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¿Por qué seguir en la Iglesia a pesar de la tormenta? Ratzinger ya lo planteó y respondió en 1970

Joseph Ratzinger

Fuente: Religión en Libertad

22 de octubre de 2018

 

Hace escasas fechas, George Weigel, biógrafo de San Juan Pablo II, se refería a 2018 como un annus horribilis católico. El contexto es conocido: la renuncia en pleno del episcopado chileno, el caso del cardenal Theodore McCarrick, el informe del gran jurado de Pensilvania o el que empieza a conocerse en Alemania, el terremoto originado por el testimonio del arzobispo Carlo Maria Viganò y las enfrentadas reacciones subsiguientes, o el inicio inminente de un sínodo sobre los jóvenes cuyo punto de partida inquieta no menos al mismo Weigel que al arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput.

“Un acontecimiento de gran importancia ha comenzado: la Iglesia se apaga en las almas y se disgrega en las comunidades”. Estas palabras parecen pensadas para describir el momento, pero son de 1970 y las pronunció en una conferencia, parafraseando a Romano Guardini (“Un acontecimiento de gran importancia ha comenzado: la Iglesia despierta en las almas”, había dicho en 1921), un reputado teólogo, perito en el reciente Concilio Vaticano II, llamado Joseph Ratzinger. Medio siglo después, ya como Papa, les haría eco su célebre afirmación de que “en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento”.

Las inquietudes del teólogo y pastor Ratzinger en 1970 se referían al “vacío desconcertante”,  la “extraña situación de confusión” y la “disgregación” del postconcilio, acumulación de “muchos y opuestos motivos para no permanecer en la Iglesia”. La misma desazón que se apodera hoy de numerosos católicos ante el predominio mediático de todo cuanto pueda perjudicar a la Iglesia y la evidencia de que, por interesado y manipulador que pueda resultar ese predominio, responde a lo que el mismo Francisco ha reconocido como “atrocidades cometidas por personas consagradas”.

En ese sentido, la conferencia del obispo Ratzinger es un auténtico bálsamo para este annus horribilis, porque aporta criterios de fe y de razón para la esperanza y la fidelidad en medio de la tormenta. La pronunció el 11 de junio de 1970 en Múnich por invitación de la Katholischen Akademie de Baviera, y se recoge en un volumen compartido con Hans Urs von Balthasar precisamente para responder a la cuestión de por qué seguir siendo cristiano y miembro de la Iglesia en los momentos en los que la bate la tormenta.

El texto ha sido traducido y preparado por el sacerdote y teólogo Pablo Cervera para su inclusión en el tomo VIII/2 (La Iglesia, signo entre los pueblos, de aparición en enero de 2019) de las Obras Completas de Joseph Ratzinger.

Las causas de que alguien pueda pensar en abandonar la Iglesia

De la exposición que hace el futuro pontífice pueden deducirse algunas causas por las que la Iglesia ha llegado a una situación como la que él mismo describe.

La eficacia como criterio supremo

“La perspectiva contemporánea”, afirma, “ha determinado nuestra mirada sobre la Iglesia, de tal modo que hoy prácticamente sólo vemos la Iglesia desde el punto de vista de la eficacia, preocupados por descubrir qué es lo que podemos hacer con ella… Para nosotros hoy no es nada más que una organización que se puede transformar, y nuestro gran problema es el de determinar cuáles son los cambios que la harían «más eficaz» para los objetivos particulares que cada uno se propone”.

Con este concepto, la conversión personal pasa a un segundo plano. El “núcleo central” de cualquier “reforma” en la Iglesia “es un proceso espiritual, totalmente cercano al cambio de vida y a la conversión, que entra de lleno en el corazón del fenómeno cristiano: solamente a través de la conversión se llega a ser cristianos; esto vale tanto para la vida particular de cada uno como para la historia de toda la Iglesia”.

Obsesión por las estructuras

Como consecuencia de lo anterior, abandonado el “esfuerzo y el deseo de conversión”, se espera la salvación “únicamente del cambio de los demás, de la transformación de las estructuras, de formas siempre nuevas de adaptación a los tiempos”. Lo reformable son entonces solo “las realidades secundarias y menos importantes de la Iglesia. No es de extrañar, por tanto, que la misma Iglesia aparezca en definitiva como algo secundario”.

La obsesión contra “las estructuras” se convierte así en “una sobrevaloración del elemento institucional de la Iglesia sin precedentes en su historia”, de modo que “para muchos la Iglesia queda reducida a esa realidad institucional” y “la pregunta sobre la Iglesia se plantea en términos de organización“.

Las interpretaciones sustituyen a la fe

Ratzinger alerta de que los aplausos a la Iglesia ante ciertos cambios provienen de “aquellos que no [tienen] ninguna intención de llegar a ser creyentes en el sentido de la tradición cristiana, pero [saludan] este «progreso» de la Iglesia como una confirmación de sus propias opciones y de los caminos recorridos por ellos”.

Eso fuera de la Iglesia. Pero dentro sucede algo parecido, con la incertidumbre introducida por interpretaciones de la fe en las que “las verdades pierden sus propios contornos”, con lo cual “los límites entre la interpretación y la negación de las verdades principales se hacen cada vez más difíciles de reconocer“.

Ratzinger lo dice sin tapujos: “El derecho de ciudadanía que la incredulidad ha adquirido en la Iglesia vuelve la situación cada vez más insoportable tanto para unos como para otros”.

Denigración de la Iglesia histórica

Cuando los católicos aceptan e incluso propagan la mayor parte del discurso anticatólico sobre el pasado de la Iglesia, siembran la semilla del abandono de la fe.

La Iglesia siempre se vio a sí misma como “el gran estandarte escatológico visible desde lejos que convocaba y reunía a los hombres. Según el concilio de 1870, ella era el signo esperado por el profeta Isaías (11,12), la señal que incluso desde lejos todos podían reconocer y que a todos indicaba claramente el camino a recorrer. Con su maravillosa propagación, su eminente santidad, su fecundidad para todo lo bueno y su profunda estabilidad, ella representaba el verdadero milagro del cristianismo, la mejor prueba de su credibilidad ante la historia”.

Hoy, incluso desde dentro de la Iglesia se traslada la idea de que es “no una comunidad maravillosamente difundida, sino una asociación estancada…; no ya una profunda santidad, sino un conjunto de debilidades humanas, una historia vergonzosa y humillante, en la que no ha faltado ningún escándalo… de modo que quien pertenece a esa historia no puede hacer otra cosa que cubrirse vergonzosamente la cara… Así, la Iglesia no aparece ya como el signo que invita a la fe, sino precisamente como el obstáculo principal para su aceptación“.

Razones para seguir en la Iglesia

“Ante la situación presente, ¿cómo se puede justificar la permanencia en la Iglesia?”, se pregunta Ratzinger, como pueden estar preguntándose hoy miles de católicos: “Dicho en otros términos: la opción por la Iglesia, para que tenga sentido, ha de ser espiritual. Pero ¿en qué puede apoyarse una opción espiritual?” Igual que vale la pregunta, valen también las respuestas que proponía entonces el futuro Benedicto XVI.

Porque la Iglesia no es nuestra, sino “Suya”

“Permanezco en la Iglesia”, explica, “porque creo que hoy como ayer, e independientemente de nosotros, detrás de «nuestra Iglesia» vive «Su Iglesia», y que no puedo estar cerca de Él si no es permaneciendo en su Iglesia. Permanezco en la Iglesia porque, a pesar de todo, creo que no es en el fondo nuestra sino «Suya». Dicho en términos muy concretos: es la Iglesia la que, no obstante todas las debilidades humanas existentes en ella, nos da a Jesucristo; solamente por medio de ella puedo yo recibirlo como una realidad viva y poderosa, que me interpela aquí y ahora”.

Por eso, “quien desea la presencia de Cristo en la humanidad, no la puede encontrar contra la Iglesia, sino solamente en ella“.

Porque no se puede ser cristiano en solitario

“No se puede creer en solitario”, dice el futuro Papa: “La fe sólo es posible en comunión con otros creyentes. La fe, por su misma naturaleza, es fuerza que une. Su verdadero modelo es la realidad de Pentecostés, el milagro de compresión que se establece entre las personas de procedencia y de historia diversas. Esta fe o es eclesial o no es tal fe”.

Porque la fe no puede ser una elección personal

Esa eclesialidad es garantía contra el capricho y la volubilidad de la creencia puramente privada: “Además, así como no se puede creer en solitario, sino sólo en comunión con otros, tampoco se puede tener fe por iniciativa propia o invención, sino sólo si existe alguien que me comunica esta capacidad, que no está en mi poder, sino que me precede y me trasciende. Una fe que fuese fruto de mi invención sería un contrasentido“.

Si fuese algo puramente personal, la fe “me podría decir y garantizar solamente lo que yo ya soy y sé, pero nunca podría superar los límites de mi yo. Por eso una Iglesia, una comunidad que se hiciese a sí misma, que estuviese fundada sólo sobre la propia gracia, sería un contrasentido. La fe exige una comunidad que tenga poder y sea superior a mí, y no una creación mía ni el instrumento de mis propios deseos“.

“Todo esto se puede formular también desde un punto de vista más histórico“, precisa Ratzinger, atendiendo a la condición divina de Jesús. Porque si Jesús no fue un ser superior al hombre, “yo me encontraría al arbitrio de mis reconstrucciones mentales y Él no sería nada más que un gran fundador, que se hace presente a través de un pensamiento renovado. Si en cambio Jesús es algo más, Él no depende de mis reconstrucciones mentales, sino que su poder es válido todavía hoy”.

Porque el mundo sin Cristo sería peor

“¿Qué sería el mundo sin Cristo, sin un Dios que habla y se manifiesta, que conoce al hombre y a quien el hombre puede conocer?”, se pregunta el que sería pocos años después arzobispo de Múnich: “La respuesta nos la dan clara y nítida quienes con tenacidad enconada tratan de construir efectivamente un mundo sin Dios“, dice en clara referencia a los totalitarismos del siglo XX, erigidos con la finalidad expresa de prescindir de Él.

“Permanezco en la Iglesia”, resuelve entonces, “porque creo que la fe, realizable solamente en ella y nunca contra ella, es una verdadera necesidad para el hombre y para el mundo. Este vive de la fe aun allí donde no la comparte. De hecho, donde ya no hay Dios —y un Dios que calla no es Dios— no existe tampoco la verdad que es anterior al mundo y al hombre”.

Porque solo la Iglesia salva al hombre, por la Cruz

“El mismo pensamiento puede ser expresado de otra manera: permanezco en la Iglesia porque solamente la fe de la Iglesia salva al hombre“, afirma a continuación el teólogo de prestigio que era el interviniente. Hace un repaso de las erradas corrientes de pensamiento moderno (cita a FreudJungMarcuseAdornoHabermasMarx) que buscan la salvación del hombre: “El gran ideal de nuestra generación es una sociedad libre de la tiranía, del dolor y de la injusticia”. Es “un impulso fundamentalmente cristiano, pero el pensar que a través de las reformas sociales y la eliminación del dominio y del ordenamiento jurídico se puede conseguir aquí y ahora un mundo libre de dolor, es una doctrina errónea, que desconoce profundamente la naturaleza humana“.

En efecto, “se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión entre lo que se debería ser y lo que efectivamente se es”. Pero “en realidad, el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos del mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre. Todas las demás ofertas a mejor precio están destinadas al fracaso”.

Porque la verdad de la Iglesia no son solo sus debilidades

Estas verdades necesitan ser dichas, no escondidas, porque “la esperanza del cristianismo y la suerte de la fe dependen de algo muy simple: de su capacidad para decir la verdad. La suerte de la fe es la suerte de la verdad; esta puede ser oscurecida y pisoteada, pero jamás destruida”.

Y la verdad es que la Iglesia no se reduce a sus debilidades, sino que, “junto a la historia de los escándalos, existe también la de la fe fuerte e intrépida, que ha dado sus frutos a través de todos los siglos en grandes figuras”.

Porque necesitamos la belleza de la Iglesia

La belleza que ha aportado la Iglesia al mundo es uno de los grandes argumentos a su favor: “También la belleza surgida bajo el impulso de su mensaje, y que vemos plasmada aún hoy en incomparables obras de arte, se convierte para él en un testimonio de verdad: lo que se traduce en expresiones tan nobles no puede ser solamente tinieblas… La belleza es el resplandor de la verdad, ha afirmado Tomás de Aquino, y podríamos añadir que la ofensa a la belleza es la autoironía de la verdad perdida. Las expresiones en que la fe ha sabido darse a lo largo de la historia son testimonio y confirmación de su verdad”.

Porque la Iglesia está llena de personas que lo merecen

Un argumento que valía hace medio siglo como hoy y siempre a lo largo de dos mil años: “Si se tienen los ojos abiertos, también hoy se pueden encontrar personas que son un testimonio viviente de la fuerza liberadora de la fe cristiana. Y no es una vergüenza ser y permanecer cristianos en virtud de estos hombres que, viviendo un cristianismo auténtico, nos lo hacen digno de fe y de amor“.

Porque esos hombres son una prueba viviente de la presencia de Dios: “¿No figura acaso como una prueba relevante en favor del cristianismo el hecho de que haga más humanos a los hombres en el mismo momento en que los une a Dios? Este elemento subjetivo ¿no es también al mismo tiempo un dato objetivo del cual no hemos de avergonzarnos ante nadie?”

Porque amamos a la Iglesia

Es la razón fundamental porque la que seguimos en ella, y con la que concluye la conferencia de Joseph Ratzinger: la amamos, y por eso queremos limpiarla de nuestras propias miserias: “El amor no es estático ni acrítico. La única posibilidad de que disponemos para cambiar en sentido positivo a una persona es la de amarla, transformándola lentamente de lo que es en lo que puede ser. ¿Sucederá de distinto modo en la Iglesia?”.

En resumen: “No valdría la pena permanecer en una Iglesia que, para ser acogedora y digna de ser habitada, tuviera necesidad de ser hecha por nosotros; sería un contrasentido. Permanecer en la Iglesia porque ella es en sí misma digna de permanecer en el mundo, digna de ser amada y transformada por el amor en lo que debe ser, es el camino que también hoy nos enseña la responsabilidad de la fe”.

 

BENEDICTO XVI: “LA IGLESIA NECESITA PASTORES QUE RESISTAN A LA DICTADURA DEL ESPÍRITU DEL TIEMPO”

16 de julio de 2017

Fuente: Religión en Libertad

 

El cardenal Meisner, arzobispo emérito de Colonia, falleció el pasado 5 de julio y este sábado se celebró una Misa funeral en la catedral de Colonia, presidida por el cardenal Woelki. Durante la celebración, se leyó una carta enviada por el Papa emérito Benedicto XVI, íntimo amigo del purpurado, en la que afirmaba que había hablado telefónicamente con él un día antes de su muerte. Seguir leyendo BENEDICTO XVI: “LA IGLESIA NECESITA PASTORES QUE RESISTAN A LA DICTADURA DEL ESPÍRITU DEL TIEMPO”

Benedicto XVI: “Contra el ateísmo y el radicalismo integralista sirve una concepción de Estado que convenza” – Federico Cenci

Por Federico Cenci

Fuente: Zenit 

20 de abril de 2017

  “La contraposición entre las concepciones de un Estado radicalmente ateo y el surgir de un Estado radicalmente religioso en los movimientos islamistas, conduce en nuestro tiempo a una situación explosiva, cuyas consecuencias sentimos cada día”. Cuatro años han pasado de la renuncia de Benedicto XVI al pontificado, pero su lúcida visión sigue iluminando. Seguir leyendo Benedicto XVI: “Contra el ateísmo y el radicalismo integralista sirve una concepción de Estado que convenza” – Federico Cenci

El problema de la razón moderna y el Estado de Derecho según Joseph Ratzinger – Daniel Herrera

Por Daniel Herrera
(Prof. Filosofía del Derecho, UCA)

1. Planteo de la cuestión.

Para esta presentación venía trabajando en otro tema y ya la tenía medio armada, hasta que el 11 F (como se dice ahora) cambió la historia y también la historia de mi disertación. Más allá que a diferencia de otros días muy anunciados y esperados en los que finalmente no pasó nada, el 11 F no se esperaba nada especial, parecía que iba a ser un día como cualquier otro y sin embargo ese día se produjo un acontecimiento absolutamente extraordinario, fuera de lo común, como fue el hecho de la renuncia del Papa con todas las connotaciones que eso implica en cualquier sucesión papal y especialmente por la particularidad de la situación y que sin perjuicio de estar contemplada en el derecho canónico no ocurría desde hace más de 600 años, modificando a futuro la idea instalada de que el papado es un cargo necesariamente vitalicio. En este caso especial, se trata de un gran Papa, verdadero maestro, pastor y padre. Se trata del Papa Ratzinger, Benedicto XVI. Seguir leyendo El problema de la razón moderna y el Estado de Derecho según Joseph Ratzinger – Daniel Herrera

El camino intelectual y espiritual de Rantzinger – Pablo Gianera

Diciembre de 2016

Por Pablo Gianera

Fuente: Revista Criterio  / (Revista impresa nº 2432, 2016)

 

El itinerario vital de Joseph Ratzinger es impensable al margen de su evolución intelectual. A partir de la lectura de sus escritos más autobiográficos –y es necesario incluir entre ellos sus volúmenes de conversaciones con Peter Seewald–, resulta difícil no concluir que no existían para él las casualidades, que los de las ideas y de la acción eran mundos indiferenciados. Esto le quedó claro ya muy temprano cuando, al lado de su carrera académica, optó por ser ordenado sacerdote. Fue en la catedral de Frisinga el día de San Pedro y San Pablo de 1951. El arco cronológico que une ese día con su papado enmarca una de las aventuras espirituales más significativas de nuestro tiempo. Seguir leyendo El camino intelectual y espiritual de Rantzinger – Pablo Gianera

Conmemoración del 65 aniversario de la ordenación sacerdotal del Papa emérito Benedicto XVI

7 de julio de 2016

Fuente: Vatican.va

 

Sala Clementina
Martes 28 de junio de 2016

PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO

Santidad:

Hoy festejamos la historia de una llamada que inició hace sesenta y cinco años con Su ordenación sacerdotal, que tuvo lugar en la catedral de Frisinga el 29 de junio de 1951. Pero, ¿cuál es la nota de fondo que recorre esta larga historia y que desde aquel primer inicio hasta hoy la domina cada vez más? Seguir leyendo Conmemoración del 65 aniversario de la ordenación sacerdotal del Papa emérito Benedicto XVI

La mole del mal y la misericordia, según el teólogo Ratzinger – José Luis Restán

23 de marzo de 2016

Por José Luis Restán

Fuente: Religión en Libertad

L’Osservatore Romano ha publicado una entrevista realizada por el teólogo jesuita Jacques Servais al Papa emérito Benedicto XVI, contenida en un libro que recoge las actas de un Congreso organizado por la Compañía de Jesús en octubre de 2015. En realidad el texto había sido leído públicamente por Mons. Gänswein en dicho Congreso, pero hasta el momento era desconocido para el público. Lo más impresionante de su lectura es que vemos en acción, una vez más, la viveza y creatividad del teólogo Ratzinger, atentísimo a la encrucijada histórica del mundo y de la Iglesia. Seguir leyendo La mole del mal y la misericordia, según el teólogo Ratzinger – José Luis Restán

La ley de Benedicto – Samuel Gregg

16 de marzo de 2016

Por Samuel Gregg

Fuente: Public Discourse – Witherspoon Institute 

Pope Benedict XVI often ventured into venues historically hostile to the Judeo-Christian tradition. A new collection of essays discusses many of these speeches, probing the relationship of reason to religion, the West, and natural law. Seguir leyendo La ley de Benedicto – Samuel Gregg

Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg

Benedicto XVI: La renuncia a la verdad es letal para la fe – Juan C. Sanahuja

Enero de 2016

Por Juan C. Sanahuja

Fuente: Infocatólica

Cientos de alumnos de la Pontificia Universidad Urbaniana, escucharon con atención el mensaje que el Sumo Pontífice Emérito, Benedicto XVI, ha enviado con ocasión de la inauguración de un aula magna que lleva su nombre. El papa emérito ha advertido que el diálogo no puede sustituir a la misión evangelizadora y ha advertido que «aunque la renuncia a la verdad parece real y útil para la paz entre las religiones del mundo. Y aún así, sigue siendo letal para la fe». Además, ha señalado que «el hombre se hace más pequeño, no más grande, cuando no hay espacio para la mirada dirigida a Dios». Seguir leyendo Benedicto XVI: La renuncia a la verdad es letal para la fe – Juan C. Sanahuja

Hay impureza en el corazón del hombre y otra que llega de fuera: Benedicto XVI a sus ex-alumnos

Fuente: Aletheia / ReL

http://www.religionenlibertad.com/hay-impureza-en-el-corazon-del-hombre-y-otra-que-llega-44641.htm

1 de septiembre de 2015

“Verdad, amor y bondad que vienen de Dios hacen al hombre puro, y verdad, amor y bondad se encuentran en la Palabra, que libera del ‘olvido’ de un mundo que no piensa más en Dios”, dijo el Papa emérito Benedicto XVI explicando la “purificación del corazón” al celebrar la misa este domingo 30 de agosto en la iglesia del Camposanto Teutónico en el Vaticano. Seguir leyendo Hay impureza en el corazón del hombre y otra que llega de fuera: Benedicto XVI a sus ex-alumnos