ignore en el propio, pues la política mantiene sus incógnitas. Seguir leyendo Globalización, cultura y libertad – Armando Ribas

La epistemología de la ética de la liberación de Enrique Dussel: Una lectura crítica – J.M. Larrú

20 de abril de 2016

Por José María Larrú

Para: Instituto Acton

  1. INTRODUCCIÓN

Analizar a un autor vivo aún, que en 1963 publica su primera obra (Dussel 1963) y sigue publicando (Dussel 2014) es un objetivo intrépido por no decir imprudente. Dussel tiene más de 50 libros publicados y cuatro centenas de artículos. Su CV –sólo hasta 2007- ocupa 78 páginas (Dussel 2007). Por eso es necesario acotar desde el principio el objetivo de este trabajo. Se trata de un primer acercamiento crítico-reflexivo a la obra de Enrique Dussel con varios acentos o centros de interés personal. Seguir leyendo La epistemología de la ética de la liberación de Enrique Dussel: Una lectura crítica – J.M. Larrú

La misericordia, desafío para la Iglesia

Editorial Abril 2016 Revista Criterio (Argentina)

El Jubileo de la Misericordia, que se inauguró el 8 de diciembre de 2015 es la oportunidad para una renovada reflexión sobre esta virtud tan central en nuestra fe, para remontarse a su verdadera esencia, su fuente, su sentido, poniendo de manifiesto la unidad profunda de esa multiplicidad tan rica y variada de sus expresiones concretas. De esta manera incluso podrían emerger aspectos de la misericordia que habitualmente son soslayados. Seguir leyendo La misericordia, desafío para la Iglesia