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Individualismo metodológico para católicos y marcianos – Gabriel Zanotti

 

Por Gabriel J. Zanotti

Fuente: Blog personal “Filosofía para mi” /

30 de julio de 2018

 

Dada la entrada de hace un par de Domingos, algunos (iba a poner muchos: nunca fui bueno para contar) me han pedido que aclare lo del individualismo metodológico. Y es verdad, es necesario insistir en ello, dado que los católicos que despotrican contra la ideología del género y etc. se hallan habitualmente a merced de la base filosófica de estos nuevos movimientos totalitarios.

El individualismo metodológico fue parte de la metodología para las ciencias sociales recomendada por Menger, Mises, Hayek y Popper. Allí nace el problema: los católicos en general no leen a esos liberales malos, sucios y feos. Leen, sí, a Marx, por supuesto, a Heidegger, a Nietzsche (que nunca me acuerdo cómo M se escribe J), qué amplios, qué apertura mental, qué dialogantes, pero a los pérfidos liberales, jamás, por supuesto. Es más, se podría decir que en la Iglesia actual, un caos total y completo desde el punto de vista humano, los lefebvrianos, los Vaticano II y los teólogos de la liberación y del pueblo han encontrado allí su único punto de unidad.

El individualismo metodológico sostiene que en las ciencias sociales, la unidad de análisis son las relaciones entre personas. Pero claro, Mises, Hayek y Popper unían ello con el individualismo ontológico: sólo existen individuos, como reacción contra lo contrario, y allí cometían un error que retro-alimentó la reacción de los pocos tomistas que los leían para ver por dónde les cortaban la cabeza. Pero entre los dos extremos (sólo hay individuos o….) hay una posición superadora, que es la relación entre personas. La relación es un accidente real, esto es, según la interpretación que Santo Tomás hace de Aristóteles, algo que acaece entre las personas (un matrimonio, por ejemplo) que en ese sentido es algo más que la mera suma de individuos PERO NO es otra persona. Y por ende hay que distinguir muy bien entre las acciones que se predican de las personas (por ejemplo, Juan es fiel a María) y las características que se predican de la relación en tanto tal (por ejemplo, el matrimonio es indisoluble).

Pero me dirán: ¿y cuál es el otro extremo? Suponer que hay una entidad no sólo superior a las personas, sino que las absorbe, quitándoles su libre albedrío y su individualidad. El ejemplo perfecto de ello es Hegel y Marx. El “espíritu absoluto”, que pata Hegel es el actor de la Historia, se transforma en Marx en el dinamismo de la dialéctica materialista, entre “la clase explotadora” y “la clase explotada”. La “clase social” es la que actúa. Si eres empresario, por ejemplo, eres explotador, te mueves como explotador, piensas como explotador, no puedes salir de esa dialéctica, no tienes la libertad para evitarlo, porque finalmente no eres persona, eres una neurona titilante y prescindible de ese cerebro que es la clase social a la que perteneces. Ello rompe también toda posibilidad de pacto político, porque ya no es posible decir que Dios ha creado a todos los seres humanos iguales, poseedores de derechos anteriores y superiores a cualquier estado, sino que sencillamente hay explotadores y explotados, y lo único que sigue a ello es la revolución inevitable de la dialéctica de “La Historia” y sus leyes inexorables de destino histórico.

Católicos de derecha, centro, izquierda, arriba, abajo, de costado o en diagonal, creen que no son marxistas cuando, sin embargo, dicen que “Marx tenía razón” en que el capitalismo es explotador. Como NUNCA leyeron Menger, Bohm-Bawerk, y ni qué hablar de Mises y Hayek, pecado mortal mayor que la pornografía, entonces creen que la teoría de la explotación de Marx es verdadera, que verdaderamente, si hay salarios bajos, es porque “el capital” explota al “el trabajo”; lo llaman “la cuestión social” originada en el capitalismo…

Y entonces claro, les es muy difícil evitar la lógica: hay algo más allá de la persona. Los curas villeros así miran a los que viven en los barrios cerrados de la zona norte: pobres, podrán ser personas con buenas intenciones, pero son inexorablemente explotadores y no se dan cuenta, por supuesto.

Pero además, dado que La Iglesia es el pueblo de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo (así es, por supuesto) entonces creen que esa noción sobrenatural, cuasi-sacramental, de Iglesia, puede aplicarse a lo político. Claro que La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, porque su fundador es Cristo y sus miembros son todos los bautizados, pero aún así la teología católica tiene un sano individualismo metodológico: distingue a la Iglesia de los pecados individuales de sus miembros. Sólo así se puede decir que la iglesia es verdaderamente una, santa, católica y apostólica, en medio de una historia llena de católicos pecadores que no son ni santos, no católicos, ni unidos ni apostólicos, sino todo lo contrario…

Pero como el clericalismo es una tentación permanente, como muchos piensan que se puede hacer teoría política a partir de la eclesiología, entonces fácilmente confunden “el pueblo como sujeto político” con “el pueblo de Dios”. “El mito de la nación católica” como muy bien denunció Rafael Braun y actualmente explica Gustavo Irrazábal, domina a los católicos clericales por izquierda y por derecha. Para los primeros, el pueblo católico se manifiesta en las comunidades eclesiales de base, en las villas, y él es el sujeto del cambio y de la transformación social. Para los otros, el pueblo católico es el estado católico, la nación católica a cargo de un monarca, un cuasi dictador católico y toda su legislación católica, con un sistema corporativo en lo económico. Ambos grupos de “grandes teólogos” (que alimentan las lecturas de los seminaristas jóvenes por izquierda y por derecha), aunque se odien, son totalmente inmunes a cualquier cosa que sea, no ya economía de mercado (ay, qué asco, aléjate de mí Satanás) sino a cualquier cosa que huela a república, democracia constitucional, libertad religiosa, derechos individuales. Mm, demasiado individuo, mm, estructuras políticas protestantes y anglicanas, mm, demasiado EEUU, mm, estructuras burguesas que olvidan las raíces católicas de nuestros pueblos… Por eso, aunque el Pío XII, Juan XXIII, el Vaticano II, Juan Pablo II y Benedicto XVI hayan hablado de todo ello, son sólo letras extrañas, son demasiada modernidad europea metida en un magisterio que, en realidad, no siguen. Las conferencias episcopales latinoamericanas no hablan de nada de ello y los católicos conservadores no dejan de señalar el origen protestante y anglicano de “esas cosas” mezclándolas además con conspiraciones “judeo-masónicas”…

Todos ellos han adoptado el colectivismo metodológico. El pueblo católico, la nación católica, “el capital”, “el trabajo” son los reales sujetos políticos, los actores reales de lo social. El individuo y sus derechos es algo “liberal”: listo, a la miércoles con “lo liberal”, el verdadero pecado: “el liberalismo es pecado”, “el capitalismo es pecado”: volvamos al “pueblo católico” aunque luego entre ellos discutan si es vía Fidel Castro o Mussolini.

Así las cosas, vienen los “nuevos explotados”: los indígenas, contra el colonialismo capitalista explotador. Allí, caen de cabeza: arriba los indígenas, que no tienen pecado original, versus los pérfidos europeos pecadores capitalistas. No atinan a responder que los indígenas son ciudadanos que tienen los mismos derechos individuales que cualquier otra persona, con lo cual no importa si eres indígena, marciano o europeo, el asunto es que ante la Constitución liberal eres un igual como sujeto de derechos.

Ante el “feminismo radical” responden señalando los errores antropológicos de la teoría del género como contraria a la ley natural. Muy bien. Nada que objetar. Pero ni se les ocurre agregar que ante el uso de los términos genéricos, está la libertad de no usarlos; que ante las cuotas obligatorias de mujeres en ciertos puestos, está la igualdad ante la ley. Ante los homosexuales, trans y lesbianas que denuncian delitos de discriminación y de odio, ni se les ocurre hablar de propiedad privada, de libertad de asociación, de libertad de contratación, de libertad de asociación, esto es, libertades individuales (expresión que casi no usan) que vienen precisamente del liberalismo clásico anglosajón que tanto odian. Porque entonces, la repuesta más directa al lobby LGBT es que con sus exigencias están quebrando el pacto político del liberalismo clásico, donde por medio de las libertades individuales y el derecho a la intimidad, cada uno puede vivir como quiera mientras no viole derechos de terceros. Por ende si eres homosexual, heterosexual, trans, lesbiano, venusino o lo peor, alumno de Zanotti J, en MI colegio, en MI hospital, en MI casa, NO entras, porque YO lo digo y punto. Eso se llama propiedad, libertad religiosa, libertad de asociación. O sea, LIBERALISMO CLÁSICO (¡ay qué horror!!!!). ¿Puedo equivocarme? ¿Puedo ser un imbécil si hago eso? ¿Puedo perder mi negocio o emprendimiento si los consumidores me castigan no metiendo ni un cuarto de su nariz en mis productos? Si. Eso es una sociedad libre. Libertad, decisiones, riesgos.

Con la educación sexual, también. Ahora el estado obliga que “los colegios” enseñen a los niños que la homosexualidad es buena, que la masturbación es perfecta, etc. Respuesta de los católicos: ello es contrario a la ley natural y “tenemos que llegar al ministerio de educación”. Que es contrario a la ley natural, sí.  Lo demás… Lo mismo de siempre. No, gente, la cosa pasa por algo que jamás dicen: que las instituciones privadas tienen derecho a tener sus propios planes y programas de estudios, precisamente porque EN ESO consiste la libertad de enseñanza, otro derecho derivado del liberalismo clásico. Y que las instituciones estatales de enseñanza tampoco deben enseñar esas cosas, obvio, sí, pero, ¿de dónde sacaron que DEBE haber instituciones estatales de enseñanza? Del “derecho a la educación”. Y de dónde sacaron que en vez de libertad de enseñanza hay un “derecho a la educación”? Del “dogma” de los derechos sociales, que han sido elevados a nueva declaración del Concilio de Trento. ¿Y de dónde salió ese dogma? De que el libre mercado “es para los ricos”; que la educación privada “no llega a los pobres”, porque el capitalismo, el libre mercado, es malo, feo, sucio, es sólo para los ricos explotadores…. Que el libre mercado sea capaz de proporcionar educación barata, competitiva y de gran calidad, y que cada vez serán más los que tengan mayores ingresos y salarios más altos, aumentando la población, es algo OBVIO para cualquiera que haya leído a Mises y Hayek pero….. ¡No, please, a ver si perdemos el alma!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Católicos, no católicos, marcianos, vulcanos: si no leen a Mises y Hayek, si siguen siendo colectivistas metodológicos, si siguen pensando que Marx tenía razón en su teoría de la explotación………… El lobby LGBT les pasará por encima. No, no les pasará, les está pasando. No, no les está pasando, ya les pasó. Ahora, sólo queda que se den la vacuna trivalente, Mises, Hayek y Popper, pero la posibilidad de que hagan eso es la misma que nos rescate el Capitán Kirk.

Que Dios nos ampare.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

El pobrismo: la exaltación de la pobreza – Manuel Solanet

26 de julio de 2018

Por Manuel Solanet, Director de la Fundación Libertad y Progreso

Fuente: Libertad y Progreso  

El pobrismo podría ser definido como la exaltación de los pobres, poniendo el énfasis en su defensa frente al resto de la sociedad. Es un enfoque clasista aunque distinto al del marxismo. No se sintetiza en los trabajadores versus el capital, sino en los pobres frente a los ricos y el poder económico. Mientras el marxismo habla de la explotación, el pobrismo habla de la exclusión y el descarte.

El pobrismo no considera la movilidad social. Los pobres son y serán. Con ellos se desarrollan lazos afectivos, de solidaridad y también de ayuda. Pero el pobrismo no elabora políticas ni procedimientos para que cada uno de los pobres evolucione hacia la riqueza. Más bien desarrolla un discurso de protesta dirigido a quienes ellos creen egoístas, que desprecian a los pobres o en el mejor de los casos los ignoran. El pobrista suele adoptar perfiles austeros y emblemáticos en su vida personal. Es una forma de expresar su vocación o preferencia por los pobres.

El pobrismo es característico de gente buena. No nace en el resentimiento ni postula la lucha de clases. Tiende al asistencialismo. A redistribuir la riqueza que ya existe. Desconoce la inversión productiva y la generación de trabajo. Esto es consecuencia de que los pobristas descreen en el capital y tienen aversión a las grandes empresas. Prefieren dar pescado que enseñar a pescar. A lo sumo son condescendientes con la pequeña empresa, las pymes, que serían una réplica de los pobres frente a las grandes corporaciones. Sospechan que éstas ganan demasiado y que son remisas a distribuir los beneficios entre sus obreros.

Al exaltar la pobreza, parecería que el pobrismo no desea que los que hoy son pobres dejen de serlo. No indaga sobre las causas de la pobreza ni sobre el desarrollo económico y social producido por los distintos sistemas económicos. En esa ignorancia hace prevalecer visiones inmediatistas. Por ello rechaza el capitalismo o la economía de mercado, desconociendo que fue el único sistema que efectivamente contribuyó a reducir la pobreza en el mundo. Hoy también rechaza la globalización.

Es común que el pobrismo tenga base religiosa. Para los hombres de Fe vale el mandato evangélico de amar al prójimo como a sí mismo. El Papa Francisco es un pobrista y ha convocado a esa visión a muchos otros obispos y sacerdotes. El mensaje de “Laudato si” en su capítulo social expone con toda claridad esa posición, que luego se ha reiterado en todos los mensajes y documentos.

Debe diferenciarse el pobrismo de la verdadera ayuda efectiva a los pobres, que es la que trata que salgan de esa situación, que dejen de ser pobres. Ayuda efectiva es, por ejemplo, la del sacerdote Pedro Opeka que desde hace 50 años trabaja en una comunidad en Madagascar. Su tarea, además de espiritual, ha sido de ayuda para que personas de extrema pobreza, salgan de ella. Les ha hecho construir viviendas, enseñándoles con su propia participación. Les creó escuelas, agregando luego colegios secundarios y una universidad. Su preocupación fue capacitarlos para que evolucionen intelectual y materialmente. Escuché al Padre Opeka agradecer el premio que le otorgó la Universidad del CEMA, un centro educativo orientado a la libertad económica. En su discurso explicó cómo darle a sus asistidos las capacidades para desarrollarse por sí mismos. Es una filosofía coincidente con la sostenida en el mundo por el Instituto Acton. Ella nos dice que debe superarse la mera actitud compasiva, que deviene en protestataria para luego impugnar paradójicamente los sistemas económicos que más han hecho para salir de la pobreza.

 

¿Libertario-progres contra liberal-conservadores? – Francisco J. Contreras

10 de julio de 2018

Por Francisco José Contreras

Fuente: Disidentia

 

“El mundo les pertenece a los heteros y no lo cederán voluntariamente. Habremos de tomarlo por la fuerza. Habremos de forzarles el culo para que lo abran. […] Ustedes, heterosexuales, no nos gustan […]: son el despreciable desperdicio del capitalismo que impulsan” (Leonor Silvestri, Foucault para encapuchadas, Buenos Aires, 2014, p. 68). “La práctica del fist-fucking (penetración del ano con el puño), que conoció un desarrollo sistemático en el seno de la comunidad gay de los años 70, debe considerarse un ejemplo de alta tecnología contra-sexual. Los trabajadores del ano son los proletarios de una posible revolución contra-sexual” (Beatriz Preciado [profesora de Historia Política del Cuerpo y Teoría del Género en la Universidad París VIII], Manifiesto contra-sexual, Madrid, 2012, p. 26).

Estos son los extremos –y he omitido pasajes más fuertes para no herir la sensibilidad del lector- a los que está llegando la ideología de género (IdG), cóctel de neomarxismo, homosexualismo y feminismo radical. Pero la cuestión es si un “verdadero liberal” debe apoyar estas cosas. He tomado las citas del imprescindible Libro negro de la nueva izquierda de Agustín Laje y Nicolás Márquez. Pues bien, ellos sostuvieron hace un año un interesante debate en la Universidad Católica de Perú.

Fue un debate entre liberales, pues Laje y Márquez se identifican como liberal-conservadores, en tanto que sus rivales eran portavoces de Students for Liberty. Por si no todo el mundo tiene tiempo de escuchar el jugoso intercambio, digamos que Laje y Márquez denunciaron el carácter liberticida de la IdG, presentándola como uno de los frutos del “marxismo cultural”; los jóvenes libertarios, en cambio, negaron la raíz (neo)marxista de la IdG y sostuvieron que los movimientos feministas y LGTB se limitan a reivindicar “igualdad ante la ley”, “libertad para amar” y “reconocimiento de los infinitos modelos de familia posibles”.

El debate peruano ilustraba muy bien el que podríamos llamar cisma liberal actual. Pues todo un sector liberal-progre considera que, por ejemplo, el matrimonio gay, el aborto libre, la maternidad subrogada, la impartición de teoría queer en las escuelas, la persecución de los “micromachismos” o la inseminación artificial de solteras o lesbianas constituyen ganancias de libertad (“nuevos derechos” los llamaron en España Zapatero y Leire Pajín). Enfrente estamos los liberal-conservadores que creemos que, al desproteger la vida y la familia (sí, la “tradicional” de padre-madre-hijos) y hacerse cómplice de una IdG de claros tintes totalitarios, ese libertarianismo está traicionando al liberalismo clásico y erosionando el marco moral que hace posible la libertad.

Debería mover a reflexión –a los liberal-progres- el hecho de compartir trinchera con la izquierda neocomunista (algo que no niegan los libertarios españoles: “Coincidimos con Izquierda Unida en algunas de sus posiciones más beligerantes en cuanto a los derechos de la persona, y en la exigencia de un Estado plenamente laico. […] Coincidimos también con el Partido Socialista en algunas cuestiones de derechos y libertades, y apoyamos los logros de su acción de gobierno en esta materia”, reza la web del Partido Libertario de Juan Pina).

¿Caben juntos Laje-Márquez y el Partido Libertario en una misma filosofía? Van algunas ideas:

– Asociar las actuales reivindicaciones de los movimientos LGTB y feministas con el ideal liberal de la “igualdad ante la ley” es disparatado. La igualdad ante la ley, en lo que se refiere a mujeres y LGTB, se alcanzó hace décadas con el voto femenino, la desaparición de las restricciones de la capacidad jurídica de la mujer casada y la despenalización de la sodomía. Al contrario, las nuevas reivindicaciones feminista-homosexualistas están destruyendo la igualdad ante la ley: presunción de culpabilidad del varón en la Ley de Violencia de Género, cuotas preceptivas de presencia femenina en ciertos ámbitos, derechos especiales para los LGTB (que, por definición, se les niegan a la mayoría hetero), etc.

La definición heterosexual del matrimonio no implicaba discriminación de los homosexuales, pues el sentido de la institución fue siempre la promoción de parejas capaces de procrear: el matrimonio existe para la perpetuación de la especie, no para certificar sentimientos (¿por qué necesitarían los sentimientos un timbre oficial?).

– La raíz neomarxista de la IdG es innegable. Es un hecho que ilustra brillantemente el libro de Laje y Márquez (y que otros, más modestamente, afirmamos desde hace años). Ya el marxismo clásico –especialmente Engels- apostó por el desmantelamiento de la familia, considerada ingrediente esencial de la superestructura moral del capitalismo. Engels fue el primero en equiparar la guerra de sexos a la de clases. Después, en los 60-70, cuando la prosperidad capitalista aburguesa al proletariado y desactiva el conflicto de clase, el marxismo ortodoxo muta en neomarxismo cutural sustituyendo al sujeto revolucionario clásico (la clase obrera) por nuevos colectivos “oprimidos”: mujeres, homosexuales, indígenas, inmigrantes…

Casi todos los padres de la IdG fueron marxistas, incluso comunistas de carné: Simone de Beauvoir, Wilhelm Reich, Kate Millet, Shulamith Firestone… La Firestone afirmaba que la revolución consistiría en que los obreros tomarían el control de los medios de producción y las mujeres el de los de reproducción (o sea, “hijos sí, maridos no”). La revolución socialista es sustituida por la revolución sexual: al principio, la segunda es considerada un medio para la primera; después irá convirtiéndose en un fin en sí mismo.

– Si el libertinaje, el rechazo del modelo familiar clásico y el aborto libre son conquistas liberales incuestionables, entonces la URSS fue pionera de los nuevos derechos y Lenin el campeón de la libertad. Pues la URSS fue el primer país en legalizar el aborto (1921), y aplicó en los años 20 políticas familiar-sexuales libertarias. La familia tradicional era una reminiscencia burguesa que debía desaparecer: sus funciones serían asumidas por el Estado total (“la patria soviética alimentará y educará al niño”). Y en eso llegó Stalin y mandó a parar, ya en los años 30, viendo asomar las orejas del invierno demográfico.

 

– Los libertario-progres rompen radicalmente con los clásicos del liberalismo, que siempre estimaron que la familia padre-madre-hijos era el fundamento insustituible de la sociedad abierta. John Locke, padre del liberalismo, les debe parecer ahora un opresivo heteropatriarca a los nuevos liberales: “Como la unión entre el varón y la mujer no tiene, simplemente, por objeto la procreación, sino la continuación de la especie, esa unión debe persistir incluso después de la procreación, mientras sea necesaria para alimentar y proteger a los hijos” (Ensayo sobre el gobierno civil).

Pero no hace falta remontarse a 1690; en 1932 Ludwig Von Mises, mentor de la muy liberal Escuela Austriaca, afirmaba (en El socialismo) que los enemigos del libre mercado lo son también de la familia: “Las propuestas de transformación de las relaciones entre los sexos han ido siempre de la mano con los planes de socialización de los medios de producción”; “el amor libre es la solución del socialista para los problemas sexuales”. Y como presintiendo la futura IdG: “Cuando el feminismo [considerando insuficiente la igualdad jurídica hombre-mujer] ataca las instituciones de la vida social [la familia “tradicional”] bajo la impresión de que así será capaz de derribar las barreras naturales, se convierte en un hijo espiritual del socialismo”. Y Hayek decía esto (en La fatal arrogancia, 1988) sobre las liberaciones de los 60-70: “Aunque se supone que el concepto de “liberación” es nuevo, sus demandas de exoneración de las costumbres morales son arcaicas. Los que defienden esta liberación podrían destruir las bases de la libertad y romperían los diques que impiden que los hombres dañen irreparablemente las condiciones que hacen posible la civilización”.

– El parentesco de la IdG con el marxismo queda confirmado por la deriva totalitaria que aquélla ha adquirido en los últimos tiempos: retirada de la licencia profesional a psicólogos que ofrezcan terapia a homosexuales que desean superar su inclinación; amenaza de multas –cuando no inhabilitación y hasta cárcel- para los “homófobos” que cuestionen públicamente los sagrados dogmas de la IdG; adoctrinamiento IdG en las escuelas (a cargo, no de profesores, sino de activistas LGTB); reglamentación de un lenguaje políticamente correcto (en Suecia se ha llegado a imponer un nuevo pronombre “no sexista”)…

Si los liberales aspiran al Estado mínimo, ¿por qué apoyan una ideología que conduce a la interferencia censora del Estado en la sociedad, y que requiere una constante inyección de dinero público para mantener su tinglado vociferante (lluvia de subvenciones a las asociaciones feministas y LGTB, “Agencias de Igualdad”, etc.)? Si los liberales creen en la libertad de pensamiento y expresión, ¿por qué van de la mano con quienes revientan a gritos o pedradas las conferencias de Milo Yiannopoulos, Philippe Ariño (ambos homosexuales, pero librepensadores), Alicia Rubio o los propios Laje y Márquez?

– Los libertario-progres deberían meditar lo que dice Robert P. George: “El gobierno limitado no puede mantenerse allí donde colapsa la cultura del matrimonio, y las familias, o bien no llegan a formarse, o bien se disuelven”. El “nuevo desorden amoroso”, que ellos celebran como conquista libertaria, al final se traduce en volatilidad de las familias (aumento de los divorcios, monoparentalidad, etc.). Y, cuanto más frágiles sean las familias, más serán los individuos en situación de vulnerabilidad, a los que el Estado tendrá que auxiliar con sus servicios. A menos familia, más Estado.

Reseña al libro de ZANOTTI – Francisco Leocata

Reseña al libro de ZANOTTI, Gabriel J., Judeocristianismo, civilización occidental y libertad, Buenos Aires, Instituto Acton, 2018, 283 pp.

Por Francisco Leocata

Para Instituto Acton

30 de julio de 2018

 

Aunque en Argentina ha habido estudios que se han ocupado de temas concernientes a la relación entre teología y política, faltaba un libro que enfocara el tema desde la perspectiva moderna de la idea de libertad vista en sus derivaciones políticas y en diálogo con la teología. El presente trabajo de Gabriel J. Zanotti, autor reconocido por sus estudios sobre Santo Tomás, epistemología y filosofía de la economía, hermenéutica y otros temas, focaliza el importante tema de la influencia del judeocristianismo en los orígenes de la política de la libertad.

El primer capítulo tiende a explicar en forma sintética cómo en la revelación judeocristiana en cuanto advenimiento histórico del “Dios dialogante” con el hombre, hay ya implícita la posibilidad de una correlación y armonía entre razón y fe; y más concretamente una posibilidad de síntesis entre el mensaje religioso y lo mejor de la filosofía griega. Esto sin embargo no significa un encierro del mensaje revelado en una única cultura, sino una apertura a una dimensión de universalidad.

El segundo capítulo está dedicado a la consiguiente legítima autonomía de orden temporal en lo ético y lo político, al reconocimiento de la ley natural, de la que nace la idea de libertad en ambas dimensiones. Zanotti en coherencia con su pensamiento integral coloca como ejemplo eminente de esa síntesis a Santo Tomás de Aquino, del que ha mostrado ser un profundo conocedor, destacando en este caso el tema de la relación y armonía entre la ciencia (compredida la filosofía) y la fe.

En el tercer capítulo continúa el recorrido histórico incluyendo autores del Renacimiento, del agustinismo, Escoto, la reforma protestante y la importancia de la segunda escolástica del siglo de oro español con sus aportes a la filosofía política moderna. Todo ello lleva al reconocimiento de una continuidad en la tradición desde la revelación judeocristiana hasta la modernidad, especialmente en cuanto a la idea rectora de libertad.

En el capítulo cuarto se explica de qué modo dicha continuidad tiene un momento de ruptura debido al movimiento iluminista a partir del siglo XVIII, en cuyo programa cumple un papel importante la contraposición entre razón y fe. Zanotti subraya las consecuencias que esto tiene en la caída de la metafísica tradicional, la nueva organización de las ciencias por obra del Iluminismo, y los cambios en la idea de libertad y en filosofía política. Se produce así lo que el autor denomina un encapsulamiento de la idea de ley natural. Esto es sumamente importante para los debates en torno a los modos en que se concibe la idea de libertad y su lugar en el ordenamiento político, y muestra las ambivalencias que el movimiento iluminista trae al respecto.

Todo lo anterior tiene como hilo conductor mostrar que hay una idea de libertad en lo ético y lo político que, a diferencia de la concepción iluminista, es coherente con la tradición judeocristiana sin entrar en contradicción con su contenido religioso.

A partir del capítulo quinto inicia un enfoque más centrado en los tiempos más recientes. Zanotti encuentra un punto importante de renovación en la reubicación de la síntesis de Santo Tomás en su contexto histórico y en su puesta en diálogo con la modernidad no iluminista, destacando la validez de la metafísica, la ley natural y el tema del libre albedrío con sus consecuencias en el ordenamiento socio-político. El compromiso con la idea de la libertad, en el sentido indicado es una constante en el pensamiento de Zanotti

Viene luego un repaso histórico y teórico inteligentemente diagramado de algunos episodios de intentos de llevar adelante el compromiso cristiano en los valores temporales durante los siglos XIX y XX. El lector encontrará una síntesis de figuras que tal vez le sorprenderán por su novedad, por el hecho de no ser muy conocidos en nuestros ambientes: Antonio Rosmini, los católicos liberales (en sus ideas políticas republicanas) del siglo XIX, Luego Luigi Sturzo , un importante adelantado de la democracia cristiana en plena época del fascismo, Jacques Maritain, ampliamente conocido por su obra Humanismo integral y sus escritos en defensa de la democracia y los derechos humanos, y otros autores. Todos ellos sin embargo no han tenido la comprensión que hubieran merecido de parte de otros sectores de la Iglesia. Muy interesante es el análisis del magisterio de dos grandes pontífices, como León XIII y Benedicto XVI. Se destaca también con justicia la figura de Benedicto XV, un papa un poco olvidado por el oscurecimiento de la primera guerra mundial. Hay también una magnífica síntesis del magisterio de Pío XII tan importante para entender el período de la segunda postguerra. Y finalmente una síntesis del magisterio del Concilio Vaticano II (convocado por Juan XXIII, sobre todo en lo que concierne al compromiso de los católicos (de los laicos en particular) en la promoción de las realidades de orden temporal social y político.

Toda esta segunda parte es especialmente recomendable porque toca acontecimientos e ideas del último siglo, y constituye además una lectura histórica y teórica placentera.

El último capítulo reúne en perspectiva de futuro algunas de las hipótesis y aspiraciones del autor, ofreciendo espacio para eventuales debates. Para comprenderlo adecuadamente aunque tal vez el lector no comparta todas las hipótesis allí planteadas, es preciso tener presente el tema conductor de la libertad ética y política, así como la necesidad de una mejor formación y promoción del laicado en lo que respecta a los valores temporales.

 

 

Francisco Leocata

 

 

Preservaos de los riesgos de los paradigmas dominantes – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti
26 de julio de 2018
No tengo idea de la eficacia, mayor o menor, de los preservativos. No tengo idea de la relación entre espermatozoides, porcelana, látex y virus HIV. Me acuerdo sin embargo de lo que responde Farah a Karen (en la película Africa Mia) cuando esta le pregunta si sabe lo que es la porcelana: “Si, Sabu. Se rompe”.
Pero los paradigmas dominantes, como dice Kuhn, parecen irrompibles. Más allá de las peculiares circunstancias políticas de la Argentina, los paradigmas dominantes tienen un comportamiento sociológico similar: sus miembros no quieren el debate, y tienden a considerar la posición contraria como absurda. Por eso Popper se enojó tanto con los paradigmas: porque no tendrían refutación posible.
Yo también puedo tener un mal día si escucho a alguien que dice que los precios máximos funcionan o que Hitler era un buen tipo. Sin embargo, mi super yo popperiano me estaría diciendo al oído: déjenlo argumentar (algo que el partidario de Hitler no haría conmigo, claro).
Y en todo caso, no escandalizarse.
O sea: estaría bien que no hubiera temas prohibidos, no digo por el sistema político, sino por los paradigmas dominantes. Estos, sin embargo, se mezclan con lo político, como bien señaló Feyerabend, y sus “expertos” definen la línea entre la medicina legal y la ilegal, entre contenidos educativos legales y los no oficiales o -no es lo mismo- prohibidos, y así tenemos lo que Comte quería: un nuevo estado autoritario donde ahora la inquisición no es la teológica, sino la científica. Por eso estoy tan en contra de las leyes contra los discursos “negacionistas” y por eso estoy tan en contra de la inquisición “científica” del lobby LGBT que quiere justamente adueñarse del estado y sus normas.
Por eso sería preferible que no haya tanto escándalo. Siembre hubo y habrá paradigmas dominantes y alternativos. La libertad de expresión no tiene sólo que ver con separar a los primeros del estado, sino también con una cultura del diálogo, cuyos límites son siempre históricos, claro, pero se expanden con la generosidad de nuestra escucha.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

El problema de los “colegios católicos”: dos diagnósticos de mi padre, totalmente cumplidos – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti

8 de julio 2018

Fuente: Filosofía para mí

Luis J. Zanotti (www.luiszanotti.com.ar) nunca estuvo en contra de la educación formal en tanto tal. Porque la educación formal no es sino sistematizar, mediante métodos más específicos, lo que la educación no formal no puede hacer. Y la educación no formal es esencialmente la transmisión cultural, la absorción de un horizonte cultural, que se produce naturalmente, cono el aprendizaje del lenguaje y los juegos de lenguaje concomitantes a ese mundo cultural.

Que la educación formal haya derivado ahora en la educación formal positivista es un resultado de la Ilustración y la “escuela” como método de formación del ciudadano de los estados-nación. Ello fue comprensible en la época (s. XVIII-XIX) pero luego esa educación positivista quedó tan atrasada como el positivismo en sí mismo.

Sin embargo, allí sigue, con sus métodos repetitivos, memorísticos y destructores de la creatividad, cual diosa inapelable cuasi-imposible de eliminar (http://institutoacton.org/2016/11/02/por-que-son-casi-imposibles-las-reformas-educativas/).

Al lado de todo ello, mi padre diagnosticó que la “ciudad educativa” (esto es, la educación no formal en todas sus dimensiones) iba a ir supliendo cada vez más el rol educativo,sobre todo con las nuevas tecnologías de la información. Lo dijo antes de la aparición de internet.

O sea, el chico, el adolescente y el adulto se educan (educación como transmisión cultural) fuera de la escuela. NO es que la escuela formal los educa “y como complemento” viene lo no formal. La escuela formal positivista es un esencial fracaso de aprendizaje, mientras que el verdadero aprendizaje se produce fuera de la escuela.

Al mismo tiempo, por los años 60 y 70, mi padre fue el único que introdujo en Argentina las obras del pedagogo italiano Giovanni Gozzer, quien estaba afirmando lo mismo en una Italia que también escuchaba a Gozzer como si fuera extraterrestre (o sea, no lo escuchaba). Pero para colmo de la osadía en soledad, Gozzer publica un libro, Los católicos y la escuela, donde afirmaba algo obvio a los ojos de mi padre: los católicos en general, al haber adoptado a la escuela formal positivista como modelo de transmisión educativa, fracasaron totalmente en la transmisión de la fe, porque arrastraron los defectos del positivismo pedagógico a los intentos de enseñanza de la Fe.

Silencio total. Nadie, absolutamente nadie, ningún católico respondió, ni se interesó por la cuestión. Gozzer y Zanotti se quedaron hablando solos, sobre todo en una época donde la mayor parte de los católicos sí escuchaban a Marx y a sus epígonos.

AHORA, frente a las pañuelitos verdes en los “colegios católicos”, muchos se preguntan qué pasa, qué pasó.

Pues bien, esa era la explicación. La “escuela católica” era un proyecto llamado al fracaso. Los chicos no aprenden nada allí, y menos aún catolicismo. ¿Y qué aprenden? Lo que ven por las series, algo de cine, lo que ven por youtube, etc. ¿Dónde están los católicos allí? NO están. Y los chicos NO ven EWTN.

Y si algo les queda depositado en su memoria de modo inconexo,  son trozos de textos marxistas y LGBT con los cuales los adoctrinaron desde pequeños, que son obligatorios también para los colegios católicos. ¿Ah, y la libertad de la educación privada para tener sus propios planes de estudio? ¡No por Dios!!!! Esa fue una de las principales propuestas de Luis J. Zanotti, en 1981¿Respuesta en la Argentina, por parte de los católicos? No, Zanotti es muy liberal…. (Hablo de mi padre, que al menos usaba corbata, no como el hijo).

Y si todo esto era verdad, ¿ahora qué hacemos?

Muy poco se puede hacer ya. En todo caso, las familias verdaderamente católicas que queden, muy pocas, tendrán que asumir ellas, directamente, la educación religiosa de sus hijos, con su ejemplo cotidiano, pero incluso con la transmisión del Catecismo. En mi caso yo no tuve catequistas, fue mi padre quien me enseñó el Catecismo. Y además no escuchaba NADA de lo que me decían en la primaria.

 

Espero que el resultado no los desanime.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Intervención del Dr. Fernando Iudica en el Senado en referencia al proyecto de ley de aborto

HONORABLE SENADO DE LA NACIÓN

PROYECTO DE LEY DE ABORTO

Intervención del Dr. Fernando Iudica,

Director Médico del Hospital Universitario Austral, 11.7.2018

 

Señores Senadores:

Buenas tardes. Agradezco su invitación a aportar mi opinión sobre un proyecto de ley que podría marcar el futuro de nuestro querido país. Lo hago como cirujano con más de 30 años de experiencia, y como Director Médico del Hospital Universitario Austral, un centro de salud con 700 mil historias clínicas, más de 30 mil nacimientos, y donde realizamos 800 mil atenciones ambulatorias al año.

El aborto no es la solución a los graves problemas para la mujer que plantean los embarazos no deseados. El aborto es la eliminación de un ser humano.

Este proyecto de ley nació diciendo que nadie quiere el aborto. Y, sin embargo, el objeto específico de la ley es garantizar un supuesto derecho a realizar u obtener abortos (ver art. 5), obligando a ello a los médicos, a los directivos y a los propios hospitales. Se coacciona con sanciones penales y administrativas para realizar en tiempo récord los abortos, prohibiendo plantear alternativas.

Veamos.

En primer lugar: el proyecto impone como “primera obligación” de todo profesional de la salud requerido para un aborto, que garantice su práctica, sin que pueda negarse a realizarlo. Así comienza el art. 15, paradójicamente dedicado a la objeción de conciencia.

El proyecto coacciona a los médicos para que expliquen el aborto y lo realicen, renunciando a los principios básicos de la Medicina, que son los del Juramento Hipocrático y el arte de curar, no de matar. El art. 14, a su vez, obliga a que el mismo día en que se requiera el aborto el profesional debe informar a la madre los distintos métodos para abortar. Se violenta así no sólo los deberes médicos para con la vida, sino también la libertad de expresión y de ejercicio médico.

En segundo lugar: el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales se prevé de manera muy restrictiva. Debe objetar previamente, hacerlo por escrito y comunicarlo a la máxima autoridad del establecimiento (ver art. 15). Pero actuar en conciencia es un derecho, y se puede ejercer en cualquier momento, sin estar sujeto a trámites y a burocracia.

En tercer lugar, se prevé un registro de objetores, tanto en el hospital donde se trabaja, como en el Ministerio de Salud de cada jurisdicción (ver art. 17). El derecho humano a la libertad de conciencia queda relegado a integrar una “lista negra” de objetores, que seguramente va a condicionar el trabajo de esos profesionales en cada hospital y jurisdicción.

En cuarto lugar, una ley que obliga a proveer al aborto a todo profesional requerido, en un contexto de aborto farmacológico, involucra a un sinnúmero de especialidades médicas y a otros profesionales de la salud, y no sólo a obstetras y ginecólogos: pediatras, clínicos, médicos de guardia, endocrinólogos, y un largo etcétera. Ante un requerimiento inesperado, todos ellos estarían en riesgo de procesamiento penal por no haber hecho una objeción previa escrita.

En quinto término, solo se admite la objeción para el que interviene “directamente” en la práctica del aborto (ver art. 15). Pero existe todo un equipo que interviene, donde muchos participan de modo indirecto. Todos ellos merecen el derecho a objetar. Hacer un aborto, o colaborar de alguna manera con el mismo, para el que entiende que es eliminar a un ser humano, son acciones sinónimas. Y, como han dicho colegas médicos desde Jujuy a Tierra del Fuego, “no estamos dispuestos; no cuenten con nosotros”.

En sexto lugar, estos mismos objetores no se podrían negar a practicar un aborto en algunos casos, bajo amenaza penal. Por ejemplo, cuando la “salud” de la mujer requiera “atención médica inmediata e impostergable”. ¿Qué significa impostergable, cuando da un plazo improrrogable de 5 días? ¿Qué comprende la “salud”, entendida de manera tan amplia?

En séptimo lugar se encuentra la amenaza penal para todo lo anterior. Según el art. 2 del proyecto, habrá penas de 1 a 3 años de prisión, más inhabilitación para ejercer, para el profesional o la autoridad de un establecimiento sanitario que dilate, obstaculice o se niegue a practicar un aborto, o genere “perjuicio” a la salud de la persona gestante. ¿Qué es dilatar u obstaculizar? ¿Qué implica el mero perjuicio a la salud? El art. 14 prohíbe hacer consideraciones éticas a la paciente: ¿la libertad de consejo médico y de expresión podría ser considerada una obstrucción?

En cuanto a los hospitales, el proyecto de ley establece literalmente que “Queda prohibida la objeción de conciencia institucional y/o de ideario”. Exige así a las instituciones ir en contra de los principios fundacionales. La objeción de ideario ya había sido contemplada en la ley de Salud Sexual y Reproductiva, en su art. 10. Ahora se plantea un gravísimo retroceso.

La prohibición que contiene el proyecto afecta gravemente la libertad de los establecimientos de salud, de actuar y curar de acuerdo a sus convicciones fundacionales, criterios éticos o religiosos plasmados en un ideario y en una misión institucional. ¿Cómo puede una ley, en un país democrático, prohibir el ejercicio pleno de las libertades de asociación, de trabajar, de ejercer la profesión, de pensamiento, de religión, de conciencia, y varias más? Todos estos derechos están en la Constitución y los tratados de derechos humanos.

A la fecha más de 35 hospitales y clínicas de diversos lugares del país, hemos planteado con toda claridad que reclamamos la libertad de no hacer abortos.

Este reclamo de la libertad básica de no realizar acciones que agravian seriamente los valores individuales de profesionales y los ideales de instituciones ha sido refrendado expresamente por ADECRA, la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados del país, que agrupa a más de 300 establecimientos, y por ACAMI, la Cámara de Instituciones Médicas, con más de 30 instituciones adheridas.

Debo decirlo con claridad: la amenaza de clausura temporal y definitiva que contienen las normas a que remite expresamente el art. 13 del proyecto, sumada a las amenazas de cárcel para nosotros los directivos del art. 2, no se soluciona con vagas concesiones a la posibilidad de derivar a otros centros asistenciales. Un proyecto así no puede ser aprobado.

Si como consecuencia de esta ley, a la postre cierran hospitales y sanatorios, ¿cómo se atenderá a esos pacientes? ¿Cómo será la continuidad laboral de los trabajadores? ¿Es racional, necesaria y proporcionada una clausura de establecimientos por su negativa a realizar abortos, creando innumerables conflictos?

Parecería que, si uno es médico para cuidar la vida, deberá ahora pagarlo con la cárcel. Qué paradoja: muchos médicos podrían ser condenados a prisión por negarse a hacer mañana lo que sería un delito hacer hoy. Se proclama que nadie quiere el aborto, pero se crea un sistema que lo facilita y que reprime a aquellos que no están de acuerdo.

Señores senadores, la solución para el drama de la mujer está antes del aborto, nunca con el aborto. Son ustedes los que tienen en sus manos la responsabilidad de construir un Estado que cree las condiciones necesarias para el desarrollo de todos los argentinos y argentinas. Son ustedes los que deben imaginar una Argentina solidaria, inclusiva y justa. No puede haber justificación para aprobar este proyecto, que marca un modelo de país que, lejos de pensar en el cuidado de la mujer y el niño por nacer, opta por el camino fácil de la eliminación.

Ustedes representan a sus provincias, el tesoro de nuestro país. Miren el interior, escuchen a sus médicos, enfermeros, a las maestras, trabajadores sociales, y tomarán una buena decisión. No les piden el aborto, sino que les exigen que se garantice el acceso a la salud. Nada más. No hay ganadores en cuestiones de aborto. Perdemos todos. La desgracia de una sociedad no se puede legalizar solo por el hecho de que no se supo contenerla. Salud verdadera y educación verdadera es lo que se precisa, más contención social, y no una ley que fomente el aborto y que explícitamente diga que lo garantiza como un derecho.

Señores senadores, espero que rechacen esta ley, para pensar luego soluciones creativas que sí promuevan la vida, toda vida.

Muchas gracias.

“Yo no soy marxista pero…” y el lobby LGTB nos pasa por encima – Gabriel Zanotti

Por Gabriel Zanotti

15 de julio de 2018

Fuente: Filosofía para mí

Como hemos afirmado muchas veces, en los movimientos feministas radicales, en los LGTB, en el indigenismo, no está la defensa de derechos que en el liberalismo clásico ya tienen: a ser ellos mismos, a tener todos los derechos individuales que tiene cualquier persona y a hacer su propia vida según el derecho a la intimidad personal. No, ellos se sienten parte de “nuevos colectivos explotados” (las mujeres, los indígenas, los gay, los trans, las lesbians, etc.) por, a su  vez, “nuevos colectivos explotadores” como el patriarcado, los blancos, el patriarcado heterosexual, etc. O sea, es una re-edición perfecta de la teoría marxista de la explotación donde el explotador de siempre, el capitalismo, es ahora el capitalismo blanco patriarcal heterosexual, donde sus nuevos explotados son los grupos ya descriptos.

Por esto es totalmente coherente que estos grupos, tanto en Europa como en los EEUU, rompan el pacto político originario, esto es: individuos, personas, todos gozando de los mismos derechos individuales (libertad religiosa, de expresión, de enseñanza, de propiedad, de asociación) bajo una constitución limitante del poder político, donde cada uno, cada comunidad libremente organizada, pueda expresar libremente su concepción del mundo, hacer lo que quiera y decir lo que quiera sin que ello sea un delito para cualquier otra asociación libre. Pero no. Como ellos son los “explotados” inventan nuevos delitos (discurso de odio, discriminación, violar el derecho a ser tratado como lo que ellos dicen que son, violar el derecho a ser tratados según pronombres neutros, etc.) para finalmente llegar al poder (una excelente combinación de Gramsci, Hitler y Marx) para finalmente imponer absolutamente, como en toda revolución, su concepción del mundo por la fuerza y tirar al mar, si es necesario, a los pérfidos explotadores del capitalismo hetero-blanco-patriarcal (y si agregamos hetero-blanco-patriarcal-cristiano, ahí tienen la suma de todos los males).

Por eso el diálogo con ellos es imposible, porque el que no coincide es necesariamente un explotador, un agresor. Algunos, los más moderados, nos podrán tener lástima, nos mirarán como el pobre explotador que no sabe nada ni entiende nada, y nos concederán tal vez cinco minutos de paz. Pero no nos crucemos en una de sus marchas porque si pudieran nos quemarían vivos además del conjunto de golpes e insultos que nos van a propinar.

La noción filosófica que está detrás de esto es la de colectivismo metodológico, esto es, una metodología de análisis de lo social donde el que actúa no es la persona sino colectivos explotados u explotadores donde lo individual se subsume en esa dialéctica y por ende o estamos necesariamente de un lado o del otro y necesariamente pensamos como opresores o como oprimidos.

Para refutar esto se necesita ir al individualismo metodológico. Lo trágico es que la mayoría de los católicos, que no quieren saber nada con estas nuevas ideologías de género y etc., tampoco saben nada, en general, del individualismo metodológico, porque ha sido desarrollado por los “malos” liberales Mises, Hayek y Popper, que por ende son casi innombrables en sus universidades, con lo cual se pierden la única vacuna intelectual contra la teoría marxista de la explotación. Es más: repiten hasta el cansancio que no son marxistas pero que “en eso” Marx tenía razón… Y con esa débil armadura intelectual pretenden luego refutar las ideologías del género y etc.

Yo me he matado explicando que el individualismo metodológico es totalmente compatible con Santo Tomás de Aquino pero evidentemente soy sólo una gota no marxista en un océano marxista, océano compuesto por los que dicen “yo no soy marxista PERO…”.

PERO es así como estas nuevas ideologías nos están pasando por encima.

Gabriel Zanotti

Es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, UNSTA y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Es Director Acádemico del Instituto Acton. Twitter @gabrielmises

Overton, la rana hervida y cómo legalizar lo impensable – Fabricio Melchiori

Fabricio Melchiori

14 de julio de 2018

Fuente: Un faro entre mares

La “Ventana de Overton” es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo. Sean considerados incluso como “derechos”.

En principio ningún tabú escaparía a la eficacia de esta técnica. Por consiguiente, se podría intentar cambiar de modo radical la valoración que la sociedad tiene actualmente de la eutanasia, el incesto, el bestialismo, la pederastia o el canibalismo, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Para ello no se aplicaría un lavado de cerebro directo, sino una serie de técnicas avanzadas, cuyo desarrollo pasaría inadvertido para la sociedad.

Así lo presenta el autor y algunos lo han aplicado, por ejemplo, al canibalismo. Carlos Álvarez Cozzi, en Forum Libertas, ha hecho el ejercicio de aplicarlo al aborto, que ha pasado de crimen a supuesto “derecho” para gran parte de la sociedad posmoderna, realidad hoy debatida ampliamente en Argentina. Estas son las conclusiones de acuerdo a cada una de las etapas del método:

Primera etapa: de lo impensable a lo radical.

Tratar de justificar la muerte de un inocente e indefenso en el vientre de su madre no es una tarea fácil. Para modificar esta apreciación —y amparándose en la libertad de expresión—, se trasladaría esta cuestión a la esfera científica, sugiriendo que para los científicos no deberían existir temas tabú, según los partidarios de esta teoría.

Y así expresar que en realidad el embrión no es una persona, evitando llamarle ser humano, que indudablemente lo es porque no pertenece a ningún otro género más que al humano.

Segunda etapa: de lo radical a lo aceptable.

En esta segunda etapa ya se persigue abiertamente la aprobación del aborto. Para que éste pueda ser aceptado hay que seguir divulgando las conclusiones de los «científicos», e insistir en lo oportuno que es no tener prejuicios sobre el tema, calificando de intransigentes y fundamentalistas a quienes se nieguen a adquirir conocimientos sobre el mismo.

Los que se resisten deben empezar a ser vistos como fanáticos que se oponen a la ciencia y a la ilustración. Mientras se condena públicamente a los intolerantes, es necesario crear un eufemismo, con la intención de que se pierda el significado directo del término original y sus connotaciones negativas, sustituyendo así la expresión original aborto por “interrupción voluntaria del embarazo”, como si la vida se pudiera interrumpir y luego continuarla, sin matarla. Cuando la misma implica un proceso evolutivo.

El uso combinado de medios de comunicación y grupos de presión convertiría en aceptable, más pronto que tarde, al aborto como una práctica ya no mal vista.

Tercera etapa: de lo aceptable a lo sensato.

Para convertir en sensato lo que en un principio era totalmente inaceptable, lo siguiente sería proponer como medida urgente la despenalización del aborto, como lo hacen en varios países los colectivos feministas radicales de género.

Al mismo tiempo, seguiría siendo absolutamente necesario arrinconar a quienes piensan diferente, es decir, a cuantos todavía impugnan la consolidación de este pretendido “derecho”. Así, se acusaría a estas personas de radicales que están contra la libertad humana, del derecho a decidir y que la madre es dueña de su cuerpo, como lamentablemente vemos que lo hacen permanentemente, olvidando que el embrión es otro ser humano con código genético propio, diferente al de sus padres. Además de exagerar con el número de muertes de mujeres por practicarse abortos en forma clandestina por ser delito, a fin de lograr su legalización. Técnica calcada en la mayoría de los países.

A su vez, pretendidos expertos y personajes conocidos del mundo de la comunicación, insistirían en que a lo largo de la historia humana la mujer que no quiere tener un hijo es imposible de obligarla a tenerlo y por tanto de una forma o de otra siempre terminará abortando a su hijo, para lo cual es mejor que sea legal tal práctica.

Como hemos advertido, el objetivo de esta tercera etapa es que el aborto sea considerado una costumbre razonable.

Cuarta etapa: de lo sensato a lo popular.

A continuación se debe poner toda la maquinaria del poder al servicio del ideal supremo. En este instante, los organismos internacionales, los gobiernos, los medios de comunicación, secundados por gente famosa, hablan abiertamente del aborto como “derecho” humano de la mujer. Se argumentará que aunque existan leyes que lo prohíben o penalicen siempre la práctica del aborto se ha hecho a lo largo de la historia y que ya es “políticamente incorrecta”, antidemocrática, su prohibición.

El fenómeno pronto se vuelve imparable y multitudinario. Además, para reforzar su imagen positiva, las mujeres que abortan clandestinamente son presentadas ante la opinión pública como víctimas de una sociedad represora, que les impide satisfacer sus derechos sobre su cuerpo. Se calificará de machista, y de patriarcal toda legislación que dificulte el aborto ya considerado como un “derecho”, incluso pidiendo, como sucedió en Uruguay, que los plazos y requisitos establecidos por la ley de 2012, para que el aborto no sea penalizado, sean directamente eliminados, pasando a un aborto libre descarado. Se argumenta que los requisitos no son fáciles de cumplir y que limitan “derechos”.

Quinta etapa: de los popular a lo político.

Es la culminación del proceso. Se ha consolidado todo lo anterior y el Estado permisivo legisla a piacere de los grupos radicales feministas, autorizando un aborto libre, sin requisito alguno más que la sola voluntad de la mujer, sin tener que alegar causal alguna. Es la etapa en la que se encuentran ya lamentablemente, muchos ordenamientos jurídicos del mundo.

Y, ¿por qué decimos lamentablemente? Porque parece que nadie se ha percatado que el embrión y el feto son de la raza humana, son seres humanos que además están indefensos en un lugar supuestamente seguro como es el vientre de su madre y además son eliminados con premeditación y muchas veces con alevosía. El argumento de que el feto no siente la cureta o la inyección letal es falso y además aunque fuera cierto, que no lo es, con ese falso argumento se podría matar a cualquier ser humano bastando que se le diera antes una anestesia. La cuestión no pasa por sentir o no sentir. El tema es la dignidad intrínseca de todo ser humano a que sean respetados sus derechos como tales, a vivir y a nacer, según las Convenciones universales de Derechos Humanos y lo dispuesto por la gran mayoría de las Constituciones del mundo: el Estado debe proteger la vida naciente.

Olivier Clerc escritor y filósofo francés escribió con un lenguaje sencillo y comprensible la fábula o cuento corto para reflexionar de “La rana que no sabía que estaba hervida” en la que muestra enseñanzas muy valiosas que pueden ser utilizadas en diversos contextos.

Esta fábula de la rana hervida está basada en una ley física real: si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 º/minuto la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción. Mientras que a mayor velocidad la rana salta y escapa.

Lo que viene a concluir que si echamos una rana en una olla con agua fría y lentamente vamos calentando el agua puede llegar a hervir y morir sin darse apenas cuenta de ello. En cambio si echamos la rana al agua ya caliente, ésta pegará un salto evitando el peligro.

Como vimos, el movimiento de las ventanas es una estrategia perfectamente definida. Hemos contemplado el arco completo, pasando del rechazo absoluto al aborto, a su legalización y aprobación popular y política.

Decíamos al principio que la Ventana de Overton es una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede cambiar la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo. Y hemos descrito cómo es posible. Poco a poco, como la rana hervida. De hecho, el movimiento de las ventanas —que, como resulta evidente, es extrapolable a cualquier fenómeno—, no sólo se ha ensayado con éxito en el pasado, sino que se sigue aplicando con éxito en el presente… Baste pensar en la ideología de género.

Téngase en cuenta, al menos, que entre las gravísimas consecuencias que arrastra consigo esta diabólica estrategia de manipulación avanzada de masas, está la de provocar una fractura social prácticamente irrecuperable. Siendo su corolario más dañino, sin embargo, la degradación de la sociedad mediante el encumbramiento de aberraciones de todo tipo, que acaban, como hemos visto, por ser asumidas y aun tenerse por naturales.