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Globalización: ex umbris ad lucem? – Mario Šilar

GLOBALIZACIÓN: EX UMBRIS AD LUCEM?

(¿desde las tinieblas a la luz?)

Por Mario Šilar

10 de mayo de 2017

Fuente: Una versión abreviada se publicó en la edición nº 2436 de la revista Criterio. 

En tiempos en que las ideas políticas se debaten casi con la misma pasión con que se discutían los temas teológicos en el antiguo imperio bizantino, esgrimir y defender opiniones que van en contra de la tiranía light de lo políticamente correcto implica convertirse en una especie de “hereje secular”. En lo que atañe a la globalización, el pensamiento único obliga a mirar este maravilloso (sí, he escrito “maravilloso”) proceso con el ceño fruncido. El relato dominante consiste en adoptar una posición de sospecha cuando no de clara oposición al proceso globalizador. Según este paradigma, la globalización habría sido un fracaso estrepitoso: prometió lo que no pudo cumplir. Se suponía que la globalización iba a reducir la pobreza y la desigualdad y, sin embargo, estas variables –según el pensamiento dominante que invade a la opinión pública– no habrían dejado de aumentar durante los últimos lustros.

La cantinela no es nueva. Ya en el año 2002, el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz –miembro de gran influencia en la Academia Pontificia de Ciencias Sociales– publicaba una pequeña obra titulada El malestar en la globalización. El principal mensaje de aquel libro señalaba que la globalización en sí no era un problema aunque el modo en que se estaba gestionando debía reverse completamente. Posteriormente, Stiglitz fue incluso más lejos. En Rewriting the Rules of the American Economy (2015) propuso medidas para mitigar y “sosegar” el proceso globalizador. Quienes osan criticar estas propuestas desalentadoras de la globalización suelen ser etiquetados como “fundamentalistas de mercado”. Por su parte, quienes emiten voces de alarma ante la globalización se creen revestidos de un aura de superioridad moral. Al fin y al cabo, parece que solo a ellos les preocupa impulsar una globalización “con rostro humano”. ¿Quién podría ser tan desalmado como para oponerse a un objetivo tan noble?

Por lo tanto, ante la globalización sería obligado adoptar una posición de pretendida mesura. Se juega así con las típicas frases que apelan a una pseudo-virtud del justo medio. No se quiere ser ni un “pesimista acérrimo” ni un “optimista ingenuo”. Se dice entonces que la globalización “tiene sus luces y sus sombras”, a partes iguales; se dice también que la globalización no es la panacea que vaya a resolver todos los problemas humanos (¿de verdad alguien en su sano juicio cree que “algo de este mundo” permitirá acabar con los problemas humanos?). De todo esto se concluye que la globalización debe ser regulada y gestionada por la acción gubernamental; y aquí afloran los reclamos para dotar de más poderes y prerrogativas a los organismos internacionales (FMI, BM, ONU, etc.), cuando no de adoptar pasos decididos hacia un gobierno mundial, único ámbito desde el que se podría esperar cierto control eficaz del proceso globalizador. Todo esto para nuestro bien, obviamente, y el de los más desfavorecidos, que ya sabemos que los tecnócratas e intervencionistas siempre hacen las cosas pensando en el bien de los que más sufren…

Sin embargo, la realidad es bastante más compleja que los planteos maniqueos y pretendidamente mesurados nos quieren hacer creer. A pesar de todos los desafíos y problemas presentes, lo cierto es que nunca antes en la historia de la humanidad los seres humanos han gozado de los niveles de vida que se gozan en la actualidad. Según el informe Poverty and Shared Prosperity 2016, del Banco Mundial, en menos de veinticinco años las cifras globales absolutas de miseria –personas que viven en situación de pobreza extrema con menos de 1,90 dólares diarios– han caído más de la mitad, pasando de 1850 millones de pobres en el año 1990 a 767 millones en el año 2013. La cifra es incluso más impactante si se tiene en cuenta, además, el exponencial aumento de la población ocurrido en los últimos decenios. En efecto, mientras que el 35% de la población del planeta vivía bajo niveles de pobreza extrema en el año 1990, este porcentaje representaba en el año 2013 el 10,5%; disminución más impactante si se tiene en cuenta que la población del planeta casi se ha duplicado en los últimos treinta años. Dicho de manera simple: el planeta pasó de tener 1 de cada 3 habitantes viviendo en la pobreza extrema en el año 1990, a tener 1 de cada 10 en esta dramática situación en el año 2013. De hecho, la información más reciente del Banco Mundial (año 2015), ya ubica esta cifra por debajo del 10%. Pero se podría decir que el nivel de ingresos utilizado para determinar estas estadísticas es una variable limitada y de ningún modo la más relevante, ya que dice muy poco respecto de la calidad de vida de los seres humanos en la tierra. Sin embargo, el análisis más amplio de distintas variables, muestra que todas estas apuntan en la misma dirección. El analfabetismo, por ejemplo, ha caído del 40% en los años setenta, a algo menos del 15% en la actualidad. En nuestros días, el 50% de la población adulta mundial tiene un título educativo equivalente a la formación secundaria, en los años setenta este porcentaje era del 15%. Es decir, en muy poco tiempo se ha más que triplicado el número de personas con estudios (al tiempo que la población ha crecido notablemente). Y no se trata de un simple dato estadístico “frío”, como si se tratara de una simple formalidad propia de la estadística educativa. Los que se preocupan por “el rostro humano” de la globalización sabrán identificar con facilidad lo que esto representa en término de opciones vitales para el progreso personal, en las implicancias para la creación de nuevo capital humano, y en el fortalecimiento de las perspectivas vitales a las que abre la educación. Por otra parte, según cifras de la OMS, la esperanza de vida se ha incrementado en torno a cinco años, en todas las zonas del planeta. Además, en la actualidad, el 96% de los niños del planeta superan la edad de los cinco años. En los años setenta esta cifra era del 80%. Nuevamente, puede parecer un aumento no muy importante y un dato no muy significativo. Pero piénsese en la cantidad de seres humanos que no se han quebrado ante la aterradora y dolorosa experiencia –tal vez la más trágica que una persona pueda afrontar– de haber perdido un hijo pequeño. Globalización de rostro humano. Sí. No me quiero extender en el progreso de las condiciones sanitarias y en las estadísticas vinculadas a la mejora en el tratamiento de enfermedades de todo tipo, que se ubican en la misma tendencia (si se desean más detalles, se puede consultar uno de los trabajos recientes de Johan Norberg).

Sin embargo, y a pesar de las estadísticas que muestran mejoras contundentes, la globalización entendida como la extensión a escala planetaria de la libertad social y económica, sigue siendo presentada como una realidad ambivalente. No sería la globalización la que ha permitido impulsar estas mejoras, sino que estas se habrían alcanzado a pesar de la globalización. Según algunos, solo ideólogos, desalmados neoliberales, pueden animarse a vincular estas mejoras a la globalización. En efecto, la globalización es la nueva bestia negra y enemigo común señalado por los populismos, en su versiones de derecha o de izquierda. Ambos tipos de populismo se están extendiendo entre los países desarrollados. El pensamiento único obliga a mirar con sospecha a quienes hagan una defensa encendida de la globalización. No deja de ser sintomático que economistas como el citado Stiglitz –conocido referente intelectual de ideas socialdemócratas o socialistas– termine coincidiendo en el diagnóstico sobre la globalización con lo que propugnan los nuevos populismos de derecha en Europa y en los Estados Unidos.

El discurso de izquierda identifica la globalización con un proceso en el que las oligarquías del primer mundo consolidan sus cuotas de riqueza y bienestar al precio de diezmar vastas regiones de globo. Allí estarían ellos, los políticos sensatos para solucionar el desaguisado, tomarían medidas para controlar los excesos y lograr que “el pueblo” (esa categoría tan políticamente maleable y tan funcional a los intereses de parte) sea el que se beneficie de aquí en adelante. El discurso populista de derecha teje un discurso similar aunque señalando a otros buenos y a otros malos. Para el populismo de derecha los malos serían los extranjeros, los que están fuera de la jurisdicción del Estado nación. El extranjero es la figura amenazante que, fruto de la globalización, se presenta como una especie de potencial invasor, que pondría en peligro el nivel de vida y el bienestar alcanzado por una comunidad. Aunque las razones por las que se carga contra la globalización puedan diferir el diagnóstico que se propone desde ambos extremos del arco ideológico suele coincidir: ambos demandan un mayor control y una mayor limitación a la libre movilidad de personas, capitales, bienes y servicios. Muchos de los diagnósticos lúgubres sobre la situación actual suelen estar sesgados por esta postura ideológica de fondo. De aquí parte ese deseo, estadísticamente inexacto, de poner prácticamente en pie de igualdad las luces y las sombras de la globalización. De hecho, la relación entre los bienes que supone la globalización y los dramas que quedan por superar, en términos de magnitudes “lumínicas”, bien podría describirse metafóricamente de modo más ajustado como la relación que existe entre la potencia lumínica del sol y la presencia de manchas solares en este. Pero claro, esta imagen no daría muchos bríos retóricos para exigir mayores niveles de restricción a la libertad humana en aras de una nueva expansión del intervencionismo gubernamental.

En última instancia todo este debate sobre si globalización ¡sí!, globalización ¡no!, o globalización “sí… pero” (respuesta última bastante extendida entre muchos intelectuales y analistas próximos a la Iglesia, así como entre buena parte del clero) revela que sin un marco teórico sólido, las estadísticas de poco sirven y tan fácil es adoptar la postura A como su contraria no-A. Ante este escenario, puede ser comprensible que los mensajes y documentos pontificios tiendan adoptar una posición intermedia, concediendo un poco a ambas partes. Por una parte, es cierto que desde presupuestos conceptuales débiles la encendida defensa de la globalización a partir de las estadísticas señaladas puede ser susceptible de recibir una acusación de petición de principio. El que adopta una postura antiglobalización podría argüir que las abrumadoras mejoras señaladas no se deben al proceso globalizador sino a una estructura gubernamental y estatal fuerte –el “Estado presente” que defienden algunos– que ha permitido distribuir la riqueza para mejorar la situación media de amplios sectores de la población en diversos países. En última instancia se trata de otro modo de replicar el interminable debate sobre si primero hay que distribuir para crecer (suele ser el argumento de los que apoyan la injerencia fuerte del Estado en la vida social y económica), o apostar por un crecimiento económico que permita, eventualmente, la mejora en las condiciones socio-económicas de una comunidad. Explicar en detalle por qué una opción es viable y la otra inviable exigiría un análisis extenso de la importancia de la libertad –la globalización no sería más que un modo específico de canalizar esa libertad, conforme los medios tecnológicos actuales– para la prosperidad (se puede indagar sobre este tema en las obras de Deirdre McCloskey). En efecto, no cabe una disyuntiva entre prosperidad y libertad: las sociedades que renuncian a la libertad, tarde o temprano hacen colapsar también la prosperidad. Buena parte de la historia es un cementerio de comunidades que padecieron la debacle social fruto de destruir la libertad humana. Sucede que al reprimir la libertad humana se terminan esmerilando las fuerzas que anidan en las comunidades humanas. Se trata de fuerzas vinculadas al impulso emprendedor, creativo, asertivo, innovador que anida de modo múltiple e irreductible en todos y cada uno de los seres humanos. Es ese impulso o pathos por la acción humana libre el que está a la base, en definitiva, del progreso humano y de la mejora sobre los niveles de vida sobre la tierra. Obviamente, como bien afirma el P. Robert Sirico, este impulso de la acción creativa empresarial libre necesita de sólidas bases morales y culturales, y un contexto de ejercicio limitado del poder, en presencia de un estado de derecho sólido y justo, que respete la propiedad privada.

Se puede afirmar sin temor que la vida en la tierra, en términos absolutos, ha mejorado abrumadoramente en los últimos años, y ello ha sucedido gracias a la globalización. Esto no implica caer en la ideología progresista ni se pretende con ello decir que es posible engendrar el cielo en la tierra. La globalización no es una realidad sobrenatural, evidentemente. Sin embargo, tampoco hace falta dirigir una mirada torva sobre esta para con ello defender la perentoria necesidad de un orden moral, que dote de sentido a estas realidades. De hecho, la vida y el bienestar de millones de personas sobre el planeta depende de que la libertad económica y una genuina globalización sigan consolidándose y avanzando por todos los rincones del planeta.

 

 

Mario Šilar

Investigador senior del Acton Institute

msilar@institutoacton.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

Mario Šilar

Senior Researcher del Instituto Acton Argentina Es Bachiller, Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Hizo estudios de Posgrado en Organización y Gestión Educativa, en la Universidad Austral. Tiene un Máster en Derecho de la Integración Económica, por la Université Paris I Panthéon-Sorbonne y un Máster en Formación del Profesorado por la UNED (España). Es Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Individualismo y libertad. Reflexiones sobre un discurso de Francisco – Rev. Robert Sirico

Junio de 2017

Por Rev. Robert Sirico

Fuente: Revista Criterio

En un reciente mensaje a la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales el papa Francisco señala algunas preocupaciones morales acerca de un fenómeno que, según sus palabras, supone una “invasión en los niveles más altos de la cultura y la educación, tanto en las universidades como en las escuelas”: se trata del “individualismo libertario”. Seguir leyendo Individualismo y libertad. Reflexiones sobre un discurso de Francisco – Rev. Robert Sirico

Una relectura a medio siglo de la “Populorum Progressio” – Germán Masserdotti

UNA RELECTURA A MEDIO SIGLO DE LA “POPULORUM PROGRESSIO”

La encíclica fue tan novedosa como malinterpretada

por Germán Masserdotti

Fuente: La Prensa /

13 de abril de 2017

El mensaje de Pablo VI en la Populorum progressio (26 de marzo de 1967) podría resumirse en pocas palabras: el desarrollo integral debe ser para cada hombre y para todos los hombres tanto en su dimensión individual como social (PP, >42). Seguir leyendo Una relectura a medio siglo de la “Populorum Progressio” – Germán Masserdotti

Política: Ahora o nunca – Gabriel Zanotti

Un llamado a la urgente necesidad de entrar en la acción política

Por Gabriel Zanotti

Mayo de 2017

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Entre las varias dificultades que tienen los liberales (clásicos) para dedicarse a la política, está el consejo que Hayek dio: no hacerlo y dedicarse a los think tanks y las tareas académicas. Y que luego eso va a llegar, por una especie de efecto “ondas en un estanque” a la opinión pública y, por último, a los políticos. Seguir leyendo Política: Ahora o nunca – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Amoris Laetitia: Pautas doctrinales para un discernimiento pastoral – Ángel Rodríguez Luño

Por Ángel Rodríguez Luño

La Exhortación Apostólica Amoris laetitia ofrece las bases para dar un nuevo y muy necesario impulso a la pastoral familiar en todos sus aspectos. En el capítulo VIII se refiere a las delicadas situaciones en las que más se pone de manifiesto la debilidad humana. La línea propuesta por el Papa Francisco puede resumirse con las palabras que componen el título del capítulo: “Acompañar, discernir e integrar la fragilidad”. Se nos invita a evitar los juicios sumarios y las actitudes de rechazo y exclusión, y a asumir en cambio la tarea de discernir las diferentes situaciones, emprendiendo con los interesados un diálogo sincero y lleno de misericordia.

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El Cardenal Urosa lo deja claro: en Venezuela “no hay guerra civil” y sí “opresión al pueblo”

Fuente: Religión en Libertad

9 de mayo de 2017

La Iglesia Católica en Venezuela es objetivo del chavismo después de denunciar la constante vulneración de derechos humanos y la represión del gobierno de Maduro contra los venezolanos. Seguir leyendo El Cardenal Urosa lo deja claro: en Venezuela “no hay guerra civil” y sí “opresión al pueblo”

Por qué fracasan los países: una lección para Argentina – Nicolás Cachanosky

Por Nicolás Cachanosky

Fuente: Infobae

21 de abril de 2017

 En su best-seller Por qué fracasan los países, Daron Acemoglu y James A. Robinson hacen un extenso estudio sobre los descalabros y éxitos de los países a lo largo de la historia. Países exitosos son aquellos que crean riqueza de manera sostenida y estable reduciendo sus niveles de pobreza. Los países que fracasan presentan el caso contrario, no logran crear riqueza de manera estable y tienen serias dificultades para reducir sus niveles de pobreza. Acemoglu y Robinson argumentan que el éxito y el fracaso de los países no se deben ni a cuestiones geográficas como recursos y clima ni a cuestiones culturales, sino que dependen del marco institucional. Seguir leyendo Por qué fracasan los países: una lección para Argentina – Nicolás Cachanosky

United, el mercado libre y las sillas que vuelan – Gabriel Zanotti

por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Filosofía para mí

14 de abril de 2017

Una vez más, amigos y no tan amigos se han asombrado de mis críticas a la barbarie de los CEOs de United permitiendo y siendo responsables del bestial “castigo” al pasajero que no quiso levantarse de su asiento legítimamente adquirido. No voy a debatir ahora el caso de la sobreventa, la comparación con el free banking, etc.; de eso tendría mucho que decir pero no es el objetivo de esta entrada. Seguir leyendo United, el mercado libre y las sillas que vuelan – Gabriel Zanotti

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Arizona aprueba la posibilidad de que todos los padres puedan elegir escuelas privadas – Martín Krause

Por Martín Krause

Fuente: Libertad y Progreso

13 de abril de 2017

El Gobernador Doug Ducey de Arizona ha firmado en ley cambios radicales en cómo el dinero estatal se puede usar para educar a los estudiantes, facilitando a los padres inscribir a sus hijos en la escuela privada a expensas públicas.

El proyecto de ley aprobado el jueves por la Legislatura estatal hace que todos los 1,1 millones de estudiantes de escuelas públicas de Arizona tengan derecho a recibir dinero de un programa que hasta ahora sólo estaba disponible para algunos estudiantes, incluidos aquellos con discapacidades y aquellos en escuelas de bajo rendimiento. Seguir leyendo Arizona aprueba la posibilidad de que todos los padres puedan elegir escuelas privadas – Martín Krause

Dando sentido al dinero – Samuel Gregg

Por Samuel Gregg

Fuente: The Public Discourse

Abril de 2017

 

  1. Adam Seagrave sostiene, en su reciente ensayo de Public Discourse, «The Counterfeit of Money of Our Casino Economy», que muchos de nuestros problemas económicos contemporáneos no se resolverán hasta que el dinero vuelva a centrarse en su función económica fundamental: servir como un medio de intercambio. De acuerdo con Seagrave «cuando sea que el dinero aparezca al final de la ecuación y no en el lugar de en medio —queriendo decir que el dinero es tanto el medio de intercambio como uno de los bienes intercambiados— su valor y propósito estarán distorsionados».

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Samuel Gregg

Director de investigaciones del Acton Institute de los EEUU. Para más información ver http://www.acton.org/about/staff/samuel-gregg